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Archive for the ‘cartas / meils / conversaciones / msn’ Category

Breaking Bad S05E16, Felina

Todo está bien en el mundo;
Deja que otra mosca
Se pose en el arroz.
(Issa)

*
EXTRACTOS DE MAILS A F:

“Sobre Breaking Bad, cada uno de estos últimos capítulos me pesan, me duelen y me remecen, porque no es que sencillamente te pongan ante la moraleja de que no se puede hacer cualquier cosa por salvar la familia. O sea sí, pero no es todo lo que importa (si fuera por eso la serie estaría centrada más en la trama político-policial, en el pistoleo barato y la explosioncita, con la estructura clásica de las películas de acción, con unos buenos homogéneos y unos malos homogéneos…) No sabría explicarlo bien, pero ocurre que en BB cada explosión cuenta, cada balazo está amarrado con la estructura psicológica de los personajes, así que es algo un poco más grave y complejo. La racionalidad con la que mataba Walt (o Heisenberg, en rigor), incluso el nerviosismo, ese certero nerviosismo con el que hacia las cosas peligrosas, son cuestiones que humanizan los juicios de uno a un nivel tal que resulta imposible condenar así sin más al, a fin de cuentas, capo de la mafia, culpable de adicciones, muertes, y etc. etc. Ahora con el penúltimo capítulo y esa llamada telefónica que Walt logra hacerle a su hijo casi lloré. Pobre Walt, ya no quieren ni su plata, y está solo en la nieve. Me dio tanta pena cuando le pagó al tipo que lo ayudó a desaparecer para que se quedara una hora más con él. Y después, solo en la noche, tosiendo. Pensé que podía extenderse todo hacia una sexta temporada reivindicatoria en la que, desde la nieve o una isla o cualquier súper-refugio, Walt se dedicara a exterminar traficantes, junto con Hank que no tendría que haber muerto, que, no sé, podría aparecer vivo porque el balazo que le dieron solo le reventó el ojo y se hizo el muerto y sobrevivió comiendo ardillas en el desierto de Albuquerque o qué se yo… sé que no pasará, y que el destino de Walt es el martirio, la cárcel y morir de cáncer, quizá en ese mismo orden.

Lo que creo que va a pasar en el último capítulo: Podría partir con esa pareja que apareció en la tele, los que le quitaron los créditos de la empresa esa a Walt, almorzando, o desayunando, de preferencia en su propia casa, hablando precavidamente, con cierta tensión, y uno como espectador no entiende qué pasa, entonces paf, una toma a una esquina de la mesa y Mister White está en una esquina tomándose un café, amedrentándolos con su sola presencia, sin arma alguna. Y luego lo obvio: les mete presión, los insta a que, sin que pierdan ni un peso, le vayan soltando las lucas (del barril), progresivamente, y de una manera que no despierte ninguna sospecha, a Skyler. Y la manera más esperable de que eso pase es que cambien la versión que dieron en la tele, digan que hubo un error, y lo incorporen como socio, o cofundador, o qué se yo. Walter Junior no tendría por qué saber y Skyler se encargaría de todo. Mal que mal, la salvó con esa última jugada telefónica que hizo cuando los pacos estaban grabando. En cuanto a Pinkman, me tinca que White quiere hacerla también, no matarlo, sino salvarlo de los nazis esos. No creo que muera ese niño que quedó vivo. Lo cierto es que los nazis mueren, pero no sé como.

Cosas que dejé anotadas aquí hace un tiempo: 1. La música de Nadie dijo nada de Ruiz (la primera de este ciclo del CEP) la hizo tu abuelo Lefever. Lo dijeron al final y no me di ni cuenta. Estaba, en términos técnicos, tan mala la película que ni me acuerdo que tuviera música. 2. Soñé que estábamos en Brasil (todos, Br, Ch, B, todos) y me perdía. Terminaba llorando. Las rodillas no me funcionaban, dolían al avanzar. Esa típica hueá de correr en cámara lenta pero enfocado en un dolor de rodillas que, ahora que lo pienso bien, siento que es algo que he soñado muchas veces. Pasaban los días y yo terminaba como vagabundo en Brasil. Empezaba a disfrutar las playas y a olvidarme de todo.”

“C tose. Habla por Skype con su hermana. Ya fuimos al súper y a la feria y hay de todo. De todo como para no salir nunca más de aquí. Exagero obvio. Pero casi. AÚn no cerramos las cortinas y el frio entra como un bloque que me encoje. No recuerdo los dedos tan fríos. El gato como estatua en el sillón. Ni duerme ni se sienta ni se echa ni mira: está ahí, como la mezcla absurda pero bonita de todas esas posibilidades. Max Richter sonando desde hace horas (éste, específicamente, http://tny.gs/MqDmbG), un compositor muy ameno, que no invita a seguir sus ritmos con el pie o con el dedo y que incluso hace que se te olvide que pusiste música (eso es lo que pide C cuando estamos en la mesa haciendo nuestras cosas) Voy en la página 100 ya de Temor y temblor. Ch me lo recomendó y parece que me va a servir. Igual, a estas alturas, es una tontera. Lo sé: mi tesis, así como está, podría perfectamente entregarse y hasta tener un 70. Es por mi vanidad o ética intelectual, por la proeza no más, y quizá también para aumentar la posibilidad de publicarla, que voy a completar la tarea tal como lo dice el índice. En cualquier caso, Kierkegaard es igual o más amariconado que como nos lo pintaba CPS en clases (su desgraciada biografía no me provoca ninguna empatía y él mismo se encarga de ser un yoito). Y no entiende nada, pero nada, de Hegel (y creo que es justamente por eso que me interesó este libro) En fin, digo vanidad intelectual pero quizá ni sea tal; quizá hasta coincida con la humildad de un objeto bien hecho no más (y yo, para hacer algo bien, siempre me voy a demorar más que todos).”

“Estuvo raro ayer, faltaba una media hora para que terminara Hegel y te paraste y te fuiste. A los minutos, el amigo de Ch hizo lo mismo. Pensé que a la salida los encontraría a ambos, conversando, abajo, en el café. Pero bueno. Le hablé a la niña, finalmente. Una conversación que consistió en un contundente cruce de palabras que, según recuerdo, fue algo así:
— ¿En qué página estamos?
— En ésta, creo.
Y sería. Igual no se puede hablar en clases. Es complejo: antes siempre ella está con gente, o yo estoy con ustedes, y terminada la clase todos se van rápidamente, como si quisieran huir de ahí. En fin, ¿por qué te fuiste? Pregunto pero sé. Ya sabemos todo. Kantianamente, cristianamente, creo que hay un ínfimo punto interior que sabe lo que está bien. Cuando niño era más claro y rastreable porque no había nada alrededor; ahí, quizá, Kant tenía toda la razón. Ahora, en cambio, ese punto de bondad está sitiado, por una historia, por una biografía, por un mundo, lo que nos lleva a lo que le decía a Ch al salir de clase: se demora la ética en Hegel. ¿Te dai cuenta cómo Ch habla tan bajo cuando está oficialmente ante los otros (clases, fiestas, etc.) y tan fuerte cuando está casualmente ante los otros (micro, calle, lugares públicos)? Ayer en la micro estuve a punto de decirle esto pero terminó dando lo mismo. Me venía contando la historia de la tesis y el problema con Br a un volumen digno de cantante de micro. Todos nos iban mirando. Era imposible no hacerlo. Pero Ch no acusaba recibo, lo cual, curiosamente, me empujaba a no hacer nada. Digo esto porque Ch hizo una pregunta en clases, una pregunta muy keirkegaardiana, algo así como ¿y de dónde sacamos una ética, una preocupación inmediata hacia el otro como otro individual, mientras se espera el saber absoluto de un pueblo que sabe su experiencia de sí? Hizo esa pregunta, casi susurrando, y puta que me daba risa. Una risa no de burla sino de ternura. Estuvo bonito el final de la clase. Te habrías quedado. A veces, muy pocas veces, se dan discusiones reales, no esas mierdas en que uno nota que alguien sabe algo y se esfuerza absurdamente por meterlo en una pregunta que nisiquiera es pregunta, sino inquietudes que, por cómo son articuladas, por la gesticulación, y por el contenido mismo, se nota que son honestas.”

“Ahora espero a C para almorzar. Pescado, cebolla, tomate, todo al horno, y una tortilla de arroz y papas. Pocas veces hay tanta producción. Sigo con los Escritos de juventud. Una tesis de Simone Weil que es, encubiertamente, una tesis sobre Hegel. Las cartas entre Auster y Coetze están adquiriendo un tono de seriedad, una tematicidad, que no sé si me gusta tanto. Éstas están mejores. Sobre todo porque traen citas que harán reír al futuro lector:

“Ya he vuelto. Es difícil aflojarse, y más cuando uno viene de pegarle una patada al perro —quien tiene la costumbre de esperar que uno vaya a abrirle para, en lugar de entrar, salir ladrando furiosamente a la gente que pasa por la calle como apoyándose en la presencia protectora de uno. Uno quede como un idiota, con la puerta abierta, esperando que el señor perro decida que ya ladró lo suficiente y vuelva. Él ya sabe que esta conducta suya genera patadas, y entra muy rápida y nerviosamente, tratando de ser más veloz que el pie; a veces consigue escaparse, pero no hoy”. (Mario Levrero, El discurso vacío)

Me despido, entonces, haciendo mías las palabras que Hölderlin, en 1794, escribiera a Hegel: “Escribirse cartas no pasa nunca de ser un sucedáneo; pero siempre es algo. Por eso no debíamos dejarlo del todo. Tenemos que recordarnos de vez en cuando qué derechos tan grandes poseemos recíprocamente el uno sobre el otro”.

R.

*
EXTRACTOS DE MAILS CON A:

“Hay mas ideas, por ejemplo hay un loco se llama Octavio Soto , recibió el premio del bibliometro por la mismísima Michel Bachelet el año 2010, por ser el usuario que más libros saco ese año, es curioso, el no leía pero de aburrido empezó a hacerlo, ya que era reponedor de licores en un supermercado del centro y venia de la chucha así que se puso a leer como weon y al final saco 115 libros ese año …No se si se puede hacer historia con ello o cine pero me da risa…quizás un documental y preguntarle por los libros, pa mi que no los leyó…webeo nomas , bueno pero en fin el absurdo… hay que escribir o filmar el absurdo”

“Digo que no quiero vender mi mundo pero me describo, no quiero impresionar, no quiero admiración, no quiero odio, no quiero amor… solo quiero alpinismo (real o literario) con gente interesante (…) me refiero a esa literatura que ya no se ve y solo la conservan ciertos monjes confesionales, sin miramientos con uno mismo (esa técnica de Stendhal) sin piedad con uno, esa es la clave y el mundo cuando te ve así, expuesto, baila para ti, todo se muestra sagrado y los actos cotidianos, tan rechazados por los grandilocuentes e idiotas artistas oficiales, se vuelven joyas que no todos pueden alcanzar”.

“Tengo ese sentimiento inédito de los egocéntricos que les surge de pronto cuando se liberan de si mismos y aparece como una revelación, el sentimiento de “sentirse orgulloso de otro” es lo más parecido a una experiencia religiosa genuina… vamos por esa experiencia que no necesita crucifixiones, ni corderos, ni caminatas por el desierto… sólo gente real confesándose al mundo como tú, yo o Julian Sorel”

A.

“Me quedo con el final de tu mail. He sentido eso. No sé si eso mismo. Pero me he asustado de eso (y lo que asusta suele ser real). Esa sensación de que la bondad puede ser tan ominosa como la maldad, esas ganas de gritar como kerouac que todo es santo, que las orejas son santas, los perros, las bolas, el té, estos mails… pero la mezquindad o el cansancio de no encontrarse una y otra vez con el otro, de verlo pasar como un riachuelo, de sorprenderse y amar de verdad tan pocas veces, en fin…”

R.

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Sans soleil y Searching for sugar man. Las dos cosas más impresionante que me han pasado esta semana.

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Sueño más, recuerdo más, gracias a las constantes entradas y salidas del gato. Es gata, pero no puedo decirle gata. Casi que vive aquí, pero aun así no tiene nombre. Pensamos en Laura Palmer, pensamos en varios nombres, pero ninguno triunfó. ¿Por qué habríamos de nombrar al gato? Se va y entra cuando le da la gana.

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Su ronroneo, mi mantra.

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Amor, política y absurdo, las tres categorías bajo las que podría acomodar todos los sueños que he tenido últimamente.

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Soñé que, por algún motivo, estaba solo cuidando la casa de F (que no era, en realidad, ninguna casa conocida, pero que era una casa que ya había soñado alguna vez). Alguien toca el timbre. Abro y hay sólo un bolso en el suelo. Hacia la derecha, en un rincón como a 5 metros puedo ver a alguien que pretende estar escondido pero, no sé si a propósito o por torpeza, no lo consigue para nada. Lleva puesta la camiseta de Curicó Unido. Se acerca como si nada, se presenta como primo o alguna clase de pariente de F a quien yo, que los conozco a casi todos (y tenía, en el sueño, ese saber), no había visto nunca. No sé cómo termina convenciéndome. No sé cómo yo termino afuera de la casa y el adentro. Asomado por la ventana, lo veo hacer su vida tranquilamente. Sé que fallé. Me paseo, miro por las ventanas hacia adentro. Termino durmiendo en el suelo, pensando en cómo explicarle a F lo sucedido.

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La cosa funciona así: el gato no se sube conmigo a la cama. Hace como que no quiere, como que no sabe nada, se pasea, huele, merodea, espera que yo me acomode. Luego, cuando ya apagué la luz, salta y camina de la misma manera que lo hace afuera, a través del largo pasto: con cautela, levantando los pies, como si pisara clavos, o cosas muy asquerosas. Entonces, se acomoda. En general, se da tres vueltas. En algún punto me pone el culo en la cara y me da la impresión de que me está hueviando. Al final de las vueltas su pequeña cabeza queda ensamblada en la superficie de mi codo doblado, única superficie visible de mi mano derecha que va, hace ya años, bajo la almohada, levantándola un poco. Antes que ambos nos quedemos dormidos, acomodará unas dos veces más su cabeza, subiéndola hasta donde comienza la almohada, casi hasta que los bigotes me piquen en la cara y corra mi cabeza hacia atrás. En cuanto al ronroneo, dura unos 5 minutos y lo uso a mi favor. Algo así como el temporizador a la tv, que ya no uso, porque no veo tele, no tanto porque no quiera, sino porque he olvidado sistemáticamente comprar una antena. Cesado el ronroneo viene un pequeño problema: la posición me cansa y debo darme vuelta, o sacar el brazo. Y la experiencia de todas estas noches me dice que, apenas lo haga, el gato volverá a prenderse en función ronroneo. ¿Lo hace mientras duerme? ¿Pensará que le estoy diciendo que no pare? Sea como sea, ahí está de nuevo. Solo que ahora es por cumplir. Lo sé porque un día me puse a contarlos: nunca son más de 7. Ya al octavo o noveno ronroneo, el gato, literalmente, se apaga. Me gusta ese momento, el gato suspira, moja los labios, y exhala, casi como si se preparara a soñar.

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Soñé que íbamos a una mansión en la playa. El propietario era Dani Alves. En algún momento quedaba la cagada: bajaban de las favelas todos los hueones brígidos con pistolas, bazucas y demaces. Dani Alves tenía una armadura. Era con los colores del Barça pero de acero.

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“Nos gusta el conejo a las brasas, pero nuestra presa favorita es el guardabosques”. (Levrero, La caza de conejos)

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Ya no pasa nada aquí. En este word. Lo único que escribo, aparte de la tesis, son cartas. Cartas que son mails. Mails que tratan de no ser mails, que se escriben en word, con dedicación y lentitud y anacronía a los amigos, o casi a un solo amigo en realidad.

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Cada vez que despierto de una siesta soy un poco más otro. ¿Duermo siesta, justamente, para eso, para ser un poco más otro? A veces sí. Casi todas las veces sí.

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“La novela es una autobiografía en dos sentidos. Primero porque alude a la biografía de su autor y luego porque ella misma se transforma en biografía, en existencia literaria vivida, irreversible como todo conocimiento”. (M. Wacquez)

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BAÑOS MORALES

Día 1.
Partimos mal, lo cual siempre es bueno. La micro salía a las 7:30 am., no a las 8:30 am., como nos dijo el señor del colectivo. Va saliendo una a San Gabriel así que nos subimos. Imposible dormir: mucho movimiento, rebote y muy bonito el paisaje. La micro se llena del todo, lentamente. Cuando llegamos hay un taco, es chico pero es absoluto: los autos están detenidos porque a la entrada del pueblo se prepara algún acto con caballos, huasos y demaces. Cuando pasamos de largo, a través de toda la chilenidad, nadie se mueve, unas cuantas personas han ido a ver, pero aún nadie hace nada, y todo me parece muy absurdo, sobre todo porque, según veo, había ese mismo espacio para hacer el acto un poco más allá, donde no es el lugar por el cual pasan los autos. En fin, pasamos, caminamos, suponemos que la estampida de autos que provocará el fin o el comienzo del acto aumentará nuestras posibilidades de ser llevados. Dejamos a MM que haga dedo, o sea, también hacemos pero nos ponemos en segundo plano. Nadie nos lleva. Emerge un desprecio que no conocía tan en detalle: el desprecio ante el o la persona que va solo en auto, o peor aún, en camioneta, y no te lleva. Pasa un rato y caminamos. Caminamos, paramos, comemos, meamos. Y ningún vehículo se digna. Al final, caminamos desde San Gabriel a Volcán, cargados como mulas. Allí, quién sabe porqué, una pareja pasa en camioneta y nos lleva.

Día 2
La familia de N es buena y acogedora. Tenemos comida pero igual nos dan de la suya que igual es un poco mejor o al menos más atingente a lo que se supone reúne a la gente en fiestas patrias. No me gusta para nada la cueca pero si ponen Violeta Parra y de pronto todos se ponen a bailar ocurre una sensación indiscutible. Hacemos un asado afuera de la hostería y miramos eso. A ratos entramos, estamos con N, y volvemos a salir, a nuestro modesto asado.
Al otro día: Asamblea de junta de vecinos en la hostería. El tío de N es como el secretario o presidente. Sea lo que sea, es el que más habla. Y lo hace bien. La administración anterior era una mierda. No hacían nada, robaban, etc. etc. Hace bastantes años que vengo, como mínimo, dos veces cada año, y puedo decir que las cosas han cambiado últimamente. Solo, tomando una cerveza sentado al fondo de la hostería, presencio toda la reunión, las dudas de la gente, lo que sueñan, lo que no quieren que vuelva a pasar, es muy bonito todo.

Día 3
En algún punto de la noche, cuando ya estamos todos bebidos, la nieve llega como un invitado excepcional que lo llena todo amablemente. Fumamos y todo se vuelve un poco más 3D. Dos tipos salen desde la hostería hacía donde estamos bebiendo vino y un poco hipnotizados. Nos hablan como si fuéramos chilenos que se encontraron en el extranjero. Aparentemente no sintonizamos. Se ríen de un libro de Marcuse que hay por ahí encima y, yo al menos, no entiendo si es en buena o en mala onda. Uno de ellos es publicista, lleva una chaqueta de cuero, y no me cae nada de bien. MM no emite palabra alguna. Al rato ya se han ido, y la nieve sigue y sigue y sigue.

Día 4
Al igual que las venidas anteriores, jugamos trivia chilena. Un juego de mesa con preguntas solo sobre Chile. Un juego que, como siempre, es para reírnos los unos de los otros. No sé si esa noche o la anterior el absolute me hizo mucho sentido. Por la mañana, vamos de excursión. Seguimos a E hacia unos bordes montañosos. Guiados por E, revisamos fósiles. Algunas piedras tienen notorias marcas de conchas. Todo es sequedad pero es de colores. Ciertas piedras se parten al tacto. ¿Merecen llamarse piedras? Al rato ya me aburro y dejo de buscar fósiles y piedras que no son piedras. Y me pierdo. Como los dejé avanzar y me quedé con los ojos cerrados (¿meditando?) perdí el camino. Subo hacia el camino más alto diviso el rojo intenso de la chaqueta de MM: están en una especie de hoyo cercado por murallones de piedra, fabricando uno.

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Soñé que estaba en la casa de MM con F, comiendo, en una mesa muy larga. Pero a mí nadie me daba comida y sólo me quedaba sentado, con mucha hambre, mirando. Había tallarines. Simples tallarines blancos. Todos comían. Comían como si fuera la gran cosa. No me atrevía a decir nada. MM contaba algo de un tipo que había conocido ese mismo día, con mucho entusiasmo. Le había gustado, lo decía claramente, y F –solo yo me daba cuenta de esto- se enojaba y se iba al living. No sé qué casa era, pero lo cierto es que era la casa donde vivía la madre de MM quien, a todo esto, me parecía la persona más importante de todas. Me caía mal MM: no se daba cuenta que todos estaban oyendo atentamente su historia y hería a F. Todos terminaban de comer y me quedaba haciendo sobremesa con un tipo de barba voluminosa. Tomábamos té. Cierto desdén en su mirada me daba la impresión de que a él tampoco le habían dado comida. Pero también tenía la fuerte impresión de que la culpa de aquello la tenía su abultada barba. Quizá tratábamos de comunicarnos todo eso con la mirada, mientras revolvíamos la taza de té. Íbamos a la cocina y quedaba un poco en una olla (un mísero raspado de tallarines con salsa que, ahora que lo recuerdo, era exactamente igual y estaba amontonado en la olla del mismo modo que el que C me dejó ayer, en la vida real, no en un sueño). Me parecía indigno repartirnos esa mísera porción. No iba a saciar mi hambre a medias. Entonces le dejo la olla a don barba. Decido irme a Curicó (así que estamos en otra ciudad, que queda, al parecer, a unas dos o tres horas de distancia, porque recuerdo haber mirado la hora, ver que son las 9, y pensar que llegaría antes de las 12). De todos modos, iba a irme en la mañana. La madre de MM, que estaba tomando junto con el resto de la gente, se ofrece a llevarme al terminal. Hago mis dos bolsos rápidamente.

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“La poesía es la religión más la incredulidad” (Enrique Lihn, 1966)

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Estuve releyendo el diario de Gonzalo Millán (que a todo esto, no sé quién me lo tiene) y, aunque siempre estoy parasitando de ahí, siento el deber de dejar esto aquí:

“Entre el buen humor y el malo, no hay dónde perderse. Dediquémonos el poco tiempo que nos queda a la celebración indiscriminada de todo lo que existe, de todo lo compartible, insólito o común y corriente. Caro, barato, da lo mismo; sucio o limpio. Demos testimonio de unas coincidencias sin alcance aparente. Citemos casualidades como si fueran milagros banales”

“Fuga hacia adelante. Escribir más, seguir escribiendo lo que sea, a como dé lugar, no importa a qué costo, da lo mismo el resultado. Fuga hacia adelante versus retroceso en busca del retoque”

“Salgo de la pieza y bajo a sentarme en el escaño de la terracita íntima junto al naranjo (como antes), a solas para escuchar y transcribir las voces diarias sepultadas por el clamor utilitario. Un sosiego oxigenado, oreado sosiego. Aquí no hay nada qué asir ni para qué asirlo: ladridos y graznidos, el grito de un vendedor de escobas, la música de la casa vecina. Dejar confuso un flujo sonoro que pasa, transita sin rostros”

“Como antes de una cita a ciegas, imaginas cómo será la muerte”

“Miedo, sí, a morir sólo, sin una mano y sin los ojos amados, sin aquellas palabras que indican y muestran el camino. Así como uno no puede nacer sólo, uno no puede morir sólo. Mi partera te nombro, mi partera secreta. La comadrona de mis últimos y primeros días”

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Esparcidos por las bancas del parque, trabajadores que parecieran no querer llegar a sus casas toman once desde bolsas del unimarc.

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“El alma contiene pocos secretos y aspiraciones que no puedan ser discutidos, analizados y encuestados. La soledad, que es la condición esencial que sostenía al individuo contra y más allá de la sociedad, se ha hecho técnicamente imposible. El análisis lógico y lingüístico demuestra que los antiguos problemas lingüísticos y metafísicos son problemas ilusorios; la búsqueda del «sentido» de las cosas puede ser reformulado como la búsqueda del sentido de las palabras”. (Marcuse, El hombre unidimensional)

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Cuando chico pensaba mucho en si habían cosas, situaciones, que nunca han ocurrido, y si de lo que se trata es que todas las combinaciones ocurran. Me preguntabas si acaso el “sentido” de la existencia era solo eso: colmar todas las posibilidades. En ese entonces, como a los 10 años, temía a la posibilidad real del infierno. Rezaba porque creía que así me libraba de, al morir, seguir vagando, aquí mismo, transparente, observándolo todo, para siempre. Ese para siempre hacia que me doliera la guata. No sé qué relación halla entre ambas cuestiones, pero ahora ninguna de las dos me hace mucho sentido. La vida, obviamente, se volvió infinita y la idea que en ese entonces tenía de la muerte se volvió absurda; como si cierta bondad irrefutable que fueron exhibiendo las cosas, el mundo, y quizá yo mismo, no me permitiera ya esos pensamientos abstractos paralizantes.

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“Pues aprendemos sólo a manejar las palabras para lo que ya no tenemos que decir, o para el modo como ya no queremos decirlo”. (T. S. Eliot)

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“Desdén por las buenas maneras enseñadas y aprendidas. Conservo sólo lo básico, una ruda, tosca cortesía que me hacía pasar a veces por provinciano”. (Gonzalo Millán, Veneno de escorpión)

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Ayer, ante las puertas abriéndose del metro grecia, me fui a acomodar los lentes y se me cayeron por ese espacio entre el carro y el andén. Específicamente: llevé la mano hacia el pelo y el meñique levantó el borde del lente que empezó a caer, al principio solo al suelo delante de mí y luego, cuando al tratar de tomarlos los empuje hacia adelante, hacia el carro. Quedé ahí parado ante las puertas, buscando alguna mirada cómplice. Atrás, sentada, una profesora de lenguaje había visto todo y reía, no a carcajadas, sino con compasión cómica. No había nadie más en el andén. Me senté a su lado, como si el absurdo nos uniera. Estaba leyendo Ken Follet y su manera de excusarse rápidamente me hizo gracia: “En el metro leo lo que se supone que una señora lea en el metro”, me dijo. Hablamos un rato. Le dije que lo que había visto era un buen resumen de mí mismo. Al otro día recupere los lentes con el guardia.

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“Vivo poco, así el día me cabe en el diario”. (CB)

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“Deslizarse por la superficie adecuada, patinar por el satén sin ambiciones por persistir. Sin deseos de quedarse en alguna parte. Pasar, ir pasando de esto a lo otro. Pasar sin pasar a llevar, sólo rasguñando el hielo (de la página)”. (Gonzalo Millán, Veneno de escorpión)

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Conozco a 3 perros que se llaman Bruno y que no tienen nada que ver entre sí. También tengo un amigo llamado así.

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“Tu corazón se tiró un peo”. (C)

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Una idiotez. Anoté montones de tópicos, días, situaciones, la primera frase, la primera línea, como lo hago siempre, para rellenar después. Pero borré casi todo: pasó mucho tiempo, perdió sentido escribir retroactivamente. Situaciones que no tienen ni foto, ni texto. Sensación hueona de que lo no tiene registro no existe. Y tan monje que se cree uno a veces, pero el aparataje representacional que tiene es el mismo que el de Cañulef. ¿Por qué me repugna tanto Cañulef? Últimamente no tengo ganas de explicar nada; ni a mí mismo. Me basta con los desarrollo teóricos hastiantes de la tesis. Y con la correspondencia con F. En cualquier caso, lo único interesante de escribir retroactivamente son los sucesos más o menos fuera de lo común. Y últimamente las cosas por acá anda militando en lo común.

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“Cuando un ser humano, quienquiera que sea y en no importa qué circunstancias, me habla sin brutalidad, no puedo evitar la impresión de que debe haber un error y que, sin duda, ese error va desgraciadamente a disiparse”. (Simone Weil)

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“Toda conversación general en la que estoy obligado a asistir (si no a participar) me desuella, me deja aterido, me parece que el lenguaje de los otros, del que estoy excluido, esos otros lo sobreemplean irrisoriamente; afirman, contestan, presumen, alardean. ¿Qué tengo que ver con Portugal, el cariño a los perros o el último Petit Rapporteur? Vivo el mundo –el otro mundo- como una histeria generalizada”. (Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso)

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Tres momentos de lo policial: 1) Genealógico-mítico: el origen desplazado y (convenientemente) deshistorizado, el nacimiento de la violencia bien vista, la naturalización de la separación entre violencia legítima e ilegitima. 2) Histórico-político: el para-sí, la construcción y evolución del reglamento interno, la alianza con el modo de producción de turno, con la dictadura o la democracia de turno, la defensa de una economía especifica, la creación de un discurso y una legitimidad y 3) Cívico-polémico: para-nosotros, represión, contención, eventualmente tortura, biopolÍtica, administración de las fuerzas sociales, la continuidad de la excepción, la estructura del abuso que, en último término, siempre sirve para “mejorar nuestra policía”.
Hoy, si es que se discute lo policial, no se pasa de éste último nivel. Con suerte, gracias a ciertas torpezas ejemplares (llámese Ley Hinzpeter), o a los 40 años del golpe y el infinito excedente de memoria que van soltando con cuentagotas, se dan ciertos pasos hacia el momento histórico-político… pero se cae demasiado rápido a lo contingente, a lo que urge, y lo policial queda intacto. Es un espacio medio sagrado y medio borrado. Desarrollar.

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Libros terminados en Junio-Julio. El discurso vacío, Mario Levrero; El mapa y el territorio, Houllebecq; La literatura y el mal, Bataille; Sobre la revolución, Hannah Arendt; La vida con Mr. Dangerous, Las tres paradojas y Madre, vuelve a casa de Paul Hornschemeier; Introducción a la guerra civil, Tiqqun; Dublinesca, Vila-Matas; Porque no saben lo que hacen, Zizek; Benito Cereno, Melville; De la desobediencia civil, Thoureau; Millenium, Hakim Bey; Fragmentos de un discurso amoroso, Barthes. Sándwiches de realidad, Allen Ginsberg.

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Nunca se termina de leer no tanto porque nunca se termine nada sino porque siempre se está empezando. Dejar de empezar entonces (lo que no significa necesariamente parar de adquirir libros)

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EXTRACTO DE MAIL A M:

Curicó, Sábado, mañanita. Miro a Roxana Miranda en un programa de debates de CNN Chile. “Mientras Matthei anda en su peluquería nosotros estamos en esto”, dice, a la vez que muestra un libro gordo y gigante como el de La historia sin fin. Meneo la cabeza: las mejores voluntades pero los mismos ticks de siempre. Esta Roxana Miranda es esa que antes era de los deudores habitacionales te acordai?. Teniai una amiga poeta que se llamaba así mismo parece. En fin, “aquí -y apunta a su libro- la gente común y corriente está escribiendo la nueva constitución, no importa si es con falta de ortografía”, agrega orgullosa. No me deja de parecer bonito. Pero igual, contra todas las cosas antiespectáculo que opino siempre, le haría un arreglo en el pelo a esta señora.

Todos siguen acostados aquí. Vine por el fin de semana, como siempre. Me queda algo así como 2 meses para acabar con la tesis y luego viene todo lo otro, todo lo otro ante lo cual nunca he tenido mucha claridad. Lo seguro es que el futuro llega; en mi caso, tarde, pero llega. En Diciembre me cambio con Ch y F. C, con quien vivo (¿te había dicho?), quizá también se vaya con nosotros. Me gusta mucho Ñuñoa. He llegado a querer a un gato de la zona que parece que ya es de la casa. A veces, cuando hace mucho frio o llueve, me toca la ventana y dormimos juntos (…)

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EXTRACTOS DE MAILS CON F, IDA:

10/05/2013
No se puede no hablar en serio de las mujeres. Sobre todo porque siempre me ha dado la impresión de que ellas creen que uno habla puras mierdas. Y no. Al final uno comenta las relaciones propias y de los otros por los mismos motivos que ve las películas de Rohmer: las reflexiones éticas y estéticas sobre el amor, la conquista, la seducción, el poder, las inseguridades, etc. Y bueno, tratar de solucionar las cosas también, casi siempre dejándose llevar por esa ilusión que hace que desde afuera de las relaciones todo se ve solucionable (…) En esos casos, lo ideal sería decirlo todo de golpe y al mismo tiempo. Pero como eso no pasa nunca, las parejas empiezan a quererse ahí no más, en lo que hay, en la intemperie, en esa intersección de las omisiones del verdadero porcentaje, de la verdadera entrega de cada uno; y a veces funciona (y las parejas se mienten, bellamente, y se dicen que se amaron de ese modo desde siempre). Quizá todo sería más simple si la gente estuviera dispuesta a ser querida un poco no más, solo un poco. ¿Por qué no asumir los amores chiquititos como corresponde? Porque siempre es desigual, porque nunca se topan dos porcentajes exactos de deseo.

La gordura y la fealdad propia: una estupidez. Al final la mayor parte del tiempo uno asume la banalidad de todo, de todas las maneras de representarse. La banalidad pero también la utilidad, que al final son la misma cosa. Pensarse abuelo, pensarse muerto; eso es lo que hace uno. Eso lo nivela todo. Si me pongo nervioso, me pienso muerto, y se acabó el problema. Pero se supone que no se puede vivir así, que la vida requiere cierto ímpetu, que con suerte algunos santos pudieron disminuirse y aun así permanecer vivos, pero yo no creo en eso, y en cambio creo firmemente en que no tiene porque ser una empresa solitaria y, con algo de suerte, uno puede juntarse con los otros a desaparecer. De eso va el tercer punto de mi tercer capítulo de la tesis (Desaparecer: el amor, la amistad y lo impersonal), que en resumen no dice más que esto: nunca nos importó ser un yo, solo vivimos gracias a todo lo que pasaba entremedio. La media novedad no? Aunque igual hay ciertos días en que uno sí quiere dejar cierta impresión y las representaciones de unos y otros no se ajustan y se siente mal y luego, siempre, menos mal, uno goza con los fracasos estructurales del yo. Uno, es decir, nosotros. Nosotros, es decir, ni tú ni yo.

28/05/13
Cuesta comer fruta en invierno, muy heladas, muy fome, muy nada que ver. El invierno requiere aceite y cosas que echen humo. Aunque igual todavía no es invierno.

Me fui a acostar y te escribo esto en la parte trasera del libro de Levrero. La letra se vuelve una mierda si no se ejercita (justo este libro, que es un diario, se trata de eso, de el viejo Levrero tratando de escribir vacíamente, atendiendo solo a mejorar la caligrafía, pero no le resulta, se pone a hablar de puras hueás, del perro, del gato, de cómo lo interrumpen en la casa, y termina siendo, como siempre, una escritura en que uno termina riéndose). La lluvia se desata a ratos y luego desaparece; no da para aguacero sostenido. Según yo, antes las cosas no eran así: si llovía, llovía una semana de corrido y no paraba nunca.

03/06/13
(…)
Retomo esto. No sé por qué lo último que he escrito es que han estado extraños los días. No entiendo si el párrafo anterior ya lo mandé o es parte de un mail que aun no mando; lo cierto es que está ahí hace más de una semana, a la espera de alguna continuación. Y da lo mismo, en todo caso. Hay unas líneas punteadas bien molestas que no sé cómo aparecieron. No se dejan eliminar, trato de moverlas, voy línea por línea, párrafo por párrafo, página por página, empujándolas, echándolas para abajo, pero luego vuelven a aparecer entremedio de todo, triunfantes y ridículas. También da lo mismo. Nisiquiera tengo muchas ganas de escribir ahora: El malhumor de haber perdido parte del fin de semana (el sábado lo perdí durmiendo y vomitando en tu casa) y también las molestas ocupaciones de casa que no sé si son una manera indirecta de no hacerme cargo de la tesis. Hoy día al menos arreglamos el enchufe que hacía cortocircuito (el gato estuvo a punto de morir un par de veces) y la montonera de cables desde el pasillo hasta la mesa desapareció y se ve todo más limpio. Iré escribiendo párrafos chicos, como éste. Uno por día, para no perder la costumbre por último (…)

La facilidad para escribir aquí no se compara en nada a mi relación con la tesis. Debería usar esto a manera de trote, de precalentamiento para la tesis. Aquí una cosa lleva a la otra con la naturalidad que a uno le gustaría fluyera el mundo. Por ejemplo puedo decir, a pito de nada, que hace más frio que las rechuchas, que hoy pienso estar acostado ojalá antes de las 10, que estoy en el tercer café del día (de ahora para adelante, solo tés), que he avanzado unas 3 planas de tesis entre ayer y hoy, y que C parece islámica con el pañuelo cubriéndole casi toda la cabeza.

21/06/13
(…)
Gané: eliminé completamente esas cagadas de líneas punteadas. Googlié y había una solución simple: marcar los párrafos alrededor de la falla y, en la sección párrafo del word, en el último ícono a la derecha, marcar sin borde. En el fondo, amigo, espero que ésta sea el intercambio definitivo, el que termine con los dos muertos; no a la vez, obvio, porque sería muy raro que muriéramos al mismo tiempo. Se entiende lo que quiero decir. Ahora ya perdí como media hora en todo esto, pero igual estaba entrampado en un párrafo y esto es como trotar. Sigo luego, o mañana.

Ahora es otro día, el día en que Fontaine se despidió oficialmente del CEP. El viejito que presentaba las conferencias, que dice haberlo conocido a los 17 años, se puso a llorar cuando leyó la despedida. Fue bonito igual. Tuve que evitar mirarlo porque mirar a un abuelo llorar da pena. Ch no pudo apartar la vista y, cual medusa de la pena, se le cayeron unas lágrimas. Decente la exposición de Marx también. Pero solo decente. Fontaine es un buen liberal; no como ese sacodehueas de Ottone. De vuelta Bt me llama y me avisa que es el cumple de Bz. En una de esas vamos el sábado con Ch, quien vendrá por todo el fin de semana, de Viernes a Domingo. La idea me pone feliz, con esa felicidad de cuando chico ver a los amigos y jugar, jugar a la tesis, jugar a salir a correr, aunque en una de esas también trae el PS3.

¿Comete uno un error al apaciguarse antes de encontrar la solución? ¿Se puede ser feliz antes de habérselo ganado? Todos, en mayor o menor medida, nos hacemos esa pregunta. Todos, en gran medida, adivinamos la balanza que tiene el otro para esto. Los sistemas de culpa y la amistad. Los sistemas de culpa y la felicidad. Siento que, ahora sí que sí, es nuestro año, partiendo del próximo año, cuando nos cambiemos. De aquí a diciembre es el prologo. Espero en serio que todo resulte. Lo hablamos siempre con Ch de vuelta del CEP.

15/07/13
Llegando de donde Br. Fumamos y nos mandamos los dos últimos capítulos del siglo del yo, una serie a lo Zeitgeist pero centrada en la alianza psicoanálisis-publicidad-relacionespúblicas-espectáculo-capitalismo. El pobre de Freud, el pobre de Reich, sus hijos, sus nietos, sus discípulos, esposas, todos convencidos y bienintencionados diluidores de las posibles intuiciones revolucionarias de sus mentores. Buena pero quizá demasiado introductoria, como para primer año de u. Me vine caminando. Unas calles tan solas, un barro, un frio… y los perros más enojados del mundo. Estaba escribiéndolo aquí pero tuve que twittearlo: “Hoy los perros enojados de la noche me recordaron cuando era chico y volvía a la casa con piedras, hubieran o no perros enojados”. No eran de esos que uno cacha que son juguetones y te ladran como arrancando, o meneando la cola. Estos venían de frente y se acercaban cada vez más, en una mala onda evidente y creciente. Solo cuando crucé a la calle de en frente y revoleé un camote por los aires desistieron. Nadie me vio.

(…)

Otro día. Muchos días después del párrafo anterior. Escribir aquí es más simple que en mi diario, pero aun así es algo que no está ocurriendo todos los días. La época en que escribía todos los días es reciente y en cualquier momento vuelve a ocurrir. Recién fumé y vi una película muy aburrida de Wong Kar-wai (antes escribí que venía sin nada porque esto es solo hoja). Me tomé una sopa para uno de espárragos. Me di cuenta, quizá de puro enmarihuaneado, que en realidad nunca me había gustado ninguna sopa, que siempre me gustaron más los colores, la textura, la inmediatez, el humo que en invierno se ve mejor. Es raro cómo uno se da cuenta de cosas sin importancia de maneras definitivas. En fin, salvo la de champiñones, creo que ninguna sopa merece la pena. Además, son pura sal.

Y de eso puedo hablar: de sopas. Estos días, desde que llegué de Curicó, he estado bañándome solo luego de correr, es decir, cada dos o tres días. Salimos a correr con C, me sirve porque los 20 minutos iniciales que voy con ella me dan un ritmo introductorio que no me sé dar solo. Hoy corrí 50 y quería más. Creo que la verdad del running está en punto medio entre lo que dice el cuerpo y lo que dice Ch. Y la verdad del mundo, también, quizá. Y leo los fragmentos de un discurso amoroso de Barthes que usaré para este capítulo, hago almuerzo, lo de siempre. A veces agarro al gato y lo abrazo. Lo pongo encima, le toco la cara, ahí en ese punto en que uno los ve que ellos mismos se refriegan contra los bordes de los muebles y demaces. C me dice que a veces me envidia por poder hacer todo lo que quiero cuando quiero hacerlo, le digo que tampoco es tan así.

22/07/13
La novela está ahí tirada. Se retoma cada dos meses o algo así. Se retoma, es decir, se lee de cabo a rabo, se reescribe, se le borran cosas, y se la agrega al final, como mucho, una o dos páginas. Voy en la parte en que no sé si hacer que se trate de amor o de algo más extraño. Yo cacho que voy a hacer que todo termine en una empresa de completadores de novelas para Bartlebys. Debería mandarte lo que llevo, y a Ch también. El domingo pasado aquí Ch me dijo en tono muy serio: “amigo, ¿qué cree usted que va a ser lo primero que voy a leer apenas termine mi tesis?”. Le dije que no sabía. “Su tesis”, respondió.

01/08/13
Otra menudencia: como solo puedo ver la mitad de arriba de mi pantalla del cel no puedo devolver mensajes de textos, ni digitar números nuevos, ni ver los últimos dos mensajes de texto recibidos. Tengo que esperar que lleguen más mensajes para que bajen y queden en la parte buena de la pantalla, así que recién hoy, gracias a tus últimos dos mensajes (que no puedo ver aún) vi un mensaje que C me mandó hace dos días (Plaza de armas. Una paloma acaba de chocar con mi cabeza. Camila en la ciudad).

*
EXTRACTOS DE MAILS CON F, VUELTA:

Hoy entregué la tesis. –Mira que se ve lindo con corbata, no te reconocí, me dijo Judith Bell, la coordinadora académica. Esas salas de la universidad. Con sus computadores Compaq o Acer del año 95, con sus profesionales académicos que mueven el mouse de una manera muy lenta, lenta como toda la arquitectura de la universidad polvorienta. Me dijo que eligiera qué profesor me evaluara, que eligiera dos. Le dije: “cualquiera”. Creo que esto ya te lo dije. Estoy confundido.

(…)

Acabo de salir a comprarme una empanada al paseo Bulnes. Frente a la librería Gonzalo Rojas. Antes de eso pasé a preguntar ridículamente al McDonald y al Burger King por una promoción que había desaparecido hace muchísimo. En ambas partes se rieron de mí. La promoción consistía en que si uno cargaba su tarjeta BIP con dos mil pesos, a uno le daban una hamburguesa y una papa frita extra gratis. Y en el fondo nunca quise comer, nunca tuve hambre, solo fui porque quería hacer algo solo, porque ese es en el fondo el tema de mis temas.

Luego de eso se me ocurrió hacer otra cosa: comprarme la historia de la sexualidad, de Foucault. Pero las librerías ya estaban cerradas. Y fue una idea loca. También pensé en comprarme una novela rarita, de algún japonés o japonesita, que no fuese murakami, de una tal Banana Yoshimoto que la Neko siempre me la ha recomendado, o de alguna china o coreana. Algún libro simpático.

Pero no. Me dio por Foucault. Me dio por la Historia de la Sexualidad. No importa, si total, fracase igual en ese proyecto. Es que me vi leyendo un libro original. A todo esto, comenzaré campaña profunda de recuperación de mi capital de libros. No tengo ningún cálculo de qué libros tengo. El otro día, en la pieza de Bt. (porque fuimos donde la Bt.), vi mi libro de Zizek. Entonces me acorde cuando era tan perspicaz en cuanto a indagar teorías estéticas de donde fuese. Y ahora, yazco en un mar de papeles, de libros, decretos, leyes, contratos, facturas, cuentas, deudas.

(…)

El bar se llamaba La Playa, y cuando EVM escribió el Paris no se Acaba Nunca dijo que había pasado el año nuevo del año 2000 allí, solo, y que en la barra, mientras todos los juegos artificiales sonaban, le dijo a un caballero borracho “yo fui francés, y soy Charles Baudelaire muerto”. En ese Bar La Playa estaba yo. En ese bar, además, Jorge Edwards había tomado mucho pisco indagando sobre su tío, mucho más genio que él, que se llama Joaquín Edwards Bello. En ese bar estaba con mm

(…)
Hoy paso algo que puede ser considerado un suceso elegante. Me invitaron a jugar futbol un grupo de humor, que sale en un programa de TV, que se llama Fusión Humor. Estaremos atentos para ver en qué lugar es el partido.

(…)

Leí esas dos páginas del libro de cartas de Auster y Coetzee. También voy en la 120 de El mapa y el territorio (mapas Michelin), en la 160 de La broma, en la 60 de un libro de Gabriel Salazar, en la 40 de un libro sobre el erotismo de Bataille (bastante fome). Y hoy me acabo de comprar Defender la sociedad, de Foucault, en $15.000. Lo leeré (ya empecé a leerlo hoy mismo) porque calculo que defenderé mi tesis a fines de agosto, y como estos libros de Foucault son clases, la lectura es simple, amena (pero no por eso menos interesante teóricamente).

*
Lago LLeu-lleu, Felipe Lefever (12/05/08)

Iba a rescatar de los anales
todos los bailes de los pinos,
la inutilidad sublime de los animales y
de mí, de la triste manera
de caminar de mi tío,
el canto enfermo de las aves en el
cielo comprado y, sin embargo,
preferí la contemplación quieta,
el instante sin nombre que los
ridículos llaman poético.

Iba a rescatar los recuerdos
contaminados de su repetición urbana.
pero preferí el ocio y dejar la urbe
caducando.
Iba a trascender y preferí la inmanencia o
el árbol que juega con
el tiempo soñando conmigo,
que prepara hoy
su disolución
entre este viento norte
que no merece viajar hasta
el centro del país.

*
(24/07/07)
Íbamos hablando-caminando por ahí por el paseo ahumada y aparece un tumulto de gente en una esquina. Se oyen gritos y ruido. Hay un camión de basura y unos cinco pacos y un número considerable de ambulantes que los tienen cercados. Los pacos tienen de rehén a un ambulante y los locos les tiran basura botellas de todo. Nos acercamos harto, más de lo que las mamas y la tele recomiendan. Estamos a dos metros de los pacos, inspeccionando sus caras nerviosas, cuando de pronto los ambulantes agarran tres contenedores de basura que estaban amarrados así como una muralla y los empujan hacia los pacos y uno gordo se cae tontamente. Al lado nuestro un viejo mirón que al parecer viene de su aburrido trabajo. Se entusiasma y le tira una botella chica a un paco, tímidamente, y se esconde ahí tras el quiosco, vestido de oficinista, nos mira pidiendo aprobación, está totalmente seguro de que tendrá nuestra aprobación, se la damos con un movimiento de cabeza y se va, y nos da mucha, mucha, mucha risa. La cosa sigue largo rato, los pacos finalmente ganan y nos sentimos satisfechos por el acontecimiento que la ciudad nos brinda.

*
Vamos con C a casa de su amiga Pa: Chocolate caliente y gente que no conozco. Al bajarnos del metro nos topamos con la finalización de Colo-Colo-Rangers. C teme. La clave es mezclarse, le digo. Así que nos incorporamos a la familia colocolina (literalmente, habían muchas familias). Ya en el lugar, empiezo a pensar que ya no sé relacionarme con extraños, que estos meses de aislamiento han hecho lo suyo, pero al igual que el miedo de C a los colocolinos, son puros prejuicios, y terminamos riéndonos.

*
“Sentimiento razonable: todo se arregla –pero nada dura. Sentimiento amoroso: nada se arregla –y sin embargo dura”. (R. Barthes)

*
Nunca me había aprendido una canción de memoria (Just friends en la versión de Chet Baker).

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Y al final todo se reduce a que, habiéndolo hecho mal o semimal durante cierto tiempo, uno se pregunta con qué derecho ser otro, desde dónde emerge mágicamente la nueva actitud, desde dónde sale ese otro, qué de mí es esa mano que divide mi parte mala de mi parte buena, escoge una y la introduce en el mundo. Poco importa si el mal en uno es la pereza o el asesinato en serie; la dificultad para zafarse es la misma. La desconfianza es fenomenológica y uno se pregunta ¿cambiamos?, ¿o cambia una totalidad que queda casualmente reflejada en tal o cual individuo? En cualquier caso, lo que se nos chanta en la cara siempre es el ritmo progresivo, infinitamente pequeño e imperceptible, de los días. Un sedimento que pega y permite usualmente dos opciones: la mísera sucesividad bajo la cual todo se glorifica con la ternura o la técnica de la mismidad, o bien un tipo especifico de cambio de vida, más animal que autoconciente, dentro del cual el afortunado siente que ha tomado las riendas de su vida, a la manera de quien, ganándose el loto, ordena retrospectivamente todos sus sufrimientos como cosas que fueron necesarias, justas y merecidas. Se nos ofrece mismidad u otredad, pero ambas como naturalezas muertas
(…)
Tengo el folletín de la CUT para los días del paro aqui en frente. Un instructivo muy didáctico acerca de cómo y porqué paralizar Chile. Lo miro, hago la analogía, y siento que estamos en momentos parecidos, sólo que no necesitamos folletines de ningún tipo. En silencio callados a ojos cerrados y también a ojos abiertos ya hemos pensado cómo queremos vivir. Queda en evidencia que no vivimos. No del todo. No como quisiéramos justo cuando tenemos los ojos cerrados o abiertos y estamos callados pensando en ello. Ya tenemos listo el gobierno de sí. Incluso estamos preparados para la eventualidad de vivir en la precariedad de la postguerra durante largos periodos. Sólo nos falta una mayoría, un pueblo interior que se alce. Una legitimidad. ¿Por qué no ahora? Con transición no más. Total, qué importa hacer la revolución en la propia vida, pico con la vanguardia de sí mismo. Una transición que ojalá sea a través de puras mini revoluciones eso sí. Asi ha venido siendo desde siempre. Es una primavera secreta esta. Paralela a la de Chile. En menos de dos años, inevitablemente, estaremos en otra parte, con otra vida. Eso debería servirnos. Saber que ya estamos ahí. Ya pasó. No tenemos que hacer que nada pase. Ya pasó. Así que, por eso, hagamos que pase.

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X: Que estupidez llorar y diría que es llorar con querer, con querer sentir que se siente, llorar como con una película, tener la ficción de que se siente y la satisfacción conveniente de ello (…) aunque no igual tiras el palo de yo sensible, no como otros (uno), como si ir a una marcha de algo fuera la gran cosa suponiendo que llegaras a ir como no fuese algo que se acomodara a tus horarios y animo del momento (…) es fácil putear a los gendarmes cuando no es uno el que convive en esa realidad con esta gente que como dice Villegas son como de otra especie , y lo son …no será culpa de ellos será culpa de la gente como piñera jajajaa o como el caballero que lee, que lo que sobra de capacidad mental y sensibilidad le falta de capacidad de acción al final uno es tanto más individualista que el señor piñera, a quien si le tuviera que tirar chuchas hoy le diría entremedio que como pretende ayudar a esto si rebaja el presupuesto para los jardines infantiles gratuitos que puso la mami bachelet o que ya que seguro harán el procedimiento de identificación por adn en un par de días aprovechen de hacer el de un tipo que murió en un incendio hace como 6 meses en Valdivia y que la familia sigue esperando el examen de adn protocolar para que le puedan entregar el cuerpo ….aah y ni hablar de la prensa ni verguenza les da.

Y: Pero si te ponis a reflexionar obvio que cualquier manifestación es arbitraria pos, y que mueren gueones todos los días, y que si fuera por eso uno debería acongojarse cien veces más cuando por ejemplo mueren 300 personas en una estampida humana que fue lo que paso hace unas semanas en alguna ciudad que no me acuerdo ahora…. pero no pos, uno selecciona, llora su perímetro, un perímetro físico y simbólico, y en este caso por ejemplo a mi me afecta oír a un reo llorar en vivo y decir que sentía el olor de la carne quemada y oírlo quebrarse…. me importa más que otras muertes sobre todo porque esos gueones ya estaban muertos pal mundo y mas encima se mueren de nuevo, sobre todo porque morir quemados igual debe ser un poco mas penca que morir de un paraguazo en un choque o no sé…. sobre todo porque podrían haberlos sacado antes pero los gendarmes dieron la cacha, no dejaron subir altiro a los bomberos, y una serie de fallas que NO TIENEN MUCHO QUE VER CON INDIVIDUOS PARTICULARES SINO CON PROCEDIMIENTOS INSTITUCIONALES cachai…. nada que ver el individualismo ahí, por eso la pena-rabia que tiene que convertirse en reflexión… nada que ay todos son seres humanos y yo también soy individualista y si yo fuera gendarme sería tonto y si yo fuera piñera seria… pico… las cárceles están profundamente mal, muchas cosas están mal, y aunque uno no sea un ilustrado revolucionario que sale a la calle con cartelitos lo que hace es cargar en su propio animo con las cosas que van pasándole al mundo, no como un mártir obvio, porque no estoy llorando ahora ni caí en depresión por la guea, pero… como sea… ya me cachaste mi humilde punto yo cacho.

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Recién le dije a M por msn que trataba de leer sólo dos páginas por día de Rápido antes de llorar para que así me dure lo que resta del año. Me comenta que te va a ver el sábado y entonces me pongo a escribir esto. Como fin en sí mismo no más. Como una estrechada de mano o un saludo así levantando el cuello pero un poco más distendido y largo y explicado y no tan al pasar, obvio, porque esto es un rin rin raja en cámara lenta. Antes del tuyo me leí el diario de muerte de Millán (un día lo ojié en una librería justo en una parte que era así como “aburrido en la cama me como una cazuela que me trae M y me quedo dormido” y me pareció hermoso) entonces ahora que recién empiezo el tuyo sentí que ya no podría prescindir más de algo como esto. Tengo en un Word un tremendo listado de biografías, autobiografías, epistolarios, diarios, ficcionados o nó (da un poco lo mismo: “Todo escritor es un gran embaucador” dice Nabokov (pero, que recuerde, nunca he leído a Nabokov y esta cita la he sacado de El viento ligero en Parma que la misma M me prestó hace unos días junto con Ya sólo habla de amor de Loriga)), el caso es que, casualmente supongo, ahora que voy apenas en la página 30 del tuyo, me doy cuenta de que mientras leo ya estoy pensando en qué voy a leer cuando se acabe, como si no hubiera tiempo que perder, como si se me escapara todo hacia atrás, un hoyo negro de escritores muertos que me chupa y me susurra al oido que me acerque, que el secreto es que se avanza hacia adelante pero también hacia atrás. Las vidas de los otros como un pan que hay que irse comiendo de a miguitas no más. Tipo caminitos de pan de Hansel y Gretel sólo que acá uno sabe que no es necesario llegar a salvo a ninguna parte y en vez de pan puede ser vidrio molido o gotas de agua que si no se las pilla rápido se disuelven en la tierra y así tenía que ser no más.

Nunca le he escrito a ningún escritor. Menos aún con la certeza de que lo escrito llegará a sus manos. No hay que ir a tocar la puerta de los ídolos decía Bukowski, continuamente asediado por jovencitos borrachos que lo consideraban una estrella de rock. Yo no sé si sea capaz de idolatrar nada como se debe. Me daría una vergüenza atroz pedirle a cualquiera que me firmara un libro. Varias veces he estado a punto pero me quedo mirando de lejos no más. Me da vergüenza de tan sólo mirar a los gueones que se amontonan como palomitas alrededor del escritor. Tampoco sabría escribir una carta que sea una mero ensalsamiento. Quizá por eso asumo que puedo dirigirme a ti, Claudio. Situar e historizar, eso hay que hacer, así todos los Rimbaud y los Beethoven y los Basquiet son espinillas de un cutis epocal en las cuales la coincidencia consigo mismo no es tan importante como la relación de la espinilla con el cutis. La virtud es un juguetito burgués. Me acuerdo, eso sí, de una vez hace como 10 años que andaba con un extraño ánimo de gratitud y vi un mendigo en el suelo y no lo dudé y le puse quinientos pesos en la mano y el gueón fue y me levantó a chuchás “qué guea te creís, no necesito caridad…” y salí casi corriendo asustado y nunca más le di plata a nadie que no me lo pidiera. No sé qué tenga que ver eso. Quizá de ahí en adelante empecé a pensarla dos veces antes de regalarle cosas a gente que no ha pedido nada.

Pongo música para escribir. Siempre. Estoy en Curicó ahora frente al ventanal de mi pieza y agradecería que se pusiera a llover. Pongo música mientras escribo y me dan ganas de mandarte un cd con una selección de temas que intuyo podrían caerte en gracia. Puros temazos que voy echando a una lista hace varios años. Escoger unos 10 y mandártelos. Le doy vueltas a la idea. Muy zalamero. Muy maricón. Muy empatía. Peleo solo. Uno es bien gueón. Hasta escribiendo. Al final igual gano (yo, y no los que pelean dentro mío) y me digo que si alcanzo a grabarlo lo meto en el sobre no más y punto. Si te gustan bien y si no también porque ni voy a saber.

3:50 am. Nunca sé bien qué hacer a estas horas. Ni menos porqué no me atrevo a acostarme antes, aunque tenga sueño, es como si hubiera que gastar hasta el último cartucho en lo que sea, leyendo, escribiendo, viendo alguna película.

Un amigo me pregunta cómo son las cartas de amor, que le mande una, tiene que hacer una y según él no sabe qué tono usar y yo le digo que es cualquier cosa no más, que debería ser cualquier cosa y que si le complica mejor no haga nada. Igual le mando una carta vieja (un meil, en realidad, a los meil que son largos y dirigidos les digo cartas) y no puedo sino leerla también, y no puedo sino volver a leerlas todas de nuevo (las que mandé y las que me mandó B). Pero ni siquiera me da pena. Sólo me pregunto cuándo me ira a pasar de nuevo. Y parecido.

Esa lluvia desordenada y llevada a empujoncitos por el viento. Ganas de encontrar alguna excusa para salir a mojarse. Mi mamá mira “mi familia” en tvn, echada hacia atrás en el sillón enorme de páter familia que se quedó acá porque la casa de mi abuela se fue a la chucha con el terremoto. A veces le digo “mami” también. Ya menos si. Leyéndote denante noté que no recordaba en qué momento, hace cuántos años, había dejado de decirle y escribirle “mami”. Se levanta, me mira, me pregunta que qué estoy haciendo. Le escribo al señor que escribió este libro amarillo. “Señor” ¿Y todo eso lo escribió él? Sí mamá, todo. En su mente de mamá debe creer que hay pura sabiduría incomprensible y no cacha que en el fondo es lo mismo que hace ella en voz alta a veces mientras cocina mientras se queja de su pega o mientras me dice que no sabe porqué chucha está saliendo con un viejo feo que más encima ya tiene esposa. Algo así le digo.

“Uno debería poder guardar la felicidad para cuando falte, sólo un poco, como guardar cereales en la despensa, o papel higiénico de recambio” De una película de Isabel Coixet que vi ayer gratis en la moneda. Pero se arruinaría, obvio, una felicidad que no esté siendo llevada al apa, que no esté siendo masticada, molestada o por lo menos agarrada de un hilito en el bolsillo perro de quien la quiere guardar para después, es una felicidad a la que no le queda otra que verse cubierta de hongos o en el mejor de los casos transformarse en una fotografía y nada más (con todo el respeto que se merece el Claudio fotografo).

Vila-matas cita un libro de Duras que anoto altiro en el Word. Luego en Rápido antes de llorar, El square, también de Duras. Anoto y anoto como si fuese una empresa que anota sus ingresos. Después, como ahora, siento que es una idiotez, que un escritor lleva a otro hasta el infinito y en algún punto hay que cortar de raíz la empatía para hacerse cargo de un pequeño perímetro no más.

Ya ni salgo. Ya ni tomo. En consecuencia. Ya ni culeo. “Como no voy a bailar como bailo si no culeo hace un año”. Hay chances pero las dejo pasar. Me aburren de antemano algunas. Quizá mi época de oro ya no llegó.

Los días terminan mal. No es que me queje ni nada. Pero los días no tienen idea de cómo cerrarse sobre sí mismos con sus propias manos entonces ahí va uno entero es una palanca que a duras penas consigue cerrar el local. Yo soy de un fierro bien penca sí.

No se escribe solo, nunca.

Empiezo a seguir el tic tac del reloj mural con el click del maus.

Encima de la cama desecha meto los pies debajo de un cerro de ropa que acabo de descolgar. No es aún el momento de ordenarla. Meto los pies debajo y entremedio de toda la ropa. Hace tanto frio y no quiero hacer la cama o pararme a buscar otro par de calcetines. Leo a Auster mientras tirito y espero que me lleve el curso de la novela, su tibieza.

Suena la sirena en Curicó. Imito al perro del lado que hace unos aullidos bien pajeros como de fantasma en retiro. “Como mi mamá cuando lloraba la otra vez” me dice mi mamá desde la cocina.

Sentado en el bordecito con los pies en el jardín la puerta abierta sujetada con mi espalda el único lugar donde llega algo de sol leo un artículo sobre Beckett a quien nunca he leído y tampoco me dan ganas de leer ahora.

“Cada vida es una enciclopedia, una biblioteca, un muestrario de estilos donde todo se puede mezclar continuamente y reordenar todas las formas posibles” (Italo Calvino)

Salgo camino dos cuadras me devuelvo sobre mis pasos fijándome si nadie en la calle o en las casas se fijó en que salí a nada.

A veces pienso que si mi papá se muriera todo adquiría un sinsentido total que sería preferible a este sentidito de andar pensando en si quiero ser profesor o sólo escribir o manejar un colectivo aunque no sepa manejar o tener un negocio de playstation 3 en Curicó o hacer ensayos por encargo que en realidad es lo único que hago para tener lucas extra con las que no hago más que comprarme libros. Después me arrepiento de pensar gueas nihilistas y me dan ganas de abrazar a mi papá.

Dos con tres a eme. Si he de justificar esta carta diría que me doy esta licencia porque hago como que estoy conversando con este libro amarillo que me mira desde la cama. Derrida en un documental decía que cada vez que escribía sentía que había que pedir perdón, perdón por querer ser escuchado, por creer que vale la pena y que a otro puede valerle la pena también. Pero mejor me quedo con tu cita de Camus, esa del prólogo: “Escribirlo todo como venga”. Y punto.

Ganas de dormirse de un mazazo, sin tener que botar todo de la cama, todos los papeles, el plato con migas de pan, una botella de coca cola, calcetines. Siempre el pequeño miedo a los pensamientos que molestan como zancudos entre que uno se dispone a dormir y se duerme.

* [Se ve que no es una carta pero no sé de qué otra manera resumir el gesto de entregarle un sobre cerrado a alguien que no le ha pedido nada a uno. Un sobre de papel café (de ese material de bolsas de papel para el pan que no me acuerdo cómo se llama pero que recuerdo que empecé a preferir por sobre las bolsas plásticas no por cuidar el planeta sino porque en las películas la gente siempre volvía del supermercado con bolsas de papel) que además traía el sello del gobierno (lo único que había a mano). Tampoco alcancé a cerrar la carta (que tenía pensado hacerlo) con unas palabras finales porque no sé usar la impresora y la pía me dijo si querís imprimir es ahora o nunca entonces irmpimí lo que llevaba no más. Supongo que habría redundado así como ahora así que bien. Entonces, y para los que me preguntaron “¿y por qué le escribiste a Bertoni?, “¿le dijiste que lo amabai”?, “¿qué pretendiai”?: no me interesa decir que no es una carta –y que en cambio es un ejercicio epistolar literario neutro, sin pretenciones- porque es evidente que el gesto es interesado y unidireccional: aunque no haya puesto un meil ni nada que me haga ubicable sé que en el fondo, si le dan ganas de responderme, le puede pedir a la M mis datos (acaba de decirme M, ahora en el instante en que teclié la primera M, que pasó por concón y me tiene una mini carta de CB) (Ahora me ha llamado al teléfono fijo (y justo se cortó la luz y pensé que había perdido todo esto pero no porque el Word aunque no esté la batería enchufada guarda todo) porque según ella no era algo para decir por msn. Y tenia razón) Este punto (o asterisco) no va contemplado en la carta]

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a: la gente que tuitea debe formular todas sus ideas en frases cortas para el bronce
r: y ya no distinguen si pensan tal cosa por si misma o para escribirla… pasa
a: que haces ?
r: escribir, toser, tele….. eso, y tu
a: lo mismo, solo que sin toser, sin tele y sin escribir
r: ahh muy bien
a: no hay partidos hasta el sabado ???? se arruino mi plan semanal .
r: no hay nada hoy? tendre que bañarme, finalmente
a: si ahora es españa portugal …
r: ah si sabia
a: pero mañana no hay … nada … es como un abismo que se me abre delante !!!
r: caeremos al abismo del no futbol, la gente recordara que tiene mascotas, que tiene abuelos…

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susan sontag: decidí mal y me senté con un tipo que se denominaba audiovisual y una cuica repelente, se veian muy amigos y me hablaban con mucho derecho de hablarme, haciéndo muchas preguntas, asi poco menos quie sintiéndose entrevistadores, hablaban tan fuerte, asi que después lo que hice fue sentarme cerca de otros niños con los que ahora me llevo mejor

curicó: y cuando es el recreo caminai con ellos al café y cosas asi?, son raras esas primeras relaciones, uno no sabe bien qué hacer, si irse solo a una banca deambular o seguir a esos que recien se conocen… hay recreos? o es todo de corrido

susan sontag: sí hay, el dia sábado mi clase comenzaba a las 8.30 de la mañana… yo fui la primera alumna en llegar a toda la universidad…. y este loco “el audiovisual” llego a las 12.00 a la segunda clase… hablandole a una conferencia de prensa imaginaria, llegó diciendo: ” Lo intente, lo intente…. pero me gano el sueño y el carrete””… y hablandolo hacia todos…. como si alguien ahi estuviera enterado de que iba o no iba a llegar

curicó: jajajaja , esa es una buena onda muy enajenada pos. yo en esos momentos miro pabajo no más, hay que hacerse el loco con esas cosas.

susan sontag: trata de imaginarte al sujeto con todos los datos que yo te he dado pos, pero faltarian, ah y usa una voz seudo intelectualizada y artistica y habla tomandose el pelo como complicado, como que los temas lo complican, aunque esté deciodiendo si quiere té o café…. me cayo malito el niño

curicó: tratare de no hacer mas esa guea, es que igual me tomo el pelo sabís, o sea lo hacia mas antes, ya no, pero no era por demostrar complicación ante nada sino que no podia dejar de hacerlo no más.

susan sontag: y la otra que queria hacerse mi amiga, una rubia hueca clasista. .. hueca cuica, con voz ronca típica de cuica

curicó: esa voz ronca de cuica, si cacho, ¿se sabran universales o no? o sea, qué les pasara cuando estan todas juntas? quiza asi como los esquimales adquirieron la capacidad de distinguir no sé cuántos tonos de blanco, ellas logran diferenciarse entre sí

susan sontag: jajaja sí, puede ser, pero en vez de la paranoia a lo malkovish malkovish malkovish se sienten en su salsa, ah me cargan … menos mal que ya me libre de ellos y ahora no voy a soltar a mis nuevos amigos.,, de hecho los puse en facebook para fortalecer nuestra amistad… porque no vuelvo con los “visuales” no vuelvo !!!

curicó: “fortalecer neustra amistad” jajajaj, muy bien, muy bien…

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