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Archive for 28 enero 2010

Me planto en el Word con la sensación imbécil de estar a punto de hacer algo, al final del día, como si esto fuese una especie de práctica privilegiada, la construcción de un objeto incuestionable y transparente para si mismo. Le dije a la Betania que sentía que en la noche tenia que ajusticiar el día, eso le dije ayer, y la echo de menos, tendría ganas de hacer más cosas si ella estuviera haciendo sus cosas aquí cerca. Da igual cómo se llame eso y la pertinencia que tenga dentro del complejo cuadro en el que estamos insertos. Quiero tan pocas cosas de verdad que ya no sé negármelas. Esta justicia nocturna es una cagada. Me duele la cabeza. El viento se ha olvidado de que tiene que venir a reparar las temperaturas de los cuerpos. El rechinar de los dientes ha vuelto. ¿De qué se trata esta guea de apretar los dientes de abajo contra los de arriba ahora mismo incluso mientras escribo? Me concentro, dejo la boca abierta, diez segundos, trato con la lengua entremedio a modo de separación, un minuto a lo más, pero nada, vuelvo a rechinar los dientes. Que se vaya a la mierda el cuerpo y sus mensajes en clave. Echo de menos tantas cosas. Pero es mi culpa. La voluntad va rodando en una pendiente de calor y desgano y heme aquí describiendo la pendiente, los baches, como un turista que quiere volver a su casa, a lo conocido y simple. Pero la casa hay que buscarla, eso me anima, tener que ir a Santiago, visitar a los amigos, buscar una casa, ir al cajón del Maipo, aunque nadie del taller quiera, por último o por primero, pasar un fin de semana como beatnik, jugar a hacer land art, y ver si se aclaran un par de cosas, sí, es lo único concreto, acá mis pasatiempos ya expiraron.

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ni una gueá

Nada, ni una gueá, ni viento que entre por las cortinas tiesas como telarañas, ni ganas de ponerse conectado en el msn, ni de leer, ni. Duermo una siesta. Al despertar no sé en cuál de las tres pieza estoy y me quedo en eso unos minutos a ojos cerrados. Miro para afuera: a esta hora nadie pasa, están todos guardados. Me llaman pero no tengo ganas. Cualquier actividad trae su nefasto “y luego qué”.

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Ibrahimovic

Soñé que estaba en una disco sentado en el suelo mirando a unos tipos que estaban chuteando una pelota, así como antes de empezar el partido, cuatro tipos en un rombo probando precisión en los pases, con ambientación discotequera. Algunos siguen el ritmo de la música mientras esperan el balón. En vez del baile el espectáculo es eso. Feli es uno de ellos y yo desde el suelo le grito cosas de barra de futbol. Uno cánticos típicos, con entonación argentina típica, pero relacionados con la insistencia de seguir escribiendo, Mis pies están bajo el nivel del suelo como si el cemento fresco se hubiera endurecido conmigo allí dentro. Cuando pretendo pararme al baño me doy cuenta de que estoy atrapado ahí. Así que hago como que estiro los brazos, las piernas, bostezo, para hacerlo todo más creíble, y vuelvo a sentarme: intuyo que si ven que estoy enraizado allí me harán algo malo. Al costado, en la barra, está Slatan Ibrahimovic, sirviendo tragos con una destreza imposible. Trato de avisarle a Feli que está este importante futbolista en la barra, pero hay mucho ruido, y opto por bajar, siempre pudo bajarse, era cosa de sacudir los pies, lo que no se podía era subir, entonces me dejo caer y es como tirarse parado en jalea, en una jalea que asusta porque no termina nunca.

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ivan

“Así que me miro un rato las ojeras en el espejo sucio de gotitas de pasta de dientes y vuelvo a mi burbuja cúbica de calor o fiebre. Podría mirar las gilipolleces ajenas en Facebook. O podría abrir el Word y escribir algunas propias. Pienso en Saroyan. Pienso en Carver. Pienso en Ford. Y me doy vergüenza. Y ése es el sentimiento del que intento huir al poner en marcha el reproductor de música y sumergirme en la inofensiva posmodernidad de mi muro, los de mis amigos y los de gente que ni siquiera conozco. Y me siento tan en el primer mundo… Relleno uno de esos estúpidos tests virtuales. Con qué celebridades vivas o muertas te gustaría emborracharte. Pongo el primero a Bukowski porque es el único que añado sinceramente a la lista. Aunque supongo que nadie se preguntará Por qué cuando lo vea por la mañana en su pantalla. Tan en el primer mundo. Es más importante salvarle la vida al gato atropellado, caído, pateado o nada más que abandonado que lleva cinco minutos quejándose sin tristeza ni miedo en algún lugar de esta calle, simplemente quejándose como el animal que es. Así que no tarda nada en llegar una camioneta del servicio de animales municipal. Y me siento tan en el primer mundo… Cuando el hombre se tumba sobre el asfalto sucio y mete medio cuerpo debajo de un coche para salvar a un gato herido. Cuando una mujer y su hijito aplauden desde su ventana el éxito de la operación de rescate. Tan en el primer mundo.”

“Sin tan siquiera fantasear con la idea de que si viviera en USA podría odiar también a la gente con casas con jardín y con tartas de manzana en la ventana y con rancheras con puertas de contrachapado y con perros llamados Skip y con rifles bajo la almohada. Podría odiar a los hiphoperos del cuarto mundo rellenos de crack. Y a los gerentes de motel rancio de superautopista. Y a los brokers y a los vaqueros analfabetos y a las patinadoras de Malibú con sus piernas intocables. Y entonces escribiría mejor. Mucho mejor. Y tendría más posibilidades de que un tarado llegara a ser el mandamás de una editorial de medio pelo y de que debido por una parte a su cociente de borderline y por otra a mi exótico nombre europeo decidiera publicarme algo. Porque aquí todo es light. Jodidamente light. Desde las armerías hasta las editoriales, pasando por la tristeza, la felicidad, la mediocridad, el éxito, el fracaso, el amor e incluso la violencia de la gente”

(http://ivanrojo.wordpress.com)

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35° C

Unas cámaras de refrigeración se queman en el Unimarc. Eso dicen por la radio. Me pregunto cómo es posible algo así. Anuncian también a las distintas modelos, actores y personajes de la televisión que visitarán las discotecas de Curicó el fin de semana. Ya ni me pregunto cómo es posible algo así. Quizá la fusión de ambas noticias seria mucho más agradable y provechosa para la sociedad, pero seria mucho pedir. Escucho desde el baño mientras termino de secarme. Dormí como cinco minutos pero las moscas y el calor no me dejaron. Bañarse es casi lo mismo. El mismo efecto despajerizador. No tengo ganas de salir a trotar. Me afeito porqué sí, para que la cara se vea menos cavernícola, para ver los pequeños pelos irse por el lavamanos, para oler a aftershaves ante mí. En la tarde no pude leer más de media hora. Lo que hago es saltar de géneros pero hoy no ha dado mayor resultado pues sigue pareciéndome bien fome casi todo lo que me he traído para leer. Retomé La literatura y el mal de Bataille pero las primeras páginas, además de traer estúpidas anotaciones con una letra desproporcionada en los costados, vienen con la última palabra de cada línea cortada. Obviamente uno intuye de qué palabra se trata en cada caso, pero de todos modos me aburro, que la transgresión, que el amor es la verdad de la muerte, que el mal es el mejor medio para expresar la pasión, ya, bien, puede ser, pero no estoy para esas cosas. Vi un stand up comedy de Kevin Smith, eso hice, matando moscas e individualizando en cada una de sus muertes un pequeño triunfo sobre este calor de mierda. Un matamoscas que sólo tiene la mitad de superficie disponible para asesinar debido a la furia con la cual es usado. Ahora son las ocho treinta y acomodamos cosas en el refri con mi mamá que ha llegado hace poco. Y no sé qué hacer. Tomar once, claro, ¿pero y luego?

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sueño de otro

” (…) Santiago y Buenos Aires están al lado, separados sólo por un río. En Buenos Aires está Álvaro Escobar, en una universidad. Me dice que tiene que asumir un cargo en el gobierno. Al parecer, no es vampiro. Me dice que lo lleve a conocer el palacio. Le muestro los subterráneos, pero hasta el menos 5 no más. él quiere seguir bajando, yo me devuelvo (…)”
(F.K.)

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sala de espera

Se echa viento todo el rato. Apenas llegó tomó una revista y comenzó a echarse aire. Lleva una camisa blanca a rayas, es gordo y está sentado como si fuera a pararse en cualquier momento, me quedo atento a su respiración lenta y pesada, pero creo que nota mi propósito pues hasta he dejado de leer, con el libro abierto y con los ojos detenidos, este hombre no ha mirado a ninguno de los presentes desde que llegó, quizá sienta vergüenza de tener tanto calor, yo ya me he aclimatado y me pregunto si me veré asi al llegar a lugares atiborrados de gente, van diez minutos y sigue dándole a la revista, algo raro tiene este hombre. Así que estoy allí esperando que mi hermano sea atendido. Comienza a llegar más gente de la cuenta pero me hago el desentendido y sigo releyendo Catedral de Carver. Están mirando la tele pero no la siguen, estoy seguro de eso porque está en el Disney Chanell y son adultos. Yo me aburro de leer, dejo el libro encima, y me dispongo a mirar todo con aburrida atención. Suelo oscilar entre la timidez y el descaro pero ahora me han dado ganas de mirar las caras y las ropas y las maneras de esperar y los tick así como si fueran una extensión de las revistas y demaces utensilios de espera. Mi hermano me llama y entro. Quizá no tenia que entrar. Me miran las doctoras, dentistas, ortodoncistas, ayudantes, lo que sean. “¿Esta todo bien?”, digo. Y por supuesto que está todo bien. Bromean acerca de la valentía y la cobardía de mi hermano, invariablemente, la labor de un dentista de niños es hacer una broma de cada una para así en el fondo no decir nada acerca del carácter del niño en cuestión. Salimos de ahí. Alcanzamos a pulsar el botón de cerrar el ascensor justo antes de que entren unas señoras que ven nuestras risas .

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