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Archive for 25 octubre 2009

todo el invierno cabe en un día

Todo el invierno cabe en un día,
el tragaluz arrítmico lo sigo con los dedos,
vuelto frazada nada es aun.
Espero a que sea.
Retrocedo en el sueño.
Era una rubia y le pegaba una patada en el hocico.
No recuerdo bien.
Contra la almohada los dedos
van llevando un ritmo:
en todo arbitrarios dedos
que deducen y siguen ritmos
desde la materia informe.
Al principio era el ver volver al verbo
con el hombre entre las piernas.
Espero inmóvil el carácter del día,
el material que me niegue bien,
lo suficiente como
para poder subrayar unas cuántas horas,
guardarlas lo que se pueda
no es pedir mucho,
toda fe es un otro
en la coincidencia de nuestras pequeñas muertes diarias
cuando la forma del cielo cae garganta abajo
sólo está el otro y su demora.
Perdí el ritmo del agua,
tuvieron conciencia los dedos,
el ruido de la cocina le remplaza en su lejanía amable,
la suma de olores invita,
hay veces en que los días entran de espalda por la puerta,
o llegan como un bloque de horas amarradas por pasos,
a ver si hoy no se sueltan los nudos
y cubrimos todas las bases.
Aunque se nos diga eres llovizna o garuga
o tierra seca
se ofrece uno como ventanal de tren
sin promesa de paisaje ni clima ni vacas pastando
la pura ranura,
una ranura que mira por otra ranura
un forado con manillas,
estar a la mano,
llevar el esqueleto invernal
hacia cualquiera que adivine
este clima desprovisto de mundo
este clima desprovisto de objetos
no podía levantarme era sólo un clima nulo
un cielo de frazadas lentas no podía,
pero finalmente he salido a caminar con el imposible prójimo
que mojado queda más cerca.
No tanto, pero algo, algo del desamparo se intersecta.
El invierno cabe todo en este día,
el pichi es borrado de las esquinas,
y llevado con el jugo de ciudad por las alcantarillas.
Me gustan las barbas mojadas que les cuelgan a los perros,
un trote certero no importa hacia qué,
o las señoras que corren y cubren inútilmente sus peinados
con pequeñas carteras aun más inútiles.
Si escurriera no seria la sal,
ni el azúcar,
sólo una nota más dentro
del leve azote de todo en todo.

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“En todos los países del mundo sin ninguna excepción,
se concede tanto espacio a la criminalidad
como si se tratara de una novedad cada nuevo día”
(Michel Foucault)

¿De que nos sirve enterarnos de los pormenores de cierto accidente de transito, o de que un león se escapo de un zoológico, o saber el nombre de un tipo al cual lo han estafado 100 veces? Las noticias podrían perfectamente ser un compendio de datos duros bien distribuidos al servicio de la población y no una selectiva y cuidada producción espectacular de imágenes y formatos novedosos para incrementar el rating. La imposibilidad de que la ciudadanía se vea efectivamente reflejada a sí misma y genere reflexiones inéditas estriba precisamente en esta lógica televisiva de la información que se da en todo tipo de ámbitos y que consiste en quedarse de sobremanera en lo local, en el intimismo del detalle que se vuelve universal mostrando todos los ángulos posibles en una especie de imaginario estético-ilustrado en el cual conocer algo es hacerse de todos sus escorzos, como si las cosas fueran en sí mismas lo que son y bastara, para aprehenderlas, con establecer un promedio de todas las perspectivas. Eso es complicar y no complejizar. Y toda esta cuestión se hace pasar por servicio a la comunidad siendo que nunca nadie ha establecido ese contrato social: si a alguien de mi familia le pasa algo no me interesa que la TV este ahí para contármelo, en serio, prefiero que usen ese tiempo en hablar sobre la muerte, que pasen un corto, o que se queden callados mirándose los pies. Y es que el control de la información pasa por la apariencia de diversidad que generan los medios, y no notamos que, si no fuera por la necesidad (creada) de simpatizar con el televidente (o sea la necesidad estructural de considerarlo un consumidor de imágenes), quedaría bastante espacio para poner en juego esos datos duros y discutir, de modo que las relaciones mismas entre los datos pudieran irse volviendo, a su vez y progresivamente, datos, aportando así a la lucidez que se necesita para comprender las redes del poder, es decir, posibilitando que el ciudadano común y corriente incremente su capacidad de relacionar todos los ámbitos que se han naturalizado como separados para volverse un sujeto crítico que ya no padezca a la historia. Seria razonable que dejaran de mostrarnos las imágenes de los distintos accidentes de transito, de los distintos accidentes aéreos, de las infinitas formas de asaltar a alguien, de las distintas formas de vacacionar, de las distintas formas de amar, y que en vez de eso se nos diera una estadística al día con los lugares y los muertos, o mejor aun, que eso estuviera en una base de datos accesible a todos. Pero no, los medios se vuelven fin en sí mismo, en las artes el diagnostico general dice que los recursos representacionales son el nuevo insumo, y lo mismo sucede con la literatura (Vila.Matas, por ejemplo con sus novelas metaliterarias). Es el momento estético de la época, de manera que esta petición ética que le hacemos a los medios debería inscribirse en una pregunta mayor ¿Son responsables los medios de su estética y sólo les queda sumarse al estado representacional del mundo o estamos en posición de demandar legítimamente que corten su gueveo espectacular ? Oimos el llanto desconsolado de una madre ante el cuerpo de su hijo se vuelve una noticia, la cámara hace un zoom, comienza una penosa música, el periodista le pregunta cómo se siente –sacodegueas- ¿Era necesario? ¿Qué se creen estos ingeniosillos? ¿Qué argumentos los respaldan? Esta bien condimentar la vida, sí, pero para eso uno escoge su propia literatura, su propio pedazo de cultura y arte, estoy en mi pieza y si me da la gana el soundtrack es Toe o Coltrane, de manera que lo mínimo que se le pide a las instituciones (a la tele, en este caso) es que la corten con lo de la objetividad, pues es todo lo contrario: les pedimos su apuesta, que si van a hacerlo, por lo menos nos digan porqué, o sea, ¿Por qué deberíamos saber qué tendencias vienen en la moda?, ¿Tengo que saber que tal o cual futbolista tiene un hermano que vende drogas? ¿Tenemos que informarnos necesariamente de que tres adolescentes mataron a golpes a otro tipo?, ¿Tiene que durar tanto cada noticia? El tiempo que se pierde en la intimización del hecho podría usarse en la universalización que se conseguiría poniendo en circulación esa información y ligándola rápidamente con otros hechos, pero no, no funciona así porque al ciudadano se le toma por alguien que debe ser continuamente sensibilizado y, en consecuencia, moralizado y socializado en pos de conseguir ciudadanos confiables y productivos, ciudadanos infantiles al cuidado de la biopolítica que ellos mismo producen y conservan. Esto explicaría de algún modo el “cómo se puede obedecer al poder y encontrar en el hecho de la obediencia placer, que no es masoquista necesariamente” . O si no veamos como goza el niño que recién esta incorporándose en la ley, recordemos cómo le recuerda a los adultos faltas menores como decir un garabato, o equivocarse en una palabra, sintiéndose allí en una comunión con algo mayor: La Ley. Esto mismo se repite en el escueto modo en que la gente en su casa se queja de lo malo que esta el mundo que se ve en la TV a través de las noticias. Y para qué decir lo interesante que seria ligar esta reflexión a algo bastante obvio que nos comenta Foucault sobre la delincuencia y su utilidad: “la delincuencia tiene una cierta utilidad económico-política en las sociedades que conocemos (…) cuanto más miedo en la población, más aceptable y deseable se vuelve el sistema de control policial”. O en otras palabras: la policía no tiene una finalidad, no pretende acabar con la delincuencia, sino que pretende estar siempre acabando con la delincuencia, del mismo modo que la política no plantea su fin sino que se mantiene como la administración de la sociedad y sus leyes. Sin embargo, incluso suspendiendo esta aporía constituyente, la inutilidad de las imágenes y el esfuerzo cuantitativo de los noticieros sigue en evidencia si optamos por una perspectiva crítica en vez de la implícita infantilización de los ciudadanos.

(colaboración para la revista artecurico, gracias bruno.)

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“Por las noches, en un cuarto oscuro, con una pequeña y dura cama arrimada a la pared, sin lámpara para leer, iluminado por algún resplandor lunar que se filtraba a través de la exangüe claraboya, me metía el índice en la nariz, fabricaba pildoritas y las pegaba en la pared empapelada de celeste. Durante ese mes, poco a poco, con mis mocos, fui dibujando un elefante. No se dieron cuenta porque nunca entraron a asear o a hacerme la cama. Al cabo de un mes, el paquidermo estaba casi listo.”

“Frente a mi se sentaba una anciana con la espalda en forma de gancho, que había perdido todos los dientes menos uno colmillo de la mandíbula inferior. Cada vez que le servían la sopa, escarbaba en su bolso sarnoso, con disimulo extraía un huevo y, con gesto tembloroso, lo quebraba contra su diente huérfano para vaciarlo desde lo alto en el liquido insípido, salpicando el mantel y mi libro. Yo imaginaba a la vieja acuclillada en su cuarto, como una enorme gallina desplumada, poniendo cada día un huevo en lugar de defecar. Asi como había aprendido a vencer el dolor tuve que aprender a dominar el asco. Al final del almuerzo y la cena, se despedía de mí besándome las mejillas. Yo obligaba a mi boca a sonreír.”

“A los diez año ya pude comprender que para mi la familia era una trampa de la que debía librarme o morir.”

“Un digno notario, desde las seis de la tarde, emborrachándose en los bares, se hacia llamar El terrible tetas negras. Mucho se celebraba la manera que tuvo de abordar a una parroquiana: “Señora, yo también he sido mujer: hablemos de vaca a vaca”.”

“No sé por qué divina inspiración a Lihn se le ocurrió ponerse a ladrar con más ferocidad que los canes, mientras galopaba a cuatro patas. El terror le otorgo un volumen de voz descomunal. No tarde en imitarlo. En un instante, de perseguidos, pasamos a formar parte del grupo perseguidor. Los canes, desconcertados, no intentaron mordernos.”

“En una reunión de la academia literaria, Lihn y yo comenzamos, dando gritos de horror, a sacarnos de todos los bolsillos carne picada para bombardear a los asistentes. (…) Frente a una terraza de un café, vestidos de mendigos, sacamos un violín y una guitarra como si fuéramos a tocar. Rompimos los instrumentos musicales dándoles contra la acera. Le dimos una moneda a cada parroquiano y nos fuimos (…) En la conferencia de un profesor de literatura, en el salón central de la universidad de Chile, con trajes de explorador, nos acercamos gateando a la mesa del orador y, con melodramáticos quejidos de sed, nos peleamos por beber el agua de la clásica botella (…) Disfrazados de ciegos y llorando hicimos cola para entrar a un cine.”

“El acto poético debe ser bello, impregnado de una cualidad onírica, prescindir de toda justificación, crear otra realidad en el seno mismo de la realidad ordinaria (…) el acto poético debe buscar la construcción y no la destrucción.”

“Si el arte no sana no es verdadero.”

“triunfar en Paris es muy fácil, sólo los primeros cincuenta años son difíciles” (Roberto Matta)

“El sueño lucido nos enseña que en ningún momento estamos sólos, que la acción individual es ilusoria.”

“Llegué a la conclusión de que debía inducir a la gente a actuar en medio de aquello que concebían como su realidad.”

“No se puede eliminar una angustia, un miedo irracional, tratando de razonar con el consultante para demostrarle que aquello que teme nunca le puede suceder. Lo que hay que hacer es empujarlo hacia la angustia para que realice, metafóricamente, lo que tanto teme.”

“El problema del perfeccionamiento se cura aceptando mostrarse, ante quienes lo exigen, más imperfecto de lo que se es.”

“El inconciente toma los símbolos por realidades.”

“Desprenderse del condicionamiento fetal, luego el familiar, luego el social.”

“Para que nazca un pollo, la gallina debe picar la cáscara del huevo desde fuera, mientras que el pequeño la pica desde dentro.”

“La certeza imitada debe ser total.”

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amores caca

“Pienso en los tipos de amor. Mientras voy en el metro y miro, pienso en todos los tipos de amor que tengo frente a mí. Ella tiene un niño tomado de la mano y de la otra mano del niño sale una mano que será de él. Ella lo mira con cara de mira imbécil como me tenís, me hiciste un hijo, estoy fea, gorda y vieja y por tu culpa y por culpa del crío. No tengo vida, ni amantes, ni diversión. Te tengo a ti mi huacho que me hacís rabiar pero tengo que quererte porque no me queda otra. El la mira con cara de puta que estai fea y desgastá y puta que me molesta estar contigo pero (al igual que a ti) tampoco me queda otra. Y se bajan en la estación que sigue y pueden fingir de uno u otro modo, que son medianamente, felices. En otro rincón tengo a los típicos jipis culiaos que se aman con su amor jipi de paz y amor y dibujan corazones en el cielo, donde claramente, no hay corazones. Están otros que se aman y de eso no cabe duda alguna, pero se aman feo, se aman poco estético, se aman melosamente, se aman besuqueadoramente, y tampoco, es un amor que me interese mucho. Menos mirarlo. Viendo las lenguas. Los abrazos a toda hora. El gordito y mi chanchita. Otros, a lo lejos se miran nada más. Ella le abraza tiernamente, sin improvisar demasiado. Sonrío. Casi lloro. El se deja abrazar”

(M. N.)

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a falta de matinales

Echo de menos la tele. El ruido de la tele. A todos los odiados los hecho de menos. Despierto a las once y quiero matinales que acompañen el desayuno. Los odio pero necesito ese ruido familiar. Mirar a la Tonka Tomicic hablar gueas. Algún reportaje idiota filantrópico de sacar de las drogas a algún infeliz y el conductor lo moraliza amablemente en pantalla, sintiéndose el mejor gueón del mundo. O los irritantes móviles en la calle. Esa personalidad de periodista-aborda-gente. O los concursos y las dueñas de casa que llaman. Tomo desayuno sólo en esta casa. Lo primero siempre es abrir las ventanas. Me siento unos segundos en la mesa pero me paro. Pongo una película que arrendamos ayer, una de Steve Carrell, una comedia romántica a las 11 de la mañana, con dos cafés al hilo, pone buenas caras este tipo, pero la película no es tan chistosa ni tan nada.

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Curicó Unido vs Ñublense

Llegamos dos horas antes para tener buenas posiciones. Leo unos relatos cortos de Lamborghini y mi hermano lee unos cuentos tontos para niños. Él me lo ha hecho saber así. Y que bueno que las moralejas dejen de tener sentido, incluso para un niño. La cancha se ve perfecta desde arriba, como una mesa de pool. Es bueno cuando todavía no ponen las cumbias y regetones y se oye el puro murmullo de la gente. Ni a mi ni a los viejos de tribuna nos gusta el regetón tan alto. “Ya pusieron sus cagas” grita un viejo de yoqui al lado mío. Apruebo con un movimiento de cabeza. Ya pusieron sus cagás. Ni siquiera hace tanto sol y este viejo lleva yoqui. Hay gente que usa yoqui, o cualquier cosa, porque ya lo hizo durante mucho tiempo no más. Y todavía ponen esas canción de los paralamas “una partida de fuchibol” o como se llame, como si Bersuit Vergarabat no existiera, como si no hubiera otra música futbolera. Como antes, cuando estábamos en segunda, y al salir el equipo a la cancha ponian esa canción futbolera de Los Miserables “sueños de niñez, pichangas de barrio, caras sucias, sudor y barro, sudor y barro”. Era bonito eso. Como que pegaba.

Cuando falta poco más de una hora un hombre de –según él mismo- 79 años se nos acerca a todos hablando en voz alta. Entre las manos lleva una tabla con un sujetador del que cuelgan un montón de papeles. Nos dice que tenemos que alentar al equipo, que el hace cincuenta años casi hizo caerse el estadio, que le decían el Canilla. Entonces se pone a cantar, nos alienta a que empecemos a cantar y el partido aun ni empieza. Nadie lo sigue. De su tablita que pareciera ser de un entrenador profesional saca una hojita. La mano le tiembla más que la chucha. Me pasa la hojita en la que está el canto escrito. Es una hoja de cuaderno en la que está tres veces el mismo párrafo escrito con lápiz escripto, con la típica letra de abuelito. La doblo en tres, le paso saliva, corto tres pedazos, paso dos y me quedo con uno. La cuestión dice:

Vamos mis 11 leones en la cancha tenemos que ganar.
En la banca con L. Marcoleta,
En la casa los tres puntos tienen que quedar.

Así que ahí está parado frente a nosotros cantando esta cuestión cuando, en algún momento, se pasa de la contemplación al gueveo general dentro del cual está permitido, quizá para salir del paso, que se le pida al octogenario que se bese con la señora que vende los números de la rifa quien, por cierto, es quien empieza el “¡el beso!, ¡el beso!, ¡el beso!”. Cuando llega mi papá le pregunto por el Canilla y efectivamente existió, lo conoció, y es un veterano que siempre acompañó al equipo.

Ñublense trae barra. Unos nueve buses. Hacemos el primer gol a los tres minutos y toda las graderías de enfrente son cubiertas por una sola bandera así de 80×15 metros. Acto seguido sacan una bandera robada a los cabros de Ñublense hace ya varios años y la ponen al revés. “Ñuuuuble, conchetumaaaadreee, la bandera, la tiene tu papaaaa” y así. El partido termina tres a cero. Entremedio una lluvia de piedras, conatos varios, los pacos aplacando y al final, desde los de Ñublense, una bengala en horizontal, un misilazo hacia los Marginales, con un sonido perfecto trazando la cancha por arriba de los jugadores. Al rato pedían una ambulancia, supongo que por eso. Al final todo se pone raro, le llega un pelotazo a una carabinera, el partido se para, están los 22 jugadores apelotonados al centro de la cancha, echan a uno de Ñublense, los pacos echan lentamente a los chillanejos a sus buses, los perros corren bordeando la reja y ladrando, como si comprendieran que hay que meter ruido no más, piden calma por altoparlante, es gracioso que alguien con voz serena pida calma por altoparlantes mientras en tribuna estamos todos gritando porque sí y porque no y hasta por si acaso, total ya ganamos. Pitazo final y bajamos, quedamos en el pasillo que se forma para palmotear y felicitar a los jugadores saliendo de la cancha, mi hermano les da la mano a todos y se ve feliz. Esperamos que abran las puertas y salimos, mi papá camina hacia la farmacia y nosotros hacia nuestra casa, ahora al lado del estadio.

(Domingo 18 de Octubre)

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Atrasado y deficiente en lo poco y nada que hay de universidad. Son misteriosos los caminos de la pereza y la evasión. Es como si nunca fuera necesario hacer lo que hay que hacer, se abren los Word pero se pasa a otra cosa, se termina haciendo otra cosa, leyendo otra cosa, escribiendo otra cosa (esto, por ejemplo), y uno queda esperando el impulso que no se sabe de dónde debería venir.

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