
Tengo malas experiencias y crecimiento para largo rato.
Ahora mismo…me gustaría canjear
algo de crecimiento por felicidad.
(Harvey Peaker, American Splendor)
A los quince años miraba a mis primos de veintitantos y se veían como personas más o menos terminadas. Pensaba que algo así iba a pasarme. Que iba a terminar de hacerme, que el crecimiento iba a parar, que algo de esta desordenada conciencia de estarse haciendo iba a fundirse y coincidir definitivamente con el producto final. Luego, cuando me di cuenta de que el plazo se estiraba y se estiraba –y que el desfase de sí era bueno-, lo dejé. Como todos, supongo. Y lo mismo sucede ahora: miro con cierta extrañeza a los que trabajan, viven en pareja, o incluso tienen hijos. Y es como si de nuevo fuese el adolescente que mira a sus primos grandes y cree que llegando allí forzará esa coincidencia consigo mismo que suele denominarse madurez. Sin embargo ahora sé que, de un modo u otro, se dará y, en vez de cerrar, abrirá las posibilidades de plasmarse. Como todo lo que se siga desde allí en adelante: puras plataformas de comodidad y sobrevivencia que simulen la preciada coincidencia: debe entonces haber alguna gracia en cumplirlas e imbuirlas del crítico desfase. Asi lo que viene siempre es una más de las posibilidades de coincidir o seguir en el desfase. Y es suficiente. No sé respecto a qué, pero es suficiente. Crecer por cumplir etapas alguna vez debió tener sentido, claro, pero ahora no hay más sentido que volver medio a eso que antes era fin por sí mismo: canjear crecimiento por felicidad, es decir, la subsistencia como medio. ¿Y el fin? Eso es algo que ya sabíamos a los quince años y que se ha ido complejizado no más. ¿O no?.
¿Tu primera foto?
parece.
no había ninguna necesidad de la foto.
puaj a los blogs con imágenes
jajaja. yo sabía que ibai a decir eso, pero la pelicula es tan buena que no pude resistirme a la imagen pos. a veces queda bien con imagen: di que sí no más o te pego.
yo crecí pensando que ese terminarse no lo decidiría yo, sino el curso natural de la mitología popular: tendría 17 años cuando, en el año 2000, se acabara el mundo. Justo saliendo del colegio.
No pensé en más vida después de ello. Lo que ha seguido ahora es ponerse al final de la fila que medianamente me convence.
un abrazo, r.
Sólo intenta vivir y que fluya, a veces mucha cabeza, duele… a quienes tienen más conciencia, les duele más aún. También canjearía crecimiento por felicidad.
Te quiero
Tía Delia
¿y cómo se hace para dejar de ser rolliento? nadie sabe nada, rodrigo, eso creo yo
el crecimiento esta dia a dia y asi me lo has demostrado como un gran hijo que eres y tu grandeza de alma interior. veo y siento tu felicidad es cada dia mas notoria…nunca cambies tu esencia porque asi llegaras donde estan los grandes como tu.
te amo hijo
“Pero cada día se hace un nuevo trato, ¿verdad?” (AE)