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Archive for 29 mayo 2009

insomnio

Ni siquiera sé dormir. Tratando de ordenar los horarios me dormí a las once de la noche, con mucho sueño, con un día que había empezado a una hora que a los ciudadanos respetables no les asombraría pero que dado mi historial es una hazaña, me dormí, como debería ser, cansado, luego de un día integral. Pero desperté a las tres de la mañana, sin sueño, listo para algo imposible de saber. Entonces combos a la almohada. Nudos de sabanas. Esa rabia contra las decisiones del cuerpo. Rápidos giros que botan el cobertor. Mentalizando un apagamiento de todas las funciones motoras que no llega justamente porque es absolutamente necesario. Cada media hora mirando la hora en el celular, maldiciendo, ni seguro de estar despierto o a punto de dormirse. O también: llegado el punto culmine para empezar a quedarse dormido, una picazón, una pestaña, el cuello, la necesidad de moverse, de girarse para el otro lado, de rascarse la pierna, sabiendo que ese movimiento lo arruinará todo y habrá que recomenzar desde cero la compleja cadena de pensamientos inconexos que estaban a punto de hacerme dormir. Y asi hasta las seis de la mañana para ver a Chile perder cuatro a cero con Japón y luego pasar donde N, su mano por la ventana que indica dame un poco de tiempo más y luego a la vega, el día empieza muy helado, caminamos por el forestal, quizás sean las nueve de la mañana, hay un pésimo hilamiento de las frases, un retardo de todo tipo, pastosidad de la boca, dificultad para escoger el momento oportuno para cruzar la calle. Un perro con un polar plomo muy bonito nos sigue.

(martes 26)

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queda mucha mañana

Despierto a las seis y cuarto de la mañana. La tele sigue prendida. En algún momento me tapé y boté las cosas al suelo. Me dormí encima de la cama como a la una viendo una animación japonesa en el Cinemax sobre unos científicos que inventaban una psicoterapia basada en un dispositivo que permitía entrar en los sueños propios y de los otros pero se les iba de las manos y todos comenzaban a entrar a un mismo sueño colectivo comandado por un tal Hiromi. Hace mucho que no me dormía sin querer. Asi que estoy despierto a la hora que ayer me estaba acostando con una grata sensación. Repaso el sueño despierto a ojos cerrados oyendo las noticias de la mañana. Pienso en ir a trotar pero aun no amanece del todo.

Salgo a trotar como a las 730 am, llego hasta Irarrazaval y vuelvo con la garganta adolorida, seca, picosa. Ya bañado noto que son recién las 830. El Chavito en la mañana del trece está en un paradero de gran avenida entrevistando gente, ¿se está mojando mucho?, ¿de donde viene?, ¿porqué es rosado su paragua?, entonces se le acerca un viejo y haciéndose el enojado le dice “oye y hasta que hora va a llover gueon”, como si la tele tuviera la culpa. Decido ir al supermercado para matar tiempo y también porque está lloviznando. Queda mucha mañana.

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el resto pico

Me dormí todo el bus. Ya no me importa que pongan las películas a todo chancho. Desperté en el terminal con la visión homogénea y porosa y asi me vine en el metro mirando con descaro fisiológico a una niña muy bonita. Uno se aprovecha de sus propios estados soporiferos. Al llegar veo una cuenta de Falabella: estoy en dicom. También noto que la puerta del ropero esta sacada de cuajo. El sillón que debo pagar está ahí con su herida de cigarro a la vista. Pico, me digo, pico con todas las mundanidades. Voy a existir en lo que hago, en lo que puedo hacer, y el resto pico .

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D V D  17  a l   3 4

Tuve algo en el pecho todo el fin de semana. Y todavía. Esa típica puntada que se sana estirándose de golpe en la cama. Pero tengo 16 películas recién bajadas respaldadas en devedés que son causa y a la vez síntoma de las puntadas yo creo. Parece que estoy como al principio del ladrón de orquídeas. Parece que no sé hilar nada. Me rehúso a acostarme. Ojala estuviera lloviendo. Tener 17 años y estar escuchando por vez primera The get up kids. Y ya no quiero hilar son las cuatro cuarenta de la mañana. Leche cultivada extra calcio sabor piña coco. El Esamisol que da un sueño terrible. La feliz pobreza. Se me quedaron las zapatillas en Santiago. Los malos poemas armados como si estuvieran hechos para comérselos a solas antes de dormir. Pretencioso y rumiado bolo alimenticio. Ridículos triunfos situados. Llevo los cheques para matricularme recién. Mi papa es cruz verde pero no es un cerdo capitalista. Mi mama es telefónica y le hablo de terrorismo poético. Necesito más calcetines de hilo. Y zapatillas. Reposar la cabeza en otra cabeza. Pedacitos de luz inversa que convidar con inseguridad altanera. Pedacitos de puntadas que convidar para siempre. Necesito un maus. Y mejor pulso. Benedetti a muerto y Pérez se lee unos poemas antes de Hegel. Instado por eso leo sus haikus en el baño y ya no me parecen tan simplones porque claro está muerto y los muertos están completos. Tirita la cuchara en el aire con las cucharadas de azúcar. ¿Para qué tantos tés? Ya no fumé cigarro. Mi mamá cacha que cuando salgo a darme una vuelta con bruno nos fumamos un pito caminando por la alameda para venirnos a jugar play. Y en el megavisión todavía dicen “flagelo” y “alucinógeno” y que es el primer peldaño de la escalera a la cocaína y robar cosas de la casa. Pobres culiaos del Mega y Chilevisión. Pobres programas culiaos de policías y ratis culiaos buscando plantaciones de mariguana como si fueran Rambo los sacos de gueas incluso ponen músicas ad-hoc y uno se los imagina después sentados en sus livinges a los chanchos culiaos jactándose con sus familias de velar por el bien público con el recorte en el velador. Y pasan piolita los jales legales de policía y los jales legales de abogado y los jales legales de senador de la republica. Televisión reculiada con su biencito publico. Cultura de tetitas y culitos y uno que otro bailecito. Y los sapos culiaos del derecho de autor cuidando el mercado de la gente simple saqueando institucionalmente el comercio ambulante y la música y las películas pirateadas. Artistas culiaos también sin imaginación para reinventarse a través de nuevos soportes. Chuchas que me puse serio. Es que todos quisiéramos que un gorila se culiara al inspector Vallejos. ¿O no? Y como decía. Ya no compré nunca una cajetilla de cigarros. En eso estaba. Yo no fumo cigarros. Eventualmente fumo mariguana. No la compro. Y nadie de mi familia se va a interesar en leer hasta aquí para luego en alguna reunión hacerme la pregunta de rigor así que la suelto no más. Es que si supieran tendría que desmegavisionarlos y yo no tengo tantos efectos especiales ni culitos ni tetitas ni inspectores vallejos para explicarles que me basta con las sinapsis que tengo total ni siquiera tomo como toman los jovenzuelos de hoy en día y ya dije que no fumo cigarro. Punto aparte con eso. Ahora el corazaun. Ya no lo dije con grandes palabras. Me gustó tanto tanto durante dos o tres días. Y le dije. Sin el “tanto tanto” eso si. Por el principio de realidad como un mazazo en la nuca ¿Se creerá la raja? No creo. Tuve ese sueño. Alguna vez que me toque el no. Y entretanto la puntada. Trago esta leche cultivada rarísima de coco como pegándole un tsunami a la puntada de mierda. A mi abuelita no le gustó esta leche y me la dio. Pobre abuela. Se quiere morir. Qué le va a decir uno. ¿Qué se vea una de Kim Ki-Duk?, ¿Qué se fume un pito? Yo moriré así creo: postrado viendo película tras película, o leyendo si todavía puedo, o maldiciendo, o pegándole patadas a los gatos de una esposa que va a haber muerto de. No, no hay esposa. Sí hay películas. Y así como voy me espera una entretenida muerte consumiendo cine. Julio Mariela Natalia Feli llevo más películas que la cresta. Pero Feli nunca lee aquí ni va a ver peliculitas con los chicos del barrio. Feli culiao. Feli piernecitas de mujer. Feli chupalaquecuelga. Feli te quiero. Feli nunca va a leer aquí. Te amo Feli amigito.

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sábado curicó

Por la tarde conseguí zafarme de las maquinitas y me planté en el patio a leer una penosa fotocopia sobre la identidad en Latinoamérica. Que la diferencia, que la especificidad creadora, que la esplendida visita a Chile de Ortega y Gasset en los años 30. Una nulidad. Mejor estirar los brazos bostezar y gritar un poco. Otra nulidad. Y en eso descubrir el cielo perfectamente blanco sobre el parrón: luego de pasarse horas frente a la pantalla buscando subtítulos la realidad cobra fuerza y el más modesto patio se aparece como algo contemplable. Las hojas secas ni siquiera se mecen sino que tiritan de vez en cuando como si un viento indetectable les pegara chirlitos. El cielo está denso y cremoso y me quedo con la cabeza inclinada hacia atrás rascándome mis partes e inflando la guata lo más posible imaginándome así en 10 años más. En su pieza mi mamá ríe a carcajadas con una película. Esta acostada, media enferma, y yo diría que hasta feliz de estar en cama un sábado por la tarde viendo películas idiotas. Su risa hace que me eche en la cama del lado. Ya la vi, le digo, es esa en que guil smit le ayuda con las citas a los perdedores. Si, me dice.

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si sé

Soñé que participaba en una ominosa cena en las afueras de una mansión con largas mesas con aperitivos primero bandejas con muchas carnes y quesos una señora de edad me quería follar y yo me arrancaba algo tenia que ver con x todo este evento pero ella no aparecía por ninguna parte –apareció una vez para irse arguyendo que estaba cansada de tanto hacer cosas y me decía que había tenido que disfrazarse de pelota momentos antes- y yo después de eso recorría la mansión buscándola en las infinitas puertas con cierta vergüenza porque era su casa y los papas meneaban la cabeza al verme preguntando por ella y la hermana me miraba sin siquiera contestarme y finalmente su voz me respondía desde el otro lado de una puerta estaba en el baño “¡estoy haciendo caquira!” me gritaba y yo me quedaba afuera y cuando salía la abrazaba con tantas ganas como si tuviera que perdonarme de no sé qué y ella se quedaba tiesa como un gato pero no me importaba y la soltaba y ella me decía “está bien, si sé; pero sé y nada más” y ahí terminaba el sueño.

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Jorge Teillier

De Los trenes de la noche

Recuerdo la Estación Central

en el atardecer de un día de diciembre.

Me veo apenas con dinero para tomar una cerveza

despeinado, sediento, inmóvil,

mientras parte el tren en donde viaja una muchacha

que se ha ido diciendo que nunca me querrá,

que se acostaría con cualquiera, menos conmigo,

que ni siquiera me escribirá una carta.

Es en la Estación Central

un sofocante atardecer

de un día de Diciembre.

(…)

Los pueblos flotan en mi cabeza

que he inundado de vino en este largo viaje

como flotan los viejos troncos

en los rios en crecida.

Inundo de vino mi cabeza

para olvidar la cancioncilla senil

que tararea el carro de tercera,

para olvidar a los torpes campesinos con sus

canastos con quesos o gallinas,

y a los viajantes que ofrecen naipes y peinetas.

Cierro los ojos

y afirmo mi frente enhollinada

en los vidrios de la ventanilla

mientras la noche hunde en los ríos

su frente arrugada por los peces.

(…)

Quizas debiera quedarme en este pueblo

como en una tediosa sala de espera.

En este pueblo o en cualquier pueblo

de esos cuyos nombres ya no se pueden leer en el retorcido

letrero indicador.

Quedarme

escribiendo largos poemas deshilvanados

en el reverso de calendarios inservibles

sin preocuparme de que nadie los lea o no los lea

o conversando con amigos aburridores

sobre política, fútbol o viajes por el espacio

mientras tictiquean las goteras en el bar.

.

.

De Crónica del Forastero

(…)

Me amo a mi mismo tanto como a mi prójimo

Pero estoy dispuesto a desaparecer junto a todo mi prójimo.

Puedo rezar sin creer en Dios,

a las noticias del día

suelo preferir leer memorias de oscuros personajes de otras épocas

o contemplar los gorriones picoteando las maravillas

(…)

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