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marx (03.05.10)

El problema de la violencia ejemplificadora de vanguardia es que no va con el sentido común y actúa como si la gente no hubiera hecho ya un cálculo racional, como si Falabella los cooptara totalmente y no hubieran preferido ellos mismos sacar el plasma a 100 cuotas en vez de protestar contra el trabajo enajenante. Qué hacer entonces cuando la gente ya ha tomado de hecho una opción. El vanguardismo es muy paternalista. Pérez dice estas cosas a partir de cierto alumno que ha preguntado o más bien afirmado la necesidad actual de una práctica revolucionaria que atente contra el poder. El argumento que tiene este compañero es básicamente el de meterle goles al sistema, demostrarle que tiene fallas, que hay gente dispuesta a burlarlo, etc. Dice, ante las críticas que hace Pérez a esto, que es una manera de hacer conciencia. Pérez dice que no sirve una política de la invisibilidad y es mejor una política de la visibilidad. Por un lado la invisibilidad idiota de pegarle chirlitos al sistema y por otro lado la visibilidad y el constante peligro de volverse una diferencia más homogeneizada al sistema de diferencias del poder. Pero qué hacer cuando la visibilidad se contraataca desde el poder con represión, agrega una compañera. Pérez termina diciendo que no son héroes, que no basta con el idealismo ético ni con el suicidio ejemplar, que hay que situar los heroísmos, etc. Luego todo desemboca en una discusión acerca de los medios de comunicación: incluso si se pusieran 1000 bombas a lo largo de chile que detonaran simultáneamente, los medios sólo informarían de unas cuantas y, curiosamente, informarían de aquella en las cuales pillaron a los tipos ¿Será cierto? Mi punto es que, aunque fuese cierto, más importante que eso es, dónde y con qué fin se pondrían las bombas. Me niego a creer que no se pueda mejorar la violencia pero a la vez cuesta establecer el ámbito propicio para esta. El terrorismo poético de Hakim Bey tiene propuestas interesantes al respecto: da para pensar en acciones colectivas, visibles, que ponen un concepto intempestivamente, pero que no coinciden con ningún sujeto en particular. Sin embargo al momento de dar ejemplos se peca de vanguardista. Pero es preferible pecar de vanguardista que de conservador. Ahora, y pensando ya en la efectividad de la revolución, habría que tomarse los medios de producción y también los medios de comunicación. Uno siempre se imagina que seria cosa de días. Los costos de la revolución. A qué estaría dispuesto cada uno. Perder las comodidades. Ceder algo de lo ganado. Todo eso. Se necesita un argumento (y una voluntad) poderosa para hacer retroceder eso. Entonces termino, finalizado el bloque, preguntándome por la utilidad de la violencia simbólica. ¿De qué sirve a estas alturas? Combatir estéticamente es una opción sospechosa pero no por eso desechable. La historia de las vanguardias no tiene porqué ser la única posibilidad de una crítica a la modernidad y sus distintas maneras de construir subjetividades a conveniencia. Hace poco en la ñ (que acá llega con un semestre de retraso más menos) leía de cierta artista que trataba de ir en esta línea. Y recalco el “trataba”. Contaban en el reportaje sobre cierta performance: había leído unas proclamas, en una mano sosteniendo la hoja y en la otra un arma cargada apuntando a la sien (así a lo ruleta rusa pero de a uno). Culminada la lectura habría jalado el gatillo, sin que el arma se disparase. ¿Un acto heroico? No sé. ¿Ejemplificador por lo menos? De ser así seria un precio muy alto para ser sólo ejemplificador. Hay maneras menos espectaculares para hacer algo que tampoco es tan osado. Suele enfatizarse en la valentía del sujeto aislado, como si desde allí se propagara una nueva sangre por las venas del mundo. La banalización de la valentía, como dice Pérez.

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