“Cuando lloraba, creia que todo el mundo lloraba conmigo”
(H. Miller)
Aquí al lado hay una guatona escuchando Metallica súper fuerte. Los tonos de los celulares son todos horribilísimos. Y lo que hablan también. Me vine caminando de la casa a buscar mi prueba de griego que debo entregar el martes. Despacio, para no traspirar tanto y que la ropa dure más. Y ahora volverse caminando supongo. Muchos días perfectamente normales coronados por lo obvio. La obvia historicidad de uno que vuelve y vuelve y vuelve cuando hemos sido lo peor para la mejor. Sartre y la envidia ontológica al ser sido de las cosas me infecta y no quiero, nadie está dispuesto a ya haber sido, sin embargo respecto de los otros a veces no puede hacerse nada. Hacerse ser desde los otros nunca es tan gratis, acabo de saberlo, mis intestinos, mis manos, mi mochila, mis pies, acaban de saberlo: en su ojo aun sigo cosificado, y, pese a esto, permanezco lanzado, ofrendado como todo lo que en ella no soy. La falta de orgullo a veces puede confundirse con soberbia. Y supongo que esa es la gracia. Chapoteo en lo desfavorable. Porque el individuo muere gozoso de prójimo en prójimo y lo que queda es esta materia violenta eterna ofrenda de todo en todo. Este proyectarse para caer de hocico, al suelo, a nada, a su risa, a su lo siento, a su ya fue, es la mera contingencia que soy absolutamente ahora. Y ni importo. Volveré caminando por la ahora terrible ciudad que sabrá lo que estoy pensando y dejaré al caudal de ideas mezclarse con las sopaipillas y las bocinas que sabrán que ni las odio ni las quiero.
Pucha…
Pobre de nosotros por la cresta!!!
(ayer una amiga me dijo….Eileen, por qué siempre estamos lamentandonos?)