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Archive for 18 abril 2014

marzo

“A mí me interesan los que limpian las calles, ellos importan de verdad. El dinero siempre está del lado de los idiotas. Hago cine de perdedores porque me siento un perdedor (…) La humanidad ha fallado pero nosotros, los seres humanos, no. Y eso es lo único que nos queda”. (Aki Kaurismäki)

*
Primera noche aquí. M tiene todo Bertoni. Agarro el primero y el último y a la cama. Decido suspender todas las lecturas a favor de lo que ya hay aquí, que es harto. Cada vez que llego a una casa nueva, es lo mismo. Aparte de la poesía, le digo a M que me muestre todos los diarios y epistolarios que tenga. Si todo va bien y la casa no se vende, digamos, terminado el invierno, podría hacerme cargo de todo.

*
46 toques del Barcelona ante el Manchester City. Sin siquiera tocar el área chica.

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Veo las 4 primeras palabras de un mensaje y quisiera que fuera domingo libre por la mañana y estuviera recién despertando para decir bien y distendida y largamente todo lo que quiero decir.

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Amo todo lo que no sirve.

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Me cuenta que CB guarda las pelusas que se juntan debajo de la cama. Separadas en bolsas. Una por cada mes.

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El té nunca va a ser lo mismo que el tecito.

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“Mi más grande deseo es que se pudiera hacer una «Sociedad chilena de personas que se quedan en casa»”. (A. Campos)

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Deberíamos escribirnos más en nuestros muros de facebook. Menos links y más palabras. Y más mails a pito de nada. Pidiendo nada. Dando nada. La vida necesita más parrafitos. ¿Sabrán los parrafitos lo bonitos que se ven de lejos?

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Hoy al almuerzo le confesé a F mi mayor miedo relacionado con encontrar trabajo: perderse un partido de Chile en el mundial.

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Estornudos mocos flojos y líquidos y lentitud hace días. ¿Alergia a la nueva casa, a los perros, a esta gata que con su lentitud y su manera de mirar caerse un lápiz sin hacer nada al respecto me hace echar de menos al huracán que era la gatita que ahora es solo de C y que seguramente todavía no tiene nombre? Solo la he visto durmiendo y subiendo con toda calma la escalera. Un escalón primero, luego el otro, y nada de saltos ni amigos imaginarios. Me gustaba creer que corriendo día por medio uno no se enfermaba, pero hace meses que corro con suerte tres días a la semana. Aún no conozco el barrio así que no sé dónde se pone la feria los domingos. Voy a la verdulería que M me mostró. Su verdulería. Su almacén. Sus perros que la siguen y que seguramente también son de varios otros y viven como reyes en las esquinas polvorientas y que insistentemente llegan hasta acá con nosotros y a veces, dependiendo del ánimo de M y de sus perros oficiales adentro de la casa, se ganan un par de huesos. Compro naranjas y plátanos y una sola palta gigante. A veces ciertas caras me dan una tristeza inexplicable. Como la del tipo que me atiende y su manera de no mirarme y de no querer estar ahí. Proyecciones, seguramente. Leseras. El perro negro (uña y mugre se llama el dúo de callejeros, pero ahora anda uno solo) me mira comprar. Acompaña, sí, pero mantiene su distancia y no se deja toquetear. Lo suyo es algo serio. Es un acompañante serio. Hay unas reglas muy claras que uno desconoce. Y ahí queda con el hocico metido en la reja cerrada. Me daría pena si desconociera que desconozco sus reglas. En cualquier caso, le doy agua. Domingo solo y cuezo unos ravioles. Cilantro y aceite encima y sería. Miro el segundo tiempo del City. Algo raro pasa. Ni el City ni el Barcelona consiguen mantener el mismo juego semana a semana. Quizá por lo mismo el choque que tendrán este miércoles será importante. Algún periodista dirá eso, otro dirá todo lo contrario. Lavo la loza. Me gustaría poner música pero mi aparataje está en el piso de arriba y me da no sé qué prender el computador de M. Bajo la radio que me dejó mi abuelo, o sea la radio que yo rescaté de entre las cosas que pretendían tirar para tener algún recuerdo de él. Pongo la Beethoven. Cuesta que agarre pero agarra. Una opera de mierda. Soportable mientras aparece alguna otra cosa menos gritona. Dudo si podré resistirme a una siesta. Parece que por eso salgo a regar. A regar el suelo y también al tercer perro que está encerrado porque se porta mal. Le encanta. Muerde el agua. Le ladra al agua. Bebe y ladra alternadamente. Salta alrededor del chorro de agua. Debe ser su momento más feliz del día y me cuesta dejar de mojarlo por lo mismo. De hecho me voy, estoy a punto de guardar la manguera, y tengo que volver. Una estrategia parecida a la que usan los artistas para dejar contento al público. Hago un jugo naranja-pomelo-plátano-manzana, agarro algunos libros y me pongo de lado en el sillón grande con los pies colgando. El brazo izquierdo del sillón queda como respaldo y los pies cuelgan desde el segundo brazo. La gata a los pies mantiene un sostenido ronroneo de paloma y le doy leves toquecitos con el pie que hacen perdurar el ronroneo. Termino el libro gordo de poemas de Bukowski. Poemas que pidió exclusivamente que se publicaran luego de su muerte y que todavía tienen el fuego. Llega M y menciona que trae café como si fuera oro. Y lo es. ¿Quieres uno? Quiero uno. Ahora me paso a la hamaca. Está más fresco. Leo un librito corto de Vila-Matas. Los perros asoman la cabeza. La posan como una ofrenda en mis brazos. Paso la página rápido para volver con la mano derecha a la cabeza de los perros. Termino el Vila-Matas y paso a Kerouac. No me gusta para nada pero de todos modos me lo termino. Salen unos haikus bonitos al final pero eso es todo. La poesía me sigue costando. Leerla y escribirla. Echaba de menos el café real de cafetera. Pero lo arruiné con demasiada sacarina. Empieza a enfriar. M riega y cocina para los perros. Ollas con tallarines y huesos y acelgas y toda el aguita. Unas comidas bastante especiales. Comienza a hacer frío. M sale. Comienza a oscurecer. Terminé otro librito de poemas de Bertoni y empecé el Adiós. Prendo algunas luces. Ordeno. Mi computador de mierda que ahora ya no tiene usb y en consecuencia no tiene ventilador solo puede usado por tandas de media hora y sólo en las mañanas y luego de las 6, cuando ya no pega el sol directo. Le veo el lado positivo. Hoy leí harto. Tengo lo que sobró de los ravioles. Después de mucho tiempo volví a comprar una mayo kraft. Y eso. Siendo las diez de la noche iré a sentarme frente a la tele a mirar al ex presidente.

*
Encontré trabajo. Nisiquiera hice mucho por conseguirlo. Quizá, bien en el fondo, quería estar un par de semanas buscando y siendo rechazado. Así se supone que les pasa a todos. Salí un día como a las 11 a dejar cv. Partí en Prosa y política, pasé por casi todas las del centro y terminé en Metales Pesados. Antes de las dos de la tarde ya estaba en casa, en cama, durmiendo algo que no sabría si calificar como siesta o qué.
Al día siguiente me llaman de la Feria chilena del libro. Voy a una entrevista. Voy en short y camisa. No lo pienso mucho: hace bastante calor e imagino que ellos sabrán que yo sé que si me contratan iré con pantalones, con alguno de mis únicos dos pantalones. Obviamente, sé que así no funcionan las cosas, pero como ya dije, me trae sin cuidado si no les gusto.
De los dos tipos que me entrevistan, uno me cae bien y el otro no tanto. Uno es el policía malo y el otro el policía bueno. Cuando el policía malo se va, me siento más cómodo y hablo con el policía bueno, contesto sus preguntas, y luego me voy.
Y al otro día me llaman. Estoy sentado en el baño y suena el cel. Es el policía malo. Pareciera ser que les caí en gracia. Me dicen que empiece ese mismo día. Así que voy. Me pongo el viejo pantalón café arrugado y la única camisa nueva (del año pasado) y voy.

*
Primer día de trabajo: toda la mañana ordenando literatura infantil y toda la tarde ordenando novela policial. La vista se pierde en el mar de libros, pero así, de a poco, ordenando, uno va conociéndolo todo. Eso es lo que me dicen, y eso es lo que voy comprobando.
Recuerdo cuanto trabajé en el campo y los primeros días todo me era completamente ajeno. Cómo nisiquiera sabía rastrillar y más bien barría con el rastrillo. Cómo me perdía entre los manzanos y durante infinitos minutos no conseguía encontrar a mis compañeros y tampoco me atrevía a gritar y quedar como tonto y luego volvía e inventaba una cara de despreocupación. En fin, lo recuerdo porque no es la misma sensación. No del todo. Aquí me siento en mi elemento. Casi todo lo que está a la vista me interesa genuinamente. A ratos me detengo más de la cuenta en los libros para niños. Hay unas ilustraciones muy bonitas. Unas encuadernaciones que dan ganas de tocarlas y tocarlas. Hay bastantes comics también. En resumen, son pocas las secciones que no me interesan para nada.
A la hora de almuerzo descubro algo muy bueno: dan cheques restaurant. Obviamente almuerzo cualquier cochinada ese día, y muchos de los días siguientes, hasta que consigo acomodar los tiempos y empiezo a cambiar los vales por comida y cocinar y calentar la comida abajo, donde come la gente del aseo a la cual, como sabré semanas después, no dejan comer arriba en el patio de comidas.
Y así pasan los primeros días: ordenando y conociendo. El mesón donde está la caja y se reúnen todos mis compañeros y ríen y hablan y toman café es, aún, un mundo aparte y extraño. Sé que así es siempre, dondequiera que uno caiga de golpe.
El pequeño primer triunfo ocurre cuando, ya al final del día, entra un niño y, como si pidiera su café de siempre, me dice “vengo a leer Gaturro” y yo camino y casi corro y me adelanto a su pequeño paso porque sé dónde está Gaturro y se lo paso en la mano y nadie me está viendo y da lo mismo.

*
Soñé que había una revuelta en Talca y, recién operado de hemorroides, tenía que encontrar una farmacia en la que empezaba a trabajar. Sueño esto la noche antes de entrar a trabajar.

*
EXTRACTOS DE MAIL A BRUNO
“tu hoja me acompaña todas las noches. parece que está mejor que la anterior. parece que no es tan hoja. leo a bukowski acostado mientras fumo en un colchón de dos plazas. fumo viendo csi las vegas. fumo viendo walking dead. fumo con la marisa que no fuma. fumo y me caen los mocos resfriados y pienso que está bien botar así algo que molesta y no alcanza a ser enfermedad. acá la marisa tenía un caudal de libros. mucho bukowski kerouac todo bertoni. eso estuve haciendo durante este tiempo. la poesía es muy cara y se lee rápido así que nada mejor que leer de prestado. y alcancé a leer harto, como si intuyera lo que iba a tener que irme también de aquí.
volví a escribir unos pocos poemas también.
sentirse en ninguna parte ayuda.
y es triste y no es triste.
y da paja y no da paja.

(…)

me gustaría ser una especie de monje cuyas posesiones cupieran ya no en un taxi sino en una puta mochila. pero no. yo y mis cositas. moviéndose por santiago. como alguien que corre por el gusto de correr.
hoy me despierta un tipo de la feria chilena del libro y parto a otra entrevista. imagino que lo hago bien. me presento sin más pretensión que la de aprender y tener sentido común y saber desordenadamente de libros y tratar de no transpirar tanto (llego antes, me siento, respiro, espero afuera a veces, me siento en bancas cercanas, y funciona). pensé que me avergonzaría mi cv, pero les digo derechamente que estuve en la cueva de la tesis y el ocio. me presento como material humano. con mi única camisa decente y una sonrisa que es honesta si el otro también es honesto, como fue el caso de hoy, donde el tipo, unos 7 años mayor que yo, se veía muy comprometido hablándome del “oficio del librero”.
me conformo pensando que con tal que haya trabajo importa un carajo donde uno duerma y lea y coma y cague.

(…)

te dejo un poema que me gustó de Bertoni:

LOS QUE NO SE ATREVEN
Los que no se atreven a pedirle al chofer que baje
el volumen de la radio
que la cumbia nos está matando
que el regaetton nos está matando
los que no se atreven a abrir la ventanilla de la micro
por temor a que no se abra y las niñas piensen que uno
es un debilucho malo para la cama un impotente un
mariquita que no tiene fuerzas ni para abrir la ventana
de una micro
los que no se atreven a cerrarla por la misma razón o
por temor a que algún otro pasajero se oponga y lo
insulte o le ofrezca incluso puñetes
los que no se atreven a negarle una moneda o dos
al trovador criollo que aporrea una guitarra que dan
ganas de partírsela en la cabeza o precisamente porque
canta y toca como las pelotas entonces hay que darle
con mayor razón
los que no se atreven a negar una propina por miedo a
pasar por avaro pobre ave o muerto de hambre
los que no se atreven a decirle al chofer que no corra
tanto
que chante la moto
que no somos animales
somos seres humanos y viejitas y viejitos y señoras
embarzadas
los que no se bajan inmediatamenmte de una micro a
la que se subieron por equivocación por miedo a que
los pasajeros se den cuenta y se rían y lo indiquen con
el dedo pensando que uno es un pobre imbécil que ni
sioquiera sabe subirse a la micro que corresponde
los que no se atreven a mirar a una mujer por miedo a
ensuciarla con el deseo de la mirada
los que no se atreven a mirar a una mujer por temor a
ofenderla
los que no se atreven a sentarse a su lado por temor
a que ella y los demás también piensen que uno se
aptovecha del asiento vacío a su lado
los que no se atreven a negar una limosna por miedo a
que Dios lo vea y se lo cobre el Dia del Juicio Final
los que no se atreven a pedir que apaguen la
calefacción del bus
los que no se atreven a pedir que apaguen el aire
acondicionado del bus
los que no se atreven a pedir la moneda de a cinco que
falta en el vuelto
los que no se atreven a decir que le aprieta el zapato
que el vendedor dice que le queda tan bien
los que no se atreven a llevarle la contra a ningún vendedor
los que consideran a los cajeros y cajeras a los
inspectores de micro y cualquiera que cobre
algo detrás de una ventanilla como a seres
inobjtablemente superiores
los que no se atreven a mostrar dolor cuando se pegan
en las canillas o se dan un cabezazo en público en
cualquier parte
los que no se atreven a estar en franco desacuerdo con
su interlocutor acerca de nada
los que no se atreven a decir no bajo ninguna
circscunstancia
los que no se atreven a orinar en el bus por miedo a que
los pasajeros piensen que uno es un cerdo antiestético
capaz de protagonizar semejante cochinada
los que no se atrecven a reprohcarle a un amigo que les
devuelve un libro en mal estado
los que no se atreven a reprocharle a un amigo que les
devuelve un libro suibrayado
los que no se atreven a reporcharle a un amigo que no
les devuelve un libro
los que no se atreven a entrar en un recinto en que
están todos esperando que uno entre para mirarlo
los que no se atreven a contar un cvhiste por miedo a
que se les olvide el desenlace o se les trabe la lengua o
se lo encuentren fome
y los que no se atreven a escribir poemas como este por
miedo a que se lo encuentren fome también.

*
“Terminé escribiéndole a Merino si tenía algo escrito sobre la pintura de Ignacio Gumucio. Iré el fin de semana a pasear por providencia a ver si lo veo. Sólo quiero verlo, para ver cómo ve. La situación ideal sería así: él camina y yo voy a toda velocidad en bicicleta. Justo en una esquina nos encontramos, pero él se cae al suelo. Es decir, yo lo atropello y él se cae al suelo y me insulta. Yo le sonrió. Otro fin de semana, en la misma esquina nos interceptamos yo no tan veloz en bicicleta, él caminando. Esta vez chocamos y yo me caigo, él me da la mano y me levanta. Le sonrió. Y así al siguiente fin de semana, pasamos los dos por la misma esquina. Él caminado y yo lentamente en bicicleta. No nos estrellamos y cada uno le sonríe al otro”. (C)

*
En una completería
una mujer y un hombre
frente a frente
sentados y desparramados
hacia adelante y
con la cabeza hacia bajo
en la mesa
ya vacía
se abrazan.

*
Aprendo a usar el sistema. El sistema nos dice si el libro existe en ésta o en cualquier otra Feria chilena del libro. No es la gran cosa el sistema. O sea, en mi imaginación todo era más complicado (pero me sigue gustando ese momento en que el cliente cree que va a poder buscar el libro por sí mismo pero no entiende el sistema y uno sí). Cuando el libro no está se le dice al cliente que uno lo siente mucho pero el libro no está. Los primeros días, cuando esto ocurre, se los hago saber casi con miedo, como si fuera mi culpa no tener ese libro. Luego, con el paso de los días y las semanas, simplemente me quedo mirándolos a la cara, esperando que se den cuenta que, si no tienen otra duda, deben largarse.

*
Primer día libre: Té con leche acostado, la gata adentro del cobertor, Marguerite Duras al frente.

*
LISTA
librero/dvdsmúsica/trilogiainvoluntaria (pensión antigua)
oculista
arreglar usb
miel
diarios de bicicleta byrne
la niña del pelo raro fosterwallace
kawabata iara
tortas montero
mail bruno fds
certificado antecedentes
los archivos del cardenal
lámpara cami
velador?
zapatos serios
cintillo, short correr, pendrive
fonos
escritorio chico
confort, dulcemembrillo, jabón
cepillopastaportable
especieroportable
banano
cosmos 2014
termo (frio y caliente)
mochila
defensatesis
cosadocumentos
nara leao, novos baianos, sidi touré, billy wither, bajar todo
ost walter mitty
tankas
takuboku
big bill bronze
puntos movistar (canjear cel)
puntos líder (¿)
rompecabezas
pack calcetas cortas
pote comida bueno
pantuflas
mantención bici
colchón
emar cavilaciones
teillier nostalgia de la tierra
comprar go
comic supnem
austerfeli

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Lo mejor de todo es que casi nadie de los que trabajan aquí saben que este es mi segundo trabajo en toda la vida.

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Segunda semana. Me caí de la escalera (no me pasó nada) y el querido cliente, luego de decirme que no sé usar escaleras (y sé, aprendí: hay dos escaleras, una endeble y una fuerte y hay que usar la fuerte), me pregunta por el siguiente libro. ¿Por qué a alguna gente le importa un pico el otro? No soy prejuicioso, no juzgo por las apariencias, pero éste era un guatón conchesumadre de tomo y lomo. Una gordura espiritual. Luego, cuando en vez de “huy” escribí “uy” buscando el título de su libro, me dice: “trabaja en una librería y no sabe escribir”. Le respondí textualmente: “huy, trabajo en una librería y no sé escribir huy”.
Lo mejor de todo (y lo peor, porque me perdí la escena y sólo me la contaron): al ir a caja a pagar los libros que quería llevar, su tarjeta no tenía saldo y se fue refunfuñando.

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Llego a casa y un captcha me dice: “¿are you fine?”. Algo es algo.

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“Mi Dios era el «poder», y por mi impotencia me doy cuenta que he construido sobre cimientos de arena”. (Nietzsche, Mi hermana y yo)

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Nunca había visto un Nietzsche tan derrotado y humilde y hasta encantador como en “Mi hermana y yo”.

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“Todo se puede adquirir en la soledad, excepto la cordura”. (Nietzsche, Mi hermana y yo)

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Como trabajo es Sábado pero por afuera mío.

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“…Vivirás.
Construirás tu casa
aquí: olvidarás
tu nombre, La tierra
es el único exilio”.
(Paul Auster)

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Moriré leyendo acostado.

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Hoy el compañero de trabajo que tiene barba y que me cae cada vez mejor me contó que tiene un instagram con barbas de hombres.

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“Cuando el zángano se aparea con la reina, su eyaculación es tan explosiva que es audible para el oído humano”. (#Hannibal)

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Última escena del sueño: voy en un bus manejado por B directo a atropellar a unos pacos pero me arrepiento y salto en movimiento. Salto hacia una camioneta repleta de cadáveres.

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No puedo dejar de notar el parecido del conductor de esta nueva versión de Cosmos con Craig Robinson. Todo pierde un poco de relevancia.
Si el universo fuera Chile ser de la Tierra seria como ser de Linares.
“La luna es un recuerdo de esa época violenta del universo”.
“Somos la última hora del ultimo día del año cósmico”. Eso ya lo sabía, igual todos los saben, y uno se siente mínimo durante los segundos que dura esa explicación y luego de nuevo toda la realidad vuelve a ser la realidad histórica humana. Pero de todos modos sigue siendo una idea rescatable: hay que seguir el ejemplo moral de la tierra y su lugar en el universo. Hay que comportarse como esa pequeñez y ese azar de lo vivo tal y como lo conocemos. No como esa pequeña pero fundamental parte, ni como el milagro de la vida, sino como esa pequeña e innecesaria cosa que surge. Repetirnos una y otra vez: esa pequeña e innecesaria cosa que surge. Ese defecto de la vista de dios. Algo como eso que Zizek denomina visión de paralaje.
Giordano Bruno y la infinitud de la creación. Googlear.
El universo en el átomo. ¿La infinitud del universo es también la infinitud de lo ínfimo? Tienen el mismo límite. ¿Qué pasa cuando llegamos a la experiencia de ese límite?
Recuerdo que cuando chico me gustaba pensar alrededor de eso.
Y aún hoy no paso de eso, de ese límite.

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“Escribir como un traductor, y actuar igual”. (Simone Weil)

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Dos francesas amigas de M en la cocina. Se quedarán una semana. No sé por qué las rubias, sobre todo si son muy muy bonitas, no me cohíben. Una parece modelo y la otra es más normal. Una conoce a Simone Weil y la otra la confunde con de Beauvoir. La que confunde a Weil con Beauvoir y no es como una modelo se tira los medios chanchos y cuenta sobre una amiga que hace sonidos de peos con la vagina. Me cae tan bien que la otra francesa desaparece y ni le hablo y en todo el tiempo que vivimos bajo el mismo techo nisiquiera me aprendo su nombre.

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Algo lindo que hacemos sin pensar: sonreírle al extraño que se le cae algo o se equivoca o emerge de cualquier manera abrupta ante uno.

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El mero sonido de una película de monos un viernes por la noche me hace algo bueno que no sé qué es.

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Gustar de alguien es ir abriéndole paso a lo desconocido.

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Cortos momentos para sí mismo. Menos devaneo mental. Volverse una figurita más cayendo en el tetris del tiempo.

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“Cuando el barco estuviera bastante alejado del puerto de Toba, daría la impresión de que incluso las gaviotas que volaban más bajo se alzaban a más altura que la torre de acero, cada vez más lejana. Pero sus ojos percibían aún la altura real de la torre. Chiyoko observaba atentamente el segundero de su reloj con correa de cuero rojo. «Si una gaviota vuela más alto que la torre en los próximos treinta segundos, eso significará que me espera algo maravilloso», se dijo”. (Yukio Mishima, El rumor del oleaje)

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Hoy me hice de: M[i] V[ida] Diarios (1911-17) de Juan Emar; Tratado de la brevedad de la vida de Séneca y Mi hermana y yo de Nietzsche. Además, un Osho para madre, y El libro imbécil de Compulsivo para mi hermanito (y para leerlo yo antes de dárselo)

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No he hecho nada por dejar de cagarme de frío todas estas noches tapado con una mera sábana.

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“El trabajo piensa, la pereza sueña”. (Jules Renard)

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Almorzando solo en un patio de comidas. Quinientas veces más ocurrirá lo mismo. En el amplio ventanal que da a compañía pega el sol. Ya lo he decidido: En invierno ése será mi lugar.
Suelo pasar al baño luego de almorzar pero ya es la tercera vez que estoy en la caseta y un viejo en la caseta del lado, mientras caga, suspira fuertemente. No entiendo cómo todos se comportan con una naturalidad atroz. Cómo se atreven a soltar esos tremendos peos y después salir y mirar a la otra gente que se sentará donde mismo estaban ellos como si nada hubiera pasado allí.
Con el paso de las semanas, empiezo a dejar mi rutina de comer-y-cagar.

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Personajes que van a la librería: 1) El cabrito que se sienta a leer novelas con una bolsa con frutas o cosas de la feria. 2) El señor que estudió filosofía hace muuuuchos años y en realidad no quiere libros y va a conversar (y le doy el gusto) 3) El hueón abacanado (puede estar interesado en cualquier ámbito) que va a probarte que sabe más que tú sobre algo. 4) El maravilloso cliente que al ser consultado te dice que solo quiere mirar. 5) Las ya mencionadas señoras que buscan el milagro. 6) Ejecutivas relativamente jóvenes que buscan cosas cuya existencia yo desconocía (Camila Läckberg, Sophie Hannah, Adler-Olsen, etc.) 7) Tiernísimos señoras y señores que hablan bajito así como Teillier y no se enojan si uno es torpe o se demora.

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Ésto sí que nunca me había pasado: estar poniéndome el polerón y olvidarme a la mitad del proceso y sacármelo.

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“Escribir no es sentarse a escribir; ésa es la última etapa, tal vez prescindible”. (Levrero)

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“Una vez que has entregado el alma, lo demás sigue con toda certeza, aun en pleno caos”. Así empieza Trópico de capricornio y tengo que volver a leerlo y Trópico de cáncer también.

*
Café de Brasil y yerba de Curicó.

*
“Cuando el alma se deshiela, ¿quién dudaría de su inclinación y capacidad de trabajar y celebrar con otras?”. (Peter Sloterdijk, Esferas)

*
“Leo y leo este libro.
No sé si lo estoy leyendo
o me lo estoy enterrando”.
(C. B.)

*
Llego y está la francesita viendo en youtube una cosa que dura 5 minutos y que, según me dice, es un zapping de como 5 segundos de cada programa existente (en Francia). “Tele para la gente que no quiere perder mucho tiempo viendo tele”, me dice. Luego me pide Before sunrise entonces bajo y fumamos y cocino y comemos y fumamos de nuevo y en la parte del poeta me aburro y subo y después ella también sube y me dice que encontró que la peli era muy cheese.

*
Respeto y hasta me enternece el trabajador pobre fumando paraguayo al final de la jornada laboral en los rincones mal iluminados del centro.

*
Es el cuerpo el que busca los libros.

*
A veces despierto con miedo no sé a qué.

*
La intimidad del poder. El único reality que necesitamos.

*
Es ridículo. Hago todo corriendo. Llego alrededor de las 10 de la noche y hago todo corriendo para así poder tener tiempo para leer o escribir o ver alguna película o simplemente no hacer nada y ver a la Pamela Jiles en Mentiras Verdaderas. Cocino corriendo, contesto los mails corriendo, ordeno la pieza corriendo, lavo la loza corriendo, cuelgo ropa corriendo. Debe verse bien absurdo desde fuera, una persona sola, en una casa sola, corriendo por todas partes, haciendo sus cosas, como presionado por un amo invisible.

*
No tenía idea que el papá de Costanza en Seinfeld es el papá en la vida real de Ben Stiller.

*
Primer par de días libres en la semana. Hoy: pasear y planear un comic de a dos, luego a la u a ver la defensa de la tesis y comprar comida.

*
Francesas culiás. Una se hace la linda para ducharse antes que yo, pero luego deja colarse a la otra y no voy a decirles que estoy que me cago.

*
Encontré el frasco de la marihuana abierto y vacío en el suelo en el patio. Inevitablemente sospecho de todos.
Pero justo cuando estoy en la cocina maldiciendo mentalmente se me cae y rompe la botella de agua de M. Entiendo, lo tomo como una señal y hago caso: fueron los perros.

*
Camisa y pantalón limpios pero arrugados, siempre.
La camisa me la plancha el transcurrir del día.

*
El hallazgo del día fue la autobiografía de Italo Calvino (Ermitaño en Paris, Siruela) a 5.900. Fue inevitable comprarla.

*
Me gustó la niña del negocio. Cómo cantaba, cómo no le importaba nada, cómo me buscaba el arroz y le pregunté qué sonaba y me dijo Nano Stern. Así que eso estoy escuchando.

*
Touchpad reconchadadesumadre. ¿Cúando chucha voy a mandar a arreglar el usb de este computador? Y más importante aún, ¿quién mierda es el que inventó este sistema en el que uno está escribiendo y al terminar uno se da cuenta de que quedó todo mezclado porque el mecanismo táctil es básicamente una mierda?
No sé cómo aún vive este computador. No sé cómo aún no lo lanzo contra la muralla o lo agarro a martillazos y me meo encima.
Eso.

*
Hoy debería: haberme hecho el tumblr para subir los comic que vayamos haciendo con K y haber al menos empezado a embalar mis cosas nuevamente y haber ido al centro en busca de un Alpes para canjear por comida los cheque restaurant y haber pasado a buscar el sueldo a la librería y haberme comprado unos pantalones decentes y haber salido a correr y haber empezado a releer la tesis para preparar la defensa y haber terminado el de Auster. Eso debería haber hecho, pero en realidad lo que hice fue: despertar hacerme un pan de molde con lechuga y mayo (lo único que tenía) y un té de manzana-canela con leche y volver a meterme en la cama y poner un documental de Marguerite Duras que a la mitad me di cuenta que ya había visto pero igual volví a verlo y la gata por vez primera y tal como ya M me había anticipado que haría vino y se metió lentamente debajo del cobertor hasta llegar a mis piernas y encontrar un hueco pero sin acomodarse durante los primeros cinco minutos y quedándose extrañamente sentada como un enorme bulto en la cama y luego de esos 5 minutos en que yo intermitentemente le ponía pausa a Duras para mirarla allá abajo y ser mirado del mismo modo, recién después de esos 5 minutos, digo, se acomoda y apoya su cabeza en mi pierna y se deja acariciar y supongo que se duerme y después se va y yo también, luego de ver los mails y twittear alguna lesera, me duermo y despierto a las 13:00 y salgo disparado de la cama porque se supone que hay que usar bien el día libre y bajo corriendo a echar a lavar la ropa y lanzo unos 6 puñados de monedas que venía guardando desde que llegué aquí los lanzo sobre la cama que acabo de hacer y me echo en monedas de 100 y 50 pesos una luca en cada bolsillo y como en total ando con 7 bolsillos 7 lucas gasto en la verdulería y el almacén y me traigo plátanos tomates una palta huevos leche queso atún canutones crema y una coca cola con tapa dorada que me sirve en el doggis como descuento de 500 pesos por la compra de un maxicombo que valoro en su versión de completo mexicano que trae cebolla real y salsa verde real lo que no está mal de vez en cuando y al llegar de comprar cocino y tiendo la ropa y ordeno y empiezo a revisar Enero y Febrero y algo de Marzo en mi word todo está en desorden hay cosas que sobran otras que sólo puse la primera frase como si luego fuera a tener ganas de completarlo cosa que pocas veces ocurre y borro un montón de cuestiones y lo dejo porque los siempre perfectos canutones con crema y atún y merkén están listos y almuerzo viendo el último episodio de Hannibal y luego sigo con lo del blog y me doy cuenta que he escrito bastante ahora en Marzo y decido que volveré a publicar una entrada al mes.

*
“Sin embargo, era probable que su reflexión acerca de lo poco seductor que era su rostro vulgar fuese tan presuntuosa como si estuviera convencida de que era toda una belleza”. (Mishima, El rumor del oleaje)

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Los amigos variarán sus abrazos
los amantes inventarán bellas mentiras
y el olor a tierra mojada
será el mismo
de siempre.

Los trenes serpentearán el cielo
los límites del cuerpo se confundirán con los del mundo
los árboles saldrán corriendo despavoridos
sabremos lo que dicen los animales
volveremos a escribirnos cartas
y el sonido del perro bebiendo agua
será el mismo
de siempre.

Crearemos nuevas formas de hambre y deseo
los insectos construirán sus propias ciudades
multiplicaremos los deportes
redistribuiremos la miseria
pondremos la luna donde nos plazca
y el viento
silbará
a través
de lo que desee
como
siempre
lo ha hecho.

Mientras los trenes vuelan
y el sol grita
y los insectos ya no piensan
en nosotros,
oleremos y dibujaremos
en la tierra mojada
nuestra milenaria opresión
y nos quedaremos cerca
de todas las cosas
que viven cerca
de sí mismas,
llenas
de sí mismas,
vivas
de sí mismas.

Las ideas
se van cubriendo
de pasto
y es
para que
pasemos.

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