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Archive for 11 noviembre 2009

Blue (1978)
Veré nuevos rostros
Veré nuevos días
Seré olvidado
Tendré recuerdos
Veré salir el sol cuando sale el sol
Veré caer la lluvia cuando llueve
Me pasearé sin asunto
De un lado a otro
Aburriré a medio mundo
Contando la misma historia
Me sentaré a escribir una carta
Que no me interesa enviar
O a mirar los niños
En los parques de juego.

Siempre llegaré al mismo puente
A mirar el mismo rio
Iré a ver películas tontas
Abriré los brazos para abrazar el vacío
Tomaré vino si me ofrecen vino
Tomaré agua si me ofrecen agua
Y me engañaré diciendo:
“vendrán nuevos rostros
Vendrán nuevos días”.

Carta a Mariana (1978)
¿Qué películas te gustaría ver?
¿Qué canción te gustaría oír?
Esta noche no tengo a nadie
A quién hacerle estas preguntas.

Me escribes desde una ciudad que odias
A las nueve y media de la noche.
Cierto, yo estaba bebiendo,
Mientras tú oías a Bach y pensabas volar.

No creí que iba a recordarte
Ni creí que te acordarías de mí.
¿Por qué me escribiste esa carta?
Ya no podré ir solo al cine.

Es cierto que haremos el amor
Y lo haremos como me gusta a mí:
Todo un día de persianas cerradas
Hasta que tu cuerpo reemplace al sol.

Acuérdate que mi signo es cáncer,
Pequeña acuario, sauce llorón.
Leeremos libros de astrología
Para inventar nuevas supersticiones.

Me escribes que tendremos una casa
Aunque yo he perdido tantas casas
Aunque tú piensas tanto en viajar
Y yo con los amigos tomo demasiado.

Pero tú no vuelves de la ciudad que odias
Y estás con quien sabe qué malas compañías,
Mientras aquí hay tan pocas
A quien hacerles estas simples preguntas:
“¿Qué canción te gustaría oír,
qué película te gustaría ver?”

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De Andenes (1961)
Y los viajes de vuelta de vacaciones
Cuando eras –para los parientes que te esperaban-
Sólo un alumno fracasado con olor a cerveza.

De Despedida (1961)
Y me despido de estos poemas:
Palabras, palabras –un poco de aire
movido por los labios- palabras
para ocultar quizá lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar.

De Crónica del forastero (1968)
No soñamos con ser medicos, ni abogados,
ni empleados de banco.
Para otros está
el pasear como tenientes con las buenas muchachas del pueblo
(sin embargo, cuánto daríamos para que
apareciera una mujer en el frío lecho de estudiante).
Leemos a hurtadillas bajo el pupitre,
o bajo las sucias ampolletas de las pensiones
a Dostoievski, Hesse, Knut Hamrun…
somos los que viven
al otro lado del río o de la vía férrea.

(…)

Y tú empiezas a sentarte delante de paginas en blanco
condenado a perseguir palabras
más difíciles de atrapar que moscardones entrando
en Diciembre a la sala de clases.

(…)

Soy extraño a toda fiesta para mí mismo

(…)

Yo no temía al infierno profetizado por el cura,
el cielo estaría siempre en el rostro de una muchacha.

Cuando todos se vayan (1971)
Cuando todos se vayan a otros planetas
yo quedaré en la ciudad abandonada
bebiendo mi último vaso de cerveza,
y luego volveré al pueblo donde siempre regreso
como el borracho de la taberna
y el niño a cabalgar
en el balancín roto.

Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas de rieles oxidados
o sentarme en el roído mostrador de un almacén
para hablar con antiguos compañeros de escuela.

Como una araña que recorre
los mismo hilos de su red
caminaré sin prisa por las calles
invadidas de maleza
mirando los palomares
que se vienen abajo,
hasta llegar a mi casa
donde me encerraré a escuchar
discos de un cantante de 1930
sin cuidarme jamás de mirar
los caminos infinitos
trazados por los cohetes en el espacio

De Cosas vistas (1968)
6
Sentado en el fondo del patio
trato de pensar qué haré en el futuro,
pero sigo el vuelo del moscardón
cuyo oro es el único que podría atrapar,
y pierdo el tiempo saludando al caballo
al que puse nombre un mediodía de infancia
y que ahora asoma
su triste cabeza entre los geranios.

25
Mientras no cesan los golpes de los dados
tres bicicletas relucientes de frío
esperan pacientes y cabizbajas
afirmadas en la pared de la cantina

29
Un vaso de cerveza
una piedra, una nube,
la sonrisa de un ciego
y el milagro increíble
de estar de pie en la tierra

30
La muerte nos dice que no existe
para que creamos en ella
y la llamemos

31
Los perros ladran en el patio
al invitado triste de los Domingos.
Sólo los gorriones lo saludan.

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el presidente de su cabeza

presidente de la cabeza

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Estoy con la voluntad puesta y retirada en la medida justa. Pienso que siempre dura poco. Pero ahora no sé qué podría salir mal. A veces pienso que seria un profesor bacán. Otras veces pienso que me rascaría los cocos sin darme cuenta y todos se reirían. En unas semanas más lo sabré. Y ni siquiera sé bien qué me alegra. O es que ni siquiera estoy propiamente alegre. ¿Se habla de otra cosa que no sea el ánimo? El animo como psiqué. Si tuviera caracteres griegos quedaría más bonito. La psiqué como soplo interior, ni siquiera alma sino una guea indetectable. El ánimo culiao: su detección como tautología: la detección creadora. Modos de preguntar por el otro que incitan ámbitos reducidos de respuesta. “¿Cómo van las cosas?”, puede preguntarme un tío, entonces no le diré nada acerca del tedio, la soledad, y la intermitente felicidad y en cambio le hablaré de la universidad y la salud. Es el medio infinito el que andamos trayendo, los existencialistas vieron esto, pero no pudo deducirse de allí una política, una ética no individualista. Es una especulación financiera de sí mismo a veces sorda del resto. Un clima de sí ante los otros que son otras geografías. En cualquier caso, a ti puedo decirte que estoy bien, nuestros lugares son parecidos, no nos interesa ni el fondo del mar ni el espacio ni los animales únicos: eso puede encontrarse en cualquier parte. Además, con todos lo dicho hasta aquí, este es un “estar bien” que, a fin de cuentas, no significa casi nada si no se le pone en referencia con su contexto. Y si vemos las cosas asi, notamos que es por eso que es mejor contestar rápidamente cuando nos preguntan cómo estamos. Decir algo que haga que el otro pase rápidamente a lo que quiere decir. ¿Esa es la monstruosidad del otro de la que habla Zizek, ese es el problema del rostro en Levinas?: “Al enfrentarse a un Musulman, uno precisamente no puede discernir en su rostro el rastro del abismo del Otro en su vulnerabilidad, que se dirige a nosotros con el infinito llamado a nuestra responsabilidad” (1), o sea que es tan otro que no nos deja ninguna chance y se vuelve una especie de “grado cero del semejante” (2), un grado cero de la diferencia ante lo cual no cabe sino el horror o la indeferencia. Cachai que el otro día estábamos en una cuestión de poesía en el campus San Joaquín de la católica, ya habían empezado a leer y le estábamos guardando un asiento a una niña del taller, a todos los que se acercaban a sentarse les decía maquinalmente “viene alguien en camino”, y lo mismo hice con una mujer que –y me di cuenta mientras le repetía la frase- llevaba una mascarilla y un parche en el ojo. Supe que estaba mal mientras lo hacia, mientras la frase ya estaba andando. Pero también supe esto: si me veía recular y decirle bueno ya siéntate podía pensar que era sólo porque vi su parche y su mascarilla. ¿O hubiera estado bien? ¿Me pareció tan obvio que tenia que decir que sí que dije que no? O no sé, ni alcancé a pensar. Lo que pasa rápido quizá no amerita ética sino fenomenologia. Une ética fenomenológica. Quién sabe. Me imagino una ética minuciosa asi de qué hacer cuando le pisai el pie a otro. O una fenomenologia de cómo nos sentamos a esperar el metro, cuándo nos sentamos al lado de alguien y cuando nó, una fenomenología de las miradas enfrentadas entre desconocidos. Una vez encontré en una pagina que habían muchos ensayos bacanes uno de una niña que llevaba por titulo: “fenomenologia de cómo aburrirse en las fiestas”. Nunca más lo encontré. Ni googleando. En fin, la cosa es que esta niña volvió a pedirme el asiento, pero esta vez me dijo “la niña que iba a sentarse aquí dijo que estaba bien, que me cedía el puesto” y era cierto, mire pal lado y la caro sólo meneo la cabeza dos veces como diciendo “inhumano culiao”. Y subís qué: al día siguiente la vi en el metro. No creo que otra niña con sus mismas características de mascarillas y ojo parchado anduviera por ahí. Pero no quiero deducir nada de allí.

(1) Slavoj Zizek, Visión de Paralaje, Ed. Fondo de Cultura Económica Argentina p. 116.
(2) Ídem.

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clau

Soñé que estábamos hablando con las Camilas y llegaba la Claudia. Me alegraba enormemente. Tenía el pelo largo. Muy largo. Nos íbamos a otra pieza a hablar. Es como tú, me decia, respecto a la Camila A. Lo primero que hacia era hablarme de algo, no recuerdo de qué, con un tono de voz amable pero siniestro. Siniestro porque mientras me hablaba apretaba mis encías con una cuchara. Durante los primeros diez segundos me quejé riéndome, como alguien a quién están gueviando no más, pero después empezar a gritar. No paraba. Entonces llegó mi mamá. “Claudia, por que le haces eso a Rodrigo”. Y yo, avergonzado, “pero mamaaaa, sale, déjanos”. Sentí que sólo yo podría saber porqué lo había hecho. Por eso cuando desapareció, en ese mismo momento, quizá por el reto de mi mamá, sentí impotencia, la sensación de estar en algo incompleto, de haber estado a punto de tener una especie de revelación a partir de una falla del sistema (que la Claudia se comportara asi no podía sino comportar una gran verdad: esa era mi intuición, no podía ser al azar, algún mensaje debía haber). Al rato me vi en una especie de público, custodiado por un par de peruanos, mirando a una poeta contra Dios, cuyo tema era estar contra Dios. De algún modo llegue a ver las etiquetas que salen abajo asi en la pantalla de la tele (¿?) y decía: “mujer que sufre la enfermedad de odiar la divinidad en todas sus variantes”. Sostuve una conversación con un tipo a mi lado sobre poesía y vida. Convenimos que la enfermedad de esta mujer era no separarlas y vivir en continua performance contra lo divino. Recuerdo especificamente haberle dicho a este tipo “llenar asi de poesía es pura carencia”. Estábamos de acuerdo en casi todo. Yo estaba ahí porque estaba enfermo, porque después que se había ido la Claudia habían decidido que yo estaba loco o cerca: mi familia no entendía que yo quisiera comprender tamaña barbaridad y buscarla. También es raro como desapareció: se esfumo, como un ninja. Entonces volvía con los peruanos (vi cara y sello y salio un sité con peruanos fracalusers, por eso quizá), volvía a donde fuera que fuese el lugar original de esta disputa con muchas carpetas entre los brazos que iban cayéndoseme mientras íbamos rápido apurados no sé por qué. Se me caían al barro. A unas pozas. No sé qué diablos había en esas carpetas.

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Y bueno, adentro lo obvio, las instalaciones, los cuadros, los videos, pasearse, quedarse, pasearse, de pronto verse sólo y mirar alrededor fijándose que nadie te haya visto en ese microsegundo en que te diste cuenta que estabai sólo, nos paseamos y hablamos con propiedad sobre la absoluta ignorancia de uno respecto a las distintas obras, diciendo me parece buena, bonita, grande, tonta, con una copa de vino en la mano, la verdad de todas me quedo con lo de la Betania, porque hubo aporte colectivo, harto trabajo, y las otras no entendí ni gueas de qué trataban. En algún momento pasó adelante y le regalaron una caja grande con oleos. La mamá de la Betania es tan pará en la hilacha. En el buen sentido. No me la imagino con vergüenza de nada. Y el papá es bonito. Es un gordito bonito chistoso. Y te digo esto como si no los conocierai o como si se te hubieran olvidado.

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Los días buenos ni se notan sabís, o quedan para sí mismos, arrugados al fondo de un bolsillo inaccesible. Quiero decir que es como siempre, que las cosas van bien, que hay comida, algunas gentes, ocupaciones, que sacaré, de algún modo, esta carrera y que, dentro de eso, de toda la habitabilidad, no trasciendo hacia nada. Y permanezco. Y permanezco. En la mera habitabilidad

(…)

He dicho que las cosas, como siempre, van bien, pero es mentira: sólo recientemente las cosas van bien. No me acuerdo si te conté que me cambié de casa en Curicó o que estoy yendo a hacer la prepráctica a un colegio. Bueno, a ese tipo de cosas me refiero. Cosas de salud. Cosas de naturaleza. Cosas de casas. Cosas de estudio. Cosas que un día Martes a las cinco de la tarde dan lo mismo, porque se rebota en las mismas cosas, porque en concreto quiero esa cuestión que por ahí llamaste dulzura y que yo no sé cómo llamaría pero es eso.

(…)

Apenas llegué hoy limpié toda la pieza. Recogí un montón de libros que se habían caído hace un mes y los reacomodé. Tengo un líquido multiuso desde que llegué aquí: el envase aun está a la mitad. Puse Toe fuerte, no hay nadie aquí, eso es bueno en estos momentos, que no haya nadie salvo un gato negro en un sillón negro. Sin ganas de comer, almorcé Herbalife de un trago. Y todavía ni te digo qué me ha pasado, quizá ni haga falta, o es que subrayé varias cosas de tú carta y quiero referirme primero a eso, pero no todavía, éste ímpetu de contarse, de situarse, de que sea como un living mental sentados los dos, y eso que odio a la gente que te toma del brazo para que presten atención, ¿he hecho eso alguna vez?, tú nunca, avísame si llego a comportarme asi, ya sea por escrito o por las otras vías. No puedo obviar partir desde la pena culiá y su pequeño horizonte. Todo cobra una homogeneidad lejana. Se acentúa lo transitivo. Una alegría insana de saber que si me muero el mundo sigue. O quizá sea sano pensar asi, porque demás está decirte que ya no fui alguien apto para el suicidio. Es una impersistencia vital la de hoy. Me bajé del metro y me vine sacando en limpio el catalogo emocional de este año y me dije que tener pena determinadamente era mejor que la otra pena indeterminada de domingo por la tarde o de fin de semana nulo acostado. Lo único bueno es que los días nulos ya pasaron. Y todavía no diré nada. Si esto fuera un ensayo quizá estaría correcto en el sentido de plantear el problema sin aun desarrollarlo. También pienso en eso, mucho, hoy sobre todo: pienso en cómo hacer lo correcto, en cómo finalmente siempre me equivoco, al final, cuando creo que todo está pulento.

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