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Archive for 26 febrero 2010

ayer

Otro día de invierno que ahora ha durado más. Dos y media de la tarde y un blanco cielo que parece que ya se quedó. El único sonido es una aspiradora a dos o tres casas de distancia. Ni siquiera están los perros locos corriendo de allá para acá, nadie pasa por la calle, es como si se hubieran acomodado al clima, a la basura quieta, a los árboles que ni siquiera se menean. Almorzamos viendo Hanna Montana: unas historias, más que malas, extremadamente adivinables. El día está perfecto para el básquet, para ir más temprano y usar la falta de sol.

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“ce seul objet dont le Neant s ´honore /
ese objeto único con el cual la Nada se honra”
(Mallarmé)

– En el tren. La basura colorida que corre por los costados puede ser confundida, a proposito, con flores. Pero esta imagen usada optimistamente en un poema seria una verdadera mierda.

– Noche del mundo. Para nick de msn.

– No sé por qué Perez dice que Zizek no cacha nada de Hegel. Antes que nada deberia yo entender a Lacan para asi entender a Zizek y recién alli saber cómo NO entiende éste a Hegel (si es que es cierto que no lo entiende).

– Mejor sigo leyendo para no mirar la media mina que entró al metro.

– El ministro Cavallo con una mascara de sí mismo escapando de la turba el 2001 en Buenos Aires. Guena.

– La no coincidencia consigo mismo es constitutiva de lo individual

– Muchos comentarios sobre peliculas y cuentos y novelas que casualmente he visto y leido. Imaginarse a Zizek acostado a guata pelá (como en el documental) viendo tele.

“Dónde se haya el peligro crece también lo que puede salvarnos”
(San Agustín)

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domingo

11:10 am. Con los ojos cerrados le grito a los perros que tienen la cagá afuera, desde que llegué andan tras una perra y pelean, ladran, corren de un lado a otro y, lo más ridículo de todo, hacen eso de ponerse así de lado sin mirarse y mostrando las encías gruñendo. Por lo menos si lo hicieran de frente y terminarán despedazándose unos a otros como corresponde. A veces están durante largos minutos en esa performance de a punto de pelear y no pasa nada. Y la perra en el suelo mirando todo aburrida. Así que les grito, aunque sé que ya desperté y hasta se los agradezco, les grito por ser tan monotemáticos y calientes. Abro las cortinas, las ventanas. Un té con leche. Echo todos los libros y devedés sobre la cama para ordenarlos. Y ahí siguen aún. Recorto un artículo con nombres de escritores norteamericanos del diario para luego pasarlos a la lista enorme. La lista de lo por leer crece exponencialmente: cada nuevo escritor que aparece implica necesariamente dos o tres escritores más. En Bartlebly y compañía Vila-Matas cita las preferencias literarias de Wilcock así: “Entre mis autores preferidos están Robert Walser y Ronald Firbank, y todos los autores preferidos por Walser y Firbank, y todos los autores que éstos, a su vez, preferían” y así es como funciona la cosa pero con cierta degrades, y nunca al revés, es decir, no leeré a Fuguet sólo porque este una vez le haya firmado un libro de Bukowski a una amiga comentándole que era uno de sus autores preferidos; sí leeré, en cambio, a Levrero que me ha salido hasta en la sopa. Es como con los amigos: usualmente confiamos en los amigos de nuestros amigos, pero no en los amigos de estos. Algo en la cadena se rompe, o por lo menos algo así hay que creer para que la cuestión no se torne infinita.

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sintesis batman guasón

Soñé con Batman maquillado como el Guasón. Me invitaba al magnicidio.

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Llego a las dos de la mañana a Curicó, hediondo y con hambre, me bajo en el nuevo estadio que están construyendo, no pude dormir nada, escuché conversaciones de gente que se conoció en el bus mismo, una señora que le indicaba a otra cómo debía quererse a sí misma y darse la oportunidad de encontrar a alguien, escuché la tos de muerte de un pobre viejo, imaginé que iba solo sin nadie que lo cuidara y me dio pena, miré por la ventana negra y las sombras al borde de la carretera eran como el tren de El viaje de Chihiro. Repasé los mismos monos mentales todo el rato. Vuelvo entonces al preciado cero, a la provincia en todos los sentidos posibles, con una perfecta especificidad del fracaso que me dice que inevitablemente algunas cosas cambiarán, no porque uno aprenda automáticamente sino por mero agotamiento: si de aquí nada sale nada puede caer de vuelta. Una cosa así. Llego entonces, como algo, dejo ventilando una ropa, está nublado e iluminado a la vez, mi patio es bien feo, pueden verse la forma de las nubes aunque todo esté oscuro, miro mi pieza y todo está más ordenado que de costumbre, prendo el pc, cuatro mails importantes y treinta guevadas. Me digo que Marzo es el mes. Siempre uno se dice lo mismo. Siempre, incluso, uno se dice esto de que uno se dice lo mismo. Y hasta el infinito y más allá. Llevo un “podría-haber-sido” odioso, es una posición novedosa esta de tener que zafarse, es un montón de moscas culiás que rebotan en la nuca y el cuello pero morirán por falta de aire y comida. Es una sola pérdida escogida, real, es decir, una resta que con el tiempo suma. Para ambos lados y con perfección asimétrica.

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baños morales

Nico que quemó una silla sin querer, nico que rompió una ventana con una silla sin querer, nico que nos regaló dos entradas a las termas de maravillosa diarrea de montaña (gracias). Y el obvio vino personal en botellón ante el cielo tremendo y las señoras gordas montañas cuidándonos. Cuatro personas amabilísimas y chistosas, menos mal. Un globo aerostático cual Challenger. La sensación de casa propia en la carpa. Y la excursión del último día al glaciar: hacia cualquier parte algo deslumbrante, cinco horas caminando con subidas y todo para ver un gran pedazo de hielo que vale la pena. Un rodado que cae y el caballero raro de la familia rara que se parecía a Jack Nicholson en The Shining ni se inmuta y se queda con cara de asesino en serie sentado mientras la roca que es como del porte de una sandia cae justo a su lado y todos nos vamos lentamente menos unos turistas que ni se dan por enterado y siguen sacando fotos. .

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nuestra fea festividad

Santiago se portó como un ebrio que no se calla nunca, sobre todo en los bares post lectura: un tipo con sombrero que según Kong no tenia nada en la cara (y al mirarlo para corroborar me di cuenta de que algo extraño tenia); otro que, pese a parecer más razonable, lo primero que me dijo fue que debería conocer más acerca de la poesía que se está haciendo en todo Chile (lo dijo mientras sacaba dos ejemplares de poetas de provincia que legitimaban su increíble comentario cuantitativo); y otro gil flaco alto melenudo que ebrio en el trayecto de un bar a otro me toca el culo y, algo que no hacia en mucho tiempo, me doy vuelta y le pongo un empellón de frente con las manos sobre su pecho sin recibir respuesta alguna. ¡Qué te pasa conchetumadre!, le digo, y espero que el mundo se entere a través de él. Y muchos pobres tipos solitarios en la noche, hablándote porque sí, “oiga perro”, “compadre”, “calcule que…”, “estoy cumpliendo condena”, “he visto cosas duras en la calle”. ¿Dónde está la gente que REALMENTE debería asaltarnos con monólogos decentes en la calle? Santiago por la noche es un pobre gueón que no se calla nunca. Un ex jipi. Un ex punk. Un ex comunista. Todos con su experiencia bajo la manga, seguros de que deben ser escuchados. Nadie con alguna asombrosa incertidumbre. Ninguna elegancia en el lenguaje. Jovenzuelos con actitud malosa. Putas. Ebrios que quedaron tirados. O gueones buscando minas. ¿Por qué mejor no hacer un campo de concentración del carrete? Ya los veo en piezas precarias con nazis del carrete que los obliguen a beber y pasarlo bien. Con raciones obligadas de cocaina. Apilados en montones de vida desnuda follándo bailando gritando. Santiago y sus calles a las tres de la mañana un mero ¡he he he he! que no hace distingo alguno. Un espíritu a lo wild on que traza la horrible noche. Infinitas razones para continuar quedándose en casa y tener unos cuantos amigos no más. Infinitas razones para seguir bajando películas y comprándose libros. Infinitas razones para escribir mucho y seguir hablando poco.

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