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Archive for the ‘entrevistas’ Category

Stella Diaz Varín

“Teillier era terrorífico y cruel como un niño perverso. Esa última vez que estuvimos juntos me dijo: “Mira, yo no le tengo ningún respeto a la gente, porque la gente se enferma. Y a los enfermos no les tengo ningún respeto porque molestan mucho, pero tú eres más mala que yo porque a los enfermos tú los matas”. “Ah, ¿si?”, le dije yo, “y tú te crees menos malo que yo porque los dejas morir”

“Es que la calavera del hombre es muy importante. Por eso le voy a dejar la mía a tu hijo. ¿tú sabes lo que vamos a hacer el miércoles con Manuel José? Vamos a ir donde el notario Manterola, Ariztía, Azócar, todos se llaman igual, porque él quiere que yo le deje a él mi esqueleto. “¿Pero qué quieres hacer tú con mi esqueleto?”, le pregunté. “una flauta” o, por último, lo tendré allí y te miraré”, me contestó él, y yo no tengo ningún problema, si el me pide mi calavera, se la paso. Por eso vamos a ir al notario.”

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CPD: Como no somos periodistas ni nos interesa serlo no nos hemos informado en absoluto del porqué de su paso por Chile. Y precisamente esa podría ser la primera pregunta, si le parece, algo asi como la motivación de su visita o su opinión general sobre el panorama cultural chileno. Ante lo intempestivo de su visita hemos optado por concertar esta entrevista basados sólo en wikipedia y, para ser un poco profesionales, en la lectura de algunos de sus libros. Debo decirle que entre todos los integrantes de la revista los hemos leído casi todos. Entonces, cuéntenos, qué lo trae por aquí.

EP: En realidad no lo sé muy bien. Me agrada la sinceridad de la pregunta en cualquier caso. Me anima, por ejemplo, a decirles que Chile es un lugar extraño para mí, he venido unas cuántas veces –quizá si fueran periodistas lo sabrían-, y bueno, supongo que algo hay acá que no termino de entender y por eso les dedico dos semanas al año. Considero que ustedes tienen una desordenada conciencia de sí que puede reflejarse en su cine, en su periodismo, en su literatura, incluso en sus conversaciones de bares. Desde ya les pido que no lo tomen a mal pero deduzco en su ambiente una especie de saturación identitaria que no pasa del ámbito mercantil y el reconocimiento entre pares, un caldo insípido de identidades locales, de ideas marginadas que cobran valor por su mera marginalidad, que chocan unas con otras peleándose un lugar en la palestra de la legitimación cultural. Y yo tengo serios problemas con eso saben, pues las más de las veces la legitimación a través de productos culturales opera como suavización de la fuerza critica, cosa que es bien rara si tomamos en cuenta la señal de buena fe que para todos significa que el estado promueva las artes, sobre todo las que la ciudadanía considera como las más irruptivas, y por eso yo no confió mucho en la cultura como mero reflejo de lo que ya hay: es una manera bastante conservadora de ser subversivo, cosa que no quiere decir que yo sí sea todo el tiempo subversivo: solo quiere decir que, cuando lo soy, me gusta serlo en ese preciso sentido.

CPD: ¿Entonces cuál seria la posibilidad de la cultura? Incluso en el sentido menos institucional del término, ¿hay algo que hacer con esas identidades marginales que pululan por ahí? En cierta medida es paradójica la noción de producción cultural que usted propone, como si pudiéramos desentendernos de las nuevas prácticas que surgen como resistencia. Quizá habría que despejar esa noción de las prácticas ensimismadas del arte que pretende estar por sobre la sociedad como una esfera privilegiada de reflexión.

EP: Claro, estoy de acuerdo… de ningún modo he dicho que debamos desentendernos de las practicas de resistencia populares, sólo creo que no deberían competir entré sí como mercancías o militancias meramente estéticas. Y en ese sentido es que yo prefiero, incluso en desmedro de la mera reafirmación de la diferencia y las identidades fracturadas, el arte que desarrolla o rellena las impotencias del individuo común y corriente, realizándolas, trascendiéndolas hacia estructuras más complejas que a la larga puedan generar nuevos comportamientos, no de manera mágica ni subterránea, por eso digo a la larga: el arte no es una esfera privilegiada de reflexión, sólo es la cachetada previa, el impulso o la suma de impulsos que requiere la transformación de la sensibilidad moderna. Por eso es que se debe partir de lo que mueve a la gente, de las impotencias básicas que genera el capitalismo, del aburrimiento típicamente moderno, las ganas de cambiar la vida mas rudimentarias, todo eso a mi modo de ver constituye la materia prima de cualquier obra que se precie de dejar de lado el ensimismamiento actual del arte. Y claro, esto no necesariamente significa que el arte tiene una función asi como de beneficencia social o que sea algo que deba culminar en una obra delimitada físicamente. En cierto modo es hasta contradictorio, porque el consumo generalizado está siempre cubriendo y elevando el horizonte de lo agradable, y su efecto es similar a la historia de los fármacos: cada vez requerimos dosis más altas para enfermedades que nosotros mismos hemos creado. Se nos ofrecen curas parceladas pero la enfermedad total sigue viva. Es necesario captar la organicidad del capitalismo. Entonces yo vivo esa contradicción, la de la imposibilidad de una obra total y continúa que penetre todos los recovecos de la enajenación. Que en secreto mi vida quiera ser una obra es algo que sólo la tumba podrá legitimar. Asi que ahí estoy actualmente, pues prefiero esa contradicción que moviliza, que por lo menos me hace pensar que a la larga funcionará, prefiero eso a la pobreza política del arte como mera representación o dialogo academicista.

CPD: Una obra total y continua… ¿que podemos imaginarnos con eso? ¿Qué de lo que ya hay va por esta senda de continua compenetración con la cotidianidad?

EP: Justamente ayer leí una entrevista a Ferreira Guillar, un poeta brasileño más o menos ligado al neoconcretismo que decía textualmente: “Trescientas naranjas en una mesa es algo que no me interesa como arte”. Y uno con esos desprecios se siente aliviado, porque es gente que ha probado de todo un poco en cuanto a vanguardias y finalmente llega a conclusiones a las que ya muchos hemos llegado. Conclusiones a las que la gente común y corriente ha llegado cuando se la enfrenta a la complicación autosostenida y autorreferida del arte actual. El problema con esto es que, claro, nos juntamos en la negación pero luego no estamos muy seguros qué tipo de cosa queremos poner. En la misma entrevista Guillar decía que cuando joven habían llevado teatro a las favelas para concientizar a la gente acerca del imperialismo, pero había fracasado, no habían dado con el lenguaje propicio, sólo los que ya pensaban como ellos se les acercaban. “En definitiva, hacíamos mal teatro y mala poesía para nadie” dice al final de la entrevista.

CPD: Entonces, insistimos, qué es lo que sí sirve, qué viene después de la negación.

EP: A ver, los actos callejeros de Simón Nomón por ejemplo, supe que lo último que ha hecho fue entrometerse en una protesta contra el FMI con un batallón de perros. Según me han contado los bajó de un camión, unos 100 caninos vueltos locos, los manifestantes les han abierto paso y quién sabe cómo Simón, disfrazado de Moisés, los ha conducido hacia las fuerzas policiales quienes no se han atrevido a tocar un pelo ni a los perros ni a Moisés quien, por cierto, no ha dudado en tratar de separar las aguas, es decir, el asfalto. Entonces lo más asombroso: desde los edificios aledaños han aparecido numerosos francotiradores, todos a la vez, obviamente con armas falsas, que han hecho que la policia se haya parapetado en sus vehículos. Para cuando llegaron los refuerzos los integrantes de Simón Nomón ya se habían disuelto, si es que no ha resultado ser que los vecinos mismos colaboraran… recordemos que colectivos como este operan mediante el apoyo en red no sólo de sus integrantes sino de cualquiera que quiera participar (cualquiera menos los con cara de poli). Y eso es importante también, por si no lo saben Simón Nomón no es un individuo, en sus actos suele haber un momento inicial desatado por un sujeto, sí, pero no se puede saber si siempre es el mismo. Además, mientras el acto se desarrolla, alguien ha estado con un megáfono leyendo un manifiesto acerca de las formas recomendables de la violencia de masas, una serie de tópicos teóricos y prácticos bastante instructivos para los manifestantes quienes se llevan ya no sólo la experiencia pasajera y mística de la soberanía de la que hablaba Bataille sino la incorporación festiva de este texto en sus vidas. Si se fijan ha sido todo más o menos legal y sin embargo se ha puesto en jaque al aparato represivo con su violencia legalizada, una excelente manera de comenzar, una plataforma envidiable para cualquier acto de proporciones más serias. Ninguna de esas personas lanzará una piedra de nuevo con tanta naturalidad, a no ser que quede prendada del mero sentimiento de comunión soberana; elaboraran en cambio estrategias menos reactivas orientadas a la vivencia cotidiana de la subversión porque han llegado a un paroxismo que querrán repetir no formalmente sino en el concepto. Y yo les concedo esa intuición saben, si vamos a comparar eso con una exposición fotográfica en la que salen unos cuantos tipos lanzando bombas románticamente, me quedo con apuestas como las de Simón Nomón La intervención estética de la vida ordinaria e incluso la vuelta de la balanza en estas situaciones contingentes no va a hacer la revolución, lo sabemos, pero es una excelente manera de ir nutriendo al comportamiento moderno de experiencias acordes a la complejidad de la dominación hoy en día. Me parece lo mínimo que podría hacer el arte después de tanta genialidad fetichizada, museos, galerías y demaces farumallas.

CPD: ¿Y es posible conducirse de este modo siendo escritor? Partiendo del hecho de que un libro no es algo que pueda ocurrirle a alguien en cinco minutos mientras va caminando por la calle, ¿estaría su apuesta literaria escindida de este carácter revolucionario general que se ha caracterizado hasta aquí? Y de ser asi, ¿es un conflicto genérico de las artes mismas o algo que le ocurre sólo a usted personalmente?

EP: Bueno, concedamos que son públicos distintos. La gente lee poco y nada. Sólo el ciudadano más bien acomodado consigue administrar su ocio leyendo, consumiendo cine, teatro, etc. Y yo escribo. Es lo primero que hice. Incluso antes de relacionarme con la gente y considerar a las intervenciones callejeras como textualidades concretas. Por ahí partí. Entonces no puedo desligarme de la escritura sólo porque la gente lea cada vez menos. Comprenderán que no puedo quedarme con esos datos cuantitativos como si mi finalidad fuera abarcar y abarcar, del mismo modo que tampoco debo ampararme en la mera cualidad de lo que hago como si afectar la vida de un solo individuo bastara. En el espacio abierto se ponen en juego símbolos de rápido reconocimiento a los cuales se les amarran unas cuantas reflexiones, es como creo que funciona ese ámbito, me interesa bien poco si se avanza o retrocede en la evolución de la performance, y asimismo me interesa bien poco cranearme en la calle como sí lo hago en mis novelas. Hay que ser meticuloso en eso. Prudente. Hay que apostarse por entero. Y tratar de que no se note. Un libro es algo a lo cual alguien ha acudido. Algo a lo cual se le dedicará tiempo. Allí no necesito apurarme ni ser chocante como en una intervención callejera, por el contrario, requiero de una vertiginosidad un poco más compleja e indetectable, más rumiada y parecida al movimiento aparentemente insípido en que transcurre la vida ordinaria. Escribir es masticar y escupir lo que usualmente sólo se traga, pero también es saber mantener la boca cerrada y apartarse. Entonces uno no puede llegar y hacer que las vidas se transformen, eso casi nunca pasa. Somos variaciones de un mismo tema. Superaciones inclusivas más que superaciones episódicas y lineales. Quienes buscan lecturas de superación personal pueden acudir a los Best-seller. Y si me preguntan creo que la literatura se vuelve inofensiva allí donde se vuelve individualista y descriptiva, cuando cree que jugando con sus propios recursos representacionales genera por analogía una critica al mundo y sus representaciones. A mi no me gusta eso, me aburre, soy muy ansioso como para los juegos de lenguaje. Mi postura en general es que la literatura sí puede ser más irresponsable en el sentido de tensionar ámbitos de la vida menos urgentes. Al final es una cosa de porcentajes. Alguien que, por ejemplo, sólo lea a Raymond Carver está desbalanceado y yo le recomendaría, digamos, una fuerte dosis de Marcuse para fundamentar desde otra perspectiva el fracaso de la vida en pareja y el a veces orgulloso nihilismo de la adultez. Y esto es aplicable a casi todo. Se puede vivir intensamente en todos los ámbitos de la vida. Pero nuestros ánimos suelen ser cambiantes y mezquinos. Yo cuando me pongo mezquino vuelvo a la teoría. Supongo que es una extraña manera de tener principios y valores.

CPD: ¿Qué puede decirnos ante la acusación que la generalidad de la crítica hace de Inténtalo cuando todos se vayan, su último libro? Paul Milander, por citar a alguno, dice específicamente que su obra cierra el horizonte moral con personajes que se rinden ya en la primera página. “Es como si adivinaran ser parte de un libro y en vistas de aquello prefirieran no conducirse correctamente, sólo para incomodar al lector” dice el crítico.

E.P.: En cierta medida tiene razón: mis personajes se sienten expuestos antes un exterior que les pide encarecidamente que cambien, sin embargo ese exterior en ningún caso es la novela misma, o el hecho básico de que la carne de ellos sea textual y adivinen al lector, como les dije esos juegos formales no me interesan para nada, yo pretendo hacer política de la vida cotidiana pero pocos críticos me conceden eso, pues al fin y al cabo es literatura, algo que desde siempre se nos ha enseñado como si fuera un ámbito de sobras, de ocio, de belleza separada de la vida y, en último termino, ellos por ser críticos no pueden atender a esto, no pueden porque deben mantener su profesión, su ingeniería y periodismo literario; entonces no, esto que hago es otra cosa, el exterior que trato de plasmar, más que nunca en esta novela, es la banalidad que muchas veces anima al progreso de la vida individual. Mantenerse firme, pensar positivo, no dejarse pasar a llevar, son idioteces que confirman y naturalizan el carácter destructivo del mundo y la burbuja que se espera que sea el individuo. Mucha gente en realidad saca sus mejores experiencias desde el desastre y desde la soledad. Entonces no digo que uno no deba ser mejor persona, sino que, hoy por hoy, ser una mejor persona es algo por sí mismo destructivo. Todos apreciamos nuestro entorno inmediato, lo cuidamos, nos conducimos según contextos, mantenemos una armonía, y allí se construye una moral que da coherencia que en mis novelas suele ser traspasada un poco más de lo que permite la vida misma. Y creo que en ese punto, muy por el contrario de lo que cree Milander, soy el más moralista de todos en el grueso sentido de que no dejo que el personaje en cuestión se hunda en el sopor post destructivo, ya sea luego de haber dejado su familia, su trabajo, su religión, su condición sexual, etc, no, en vez de eso suele suceder una apertura, la personalidad queda ahuecada, vaciada del requerimiento armonizador, el sujeto ya no queda para sí mismo y se reconoce para otros pero ahora en la lucha que significa no coincidir nunca con uno mismo y ser portador de conceptos que nos trascienden e incluso nos niegan si no estamos a la altura de ellos, asi la lucha se asume con una alegría que nunca queda explicita, porque nunca se trata propiamente de una alegría contingente.

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