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Archive for 2 noviembre 2011

octubre

[a oir]

SEGUNDO MEIL DE TESIS
Porqué “finitud” y “mal”. Primero porque ambos términos conforman un ámbito de discusiones que, aunque quizá propio de la teología, podría ser el fundamento de todo pensamiento político (por ejemplo los contractualistas y las distintas naturalezas humanas) En general, la idea es que desde la relación (o imposibilidad de relación) de Dios con el hombre se puedan dar luces sobre la condición humana como tal.

Me interesa no sólo la tensión entre ambos conceptos (mal/finitud; qué tan consecuencias son la una de la otra?, cuál es “primero”?, son determinaciones o aperturas del sentido humano?, etc) sino sobre todo las relaciones que de allí puedan surgir hacia problemáticas reiteradas de la filosofía (La distancia entre Weil y la filosofía de la subjetividad; las concepciones occidentales y orientales del tiempo; la finitud en Weil, Hegel y Kant por ejemplo: finitud que en Hegel no coincide con la necesidad como en Weil, finitud que en Kant no nos permite el acceso a lo en sí pero en cambio nos posibilita los juicios sintéticos a priori; o las perspectivas históricas que en Weil son puras proyecciones egóticas, que en Hegel son el Espíritu conociéndose a sí y que en Kant son el horizonte Ilustrado, etc) La idea sería obviamente, antes que desarrollar a cabalidad esos tópicos, hacerse cargo de las definiciones weilianas tratando de llevar un hilo conductor que establezca los diálogos que ella suele omitir en sus libros. Digo esto porque ésta es una autora que, salvo a algunos griegos, textos orientales y la biblia, cita muy poco. De hecho casi siempre que cita, parafrasea, y son los editores los que vienen a corroborar. No hay en sus textos mayores defensas ante opiniones adversas o críticas que la inserten en la tradición filosófica moderna como tal. Ahora, el énfasis no estaría puesto sólo en ese rellenar “baches”; la intensión de ese rellenar viene dada justamente por la voluntad de organizar los textos de Weil en torno a estos dos conceptos (mal/finitud) que me parecen ejemplares y abarcantes: la relación con la tradición filosófica será sólo para sacarle más consecuencias al pensamiento weiliano de las que la autora misma saca. Por eso, y como segunda parte de la justificación o sentido de la elección del tema de tesis, es que decíamos “abarcante”, en sentido general pero también particular. General en tanto ambos conceptos sirven para pensar el paso de una teología a una, por así decirlo, ontología política (porque obviamente no sacaremos una teoría política dura desde Weil como sí de Arendt u otros teóricos), y particular porque, dentro del propio pensamiento weiliano, ambos conceptos son transversales. Sobre esto último, aunque Weil casi ni menciona la palabra “finitud” varios de sus conceptos podrían ser precisados y matizados allí dentro (necesidad, espera, ilusión, descreación, etc); asimismo ocurre en cuanto al mal -término que Weil sí usa bastante- y que podría servir para agrupar una serie de conceptos que evidentemente, sin ser el Mal (pues para Weil existe solo el Bien, que no es terrestre: lo terrestre es un bien y un mal que ni tocan al Bien) quedan muy cerca (me refiero a conceptos como “yo”, “imaginación”, “historia”, “deseo”, “colectividad”, etc)

En última instancia a lo que me interesaría llegar, digamos las ultimas paginas de conclusión, es a una definición o diagnostico de la condición humana en sus aspectos trascendentes e inmanentes, una mayor claridad en el paso del uno al otro expuesta en las consecuencias ontológico-políticas de qué es lo que ocurre (desde y también más allá o más acá de) Weil en los distintos trayectos que puedan hacerse con hombre-dios-finitud-mal.

Cuestiones técnicas: llevo tan solo 4 libros de Weil íntegramente leídos, la idea de leerlos todos me parece no solo necesaria para esta tesis sino que atractiva por sí misma, pero como se ve, me demoro bastante, y creo que seguirá siendo así el resto del año hasta que siga trabajando paralelo en otras tesis y ensayos que hago. Me compré los Cuadernos y El conocimiento sobrenatural así que estoy en ello. Así que supongo que lo que viene ahora es leer y leer y leer. Me gustaría, eso sí, ir desde ya, sacando cosas en limpio. ¿Alguna recomendación? Por de pronto lo que hago es tener todas las citas de lo que voy leyendo en word así si requiero la búsqueda especifica de algún termino uso el buscador. Tengo ya ciertas anotaciones y creo que las iré agrupando en torno al índice que más o menos ya configuré aquí.

Nos vemos tito, saludos.

PROFE:
1. Me parece muy bien que hagas un índice: sirve como timón.
2. ¿A qué te refieres al señalar que finitud y mal podrían ser el fundamento de TODO pensamiento político?
3. Creo que lo que quieres investigar es doble: por un lado, pensar el paso de la teología a la ontología política; por otro, el carácter transversal de los conceptos a tematizar.
4. ¿Harás una definición o un diagnóstico? Te digo esto porque no son lo mismo, y requieren estrategias metodológicas distintas.
5. Creo que debieras diseñar, de manera rigurosa, lo que vas a hacer sin darte tantas vueltas. No eres claro.

Un abrazo
Tito

YO:
2. a que la “naturaleza humana” (que podría ser leída desde esta tensión entre finitud y mal) es una de las primeras cuestiones a resolver para situarse en lo político. de qué tipo es la libertad del hombre, si trae un destino o finalidad inserto en sí mismo o nó, es acaso lo colectivo un escape de la finitud, etc… a ese tipo de interrogantes “fundamentales” me refiero.. fundamentales como “originarias” en sentido heideggeriano, como eso que la ciencia no alcanzó a pensar.

3. ¿es abarcar mucho y sería mejor escoger una de las dos cosas o te parece bien así? yo por lo menos en este índice mental que llevo me parecen cuestiones simultáneamente abordables: la transversalidad o el amarre conceptual de la autora sería la parte de dar cuenta de un pensamiento especifico y el paso de la teología a la ontología política sería la apuesta. (al decir ontología política me refiero a esas interrogantes fundamentales del punto 1)

4 y 5. me pillas con la diferencia entre definición y diagnóstico, supongo que la primera se remite meramente al autor y la segunda permite lecturas. en mi ingenuidad metodológica imaginaba que bastaba con la, según yo, claridad de mi tema. he supuesto en todo momento que una tesis consiste en hacerse cargo de x autor (o de cierto concepto de x autor), para luego decir algo al respecto. Definición y diagnóstico quedan juntos ahí… entonces me faltan herramientas para diseñar con rigor… podrías indicarme en qué no estoy siendo claro o redundante…

saludos

PROFE:
Con respecto a la 2: Bastaría con precisar y bibliografiar.

Con respecto a la 3: Tendrías que establecer la vinculación de modo preciso.

Con respecto a la 4: Estás en lo cierto cuando dices que se trata de “sacar punta” a lo planteado por un autor x. Para el caso de definición o diagnóstico, me refiero a que pueden ir juntas pero la definición es estipular, de cierto modo, lo que “es”; el diagnóstico es enunciar un determinado estado de un fenómeno.

Un abrazo
Tito

*
¿Cómo hablar de algo que aún ni se empieza a escribir? Es como saber qué haré exactamente el próximo año. No entiendo mucho las instrucciones de la tesis. Sobre todo no entiendo porqué siempre los profes de tesis tienen que responderte algo que es la décima parte de lo que escribiste ¿Necesidad de establecer que el que sabe de verdad puede decir lo mismo que el que no sabe tanto en menos palabras? ¿Mera falta de tiempo? ¿Elegancia? ¿Inseguridad de estudiante que redunda? Quizá un poco de cada cosa. Quizá hay que hacerle caso a Chester no más: escribir y escribir y escribir y después se ve cómo la metodología se acomoda a eso. Metodologías de mierda. Pretensión científica de mierda. Un texto bien hecho pesa por sí mismo y punto pos.

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Esto no es un diario sobre todo porque no escribo a diario ni me hago cargo de los días como unidades. Ni siquiera de las semanas. No vivo los días como unidades. Ni las semanas. Quizá los meses. Hace algunos años no podía dejar de escribir los días enteros. “Día no escrito = día no vivido”, pensaba. Ahora en cambio hay tan poco que contar, que separo este word por meses. Cuando haya más que contar las unidades irán reduciéndose. Es muy distinto llevar la costumbre de escribir una plana de corrido al día, a esto, este escupidero de ideas, lugares, citas, situaciones. Recuerdo perfectamente que lo que pasaba en la época de los párrafos largos era que ya a la mitad había dejado de escribir sobre lo que creía estaba escribiendo y se habría un terreno inexplorado. Terminaba recordando escenas que nisiquiera sabía que recordaba o que valían la pena, o derivando en distintos problemas práctico-morales. Escribía por escribir, o sea, por forzar o ejercitar esa otredad, no importaba que el diálogo interno rosara lo patético, lo inconexo o lo grandilocuente, porque nadie iba a ver eso. Cuadernos que aún están en un baúl que parece que está en la casa de nico. Poemas malos que tardan años en construir espejos para verse ¿Qué queda ahora de esa disposición ingenua? Chispazos. Cada cierto tiempo consigo abrir esa llave y corre algo de agua. Pero la sensación de apertura no se pierde. Escribir –cualquier cosa- sigue siendo el mejor paso en falso. Tampoco sé en qué momento me convencí de que todo texto está destinado a circular y de que en última instancia hasta el susurro más indecible de nuestras profundidades es por decreto también texto, no lo sé ni me importa: nos pasó a todos, cualquiera que escriba ha llegado al mismo punto. Unos más que otros sentirán alguna especie de melancolía por esa ingenuidad originaria. Yo, por ahora, no veo otra vía que abultar la odiosa imagen de sí. Desaparecer, sí, pero por abundancia. Como esa escena final de Malkovich Malkovich Malkovich, sólo que sin desesperación. En vez del oriental desapego, saturar al yo hasta que reviente. Enrostrarle todas sus máscaras. Reírse de todos sus triunfos. Incorporar cada afirmación como mero texto entre textos. Y de vez en cuando tratar sinceramente de dejarse llevar por alguna de esas canaletas de cuando uno recién escribía; se esté o no escribiendo ¿Qué más se va a hacer? ¿Seguir escarbando cristiana y kantianamente hacia un centro impecable de sí mismo? Destruir al yo haciéndolo pasar hambre de proyecciones es bien ridículo y solitario; mejor reventarlo, excederlo, machacarlo en vida, con alegría, con la intuición de que la austeridad y el silencio oriental tienen razón, pero Marx y Debord y Marcusse también. Decimos “yo” y, obvio, decimos “individuo”, “capitalismo”, y todo lo que nace de esa relación. Decimos “destrucción” y, obvio, decimos comidas, bailes, conversaciones, abrazos, cuerpos, lenguajes nuevos. Decimos escribir y decimos: toda construcción de la intimidad corresponde a un estado del mundo que puede ser destruido por dentro y por fuera.

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“Mientras corro, simplemente corro. Como norma, corro en medio del vacío. Dicho a la inversa, tal vez cabría afirmar que corro para lograr el vacío.” (Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr)

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Lo que la mayoría de los conspiracionistas no comprende: “La distorsión de la realidad en el informe es el informe verídico sobre la realidad.” (Karl Kraus)

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“Si pienso que estoy vivo hasta el último segundo, nunca moriré.” (El ejercito de las sombras, Jean Pierre Melville)

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Hoy: Kokuhaku (http://bit.ly/bNZyhP) y el último maruchan que como porque da cáncer dicen.

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Lo peor de ser perseguido por perros en la calle no es la posibilidad de ser mordido sino lo ridículo que uno se ve caminando-arrancando, girándose hacia el perro que nunca ataca, tomando una piedra que al final siempre hay que botar al suelo.

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“¿Qué es un símbolo? Decir una cosa y significar otra. ¿Por qué no decirlo directamente? Por la simple razón de que ciertos fenómenos tienden a disolverse si nos acercamos a ellos sin ceremonia.” (E. Wind)

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La mg de Bruno en su patio. Tres caladas y yastá.
Terminamos comiendo naranjas del árbol y viendo quién le achunta primero con las cascaras a unas mariposas que insisten en posarse.

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“Cuando recibo una crítica infundada (o que, al menos, a mí me parece infundada) de alguien, o cuando alguien de quien esperaba que aceptara una mía no lo hace, corro un poco más de distancia que de costumbre. De este modo, me agoto un poco más, proporcionalmente a ese poco más de distancia que corro. Entonces vuelvo a cobrar conciencia de que soy una persona débil y con limitaciones. Me doy cuenta de ello de un modo físico y desde lo más hondo de mi ser. Y, desde el punto de vista del resultado, ese poco de distancia que he corrido de más, lo gano también en fortaleza física, aunque la ganancia sea sólo meramente simbólica. Cuando me enfado, oriento el enfado hacia mí.” (Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr)

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Gran parte de mis fracasos amorosos podrían tener que ver con que, aún gustándonos las mismas cosas, nos gustaban por distintos motivos. La sospecha de que podría enamorarme perdidamente de una feriante o una budista, por exactamente los mismos motivos.

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Incluso un videoclip de Cristian Castro debería producirnos una epifanía estética si lo apreciamos como se debe.

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Un cálido a-quién-le-importa que sea la sombra de cada cosa dicha.

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Oficinismo: cinismo de oficinista / Una persona nueva es un cúmulo de primeras veces. (http://masleseras.blogspot.com)

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Una cola con Bruno y luego 45 minutos en su bici. Pa nunca más. El hueso del culo no se merece esa sensación.

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Sin ganas pero la hago igual. Me llevo a la fuerza. La misma ruta de estos días. Cemento odioso que se hace sentir inmediatamente. Más sensación de piedra en las rodillas que antes y, en consecuencia, más lentitud. Velocidad crucero. Por mucho que uno parezca pajero por ir lento, es la única manera de no morir antes de la media hora.
Se nubló y espero que llueva. Que se ponga a llover mientras uno va trotando es un heroísmo inútil que me gusta. Pero no llueve.

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Perros aburridos que te ven pasar y, sin nada más que hacer, corren contigo y te ladran. Aunque me dan rabia e incluso a veces les grito mirándolos desde lejos y sacándoles pica, trato de imaginar que no están enojados y es solo nuestro error de traducción lo que nos separa; quizá sólo están diciéndonos algo así como “pa dónde vai wn, puta que estoy aburrió aquí, oye ya pos no te vayai espera, esperaaa”.

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Las noticias son una abuelita: ahora creen que el pogo es un bullyng masivo.

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Tanta gente sola en los supermercados comprando de a poquito. Cómo no voy a quererlos.

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En mi vida hice todo con una lentitud abismante. Todo. A todo llegué más tarde que el promedio. Aprender a ver la hora en relojes con manecillas. Sacarle las rueditas a la bici. Pololear. El alcohol. La buena literatura. El cine. El sexo.

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Corriendo en las pistas de la Granja con Bruno, se pone a llover, primero con fineza, y luego a cagar. La ropa se pega al cuerpo y pesa. Nos ponemos unos gritos de esos que salen naturalmente cuando se pone a llover de golpe. Alguien, al parecer desde la calle, nos sigue con un uyyuuuiii. Los jóvenes atletas que estaban practicando se guarecen en las bancas de suplentes del curi. Nosotros seguimos. Dijimos 13 vueltas y 13 van a ser.

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“Y puesto que no puedo ser el enamorado que seducirá estos tiempos bien hablados, estoy determinado a ser el malo y el aguafiestas de estos días frívolos.” (Guy Debord, La Sociedad del Espectáculo)

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“No abuela, soy el nieto Rodrigo, no el nieto Joaquín. Si abuela, filosofía. No abuela, me he demorado, aun hago la tesis. No abuela, no quiero ser profe, pero seguramente lo sea, en algún momento. No abuela, no tiro piedras, pero voy a las marchas y me gustan las barricadas. No abuela, no estoy pololeando.”

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Luditas

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“Porque cuando le robas a la gente lo poco que tiene, para proteger los intereses de aquellos que tienen más de lo que cualquiera se merece, debes esperar que haya resistencia, ya sea mediante protestas organizadas o saqueo espontáneo. Y eso no es político. Es física.
(Naomi Klein)

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Vou querer me mudar para uma life on mars (Seu Jorge)

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Mi papá llega enojado porque los pacos le revisaron. “Pero si así es la cosa” le digo, y luego pienso que debería ser al revés: no que uno revisara a los pacos sino que yo fuera quien se queje. Falta media hora para que empiece el partido y, por lo menos en mi sector, somos los mismos de siempre. Los mismos ante los cuales se hace un leve saludo con la cabeza signo de que nos conocemos, no tanto como para ponernos a hablar de nosotros mismos, pero lo suficiente como para hablar del curi. Curiosamente el partido está bueno. Más que bueno. De ida y vuelta. Antofagasta demuestra porqué es puntero y Curicó responde al cartel de la hinchada que dice “jugadores, con el sueldo que ganan compre huevos”. Ganamos uno a cero. Y me doy cuenta de algo que siempre había estado implícito en mi proceder anímico de estadio: estamos jugando bien pero me propongo no celebrar el primer gol, que no significa mucho, sino el segundo, que es una ventaja decente, y nunca me funciona: aún en los partidos más malos en los que me digo que un gol no significa nada y no debe ser celebrado hasta que el equipo no juegue bien, salto como enajenado grito aleteo y semigolpeo y abrazo al acompañante de turno.

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“Antes, mucho antes de que el vino fuera un problema administrativo, fue el vino un Dios.” (Nieztsche, El nacimiento de la tragedia)

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13 vueltas por la pista de atletismo. Los quinceañeros pasaban rajaos por mi lado. Pero fui el último en irse.

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El pequeño placer de cortarle a las compañías telefónicas, una y otra vez.

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Única regla heroica: estar solos, solos, solos.” (Pavese)

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Música japonesa, incienso y cielo bien blanco.

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A un diario no se le miente. Así que aquí va un autocharchazo: Hice todo a medias. En vez de encontrar un trabajo de medio tiempo preferí muchos minitrabajos que, a mi ritmo mediocre e indisciplinado, colmaron todo el tiempo. Apenas leí la mitad de la bibliografía necesaria para la tesis. No pude conquistar las mañanas ni instaurar una rutina de bibliotecas ¿Traté? Son las 3 am y estoy escribiendo algo que justo ahora considero imprescindible. Conseguí, eso sí, y en promedio, no pasar más allá de las 3am. Por las mañanas algo me aplasta. Un vapor o una mano de vapor que soy yo mismo me seda, me hunde, me hace incluso obviar el pichi y me pide continuar el sueño: justo ahora puede ser la mejor parte ¿qué diría el psicoanalista? 9 horas de sueño. Días bastante solos. Y ningún interés en que sean de otro modo. Ninguna rompió o halló el túnel para pasar por debajo de este campo de fuerza. Era un alambrado bien penca en cualquier caso. Y la casa quedaba bien lejos de todo el ruido de la ciudad, de la noche, de los cuerpos, que es donde pasan las cosas, dicen. El único rigor que conseguí fue el ejercicio. Varios meses trotando unas tres veces a la semana, y ahora hace casi un mes (e incentivado por la lectura de De qué hablo cuando hablo de correr de Murakami) todos los días ¿Me alejé de gente importante? Pura tautología. De quienes uno se aleja, no son importantes. Por supuesto que a veces hay excepciones, pero son las menos. Me habría gustado ver más a SD por ejemplo. Amigo en potencia. Por azares e inoperancias no fue así. Aparte, ¿se pueden tener más de cinco amigos de verdad? Esas son las quejas entonces. Tengo fe en que el gobierno de mí mismo está dispuesto a una pronta revolución.

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3:22 am. Ganas de mear. Muchas. Pero hay que aguantárselas: el pichi es el despertador.

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Mi sueño transcurría en una bonita casa japonesa y se transformó en una disco gay ¿por qué? porque despierto y los vecinos pusieron Corona.

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“¡Anhelar!, ¡Anhelar!, ¡Anhelar, al morir, no morir de anhelo!” (Tristán e Isolda, acto III, escena I)

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Siempre me he preguntado qué pasa si justo cuando la brigada pdi derriba la puerta hay una guagua del otro lado

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Hay algo infinito en conversar. Y no es gueveo ni poesía. Uno debería conversar hasta morirse de conversamiento.

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Sólo se habla de política y amor. Y así debe ser.

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“Es una verdad axiomática, de perogrullo, que la revolución no se puede hacer sino cuando hay fuerzas suficientes para hacerla. Pero es una verdad histórica que las fuerzas que determinan la evolución y las revoluciones sociales no se calculan en las grillas de los censos”
(E. Malatesta)

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Si para la lectura del wáter olvidas tu destacador llevar, siempre jabón azul puedes usar.

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Una cebolla de once. Y té. Así está la cosa.

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Corredores amateur que no saben mantener su derecha. “Esto es como en la carretera”, le tuve que decir a uno.

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Gadafizar la realidad. Apalear la indiferencia. Linchar a los periodistas que han escogido empobrecerlo todo. Cortarle el cuello a la publicidad. Disparar una que otra metralleta al aire y gritar todos juntos. Exhibir el cadáver de la ontología capitalista en la parte trasera de una camioneta colectiva, hasta que deje de resucitar.

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