Un esfuerzo esporádico por ajusticiar los días en los días
siempre al final y tarde cuando cesa el ruido y el comercio cierra
habitamos los insterticios cálidos de esta
nuestra inoperante juventud
abrimos un comercio de residuos anímicos
que el día ya no pudo masticar.
Sin mucho qué decir
una calle vacía nos comenta
un frío nos camina.
Entonces nos detenemos en la apertura de una cortina
cual herida que deja ver los intestinos de la planta baja de un edificio: a media luz un anciano en un living
sin televisión ni artefacto distractivo alguno
yace en un sillón yace ahí para siempre.