Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 29 enero 2009

una carta

A esta hora me aburro. Dura unos minutos hasta que decido hacer algo. Es curioso tomar decisiones sólo. No se discute nada y uno termina escribiendo o leyendo o poniendo otra película más. Acabo de ver Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen y me di cuenta de que, definivitavemente, y quizá para siempre, Scarlett Johansson me hará acordarme de ti. Y lo mejor: sólo me hará recordar la parte buena, el momento en que lo que se quiere del otro no es lo que el otro quiere que quieran sino una cuestión más extraña que hace que todo sea perfecto y fugaz. Pero nadie se queda en lo perfecto y fugaz: por definición, nadie podría quedarse (la película esta lo confirma). Yo por el momento no he encontrado el modo. Tampoco me esfuerzo en buscar mucho porque asumo que esta modalidad requiere de la ley del mínimo esfuerzo en sentido subjetivo. Cuando estábamos juntos yo te decía, ahora lo recuerdo bien, te decía que, de algún modo, yo aspiraba a eso perfecto y fugaz y envidiaba de ti esa potencialidad. Ahora no se si aspire a algo en general. Sigo creyendo que enamorarse es una enfermedad de a dos que se pasa con el tiempo. ¿O no creia lo mismo antes? Como sea, lo seguro es que está ocurriendo a mí alrededor, en todas partes el amor que se cansa, en todas partes la resignación a veces feliz de saberse sólo nuevamente, y me parece hasta bonito. Me parece de lo mejor que xxxxxxxxxx tenga una amante. Me parece de lo mejor que mi mama recién en un pub, según me dijo, haya despachado a un tipo que se le acerco a coquetearle con argumentos horriblemente clásicos. Me alegran las crisis en general. Me parece bueno todo esto porque no hecho de menos contingentemente a nadie. Deseo hacer desear cosas sin darme cuenta. Y saber a veces de qué se trata.

Sigue, también, atrayéndome la idea de pasarlo bien contigo en el novedoso desconocimiento de ahora que quizá tenga que ver con un vergonzoso misterio o nó. Siempre me pareció raro que no escribierai, que no dibujarai, que no crearai objetos, que no fuerai fanática en general (porque yo creia que habriai sido buena en cualquiera de estas cosas) y que en cambio, tuvierai toda tu fuerza volcada en vivir bien, en viajar, en independizarte, en rodearte de la gente justa y necesaria. ¿Te acordai cómo hablábamos de lo que queríamos de la vida? Bueno, en esta película que te digo uno mira a la Scarlett y no se sabe qué cresta está pensando. En esta película, que tenis que ver, justamente se trata de que sólo sabe lo que no quiere y se mete en unas relaciones bien raras. Una cuestión bien trillada –la frase misma: solo sé lo que no quiero, por ejemplo- que en las películas queda bien.

Anuncios

Read Full Post »

Me dijo que soñó que me iba pisando los talones, haciéndome zancadillas, y yo me tropezaba y no me enojaba y a ella le encantaba que yo no me enojara y, por lo mismo, seguía y no se si era en una playa pero seria bueno que hubiera sido en una playa en la orilla del mar corriendo como un videoclip cebolla pero mucho más absurdo.

(Enero 2005)

Read Full Post »

El movimiento de rechazar es difícil y raro porque hay que rechazar no sólo lo peor, sino una apariencia razonable, una solución que se diría feliz
(Maurice Blanchot)

En general, tanto en Freud como en Marcuse y Reich, podemos entender al erotismo como esa especie de excedente que queda luego del traspaso de la perversidad polimorfa (o erotismo generalizado, informe) a la sexualidad genital socializada de la civilización. Las distinciones, como veremos, ocurren en los distintos niveles de aceptación del ingreso o la posible coincidencia de la eroticidad generalizada con la práctica sexual. En Freud el inconciente nos estaría constantemente recordando molestosamente este traspaso traumático y configurando simbólicamente nuestra vida psíquica en relación a esta tragedia mas bien estructural la cual, llegado el momento, tampoco era tan terrible, pues Freud sostenía que finalmente cierto nivel de represión en la vida era algo inevitable. El punto con Freud, como se ha venido diciendo, es que hay una enorme diferencia entre lo que sucedía de hecho en sus terapias con lo que aparece en sus especulaciones mas filosóficas, es decir, en la metapsicología. En esta última es en donde Freud se volvía mas critico de la represión que significa la cultura. Y es desde aquí de donde se agarra Marcuse historizando las condiciones de la represión. Pero vayamos por parte. Sucede en Freud que hay poca energía sexual de manera que la sublimación equivale a la represión, es decir, sucede que incluso si tenemos el suficiente sexo, incluso si andamos teniendo orgasmos reichianos, la sublimación que el principio de realidad ejerce en nosotros mediante el trabajo funciona de manera represiva. En Reich en cambio la energía sexual es declarada abundante de manera que la sublimación no es represiva. Uno podría perfectamente compatibilizar el trabajo con el placer (Reich incluso creía que la gente satisfecha sexualmente era mas creativa) si se supiera bien como obtenerlo y si estuvieran las condiciones materiales propicias. Vimos ya que Reich sentó las condiciones objetivas del orgasmo: he ahí el aspecto positivo de cómo obtener concretamente el placer, el orgasmo. Sobre las condiciones materiales propicias para la sexualidad tenemos a Marcuse quien se preocupo más de llevar al extremo la crítica de la metapsicología freudiana y desarrolló la profunda deserotización que llevo a cabo la civilización para volver productiva a la sublimación. Para Marcuse “las perversiones expresan la rebelión contra la subyugación de la sexualidad al orden de la procreación y contra las instituciones que garantizan este orden”[1]. Acusaría aquí el intento de interrumpir la aparición del padre introyectado y multiplicado en el mito de la horda, es decir, Marcuse, como Reich, estaría de acuerdo, por lo menos formalmente, en que la sexualidad es intrínsecamente perversa polimorfa. Sin embargo, vimos como Reich va más allá de esta formalidad y concibe prácticamente una vida en que las zonas eróticas puedan ser liberadas. Freud, por ejemplo, creía que la amistad requería cierta dosis de represión. Reich en cambio creía que la amistad requería actividad sexual. Marcuse, en un tono quizá mas mesurado, creía que había que tratar de ser amigos antes de tener sexo.

Si en Freud la desublimación (traer de vuelta energía sexual de objetos no sexuales) equivale al placer en Marcuse en cambio esta puede ser represiva. Ocurre específicamente que vivimos en una sociedad que promueve el agrado frustrante mediante una sexualidad deserotizada. La represión funciona como el ofrecimiento masivo de una sexualidad precaria y precarizante. Y nadie se queja. O peor aun: sólo se quejan los reaccionarios que consideran extrema esta liberalización. O más peor todavía: los que dicen liberar la sexualidad son más bien unos liberales que aumentan la desublimación represiva. Las partes sexuales han sido deserotizadas y se les adjunta a las distintas mercancías: asi se cumple el doble objetivo de establecer psíquicamente un campo de consumo a la vez que se promueve la sexualidad genital productiva, escondiéndola, mostrándola en su imposibilidad, en el borde, el típico borde, la típica imagen borrosa o rápida del culito o la tetita, la típica experiencia del tipo que se toma una cerveza y se le cuelgan tres mujeres al cuello, formula análogamente aplicable a desodorantes, aguas minerales, jeans, autos, etc. Ocurre, en el ingenioso mundo de la publicidad, que cualquiera de estas cosas podría acercarnos a una relación sexual. Hay que lavarse los dientes no por una cuestión de higiene sino para que brillen bajo las luces de la discoteca. Con estos argumentos uno podría querellarse contra los publicistas, claro, si es que el derecho consistiera en un debate de argumentos y no en la legitimación de la violencia de estado. Se administra mediante el agrado de unos cuantos objetos sexualizados que uno desublima represivamente justamente porque uno nunca puso nada ahí. Las noticias son amables y nos muestran los bikinis que se vienen para el verano. La expectativa del placer se ha confundido con la realidad del agrado. La periodista de turno, en su empatico feminismo fascista, agrega al terminar la nota: “¿Y para nosotras nada?, nosotras también queremos ver hombres en traje de baño”. Y ríe. La muy.


[1] Herbert Marcuse, Eros y Civilización, Ed. Sarpe, p. 50.

Read Full Post »

(…) para mí, debo admitirlo francamente, la virginidad no tiene ninguna importancia (yo mismo, sin ir más lejos, soy virgen. A menos que considere la fellatio interrumpida de Brígida como un desvirgamiento. ¿Pero eso es hacer el amor con una mujer? ¿No tendría simultáneamente que haberle lamido el sexo para considerar que en efecto hicimos el amor? ¿Para que un hombre deje de ser virgen debe introducir su verga en la vagina de una mujer y no en su boca o en su culo o en su axila? ¿Para considerar que de verdad he hecho el amor debo previamente eyacular? Todo esto es complicado).

Sus dedos recorrieron mi cara, desde la barbilla hasta los ojos, cerrándolos, como invitándome a dormir, su mano, una mano huesuda, me bajó la cremallera de los pantalones y buscó mi verga; no sé por qué, tal vez debido a lo nervioso que estaba, afirmé que no tenía sueño. Ya lo sé, dijo María, yo tampoco. Luego todo se convirtió en una sucesión de hechos concretos o de nombres propios o de verbos, o de capítulos de un manual de anatomía deshojado como una flor, interrelacionados caóticamente entre sí. Exploré el cuerpo desnudo de María, el glorioso cuerpo desnudo de María en un silencio contenido, aunque de buena gana hubiera gritado, celebrando cada rincón, cada espacio terso e interminable que encontraba. María, menos recatada que yo, al cabo de poco comenzó a gemir y sus maniobras, inicialmente tímidas o mesuradas, fueron haciéndose más abiertas (no encuentro de momento otra palabra), guiando mi mano hacia los lugares que ésta, por ignorancia o por despreocupación, no llegaba. Así fue como supe, en menos de diez minutos, dónde estaba el clítoris de una mujer y cómo había que masajearlo o mimarlo o presionarlo, siempre, eso sí, dentro de los límites de la dulzura, límites que María, por otra parte, transgredía constantemente, pues mi verga, bien tratada en los primeros envites, pronto comenzó a ser martirizada entre sus manos; manos que en algunos momentos me supieron en la oscuridad y entre el revoltijo de sábanas a garras de halcón o halcona tironeando con tanta fuerza que temí quisiera arrancármela de cuajo y en otros momentos a enanos chinos (¡los dedos eran los pinches chinos!) investigando y midiendo los espacios y los conductos que comunicaban mis testículos con la verga y entre sí.

La ingestión de alimentos, comí como un lobo mientras la señora Font y Bárbara Patterson hablaban de museos y familias mexicanas, me había producido una ligera soñolencia y había despertado al mismo tiempo el deseo de volver a coger con María (a quien durante el desayuno evité mirar y cuando lo hice procuré adaptar mi mirada al concepto de amor fraterno o de desinteresada camaradería que supuse reconocería su padre, quien por cierto no mostró el más mínimo asombro al encontrarme en horas tan tempranas instalado en su mesa),

Dentro del inmenso océano de la poesía distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las dos corrientes mayores, sin embargo, eran la de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica. Borges era fileno, es decir de improviso podía ser maricón y de improviso simplemente asexual. Rubén Darío era una loca, de hecho la reina y el paradigma de las locas

Crucé la calle tomando o haciendo ver que tomaba unas precauciones inútiles (pues en ese momento no circulaba ningún vehículo por Revillagigedo), tal vez para dilatar en unos segundos mi encuentro con el padre de María.

Todo el día deprimido, pero escribiendo y leyendo como una locomotora.

¿Pero a quién amo? Ayer llovió toda la noche. Los pasillos de la vecindad parecían las cataratas del Niágara. Hice el amor llevando la cuenta. Rosario estuvo fantástica, pero por mor al éxito del experimento preferí no advertírselo. Se vino quince veces. Las primeras le tenía que tapar la boca para que no despertara a los vecinos. Las últimas temí que le fuera a dar un ataque al corazón. A veces parecía desmayarse entre mis brazos y otras veces se arqueaba como si un fantasma estuviera jugando con su columna vertebral. Yo me vine tres veces. Luego salimos los dos al pasillo y nos bañamos con la lluvia que caía del pasillo de arriba. Es extraño: mi sudor es caliente y el sudor de Rosario es frío, reptiliano, y tiene un sabor agridulce (el mío es claramente salado). En total estuvimos cuatro horas cogiendo. Después Rosario me secó, se secó, arregló el cuarto en un santiamén (es increíble lo hacendosa y práctica que es esta mujer) y se puso a dormir pues al día siguiente tenía que trabajar. Yo me acomodé en la mesa y escribí un poema que titulé «15/3». Después me puse a leer a William Burroughs hasta que amaneció.

Hoy he cogido con Rosario de doce de la noche a cuatro y media de la mañana y he vuelto a cronometrarla. Se vino diez veces, yo dos. Sin embargo el tiempo empleado en hacer el amor fue mayor que el de ayer. Entre poema y poema (mientras Rosario dormía) hice algunos cálculos matemáticos. Si en cuatro horas te corres quince veces, en cuatro horas y media te deberías correr dieciocho veces, y en modo alguno diez. Lo mismo vale para mí. ¿Es posible que la rutina ya comience a afectarnos?

Laura Jáuregui, Tlalpan, México DF, mayo de 1976. ¿Ha visto usted alguna vez un documental de esos pájaros que construyen jardines, torres, zonas limpias de arbustos en donde ejecutan su danza de seducción? ¿Sabía que sólo se aparean los que construyen el mejor jardín, la mejor torre, la mejor pista, los que ejecutan la más elaborada de las danzas? ¿No ha visto usted nunca a esos pájaros ridículos que bailan hasta la extenuación para conquistar a la hembra?
Así era Arturo Belano, un pavorreal presumido y tonto. Y el realismo visceral, su agotadora danza de amor hacia mí. Pero el problema era que yo ya no lo amaba. Se puede conquistar a una muchacha con un poema, pero no se la puede retener con un poema. Vaya, ni siquiera con un movimiento poético.
¿Por qué seguí frecuentando durante algún tiempo a la gente que él frecuentaba? Bueno, también eran mis amigos, todavía eran mis amigos, aunque no tardaron, ellos también, en cansarme. Permítame que le diga algo. La universidad era real, la Facultad de Biología era real, mis profesores eran reales, mis compañeros eran reales, quiero decir tangibles, con objetivos más o menos claros, con planes más o menos claros. Ellos no. El gran poeta Alí Chumacero (que supongo no tiene ninguna culpa de llamarse así) era real, ¿me entiende?, sus huellas eran reales. Las de ellos, en cambio, no eran reales. Pobres ratoncitos hipnotizados por Ulises y llevados al matadero por Arturo. Trataré de resumir y ser concisa: el mayor problema era que casi todos tenían más de veinte años y se comportaban como si no hubieran cumplido los quince. ¿Se da cuenta?

Rafael Barrios, café Quito, calle Bucareli, México DF, mayo de 1977. Qué hicimos los real visceralistas cuando se marcharon Ulises Lima y Arturo Belano: escritura automática, cadáveres exquisitos, performances de una sola persona y sin espectadores, contraintes, escritura a dos manos, a tres manos, escritura masturbatoria (con la derecha escribimos, con la izquierda nos masturbamos, o al revés si eres zurdo), madrigales, poemas-novela, sonetos cuya última palabra siempre es la misma, mensajes de sólo tres palabras escritos en las paredes («No puedo más», «Laura, te amo», etc.), diarios desmesurados, mail-poetry, projective verse, poesía conversacional, antipoesía, poesía concreta brasileña (escrita en portugués de diccionario), poemas en prosa policíacos (se cuenta con extrema economía una historia policial, la última frase la dilucida o no), parábolas, fábulas, teatro del absurdo, pop-art, haikús, epigramas (en realidad imitaciones o variaciones de Catulo, casi todas de Moctezuma Rodríguez), poesía-desperada (baladas del Oeste), poesía georgiana, poesía de la experiencia, poesía beat, apócrifos de bp—Nichol, de John Giorno, de John Cage (A Yearfrom Monday), de Ted Berrigan, del hermano Antoninus, de Armand Schwerner (The Tablets), poesía letrista, caligramas, poesía eléctrica (Bulteau, Messagier), poesía sanguinaria (tres muertos como mínimo), poesía pornográfica (variantes heterosexual, homosexual y bisexual, independientemente de la inclinación particular del poeta), poemas apócrifos de los nadaístas colombianos, horazerianos del Perú, catalépticos de Uruguay, tzantzicos de Ecuador, caníbales brasileños, teatro Nó proletario… Incluso sacamos una revista… Nos movimos… Nos movimos… Hicimos todo lo que pudimos… Pero nada salió bien.

Joaquín Font, Clínica de Salud Mental £1 Reposo, camino del Desierto de los Leones, en las afueras de México DF, marzo de 1977. A veces me acuerdo de Laura Damián. No mucho, unas cuatro o cinco veces por día. Unas ocho o dieciséis veces si no consigo dormir, lo cual es lógico pues un día de veinticuatro horas da para muchos recuerdos. Pero normalmente sólo me acuerdo de ella cuatro o cinco veces y cada recuerdo, cada cápsula de recuerdo tiene una duración aproximada de dos minutos, aunque no lo puedo decir con certeza porque hace poco me robaron el reloj y cronometrar a ojo es riesgoso.

Era un tipo curioso. Escribía en los márgenes de los libros. Por suerte yo nunca le presté uno. ¿Por qué? Porque no me gusta que escriban sobre mis libros. Y hacía algo todavía más chocante que escribir en los márgenes. Probablemente no me lo crean, pero se duchaba con un libro. Lo juro. Leía en la ducha. ¿Que cómo lo sé? Es muy fácil. Casi todos sus libros estaban mojados. Al principio yo pensaba que era por la lluvia, Ulises era un andariego, raras veces tomaba el metro, recorría París de una punta a la otra caminando y cuando llovía se mojaba entero porque no se detenía nunca a esperar a que escampara. Así que sus libros, al menos los que él más leía, estaban siempre un poco doblados, como acartonados y yo pensaba que era por la lluvia. Pero un día me fijé que entraba al baño con un libro seco y que al salir el libro estaba mojado. Ese día mi curiosidad fue más tuerte que mi discreción. Me acerqué a él y le arrebaté el libro. No sólo las tapas estaban mojadas, algunas hojas también, y las anotaciones en el margen, con la tinta desleída por el agua, algunas tal vez escritas bajo el agua, y entonces le dije por Dios, no me lo puedo creer, ¡lees en la ducha!, ¿te has vuelto loco?, y él dijo que no lo podía evitar, que además sólo leía poesía, no entendí el motivo por el que él precisaba que sólo leía poesía, no lo entendí en aquel momento, ahora sí lo entiendo, quería decir que sólo leía una o dos o tres páginas, no un libro entero, y entonces yo me puse a reír, me tiré en el sofá y me retorcí de risa, y él también se puso a reír, nos reímos los dos, durante mucho rato, ya no recuerdo cuánto.

Read Full Post »

En la noche el malestar estomacal se mezcló en mi actividad y en vez de despertarme indujo un sueño acerca de ciertas piedras preciosas que yo tenia en el estomago y que ciertas agencias especializadas andaban buscando y que yo, quizá por efectos prácticos, me rehusaba a excretar. Una buena manera de hacer pasar un enfriamiento real por sensación de piedras en el estomago. Despierto con diarrea. Almuerzo arroz con zanahorias. Estamos como zombis con mi mamá. Nos reímos. Chupete Suazo está jugando por el Monterrey. Vuelvo aquí y la araña que anoche vi tratando de meterse adentro del enchufe sigue donde mismo, un poco más arrugada, un poco como aburrida, un poco más muerta quizá. No sé qué es lo que no le haya resultado, pero se ve fatal. Si pudiera realmente preocuparme por ella lo haría. La muevo con un lápiz y nada. Quizá tiene el sueño profundo. Ojala no le haya dado la corriente.

Read Full Post »

Por la mañana ha venido un tipo del SAG ha informar de una plaga de polillas que hará que el próximo lunes él mismo con otros tipos vengan a podar el parrón sin costos para nosotros. He sido muy amable con él porque he adivinado en su rostro acalorado el pésimo trato que le han dado las odiosas señoras de la cuadra que creen que todos son ladrones y que, por supuesto, no le han creído nada y le han pedido infinidad de papeles que ni siquiera entienden. Hizo el amague de mostrarme sus identificaciones y papeles y yo le dije que no se preocupara, que de todos modos nadie distingue entre papeles legales e ilegales y finalmente lo que se juzga es la conducta y el vocabulario de quién se tiene en frente. Hemos estado hablando unos 10 minutos y hasta me he apoyado en el quicio de la puerta, muy campechanamente, a decirle que lo hablare con mi mamá y que seguramente el lunes lo recibiremos sin ningún problema.

Read Full Post »

El ejercicio hace bien. Es mejor que trabajar. A la gente deberían pagarle por trotar, jugar a la pelota o al deporte que quiera. Siempre con Feli hemos dicho “a la gente deberían pagarle por” y rellenamos con cualquier cosa. Este año no he parado de sudar. Primero fue la bici fija y luego el basquet. Primero sólo y ahora ya encontré unos viejos amigos de cuando jugaba cuando joven. Es raro decir “cuando joven”. Es raro, en general, en vez de decir una cosa y luego pasar a otra, decir algo y luego quedarse en la forma de lo dicho, avanzando por dentro de las palabras. Es algo que produce risa, saber o silencios. Y creo que en provincias más que en la capital ocurre lo último. Feli me corroborará(s). Mariela me corroborará(s).

Read Full Post »

Older Posts »