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Archive for 31 marzo 2014

enero-febrero

“¿Qué es eso de vivir en pijama, de presentarse en pijama, qué es eso de levantarse y quedarse en pijama, aunque esté limpio y afeitado y todo? Bueno, quiere decir que le cuesta emprender el día, emprender la vida». (Cartas a Carmen: Correspondencias entre Juan Emar y Carmen Yáñez 1955-1963)

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Cena de año nuevo. Hace años que ya no somos los 60 que más o menos somos. Pero igual, rondando siempre los 10, lo pasamos bien y, una y otra vez, para éstas y otras fechas, recuerdo que me gusta mi familia, que mis tías son chistosas y que, en definitiva, existe una intimidad. Quizá a la familia (a la familia grande, no a la inmediata) se la quiere de una manera que uno olvida y recuerda incesantemente. Uno casi ni habla con sus primos, uno casi ni habla con sus tías, y aún así, un montón de cosas en común permanecen. Me gusta cómo siempre se termina hablando de la vida cotidiana hace 40 o 50 años. Cómo las hermanas recuerdan su niñez. Cómo disfrutan de recuerdos en apariencia horribles y absurdos. Cómo al final nada es tan horrible y absurdo. Contado, casi todo es bello, y mientras hablan tengo casi la misma sensación que estar leyendo o viendo una película, sólo que puedo intervenir, pedir más matices, otros ángulos. Mi tía Carmen, que siempre me ha inspirado un cariño que siento que me precede, es la que más me da risa. Se pone tan roja al reírse.
En cuanto a la comida misma, evito las papas para que me quepa más. Y cuando pensaba que ya no podría seguir comiendo, chantan unas fuentes con cuchuflís bañados en chocolate. Atacamos con mi hermano y el resto de mis primos, tomando café y hablando de series de animé y de las otras.
En cuanto a la noche misma, a la madrugada, a la fiesta, creo que la última vez que salí fue hace como 7 años. Al final mi lugar queda más cerca de mis primos chicos que de mis iguales. La jornada termina a eso de las 4 de la mañana viendo Kyoukuai no kanata.

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“Lo que amo está siempre empezando”. (Odysseus Elytis)

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Vienen en auto, de sus casas, sólo a decir feliz año nuevo. Luego se van. Y quizá van a otras casas a hacer lo mismo. Y la pregunta que me hago es: si alguna vez llego a tener auto y familia, ¿haré lo mismo? No es que no crea en nada. Es la actitud de trámite con la que rodean todo lo que debería ser real o casi.

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Me da curiosidad saber cómo es que los vagabundos se categorizan unos a otros.

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“Sólo pido una mente lúcida con quien ver Intrusos y reírme”. (P)

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“Desde tiempos muy tempranos la historia de los encuentros con el extraño fue también una escuela visual del terror”. (Sloterdijk, Esferas)

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Ahueonadamente puro como un hermano chico bailando Bach.

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“No llegar al punto de ya no decir yo, sino a ese punto en el que ya no tiene ninguna importancia decirlo o no decirlo”. (Deleuze y Guattari, Mil mesetas)

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Soñé que estaba comiendo en un lugar. Un largo mesón de atención y a la altura de la cintura la siguiente frase: “El cristianismo de Simone Weil unido al judaísmo de X son la solución”. No recuerdo bien quién era el representante judío, pero creo que empezaba con m y que era una sola palabra (nombre o apellido) de no más de 5 o 6 letras. Estoy ahí esperando a alguien que se ha atrasado pero no me importa. Me doy cuenta que un tipo que se va deja un montón de comics. Pregunto y me dice que son los comics del lugar, que quien esté consumiendo tiene derecho a usarlos. Pero los comics no son comics propiamente tal (editados, profesionales, etc) sino que son cuadernos viejos, especies de diarios de vida, muy bien ilustrados en cualquier caso. Luego estoy leyendo y alguien me toca la espalda: la Marta.

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“El trabajo es de por sí y es totalmente ajeno a nosotros; uno lo que hace es ir acercándose a él y TRADUCIR lo que ve a su lado”. (Cartas a Carmen: Correspondencias entre Juan Emar y Carmen Yáñez 1955-1963))

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El fin de semana es para la descentralización en la tele.

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Almuerzo solo. A veces me da pena. A veces me da lo mismo.
A veces almuerzo con C también, pero después se va. Y cuando vuelve estoy donde mismo.
Me gusta poner los Bukowski tapes. Ahora sé mucho mejor que antes cuando Bukowski no tiene la razón. Pero en las cosas que tiene la razón seguirá teniéndola durante muchos años más.
Cuando Bruno se cura hace lo mismo que Bukowski: se pone leeeento y, por ejemplo, cada vez que te va a decir algo, primero gira la cabeza, como en una película de terror, y te estudia durante 2 o 3 segundos, y sólo luego de eso dice lo que tiene que decir.
Por la tarde me echo en el sillón a leer a Crumb, mis fotocopias de Crumb. Muchas historias de blues, de los orígenes del blues. Voy youtubeando a esos hermosos negros, y la tarde avanza lento, y siento que si sigo así haré que llueva.

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Y sucede: salgo al jazz de providencia, me voy a pie, y cuando llego se pone a llover. En los fonos llevo Sidí Touré y como aún no empieza paseo un rato. Me compro Los vagabundos del Dharma que hace un tiempo presté y nunca volvió. Caminé toda la lluvia, hasta que paró. Vi cómo ayudaban a una ciclista y la metían en un taxi. Me senté con una pepsi y un brownie a esperar el jazz que estuvo más fome que la chucha. Pocas veces lo hago pero me fui antes que terminara. Qué carencia absoluta de huevos. Quizá en alguna parte del mundo el jazz aún sea suciedad y suicidio y vino sobre el escenario y furia y dentaduras incompletas y ropa barata y no necesariamente pura gente rubia con rostros simétricos o superficialmente interesantes. Me fui caminando y mascullando y puse el Impulse de Coltrane y la intermitente pero poderosamente iluminación de las calles me permitió ir leyendo a Kerouac. Incluso allí, por escrito, el jazz tenía un poco más de sangre.

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La primera y única vez que nos juntamos con X fue en la plaza Ñuñoa. Luego, nada.
Ahora, meses después, con Y, nos juntamos donde mismo, exactamente donde mismo. Sin querer, obviamente. Un poco de algo, y luego, también, nada.
Todo podría ser descrito más larga y entretenida y detalladamente, pero se resume a eso: últimamente, cuando intuyo que quiero, cuando estoy cierto de que hago bien en empujarme hacía alguien, no ocurre. Y, en cambio, cuando ya está ocurriendo sin esfuerzo, me veo preguntándome si realmente quiero.

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“No habló mucho más del asunto, ni tampoco se extendió sobre Santa Teresita, y era muy humilde con respecto a su religiosidad y me habló poco de sus cuestiones personales. Era el tipo de vagabundo de poca estatura, delgado y tranquilo, al que nadie presta mucha atención ni siquiera en el barrio chino, por no hablar de la calle Mayor. Si un policía lo echaba a empujones de algún sitio, no se resistía y desaparecía, y si los guardas jurados del ferrocarril andaban por allí cerca cuando había un tren de mercancías listo para salir, era prácticamente imposible que vieran al hombrecillo escondido entre la maleza y saltando a un vagón desde la sombra.
(…)
Y soñé con mi casa de hace tanto tiempo en Nueva Inglaterra y mis gatitos tratando de seguirme durante miles de kilómetros por las carreteras que cruzan América, y mi madre llevando un bulto a la espalda, y mi padre corriendo tras el efímero e inalcanzable tren, y soñé y me desperté en un grisáceo amanecer, lo vi, resoplé (porque había visto que todo el horizonte giraba como si un tramoyista se hubiera apresurado a ponerlo en su sitio y hacerme creer en su realidad), y me volví a dormir”.
(Jack Kerouac, Los vagabundos del Dharma)

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“Cada día el Estado lo paga con creces en sus suburbios y sin duda sólo es el principio: la venganza es la higiene de la plebe”. (Julien Coupat)

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Me quedo a dormir donde S. Vamos donde su amigo de la infancia a pulir la idea del corto-documental. Me muestran el archivo de imágenes que llevan hasta ahora. Cuentan conmigo para el guión. La idea base para todo es bastante contundente y todos la apoyamos. Volvemos temprano porque tanto él como su novia trabajan al otro día. Nos dormimos conversando y nos decimos que es casi como en la infancia. Hablamos y hablamos. Me cuenta de su época en que iba al colegio casi sin dormir por quedarse leyendo. “Lo valía: tenía un secreto, vivía un secreto”.

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“Nunca noté
las faltas de ortografía
en tus primeras cartas de amor”.

“Llevo al apa
a mi mamá en broma
y es tan liviana que lloro”.

“Como una piedra
que rueda cerro abajo
he llegado hasta el día de hoy”.

“Es otoño y el alma enamorada
se inquieta no duermo
y escucho el grito
de los gansos salvajes
toda la noche.

(Ishikawa Takuboku, traducción de Claudio Bertoni)

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Utimamente no escribo nada, no puedo escribir nada, no me dan ganas de escribir, sólo puedo traspasar citas, traspaso y traspaso citas como enfermo, pero nisiquiera leo tanto y quizá nunca lea al ritmo que realmente deseo. Así que tengo todo el tiempo del mundo, pero no tengo nada auténtico que decir. El impulso ya no está y hay que esperarlo. Sólo queda, a ratos, como las gotitas que salen de la llave cuando recién se ha cortado el agua, esta constatación de la imposibilidad, esta manera ridícula de venir a decir que no se puede decir nada, ridiculez que me encanta, sí, pero en los otros, en La novela luminosa de Levrero, por ejemplo, pero no en mí. Me alcanza para twittear, pero nada más. La vida misma no avanza hacía ninguna parte específica y, aunque la escritura ficcione o produzca realmente cierta holgura o cierta pausa, no me dan ganas de plasmar nada, absolutamente nada, nisiquiera las pequeñas cositas que pasan cada día. La novela también está ahí tirada. Y así está el ánimo, seguramente marcado por el inminente final de la tesis y la desconfianza que va creciendo alrededor de mis proyectos para cambiarme de casa. Pero escribo, después de todo. Estoy marcado: tarde o temprano debo venir aquí y dejar constancia. No existe otra posibilidad.

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“Cada nueva línea es un comienzo y no tiene nada que ver con ninguna de las líneas que la han precedido. Todos empezamos de cero cada día. Y, por supuesto, no tiene nada de sagrado. El mundo puede vivir mucho mejor sin escritura que sin fontanería. Y en algunos lugares del mundo hay muy poco de ambas cosas. Claro que yo preferiría vivir sin fontanería, pero yo estoy enfermo (…) Todo el pasado no significaba nada. La reputación no significaba nada. Lo único que importaba era la siguiente línea. Y si la siguiente línea no llegaba, estaba muerto, aunque técnicamente estuviera vivo”.
(Ch. Bukowski, El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco)

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“El origen de la enfermedad, del sufrimiento, está en oponer lo que me gusta a lo que no me gusta”. (Rinzai)

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Salía Peter Sarsgaard en Blue Jasmine y creo que siempre lo recordaré llorando mientras Campbell Scott lo masturba en The Dying Gaul.

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“Nací feliz pero muy feo”. (Juan Emar)

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¿Habrá algún otro tipo de escritura cuando ya estemos muertos? ¿Habrá algo que leer, algo que ver, compartir? ¿Cómo no va a haber nada que contar? ¿Cómo no va a haber algún tipo de pancito que comerse? ¿Cómo no va a haber algún tipo de tacita con algo que eche humo en medio de los dos muertos que vienen recién conociéndose y contándose y alegrándose de recordar lo que era la vida? ¿Cómo no va haber incluso en la muerte algo con lo cual tropezarse y reírse? ¿Cómo no va a haber una ventana por la que mirar o una cama en la que meterse? No me da miedo la nada, sino el dentro absoluto y sellado, el sí mismo purificado hasta quién sabe qué cuesco compartido. Por eso, cuando me imagino muerto, sigo escribiendo, sólo que de otro modo. En el fondo, creo que la textualidad es invencible e infinita y que, a favor nuestro, tiene mucho de inhumana. Y no se trata de las letras, ni de la música, ni del celuloide específicamente: es la insistencia de la comunidad, de construir lejanías y cercanías. Siento que aquello no puede acabar nunca.

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“Espero que la muerte contenga menos que esto”, dice Charles Bukowski. Yo espero lo mismo: que sea como la vida pero sin sobras. Quizá T. S. Eliot lo dice de una manera más bonita: “Me alegraría de otra muerte”.

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Terminé Seinfeld. Creo que es la serie que mejor retrata el hermoso absurdo de las conversaciones entre amigos.

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Soñé que a Esperanza Silva le daban un personaje menor en The walking dead.

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Bourbon para conseguir sueño para irse temprano a la montaña a tomar bourbon

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HAIKÚS DE BAÑOS MORALES

1
Entre los pinos
un largo cable de luz
prefiere la perdiz.

2
Viendo las nubes
imaginando de a dos
me aburro y callo.

3
Leves, cansados
los ojos del caballo
saben y evitan.

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De vuelta a la ciudad los mails acumulados me muestran que siempre estoy esperando otra cosa.

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“No dejes que las penas te vuelvan malo”. (Frank Sinatra)

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Imagino futuras casas definitivas.
Mi último insomnio (en el que pasé de largo y me fui en el primer bus a Curicó) consistió en imaginar una casa y una vida en Chiloé.

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Gente que, al contar un problema que tuvo con alguien, vuelve a enojarse. Y si uno no vuelve a enojarse, ¡se enojan con uno! Es una absurda carrera de relevos.

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“Todo el mal suscitado en este mundo viaja de cabeza en cabeza hasta que cae sobre un ser perfectamente puro que los sufre enteramente y lo destruye (…) El padre que está en los cielos no devuelve el mal, pero como él no puede ser afectado por el mal de ninguna manera, el mal vuelve a caer (…) Así, la satisfacción que consiste para el hombre en arrojar la ofensa lejos de sí, consiste para Dios en someterse a ella”.
(Simone Weil, El conocimiento sobrenatural).

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Y se me sigue repitiendo en sueños. En la realidad dejo que se diluya, pero la dejo aparecer por escrito. Mi precario modus operandis.

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“El Yo no es quien está en crisis en nosotros, sino la forma con que se busca imprimirlo en nosotros”. (Comité Invisible)

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Vamos a Salvaje decibel con una amiga. Llego en bici. Partimos con harto rango de tiempo, pero en el camino empieza a sentirse mal a partir de cierto tema de conversación que hemos sacado. También ocurre que necesita un cajero y si vamos en busca de uno no llegaremos a tiempo. Se siente tan mal que se sienta. Nos sentamos. La hora se acerca. Empiezo a rendirme. Vamos de todos modos al cajero, sacamos plata, y para cuando llegamos, ya no quedan entradas. Pero ya dejó de importar y me preocupa más ella. Nos sentamos en la mesita de su azotea, tomamos té, saco uno que tenía guardado para Salvaje, y hablamos y hablamos y trato de ayudar y como a las dos a eme cuando me voy en bici siento que en realidad no me perdí nada y pongo Salvaje decibel en el cel durante todo el trayecto en bici hasta la casa y me voy como flotando.

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Taxi de vuelta del cumpleaños de P. Jugo. Ya habíamos caminado algo que medios ebrios y a las 4 de la mañana en calles peligrosas nos parecía una eternidad cuando S divisa un taxi y nos subimos y él se baja cerca de su casa y yo sigo en el taxi pero en vez de ir hacia mi casa nos vamos en dirección contraria. Pero el taxista me perdona y retrocede algo así como 8 minutos andados. Quizá porque, a diferencia de muchas otras veces, me puse a merced de su conversación. Quizá porque el hueón era bueno. Qué se yo. Más encima sólo tengo 4 lucas que es lo que acordamos nos cobraría. Me deja en el metro grecia y, aunque aún falta, ya me siento en casa.

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Mi amor de verano es Nara Leão.

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“El sujeto siempre está situado en un campo semidivino de protección y atención”. (Sloterdijk)

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“Porque el amor es simplemente eso: la forma del comienzo tercamente escondida detrás de los finales”. (R. Juarroz)

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M me muestra un mail que le acaba de mandar Bertoni perdiendo la paciencia ante unos problemas con el internet: 7 líneas sin puntuación ni respiro alguno.

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Justo el día antes de irme de la casa de Ñuñoa, vamos a Guerillero okulto con C. Llegamos demasiado temprano, compramos la entrada, y caminamos con una lata de cerveza china de medio litro. Nos sentamos en una esquina y un cuidador de autos nos ofrece drogas. Nos movemos. Más latas, más paseo, y al rato estamos bebiendo en un paradero de micro. Cuando entramos a la cosa ya estamos puestos. Bailamos la música que tienen y al rato empieza el plato fuerte. No me gusta mucho pero termino siguiendo las instrucciones para disfrutar apropiadamente la canción. Creo que si la gente no se sabe los coros espontáneamente simplemente no debería ser instada o forzada a seguirlos. Pero da lo mismo. En una canción fome salgo a fumarme un pito afuera (mío, no del cuidador de autos, que vendía cochinadas). Me mezclo con los fumadores de cigarro y, al menos desde lejos, nadie nota. Vuelvo y el vaivén del hip hop me pega aún más y es perfecto y alzo las manos y voy sintiendo y rebotando con los beats incluso mientras me abro paso entre la gente. Pienso que ya es hora de Luchín y anuncia el tema. Voy con la letra en la medida de lo posible. C me mira extrañada y seguramente tenga razón. Después viene Mákina Candela, muchos músicos sobre el escenario, bailamos un rato más. Se suda, se sigue bebiendo, y pasan cosas. Y estamos en eso cuando me tocan el hombro y es MN, con quien me iré a vivir justamente al otro día. Volvemos en taxi.

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En la nueva casa. La gata (Marión) merodea bolsas y cajas. Le hago cariño pensando que todos los gatos son el mismo gato. Y no. Es otra la manera de acurrucarse a dormir, es otra mirada, es otra paciencia para dejarse tomar en brazos, y hasta es otro el ronroneo.

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“Lo que fundamenta la acusación de terrorismo, en lo que nos concierne, es la sospecha de la coincidencia entre un pensamiento y una vida; lo que constituye la acusación de asociación de malhechores es la sospecha de que esta coincidencia no se dejaría al heroísmo individual, sino que sería objeto de una atención común. De forma negativa, esto significa que de ninguno de los que firman con su nombre tantas críticas feroces del sistema vigente se sospecha que pongan en práctica la menor de sus firmes resoluciones; el insulto es de bulto (…) En la memoria francesa, hacía tiempo que no se veía que el poder tuviera miedo por culpa de un libro. Normalmente se consideraba que, mientras los izquierdistas se dedicaran a escribir, al menos no hacían la revolución. Está claro que los tiempos cambian. La gravedad histórica retorna
(…)
En este mundo es soberano quien designa al terrorista. Quien rechace participar en esta soberanía se abstendrá de responder a vuestra pregunta. Quien codicie algunas migajas de la misma se sacrificará con prontitud
(…)
Cada paso que hacen hacia el control de todo les aproxima a su pérdida. Cada nueva “victoria” de la que se jactan expande un poco más el deseo de verles a todos vencidos. Cada maniobra por la que se imaginan fortalecer su poder termina por volverles más odiosos. En otros términos: la situación es excelente. No es el momento de perder el coraje.
(Julien Coupat desde la prisión de La Santé)

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“No es una casa lo que a mí me hace falta; es sencillamente una pieza escritorio (…) que tuviese una sola puertecita. La gran puerta ya sabe usted donde se halla”. (Juan Emar)

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“Para que nos entendamos, corear “todos somos alborotadores” no es afirmarse en anto que sujeto “alborotador”, sino sólo desbaratar la operación policial en curso. Admitir el destrozo como práctica política significa manifestar la existencia cotidiana de bancos, escaparates y tiendas a la moda como momentos de una guerra silenciosa. Destruir, al mismo tiempo que una cosa, la evidencia ligada a su existencia. Romper, en definitiva, con la gestión democrática del conflicto, que se acomoda tan bien a las manifestaciones contra esto o aquello, mientras ninguna toma de posición tenga efectos”.
(Tiqqun, Llamamiento y otros fogonazos)

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“Alimentos para el vientre, y el vientre para los alimentos; pero Dios reducirá a nada a ambos”. (San Francisco).

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Sueño: arrancando no sé de quién llego a una multicancha. Me pongo a mirar pero como están jugando básquet me dan ganas de mezclarme y me pongo cada vez más a la orilla y cada vez que la pelota sale se las paso tratando de demostrar que sé jugar. Se me olvida que no sé quién anda persiguiéndome. Luego, en la misma cancha, me veo con S y SA y la amiga de ellos cuyas iniciales también son como las de mi amiga MM, mirando un partido de fútbol de unos cabros chicos. Nuestro apoyo va a los que llevan la camiseta de Palestino. S lleva la camiseta de Palestino. MM se saca uno. Y al final de todo, mientras el partido aún se juega, S sale disparado corriendo alrededor de la cancha, con los brazos abiertos, celebrando un gol que ni él ni nadie ha metido. “Quería saber lo que se siente”, nos dice.

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“Mi enfermedad hace que tiemble por cualquier cosa. A veces siento que no soy un persona real, sino un pájaro o un animal en un cuerpo humano malformado. Interiormente, me siento más en casa entre las abejas del jardín o en un prado, que en una conferencia del partido. Puedo confiarte esto sin que sospeches que traiciono al socialismo. Espero morir en el lugar correcto, peleando en la calle o en prisión.
Sin embargo, mi ser interior está más cerca del ratón de campo que de los camaradas”.
(Rosa Luxemburgo)

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“No me da ningún miedo que me pisen. Cuando se pisa, la hierba se convierte en sendero”. (Blaga Dimitrova)

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EXTRACTO DE MAIL A X:
me gusta eso: piedad en las respuestas. cómo suena, todo lo que implica, que no es bueno obvio, pero es todo un mundo… no sé si sea tan mi caso, creo que lo mío es la distracción, la lentitud, el llegar a las últimas frases del otro y… etc
y pese a esa aparente piedad o distracción, pienso en ti, en tus cosas, en tu corazón, de qué está hecho exactamente, cómo funciona la relojería del almita de cada una de las pocas personas en que uno se interesa… ¿y si simplemente tuvieras que apoderarte de esa melancolía, para siempre, y hacerla amigable, recorrerla, escribirla, pasearla, vestirla, reducirla poco a poco pero sin hacerla desaparecer sino asimilándola lo más posible a todas las otras? (…) y bueno, a veces siento que la gente sólo se quiere dentro de esa efectividad, de esa rutina, y que estoy fuera del mundo, entonces luego pienso en lo absurdo y mínimo que significa ese estar en el mundo y sé que se trata de otra cosa, que el problema de uno nunca es exactamente ése que uno cree tener identificado… siempre se trata de otra cosa parece, ¿es lo que dice el psicoanálisis o no? ¿y si es así, hasta dónde hay que retroceder? siento que lo único que puedo decir es que hay que ser lindos y buenos y saberlo en secreto…. si alguien alrededor se da cuenta y lo recepciona, bien; si no, se sigue…. te digo todo esto proque seguramente lo que sientes no sea sólo cosa de un duelo, de este duelo de ahora, sino que es un conjunto de cosas tuyas… preferiria que no lloraras, pero estamos lejos… a mí me da miedo mi conjunto de cosas mías, a veces creo que moriré y no habré avanzado ni un centimetro en esa preciada evolución… otras veces pienso y estoy seguro de que no estamos hechos para evolucionar solos, aisladamente… no sé cómo te quieran los otros, no creo que cada nuevo lazo deba romper uno anterior (¿se llegará a un límite, tendrá el corazón un límite así como el cerebro ya deja de producir conexiones neuronales?), se oscila entre prescindible e imprescindible, y lo único cierto de todo eso es que todos llevamos ese nudo adentro, y el nudo a veces palpita y es un segundo corazón que es el mismo corazón para todos… y escribo aquí sin saber exactamente qué decirte cómo desanudar exactamente lo tuyo pero al menos diciéndote mira, aquí estoy, palpitando.

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Antes de ir a ver la última de Ben Stiller pasamos a tomarnos algo. Entonces, en algún punto como a la media hora de estar bebiendo, aparece un vagabundo, uno de esos que se avisan a lo lejos, de esos que abren un camino de gente a su paso cual Moisés abriendo las aguas. Y hace lo que yo esperaba que hiciera: se posiciona junto a la ventana, justo al lado de una pareja que está comiendo, su guata cochina y peluda debe estar a menos de un metro de ellos. Un camarero lo insta a irse. Alguien le da unas monedas. Y es ahí cuando ocurre algo maravilloso que me paro a aplaudir: el hueón avanza unos metros, se pone al borde de la vereda, y empieza a lanzar una por una las monedas hacia la calle.

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“El interior surge de la conexión entre arquitectura y habitantes invisibles”. (Sloterdijk)

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EXTRACTO DE MAIL A F:
35 páginas de “apuntes finales” de tesis. 175 el cuerpo. 205 páginas de word que espaciadas y pedefeadas fácilmente serán unas 350. Ya he desechado montones de párrafos y citas y lo que queda es lo que debe quedar. ¿Vai a leer alguna vez mi cagá? Aunque te tome 3 años leyendo de a poco, estaría bueno. Yo aún ni empiezo ninguna, ni la tuya ni la de Bruno ni la de Chester. Al menos ahí están ordenaditas en una carpeta.

2666. Cada una o dos semanas lo tomo y algo avanzo. Me da cosa dejarlo del todo. Están mucho mejores los cuentos. Y me dan ganas de esos Vargas Llosa y Sábato y demaces, sólo porque nunca he estado ahí. También me habría gustado empezar a Borges, desde la colección de Ch, pero bueno… También hay unas ganas generales de Manuel Rojas, de todo Manuel Rojas (tengo recuerdos medios gastados de lo bien que lo pasé leyendo Hijo de ladrón en el colegio), y de ese libro de entrevista de Ruíz, y la poesía de Carver, y la lista es inmensa.

Auster me está aburriendo, pero voy a seguir hasta que me aburra mucho.

El sábado partí solo al jazz. Qué cagada el jazz de providencia hueón, qué falta de alma, de huevos. Unas bandas horribles, una vieja rubia de mierda que tocaba una hueá digna de Las Vegas o de comercial de isapre. El resto, la misma carrera de relevos de siempre: que el solito de bajo, que el solito de piano, todos ahí, cumpliendo muy bien. Y la gente, carreteando, casi gritando, tomando, fumando marihuana como si se fuera a acabar el mundo y, por supuesto, aplaudiendo cuando corresponde. ¿Es tan difícil hacer algo juntos, alguna armonía, alguna colaboración? ¿Es tan imposible que vuelva a ocurrir My favorite thing? El Nico Vera y Dannemann (chilenos) los únicos que hacían intentos por ese lado. Los únicos aplausos sinceros que solté. Ese sábado me fui caminando y me volví caminando. El único jazz decente que oí fue el que traía en los audífonos. Cuando estaba por llegar se puso a llover. Calor y lluvia. Brasil. Humedad. Obviamente, paseé más de la cuenta, solo para mojarme ¿Dónde estabai justo en ese momento? Cuando empezó la segunda canción del supuesto discípulo blanco de Charlie Parker me paré y me fui.

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Soñé que estaba viendo La Red (el canal, imagino que algo así como Mentiras Verdaderas) y presentaban a mi potencial amigo PL. El show no se trataba de nada, no era stand-up, poesía, cantar… nada. Pero de todos modos duraba unos 5 minutos. Consistía en una larga serie de piruetas, gesticulaciones y saludos de entrada y salida. Reverencias con sombrero, genuflexión japonesa, entrada tímida, entrada canchera de presentador famoso, ese saltito que hacía el Chino Navarrete, etc. Era como una revisión histórica de todas las maneras de entrar y salir de un escenario.

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“No tengo ni idea de a qué se debe. Sencillamente está ahí: un cierto sentimiento por los escritores del pasado. Y mis sentimientos ni siquiera son precisos, son simplemente míos, casi completamente inventados. Pienso en Sherwood Anderson, por ejemplo, como un individuo pequeño, de hombros ligeramente caídos. Probablemente fuera estirado y alto. No importa. Yo lo veo a mi manera. (Nunca he visto una foto de él.) A Dostoievski lo veo como un individuo de barba, tirando a gordo, con ojos de color verde oscuro que arden lentamente. Primero era demasiado gordo, luego demasiado flaco, y luego demasiado gordo. Tonterías, sin duda, pero me gustan mis tonterías. Incluso veo a Dostoievski como un individuo al que le excitaban las niñas pequeñas. A Faulkner lo veo envuelto en una luz difusa, como un chiflado y un tipo de mal aliento. A Gorki lo veo como un borracho escurridizo. A Tolstói, como un hombre que agarraba berrinches por nada. Veo a Hemingway como un individuo que practicaba ballet a escondidas. Veo a Céline como un individuo que tenía problemas para dormir. Veo a e. e. cummings como un gran jugador de billar. Podría seguir y seguir
(…)
Es como cuando ligaba con mujeres en los bares. Solía pensar, quizá ésta sea la que estaba buscando. Otra rutina más. Y sin embargo, durante el acto sexual, pensaba: ésta es otra rutina. Estoy haciendo lo que se supone que tengo que hacer. Me sentía ridículo, pero seguía adelante en cualquier caso. ¿Qué otrta cosa podía hacer? Tendría que haberme parado. Tendría que haberme echado hacia atrás y haber dicho:
-Mira, nena, estamos siendo unos estúpidos. No somos más que peones en manos de la naturaleza
-¿Qué quieres decir?
-Lo que quiero decir, nena, es que si alguna vez has visto a dos moscas follando o algo de eso.
-¡ESTÁS LOCO! ¡YO ME LARGO DE AQUÍ!
No podemos examinarnos demasiado de cerca, o dejaríamos de vivir, lo dejaríamos todo. Como esos hombres sabios que se quedan sentados en una roca y no se mueven. Aunque tampoco sé si eso será tan sabio. Desechan lo evidente pero algo les hace desecharlo. En cierto modo son moscas que se follan a sí mismas. No hay escapatoria, ni en la acción ni en la inacción”.
(Ch. Bukowski, El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco)

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