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Archive for 18 julio 2014

mayo

Las sinaventuras de Jaime Pardo Cap. 2: La Esmeralda, Santiago de Chile, 1975

Las sinaventuras de Jaime Pardo
Cap. 2: La Esmeralda, Santiago de Chile, 1975

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“Los finales son esquivos, las partes del medio no se encuentran por ningún lado; pero lo peor de todo es empezar, empezar, empezar”. (DB)

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Primera venta de la mañana: Los pilares de la tierra de Follet a Pepe Auth. Todo el rato pienso en decirle que sé quién es, que sé lo que dijo hace no muchas semanas y lo que pienso de ello, pero no le digo nada y le vendo el libro y me quedo parado detrás como hueón mirándolo mientras paga diciéndole mentalmente todo.

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“Vivir es ver mujeres”. (CB)

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Empezamos hace poco y me pregunto porqué no me escribe en el gtalk por las tardes aunque yo esté en el trabajo sin siquiera un celular desde donde responderle o porqué nisiquiera en broma me dice que me compre uno y me pregunto sobretodo porqué yo mismo no hago todo aquello y tiro la primera piedra y también, obvio, me pregunto si ella no se estará preguntando estas mismas cosas. Barthes dice que el enamorado busca ver signos en todo y tiene razón, pero hasta por ahí no más, porque me lo pregunto pero no lo padezco.

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“¿Es lamentable mi vida? Voy a viña todas las mañanas, tomo un café más un marlboro light (que no aspiro) mientras leo y escribo. Vuelvo y almuerzo. Leo y escribo. A las 5 escucho Dulce Patria en la Cooperativa y a las 6, Lo que queda del día, con Paula Molina, también en la Cooperativa. Después riego. Después camino una hora en el patio. Después miro tele. Después escucho música. Y después duermo (cuando puedo)”. (CB).

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Dejé de correr y por las noches sueño que corro.

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Antes, hace no más de un año, escribía todos los días. Como cualquier otra costumbre, algo empezaba a no encajar si dejaba de hacerlo. Ahora con suerte me doy tiempo una vez a la semana y de verdad me da miedo que las cosas, bajo el imperio de la utilidad, del arriendo, de las cuentas, comiencen a encajar y se me olvide esto, esto que todavía pica, esto que todavía reclama, esto que todavía arde por debajo de todo.

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FRAGMENTOS DE CARTAS A F:

Otro día. Otra semana. Otro mes en realidad. Y todos los tópicos anotados para abajo. De ahí me hago cargo. Ahora es ahora. Leí la última entrada de tu blog y me encantó. Leí la última carta y me encantó también y me hizo pensar que quiero mucho que todo se estabilice luego y estemos con propiedad de nuestros tiempos y ejerzamos la amistad como corresponde. Noto, además, que todas esas cosas que antes se omitían o se decían demasiado figurativa o poéticamente ahora pueden ser dichas bien. Una nueva materialidad permite un nuevo cuerpo y unas nuevas palabras imagino.

(…)

Uno admite sus culpas pero también hay un contexto. Uno aprende e imagino que ser amigos debe ser eso: tener paciencia ante el aprendizaje del otro. Sigo creyendo firmemente que crecer es restar. No porque suene poético-oriental solamente. Crecer, crecer realmente, incluso moralmente, es desprenderse. Hay que ir siendo cada vez menos fiel. Hay que traicionarse una y otra vez. Hay que destrozar toda continuidad o naturalidad de la personalidad y guarecernos en la ternura de un texto común. Y ni cagando se desaparece. Cada vez amamos más lo que amamos y el mundo se va amontonando alrededor de eso. Y uno es una excusa, la continuidad de una excusa o de un embudo por el cual tiene que escurrir esa hermosura del mundo. Y bueno, yo mejoraría esos embudos antes que la comodidad subjetiva o moral de los individuos.

(…)

Me desvío. Me desvío y vuelvo. Pero mejor vuelvo después. Los tópicos siguen anotados hacia abajo. Ya me haré cargo. Nuevos tópicos de la nueva carta se han agregado. En nueve minutos llega Bruno. Me dio pena ese día que fuiste a la librería y no me atreví a situarme a conversar como la gente. Igual a veces se puede. Imagino que más adelante podré hacer esas cosas con más propiedad. El tiempo se hace nada. El ridículo tiempo. La ridícula mente-tiempo. ¿En qué momento del día barremos la mente? Pienso en lo que te decía por facebook el otro día: ahora que vivís solo podría quedarme allá. Unas dos o tres noches al mes o qué se yo. Creo que compraré algún colchoncito también. Y un escritorio. Y un plasma. Pero todo de a poco. Muy de a poco. Demasiado de a poco.

(…)

Digo eso pero escribo cada vez menos. Al principio del navegador hay como 4 ventanas abiertas con mails que aún no contesto. Mails largos que me da pena no responder. Llego cerca de las 10 a cagar comer descolgar ropa cocinar lavar loza ordenar la pieza y finalmente fumar y chatear un poquito con Pame y en el mejor de los casos alcanzar a ver alguna serie. Y de pronto ya son como la 1 y debo dormir. Media hora de atraso lleva Bruno ya. Le traje un libro, El cuerpo como máquina, la medicación de la fuerza de trabajo en Chile. Se lo debía por la apuesta que me hizo perder Chester cuando nos dejó tiraos. Estoy leyendo varias cosas pero la que más me tiene es Correr con los keniatas, un libro de un periodista que se fue a Kenia a entrenar con los negros a pata pelá y todo eso. Una hermosura. A Chester le encantaría. El hueón parte con toda su familia a la hazaña. Igual llevo como cincuenta páginas no más, pero está incluso más entretenido que esa cagada de autobiografía de Ítalo Calvino o esa otra cagada de Perec, El condotiero, o esa otra novela que estoy leyendo que se llama La maravillosa vida de Oscar Wao y que parece que devolveré a C no más.

Pero la poesía no me falla. Efraín Barquero es tan bonito amigo. Nada me entrega tantas imágenes y olores. Es como Teillier pero sin la ebriedad. Puedo pedir prestados los libros que quiera de la librería sabís, y en eso he estado: haciéndome cargo de la sección poesía. Empecé por la A. Leí la poesía completa de Auster y era bien penca. Después me desordené y empecé a sacar de cualquier lado. Empecé por la sección poesía porque sigo teniendo la firme convicción de que la poesía es muy cara y se lee rápido y, al menos en mi caso, siempre supone un riesgo (porque me cuesta, porque me repele casi la totalidad de la nueva poesía y lo que verdaderamente me gusta pocas veces me gusta entero).

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Fui a Mos Def y el hueón se dio el lujo de bailar unos quince minutos durante tres canciones enteras. La gente miraba no más. Lentamente dejaban de aplaudir. Extraño y bonito. Abrió con gracias a la vida de Violeta Parra y hasta se mandó un Freestyle con una canción de Edu Lobo, alternando pasitos brasileros y rapeo. Un hueón seco.

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Durante toda la presentación de Mos Def, Wild Style de fondo.

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Hasta ahora la veo sólo dos o tres veces a la semana. Se me olvida un poco cómo es, cómo se mueve, cómo dice lo que dice, cuándo y porqué me abraza, y entonces nos juntamos y, por encima de lo que ya me gusta, me vuelve a gustar de nuevo. No importa qué sea lo que se agregue (nuevas bromas, temas, gustos, gestos, etc.), lo importante, lo que lo sostiene todo –bueno ya: el amor- es la manera en que todo eso va quedando pegado de manera impredecible. Y había olvidado eso. No me pasaba hace años eso. Y todo lo que especulaba cuando pensaba cómo y cuándo iba a gustarme alguien eran puras leseras porque imaginaba gestos, gustos, conversaciones y bromas pero no la relación de todas esas cosas entre sí.

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“Hay que aceptar.
Y aceptar y aceptar.
Es lo que tanto cuesta aceptar”.
(CB)

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Acostados viendo Louie y comiendo leche con Estrellitas. Me doy una cucharada a mí y le doy una cucharada a ella. Al rato, luego de unas tres pasadas, son tres cucharadas para mí y solo una para ella. Es lo justo, creo.

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“En aquella época, sólo tenía veinticuatro años. Mi vida era ya lo que es hoy: una vida sombría, desordenada y ferozmente solitaria. No tenía relaciones, no cruzaba la palabra con nadie y sólo pensaba en ocultarme en mi rincón. Durante mis horas de oficina, en la cancillería, procuraba no dirigir la mirada a ningún compañero, pero advertía perfectamente que éstos me consideraban como un tipo raro, e incluso -tenía también esta impresión- me miraban con cierta repugnancia. A veces me preguntaba por qué había de ser yo el único en imaginarse que le miran con repulsión. Uno de nuestros empleados tenía una cara repugnante, picada de viruelas. Parecía un bandido. Si yo hubiese tenido un rostro tan horrible, ni siquiera me habría atrevido a aparecer en público. Otro empleado llevaba un uniforme tan mugriento que olía a demonios. Sin embargo, aquellos señores no daban muestras de avergonzarse de su cara, de su uniforme ni de su modo de ser. No se imaginaban que los pudieran mirar con desagrado. Por lo demás, incluso si se lo hubieran imaginado, no habrían experimentado la menor inquietud, a menos que se hubiese tratado de sus jefes”. (F. Dostoievsky, Memorias del subsuelo)

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Primeros dos días libres seguidos. Me hago un desayuno contundente y vuelvo a la cama a ver Cosmos. Siento que es como cuando me devolvían del colegio por estar enfermo. La misma sensación de estar en una especie de centro de mando con lápices y estuches y bandejas y tazas alrededor. Refugiado de todo. Dueño de no sé qué. Y siempre, cada mañana que tengo libre, lo mismo: Cosmos y un gran desayuno en cama. Apenas termino, y aunque sé que volveré a dormirme, tomo un libro del velador. Muchas veces tomo algún libro y solo lo dejo cerca. A ratos no hago nada y no me decido ni a levantarme ni a dormir. Bastantes veces esa indecisión dura lo mismo o incluso más que el tiempo que dedico a cosas útiles.

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“El Tardígrado, también llamado osito de agua, ha sobrevivido a las últimas 5 extinciones”. “Hay mil millones por cada uno de nosotros”. “Estamos en una misión de espionaje industrial microscópico a la fotosíntesis”. “Un neutrino puede atravesar un espesor de cien años luz de acero sin siquiera perder velocidad”. “Como las ratas huyendo del barco que se hunde, los neutrinos al centro de la estrella en explosión, escapan casi a la velocidad de la luz”.

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Vivir es premiarse y premiar a los otros y no necesitar ninguna razón en particular para ello.

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Pude correr tres días seguidos. Ya le voy agarrando la mano a esta nueva puta rutina.

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Bus a Curicó. Un hueón atrás va jugando a algo en su celular. Cada dos minutos un sonido horrible, agudo, aparentemente de triunfo. Debe ser un juego bastante fácil. Alguien que va haciendo ese ruido en un bus silencioso a las once de la noche no puede ser muy inteligente. Así que a medida que va pasando el tiempo lo voy odiando e imaginándome su cara y su vida y su olor, pero no hago nada, y sólo imagino maneras razonables de darme vuelta y reconvenirlo. No sé si me duermo o simplemente voy con los ojos cerrados. Aparece un accidente en la carretera. ¿El bus pasa más lento para que podamos mirar bien o por cautela o por alguna especie de respeto por las posibles víctimas? Como sea: pasamos. Me rindo y no duermo. Leo una antología de Barquero que pedí prestada en la librería. Algunos poemas no me gustan nada y avanzo casi en diagonal y otros tengo que leerlos dos o tres veces maravillado. Siempre lo mismo con la poesía, siempre.

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Un poquito de Barquero antes de dormir y un poquito de Barquero al despertar.

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“Yo soy una casa más que un habitante”. (Efraín Barquero)

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La voluntad de trabajar viene dada por otra voluntad aún más profunda y política: la posibilidad futura de dejar de trabajar en el sentido capitalista y hacer coincidir la obra con el deseo.

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“La solidaridad en sí no es en modo alguno un valor. Bajo el régimen nazi hubo una solidaridad real hasta el amargo final. La solidaridad en sí no vale para nada. Hay una solidaridad de la mafia, existen todas las solidaridades posibles. La solidaridad debe estar basada en una estructura que pueda unir eróticamente a los hombres, esto es, en la estructura de una sociedad sin clases (…) Sin la metapsicológica de Freud yo no podría entender lo que pasa hoy, si para la explicación no parto del concepto freudiano de instinto de destrucción, si no lo convierto en hipótesis: la intensificación de este impulso es hoy una necesidad política para los detentadores del poder. Sin esta hipótesis tendría que creer que todo el mundo se ha vuelto loco y que estamos gobernados por dementes, por criminales o por idiotas y que consentimos que todo ello caiga sobre nuestras cabezas
(…)
La verdad del reformismo es que la democracia burguesa es infinitamente mejor que el fascismo. Pero esto nada cambia en el hecho de que los partidos reformistas contribuyen a la estabilización del sistema existente. Ambas cosas son verdad. La democracia burguesa, en la medida en que es posible después del fascismo, es deseable frente al peligro del fascismo. Pero parece como si esta democracia burguesa estuviera siendo incesantemente demolida y mutilada por la burguesía y por el gran capital. Cuando miro a mí alrededor, y no sólo en la República Federal de Alemania, veo que en las democracias basadas en la pugna de partidos no se hace ningún esfuerzo particularmente grande para, por ejemplo, limitar la arbitrariedad de la policía.
(…)
La clase trabajadora ampliada, que hoy constituye el 90% de la población y que incluye a la gran mayoría de los white-collar-workers, de los service workers, con otras palabras: a casi todo lo que Marx llamó trabajador productivo, esta clase trabajadora sigue siendo ciertamente el agente potencial, el sujeto de la revolución; pero la revolución misma habrá de ser un proyecto completamente distinto del que fue para Marx. Habrá que contar con grupos que en la primitiva teoría de Marx apenas si tenían significación y que no necesitaban tenerla, por ejemplo con los famosos grupos marginales, como los estudiantes, las minorías raciales y nacionales oprimidas, las mujeres, que no son una minoría, sino una mayoría, las iniciativas ciudadanas. Pero esto no quiere decir que estos sean grupos sustitutorios que se conviertan en los nuevos sujetos de la revolución. Se trata, como los he llamado, de grupos anticipadores, que pueden actuar como catalizadores, pero nada más.
(Marcuse a Habermas)

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Venderse un poco, juntar fuerzas, y luego traicionar. Ése es el plan.

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Mi padre al teléfono. Hablamos de Curicó unido y de la muerte, su muerte. Su operación a la próstata, me dice, no es nada segura. Aparentemente está la posibilidad de que allí mismo en la operación descubran que es cáncer. Su tono no es el mismo de siempre y me esfuerzo en hacer que al menos el mío sea igual que siempre. Me gustaría que me dijera que tiene miedo o algo concreto, pero más bien parece aburrido, aburrido de esperar, de no saber. Pienso que sería absurdo que se muriera sin antes haber tenido una semana de vacaciones solo o, en el mejor de los casos, conmigo (suelo prometerme que un día saldremos de vacaciones juntos, un padre y un hijo, en un bus, en un tren, en otra ciudad).
Al rato me doy cuenta que si no saco pasaje a Santiago hoy mismo me quedaré abajo y como pensaba salir a correr mato dos pájaros de un tiro. Pese al viento y al cielo totalmente cubierto de Curicó, llego todo sudado. Me voy por el centro y la gente me mira extrañada. Encuentro pasaje y paso unos minutos a su oficina. Cuando llego está quedándose dormido pero, como siempre, me dice que no, que sólo estaba descansando los ojos. Está más silencioso que otras veces. Hablamos técnicamente de la operación, como si así debieran hablar dos hombres solos en una oficina. Al rato el tema ya quedó atrás y se ha impuesto el fútbol y la contingencia política. Igual que en los noticiarios, pero mejor.

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“Soy poco hábil para la argumentación repentina y para la réplica oportuna”. (Juan Emar)

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Como cuando Homero trabajaba en los bolos y parece que aún no tienen ni un hijo y le dice a Marge que no quiere que nada cambie; así mismo.

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“El rescate de los frentistas es el rescate más eficiente que ha tenido Chile” (@EdoCaroemago).

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“Tuve una constructiva conversación sobre el aborto con mi hijita. Son las cosas lindas que te permite la Ouija”. (@EdoCaroemago)

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Siempre me demoro la tercera parte de lo que ella se demora en lavarse los dientes.

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Todo impedimento es texto. Toda debilidad es puente. Si la vida misma no avanza, el espíritu, la idea, la cultura, o como sea que quieran llamarle a eso que juntos somos, pega un salto y sigue. Y ahí van los pueblos, a la carrera, persiguiendo los sueños elaborados con la materia prima del sufrimiento. ¿Quién se atrevería a negar la verdad de esos sueños? Espíritu es aquello que habiendo sido escupido y supurado y transpirado y sangrado a través de los siglos forma ahora una nebulosa que no obliga pero da una dirección. “El pueblo tiene el monopolio de la desgracia”, dice Weil, lo cual también quiere decir que no hay un muro para el hombre. Hay sí un sentido o un sinsentido de esta carrera de relevos aparentemente infinita: morimos de uno en uno, pero estamos condenados a no sucumbir.

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“Si al menos pudiese hacerlos sentir
Que este temblor bajo nosotros
Significa que estamos sobre un puente”
(Tomas Tranströmer)

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“Es rarísimo. Apenas hablábamos. Pero ese pichintún me falta”. (CB)

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A veces voy caminando y me gusta imaginar que salvo a alguien de un atropello, de preferencia un niño que está al borde de la calle, entonces paso corriendo y la agarro e incluso me revuelco un poco por el suelo y los dos salimos ilesos y la gente empieza a arremolinarse alrededor y me da vergüenza y me voy y después igual las noticias me buscan para hacer una nota y pasan el video de las cámaras de vigilancia y justo ahí paro de imaginar y siento que todo es absolutamente ridículo y egocéntrico.

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“Me olvidas todo el tiempo. Eso es lo que duele. No me olvidas de una sola vez, de un solo viaje. Minuto a minuto me olvidas. Segundo a segundo me olvidas. Todo el tiempo siento que me olvidas, siento a tu olvido trabajando, funcionando todo el tiempo, construyendo, secretando olvido. No dejas de olvidarme ni un solo instante. Cada instante tuyo me olvida. No hay olvido en tu olvido de mí. Nunca”. (CB)

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“Este momento es un árbol si frente a él estoy”. (Efraín Barquero)

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Llego del trabajo. Ordeno el desastre. Ni como ni me baño. Pongo música y reviso mi excell y marco las películas que podríamos ver juntos. Escribo un poco, muy poco. A ratos me quedo parado en medio de la pieza y me dan ganas de hacer como en no sé cuál película de Disney que con una varita mágica y bailando y con muchos animales ayudando ordenan toda una pieza. En este caso, aceptaría hasta ratas y palomas con tal de ver todo limpio y ordenado.

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Me gusta cuando llega alguno que se sincera como no lector y se pone en mis manos y le voy preguntando qué cosas le gustan y de a poco llegamos a algo que nisiquiera es una recomendación mía sino una ecuación matemática de lo que su vida pide.

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“Y así se construye una verdad: perdiendo”. (cuandoexista.wordpress.com/2014/05/10/volver)

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La ternura como intuición trascendental de lo político. Previa a toda teoría, la certeza de que estamos aquí para cuidarnos unos a otros.

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Cuando empiezo a ser automáticamente amable con todos los clientes me caigo mal y hago una especie de reseteo y vuelvo a ser normal. Pero normal es pesado y entonces ahí voy de nuevo y empiezo a hablar bonachonamente con las ancianas (el otro día una me tomó el brazo, me decía chiquilín y avanzábamos como paseando por un parque) y hago como que no siento que son unos exitosos sin alma los hueones que se vuelcan sobre el mesón de couching y entonces cedo un poco más y simulo alguna especie de interés pero ahora ya no tanto como antes. Y así, sucesivamente, hasta convertirse en el mínimo común múltiplo de la infinita posibilidad de clientes

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Espero que en el futuro se pueda combinar soñar y leer. Leer mientras se sueña. O soñar algo escrito por otro. O escribir durmiendo. O.

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