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Archive for 31 agosto 2009

1
En lo oculto se despejan posibilidades de apropiamiento. Qué quiere decir este jaidegeriano. Es mucho más respetable que el caballero anterior que se deshizo en elogios y detalle biograficos e inútiles acerca de manuel atria. O manuel atria era él mismo?. Poco importa. Este tipo del que habla hizo la transición de la lógica clásica a la lógica simbólica moderna. Eso.

2
Vattimo y un filosofar asistemático de la vida cotidiana. El carácter de apuntes. La similitud Wittgenstein – Gianini. Las palabras ya estaban antes como precomprensión. Ante la aporía inicial del tractatus, el principio de expresabilidad: “cualquier cosa que pueda querer decirse puede ser dicha” y podríamos inventar palabras para una insuficiencia que seria del lenguaje y no de la realidad. “No sé como estoy”: no encontramos nada oculto en este estado de animo: lo cierto es que estoy en el modo de no saberme. La lógica considerada como arte y no como episteme. Quedarse con lo expresado o con lo inexpresado. Cerca de la vida y lejos del gabinete. Los efectos inmediatos a la iniciativa de la acción del prójimo. Efectos perlocucionarios: ofender, aliviar, etc. Afirmar como modalidad de la promesa. La predicatividad como fundación de lo humano en Tugendhat. Pero con Hegel optamos por considerar a la naturaleza como complejidad de lo objetivo no más. Y al final, después de las preguntas que nunca son preguntas, una señora hace una acotación-pregunta acerca de la precariedad del lenguaje en los jóvenes. Una cosa muy contingente, sacada de otro tipo de conferencia, que nos saca una risa a todos. “Un empobrecimiento glamoroso del lenguaje”, dice el opus dei que había hablado de los primeros (el de la zalamería biográfica sin contenido). Como si no hubiera un empobrecimiento ilustrado del lenguaje. La señora nos aleccionó.

3
Trujillo. Solo la poesía chilena existiría en su exigencia. Qué chucha es esta fenomenologia de la santísima trinidad. Cristianismo e inconciente. Nunca se alcanza a saber qué es la mujer si la madre es el hijo. Chucha. El poema del inconciente. La identidad obliterada entre familia y espacio público. La familia como lo que piensa en chile. Marchant y la reconstrucción de la familia cristiana. Nunca he leido a Marchant. Deberia.

4
Sergio Rojas. Parte con una cita de Eltit. Y la negatividad del arte y demora de la muerte de dios. Como ese cuento de Philip K Dick que Linklater cuenta haciendo de sí mismo en Waking Life antes de que el soñador lúcido despierte. Termina diciendo, no sé si a partir de ese mismo cuento, que toda la historia humana es el momento en que decimos una y otra vez “no todavía” a la invitación de dios a unirnos a él. Buena cosa esa. Ser un espérate un poquito que estoy vivo. Y con Sarduy: nombrar es distinto de señalar – y la mano que se pasea por la pera, innecesariamente, rascarse la nariz que no pica, rascarse para que pique, arremangarse y desarremangarse-. Operación neobarroca que más que abrir la proliferación de significantes nos demora en el signo y retiene al lector en el espesor del texto o sea en la alegoria. Queda echa la analogía con el todavía no ante dios. Entonces igual entiendo pero no sé en referencia a qué se dice todo esto. Es como reflexión correcta pero sin objeto crítico. El barroco como reflexión de la literatura sobre sí. No se gueon. Efecto barroco: el capitalismo sólo restituyo la vocación de sentido, no el sentido. no el existencialismo de distanciarse de sí sino el desborde de la distinción entre cuerpo y sentido. Subjetivación sin nadie detrás.

5
Un peladito que pone la primera grabación de voz humana del mundo. Es de 1860, Édouard Léon Scott. Lapsus de visualidad no narrativa y el cuerpo que allí se reserva en su aparición. “Todo el mundo existe para llegar a un libro” (mallarme). La poesía posee su objeto sin conocerlo y la filosofía lo conoce sin poseerlo. Valery entendía a la poesía como la vacilación entre sentido y sonido. Arte moderno y la imposibilidad de separar sensibilidad y reflexión. Sólo podría preguntar por los rendimientos críticos de esa negatividad, de ese usarse a sí mismo del arte. Si nos fijamos mucho no podemos ni hablar. O como cuando estamos caminando y va a alguien atrás y pensando en cómo estamos caminando. El sentido de todo lenguaje no pasa por las reglas gramaticales sino también por la intuición y la imaginación haciéndose cargo del mundo. “La poesía es una música que se escucha con audífonos invisibles” (Cortazar). “un poema sólo comunica un poema” (no caché quien era).

6
Barrias. Modelo logofonofalocentrico o algo así. No será mucho? Parece que escribí mal no más. Dramático: querer hacer algo con alguien en el presente. Esto lo distingue de la literatura: palabras que hacen cosas sin el aquí y ahora necesariamente. Duración, desatención, pesadez del cuerpo. Y la economía de eficacia de las obras para evitar eso. Liminalidad y rituales de paso. El canto de los adolescentes de Stockhausen. Lo tengo? Buscarlo. Lachenman. Feli me dijo que bajara Contracadence. Música concreta y la especificidad del despelote. Lo dramático tendría un primer momento sensorial y luego lo semántico. No texto sino estructura narrativa.

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“Es una enfermedad larga y estéril
la de caminar por la calle,
ocupado en parecer ocupado,
como un hombre de negocios
sin negocios”

(Armando Uribe)

Aplazo y aplazo lo del colegio. Ayer llegué del taller y me tumbé como roca viva. Vimos Mártires, una película francesa de una secta científica de gente-bien, asi a lo Hostal, con la diferencia de que aquí torturaban secuencialmente a mujeres para ver si éstas veían algo del más allá, así de la muerte, en el paroxismo del cuerpo vejado en todos los sentidos posibles. Típico de franceses foucaultianos, diría Carlos Pérez. Era algo asi como la historia del ojo de Bataille, pero con la racionalidad sadeana y media cristiana de explorar aquí en tierra firme los límites de la carne con lo divino. Lo único bueno era que no había respiro y la sangre y los gritos llenaban todo. En un solo momento una vieja, como la francesa que acá en Chile nos cagó con lo de los quesitos, soltaba todo el rollo místico-idiota de la revelación en momentos extremos y mostraba unas fotos del lengt-ché. Y al final la pobre tipa se iluminaba cuando le sacaban toda la piel, se supone que algo veía, le decía al oído a la vieja de los quesitos, y ésta, mientras el resto de la secta esperaba que soltara la buena nueva ante ellos, se pega un tiro en el baño y se muere con el secreto y termina la película. Hay que esforzarse para que las películas dejen algo a veces. Esta por ejemplo daba para harto, pero prefirieron ser chocantes y franceses no más. Y eso. El velador suma y suma libros y voy subrayando y guardando citas o frases aleatorias como un perro que entierra cosas en el patio asi: “Estar callado en alemán” (Macedonio Fernández), “Somos obras de arte momentáneamente vivientes” (Lihn), “Don Francisco es un rectángulo” (¿Feli?), “Los días tienen la confusión del desván donde nadie sube” (Teilleir), “El estúpido afrancesamiento general del continente” (Pablo de Rokha), “Cada filosofía no presentas otra cosa que el modo como construye la suprema felicidad como idea” (Hegel). En la parte de debajo de este word de puras citas he anotado asi en mayúsculas el siguiente ejercicio que pretendería dar sentido a algo que en principio es mera colección:

ARMAR UN TEXTO EN BASE A TODAS LAS CITAS DE TODO LO QUE HE LEIDO HASTA EL MOMENTO EMPEZANDO POR LO ÚLTIMO. PRINCIPALMENTE FRASES CORTAS. LAS CORTAS SERIAN PARA POEMAS. CON LAS LARGAS NI IDEA. ENTONCES AGRUPARLAS ANALOGAMENTE A COMO COMENZAMOS A ARMAR UN ROMPECABEZA. LAS ORILLAS PRIMERO. DESPUÉS EL CIELO. SI NO HAY DIALOGO POR LO MENOS HABRA UN ABSURDO BIEN DETERMINADO Y CON PRETENSIONES DE OBJETO METALITERARIO. EN EL MEJOR DE LOS CASOS SE HABRÁ PENSADO ASISTIDAMENTE, COMO CRUZANDO UN RIO DE PIEDRA EN PIEDRA, SÓLO QUE EN ESTE CASO LAS PIEDRAS-CITAS (PIEDRECITAS?) ESTAN ANTES QUE EL RIO Y LA NECESIDAD DE CRUZAR.

Entonces está eso. Con un semestre como este es lo mínimo que puede hacerse. A veces me convencen que mi mínimo es muy mínimo. Y así oscilan los días. Entre mi mínimo y el mínimo de los otros. Y despierto y de nuevo el sueño pesado, la dificultad de despertarse, o el despertarse y seguir durmiendo, indicio del desgano, un pan pita con queso un café y los simpsons, después me baño, con la cabeza con champú debo salir a prender de nuevo el calefon de mierda que se apaga. Afeito y saco de cuajo estas chuletas a ver si se produce la idiota cadena de la mariposa que vuela en una selva africana. Todavía faltan dos horas para entrar a clases. Una clase a la que voy de puro gusto. Unos días que si no fueran de puro gusto ni serian. Arreglo los poemas para el concurso del mercurio. Casi todos los días pienso qué haría con esos seis millones. Ya me dieron un buen dato de un colegio y creo que voy por ese. Lavo la loza y paro por frío o quizá porque me dio rabia mojarme los pies pelados. No tengo ganas de hacer la cama. Amontono las colchas en un cerro que también contiene calcetines y fotocopias. Casi siempre hago la cama apenas me levanto. Pero tengo ganas de salir, por lo menos. De ir en el metro escuchando música. De ir a comprarme la fenomenologia. De leer un meil que me cambie la cara. De estar en el patio de la u hablando con Julio. O que me digan que no soy un amigo tan como la mierda. O hacer algo por ello. Mejor.

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comer y leer y nada más

Estamos en la cola del super y lo veo más claro que nunca y le digo a Julio: “Es como si se tratar de comer y leer y nada más”. Es lo único que ha pasado en el día: despertar y pensar en el almuerzo y convertir lo que resta de la tarde en leer y escribir. No sé qué pasa que no hay un fútbol bueno para ver en la tele. Aparentemente llegará un tiempo en el que ya no habrá ciertas licencias y quizá haya que comer mal y leer mal o ni comer ni leer. Pero ya estamos preparados para que ese tiempo no llegue. El viernes salí a comprarme American Splendor de Robert Crumb pero no sólo no estaba sino que costaba diez lucas, como los otros de Crumb que habían, siempre con mujeres gigantes de muslos monstruosos y pobres tipos flacos tratando de encaramarse allí. Habrá que esperar que RSB haga su pedido y comprar Our cancer year en ingles no más. Habiendo fallado esta compra pasé a la TXT, estuve a punto de comprar un libro de Germán Marín, algo con unas olas, olas que vuelven, olas lentas, no sé, era en formato de diario, pero como estaba plastificado no pude intrusearlo. Por un momento pensé en comprarlo sólo por lo dicho al Mercurio hace algunas semanas –“No soy un autor con muchos lectores, lo cual, a la distancia, habla bien de mi. Quizá mañana tenga menos lectores (…) Ser considerado best-seller es un insulto”– pero deseché la opción marginal por su absoluto contrario de rebosante afirmación mágica y gueas: me quedé con La danza de la realidad de Jodorowsky, que hace años, mediante los subrayados de Feli, me había entusiasmado. Después de almuerzo me leí las primeras cincuentas paginas de corrido: una infancia perdedora, en Tocopilla, con personajes posiblemente inventados, buenas anécdotas y la clásica conciencia infantil de la miseria humana que volvía al autor un niño tan especial que, por ejemplo, al enterarse de la terrible enfermedad de su vecinito el Turco –acrecentada precisamente por la competitividad que generaba el negocio del papá de Jodorowsky-, éste se lanzó del segundo piso y cayó de rodillas. Asi que compré ese, y mientras me lo pasaban por la máquina una moto chocó afuera. Lo vi como en las películas, como cuando quieren mostrar sin mostrar, era lo que podía ver desde el ventanal, la gente girando la vista, deteniéndose, el señor del quiosco reconstituyendo la escena con movimientos de manos. Cuando salí ya no había nada. Volví y busqué durante media hora un lugar con CDF para ver Curicó vs Audax, pero nada, fui hasta el horrible Bellavista y sus legiones de horribles gentes y nada. Quedé con Feli en el Prosit, al lado de este bar pap juvenil que siempre tiene una fila interminable. “¡yo soy de boca y que guea!” me gritaba un tipo desde la fila de imbéciles al ver mi camiseta de Curicó unido que el interpretó como de River Plate. Feli aun no llegaba. Me acerqué al tipo, a unos dos metros. Cuando me guevean y no sé qué hacer, me acerco. Algo le dijeron los amigos y se calló. Y me sentí bien, mirándolo, sin decir nada, y que él callara. Seguramente me podrían haber pegado entre todos, pero no fue asi. Feli apareció y caminamos hasta el café Baquedano, allí en el segundo piso tenían CDF. Y de a poco fueron llegando: Engel, Nico, y Javiera. Curico empató a uno, como con el Colo y la U, se parte ganando y al final nos vacunan. Y derivamos acá. Y me dolió la cabeza y a las doce estaba tratando de dormir. Y.

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El taller empezó tarde y todos leyeron menos yo. Había una cámara dando vueltas. Yo olvidé, quizá a propósito, imprimir algo para leer. Un noutbuk que había tampoco quiso cargar mi blog. Asi que no leí nada. La sesión pasada Carlos Cosiña nos hablaba de cómo se construye el mito de los artistas en general, evidenciando de algún modo la arbitrariedad de todo mito, es decir, la separación entre arte y vida que vuelve como novedad desde la cosificación echa por la cultura. Vimos ese documental de Rodrigo Lira que ojalá alguien tuviera en dvd para copiarlo. Lo importante es que en este caso, con o sin mito, el texto pesa por sí mismo. Con o sin suicidio, los poemas de Rodrigo Lira son un ejercicio de terrible fusión entre arte y vida. Salvo las escenas sacadas de no sé qué videoclip añejo, por ejemplo una mujer desnuda siendo muy natural frente al mar, el documental era bueno, con la mamá insensible hablando en tercera persona de su falta de cariño, y las lecturas, la voz periodística-chistosa de Lira y la pequeña biografía. Para ese entonces no estaba la conciencia de producción mítica del mismo modo que no estaban las técnicas. Ahora algunos poetas deben simular locura. Esforzarse por parecer locos. Forzar la forma. Y caer en la performance vacía. En lo que ya las vanguardias entregaron y quedó suavizado. Luego del taller nos juntamos con la Paula y comimos unas ensalás con pollo y salsas en unas especies de pelelas azules en un lugar que ya olvidé el nombre. Se rió de mi música. Quizá me dijo snob. Me reí de sus encías de vianesa. Y decidimos que este de té de hierbas de bolsa rosada -Rodrhip with hibiscus- es el peor del mundo.

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el tren y el atropello

Nadie en la estación de trenes. Una “palomita” o vendedora de tortas curicanas sentada y nadie en la estación de trenes. Ni los trenes están. Un guardia, después, paseándose. Y el pasillo amplio y tosco, con baldosas salidas, recalcan la provisoriedad de los viajantes que llegan de a poco y se van esparciendo. No entiendo por dónde subirme. Dice carro dos pero no abre la puerta. Es más allá, claro. Casi todos han subido al coche salón. Encuentro mi asiento junto a una madre joven con su hijo. Se duerme a medias uno, hay muchos niños, sonidos de bolsas con comida basura, y bebidas, como si fuera obligación, mamaderas con bebidas, vasos plásticos con bebida, una alternativa barata y colorida, supongo. Se intercala el sueño, la música y la ventana. Pero el sueño es de mentira. Es escuchar el ruido de los rieles y las voces con los ojos cerrados. Esta vez si se ve por la ventana. El paisaje en movimiento es un imán. Si viviera siempre como dentro de un tren y estuviera siempre lloviendo seria distinto: añoraría los tumultos y las explanadas ya no en movimiento. La mamá despierta a su hijo para la papa, pero él le pega en la cara, me río, se ríe, él la abraza y vuelve a acurrucarse en el pecho, que este niño es tan dormilón, que tiene que darle la papa antes que lleguemos. Y el tren se detiene. Comienza a retroceder lentamente, parando de vez en cuando y retrocediendo como si a alguien se le hubiera caído algo en el camino. Entonces vuelve a detenerse. “Estaremos detenidos por atropello de persona” –dice la voz por al altoparlante. Especulamos con esta mujer cuánto tardaran los pacos en llegar y sacar al muerto y todo eso. Sin ningún apuro ni nada que exija mi pronta llegada me parece excelente pasar un rato más en el tren. Me dice que debe ir a calentarle la papilla al hijo, que si me puedo quedar con él, pero me lo dice mientras se para, y ahí nos quedamos. “Atropellamos a alguien y ahora están sacándolo desde abajo del tren”, le digo, “¿abaho, muettto?”, me pregunta y toma un envase vacío de bebida simulando un tren. Agarro un envoltorio de galletas y lo pongo debajo del tren: “asi”, digo, y atropellamos al envoltorio, una y otra vez, hasta que llega la madre, la papilla no le gusta, salgo al baño, por hacer algo, para ver si se ve algo abajo, no se ve el bulto pero sí gente corriendo de acá para allá, tramitando al cadáver. “Haremos trasbordo de tren por el costado derecho en unos momentos, reúnan sus cosas por favor y gracias por la paciencia”. Y sólo había pasado media hora. Yo esperaba que se transformara en ese cuento de Cortazar en que la gente se pone a vivir la cotidianidad en un taco de carretera. A los diez minutos llega un metrotren. La subida queda alta. Unos tipos ya se han autoasignado para ayudar a las señoras un poco gordas o viejas. Me subo por donde no hay nadie para no importunar. Y asi pasan veinte minutos más. Era harta gente, quiero decir, eran muchas señoras con hijos y bolsos. Un hombre ha puesto su rodilla como peldaño para una corpulenta mujer. Es bueno ver cómo si improvisa la preocupación por el otro, pero es bueno sólo en el sentido en que las instituciones dejan de ser necesarias. Entonces avanzamos, finalmente, la cosa echa a andar, me he puesto al fondo, sin nadie cerca, para estirar los pies hasta el asiento de enfrente. Blue in green de Miles Davis se ajusta al paisaje mojado y a estos rieles que desaparecen hasta formar un continuo liquido de fierro por el que vamos.

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La personalidad de Ricardo Lagos. El papá pitufo de la política. Si hasta trató de “hijo” al cabeza de udi que lo increpa Paulsen lo estudia y le hace preguntas al final de la ronda. Y Villegas que introduce 10 adjetivos por pregunta –flojos, ineficientes, ladrones, carerazas-. Antes Tolerancia Cero era el rito de los domingos con Feli pero ahora o me quedo en Curicó o estando allá Feli hace visitas de media hora no más. Mañana me voy en tren en la mañana, o sea, como a las una, algo ha pasado y ahora el pasaje cuesta 100 pesos menos que en bus. La última vez que viajé en tren y pensé que iba a ser bueno las ventanas eran de un material que impedía ver nítidamente hacia afuera. Espero que ahora sea distinto. Y que se ponga a llover. Que llueva una semana, un mes, de corrido, y que la gente ya no pueda salir de sus casas, ni a trabajar, ni ir la hospital, como en ese poema de Bukowski, que llueva todo el año, y gritar con de Rokha, “¡Está lloviendo, está lloviendo, está lloviendo, ojala siempre esté lloviendo, esté lloviendo siempre y el vendaval desenfrenado que yo soy íntegro, se asocie a la personalidad popular del huracán!“. O no decir nada. No decir nada de nadie. Mantener la humilde certeza callada a pan y agua no más. A pan y agua y escribir. “Toda la infelicidad de los hombres proviene de una sola cosa, que no es saber quedarse quietos en una habitación”, dice Pascal, pero tampoco hay que exagerar. Digamos, entonces, que eso es lo mínimo no más. Una semana a lo Pascal siempre viene bien. Total afuera siempre esa lo lo mismo.

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el pobre imaginario

Ninguna teleserie vale ya la pena. Hay más ingenio en un capitulo de La vida moderna de Rocco que en cualquier trama esperable de teleserie. Tratan de reflejar la vida y sólo consiguen engendros mal paridos de cómo creen que uno quisiera que fueran las cosas. Incluso de cómo quisieran que uno quisiera que fueran las cosas. Hasta los errores se ven falsos. Y cómo hablan. Ahora en el trece dos minas se agarran de las mechas en una cocina. ¿Eso pasa así? Díganme, últimamente ¿han visto dos mujeres solas en una cocina que deciden agarrarse de las mechas? Y aunque lo hayan visto, ¿acaso no han visto a dos mujeres haciendo algo mejor que eso? En las teleseries las mujeres siempre son el reflejo del machismo, del machismo femenino, por supuesto. Siempre afectadas y furiosas y planeando cosas contra los terribles o despreocupados hombres: la naturaleza que pierde ante la sociedad. Y no pasan de eso. Deberían leer a Raymond Carver estos sacos de gueas y se darían cuenta de los infinitos matices de la incomunicación. O de la comunicación implícita. Tendrían nuevos rendimientos. La imagen ahora cambia a una casa de teleserie colorida, feamente colorida, llena de gente, todos expectantes porque un tipo esta aireado y a punto de pegarle a otro. Es para la risa. Tratan de detenerlo. Las mujeres tratan de detenerlo con premeditada infructuosidad, como si fuera un esquech del colegio o del Vengaaaaa Comiiigoooo. Allí no hay nada de furia. Nada que haga pensar en algo. Nada de nada. Y el cine chileno, sin haber visto ni el 20% de todo lo que ha salido en los últimos cinco años, me arrogo el derecho de decir que se trata de pura sobreproducción de idiosincrasia o extensiones o variaciones de las series de chilevisión de infieles de casados de mujeres que matan de infieles que matan y que muestran la realidad, o sea el vecino que se folla a la vecina, el culito, la tetita, el curaito, el drogadito, el rumpy y gueas, como si eso fuera Lo Real. Me acuerdo de la primera vez que vi Monos con navaja y me cagué de la risa con los excesivos garabatos. O cuando fuimos al cine a ver la Buena vida, simple pero mala. Y es que hay simplezas perfectas. Como las de Kaurismaki. Por eso hay que seguir bajando y bajando películas. Porque más encima se va a acabar la mano de VTR gratis con esto de los nuevos modem o como se llamen estas cosas que están poniendo que son como las de Telefónica. Y no sólo eso: la fuente de poder del pc que es tan vieja que ya ni existe y no sé dónde la voy a encontrar. La batalla contra el mínimo soporte de tecnologías necesarias para la vida. Y las batallitas motor de esta historita. Y la historita que es menos mal imposible de ser por sí misma. Y alguien, otra historita, que aparece como sin querer, como sumándose a la simpleza benevolente de todo. Mejor vamos al cine a ver una comedia gringa idiota ya?

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