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Estoy con la voluntad puesta y retirada en la medida justa. Pienso que siempre dura poco. Pero ahora no sé qué podría salir mal. A veces pienso que seria un profesor bacán. Otras veces pienso que me rascaría los cocos sin darme cuenta y todos se reirían. En unas semanas más lo sabré. Y ni siquiera sé bien qué me alegra. O es que ni siquiera estoy propiamente alegre. ¿Se habla de otra cosa que no sea el ánimo? El animo como psiqué. Si tuviera caracteres griegos quedaría más bonito. La psiqué como soplo interior, ni siquiera alma sino una guea indetectable. El ánimo culiao: su detección como tautología: la detección creadora. Modos de preguntar por el otro que incitan ámbitos reducidos de respuesta. “¿Cómo van las cosas?”, puede preguntarme un tío, entonces no le diré nada acerca del tedio, la soledad, y la intermitente felicidad y en cambio le hablaré de la universidad y la salud. Es el medio infinito el que andamos trayendo, los existencialistas vieron esto, pero no pudo deducirse de allí una política, una ética no individualista. Es una especulación financiera de sí mismo a veces sorda del resto. Un clima de sí ante los otros que son otras geografías. En cualquier caso, a ti puedo decirte que estoy bien, nuestros lugares son parecidos, no nos interesa ni el fondo del mar ni el espacio ni los animales únicos: eso puede encontrarse en cualquier parte. Además, con todos lo dicho hasta aquí, este es un “estar bien” que, a fin de cuentas, no significa casi nada si no se le pone en referencia con su contexto. Y si vemos las cosas asi, notamos que es por eso que es mejor contestar rápidamente cuando nos preguntan cómo estamos. Decir algo que haga que el otro pase rápidamente a lo que quiere decir. ¿Esa es la monstruosidad del otro de la que habla Zizek, ese es el problema del rostro en Levinas?: “Al enfrentarse a un Musulman, uno precisamente no puede discernir en su rostro el rastro del abismo del Otro en su vulnerabilidad, que se dirige a nosotros con el infinito llamado a nuestra responsabilidad” (1), o sea que es tan otro que no nos deja ninguna chance y se vuelve una especie de “grado cero del semejante” (2), un grado cero de la diferencia ante lo cual no cabe sino el horror o la indeferencia. Cachai que el otro día estábamos en una cuestión de poesía en el campus San Joaquín de la católica, ya habían empezado a leer y le estábamos guardando un asiento a una niña del taller, a todos los que se acercaban a sentarse les decía maquinalmente “viene alguien en camino”, y lo mismo hice con una mujer que –y me di cuenta mientras le repetía la frase- llevaba una mascarilla y un parche en el ojo. Supe que estaba mal mientras lo hacia, mientras la frase ya estaba andando. Pero también supe esto: si me veía recular y decirle bueno ya siéntate podía pensar que era sólo porque vi su parche y su mascarilla. ¿O hubiera estado bien? ¿Me pareció tan obvio que tenia que decir que sí que dije que no? O no sé, ni alcancé a pensar. Lo que pasa rápido quizá no amerita ética sino fenomenologia. Une ética fenomenológica. Quién sabe. Me imagino una ética minuciosa asi de qué hacer cuando le pisai el pie a otro. O una fenomenologia de cómo nos sentamos a esperar el metro, cuándo nos sentamos al lado de alguien y cuando nó, una fenomenología de las miradas enfrentadas entre desconocidos. Una vez encontré en una pagina que habían muchos ensayos bacanes uno de una niña que llevaba por titulo: “fenomenologia de cómo aburrirse en las fiestas”. Nunca más lo encontré. Ni googleando. En fin, la cosa es que esta niña volvió a pedirme el asiento, pero esta vez me dijo “la niña que iba a sentarse aquí dijo que estaba bien, que me cedía el puesto” y era cierto, mire pal lado y la caro sólo meneo la cabeza dos veces como diciendo “inhumano culiao”. Y subís qué: al día siguiente la vi en el metro. No creo que otra niña con sus mismas características de mascarillas y ojo parchado anduviera por ahí. Pero no quiero deducir nada de allí.

(1) Slavoj Zizek, Visión de Paralaje, Ed. Fondo de Cultura Económica Argentina p. 116.
(2) Ídem.

clau

Soñé que estábamos hablando con las Camilas y llegaba la Claudia. Me alegraba enormemente. Tenía el pelo largo. Muy largo. Nos íbamos a otra pieza a hablar. Es como tú, me decia, respecto a la Camila A. Lo primero que hacia era hablarme de algo, no recuerdo de qué, con un tono de voz amable pero siniestro. Siniestro porque mientras me hablaba apretaba mis encías con una cuchara. Durante los primeros diez segundos me quejé riéndome, como alguien a quién están gueviando no más, pero después empezar a gritar. No paraba. Entonces llegó mi mamá. “Claudia, por que le haces eso a Rodrigo”. Y yo, avergonzado, “pero mamaaaa, sale, déjanos”. Sentí que sólo yo podría saber porqué lo había hecho. Por eso cuando desapareció, en ese mismo momento, quizá por el reto de mi mamá, sentí impotencia, la sensación de estar en algo incompleto, de haber estado a punto de tener una especie de revelación a partir de una falla del sistema (que la Claudia se comportara asi no podía sino comportar una gran verdad: esa era mi intuición, no podía ser al azar, algún mensaje debía haber). Al rato me vi en una especie de público, custodiado por un par de peruanos, mirando a una poeta contra Dios, cuyo tema era estar contra Dios. De algún modo llegue a ver las etiquetas que salen abajo asi en la pantalla de la tele (¿?) y decía: “mujer que sufre la enfermedad de odiar la divinidad en todas sus variantes”. Sostuve una conversación con un tipo a mi lado sobre poesía y vida. Convenimos que la enfermedad de esta mujer era no separarlas y vivir en continua performance contra lo divino. Recuerdo especificamente haberle dicho a este tipo “llenar asi de poesía es pura carencia”. Estábamos de acuerdo en casi todo. Yo estaba ahí porque estaba enfermo, porque después que se había ido la Claudia habían decidido que yo estaba loco o cerca: mi familia no entendía que yo quisiera comprender tamaña barbaridad y buscarla. También es raro como desapareció: se esfumo, como un ninja. Entonces volvía con los peruanos (vi cara y sello y salio un sité con peruanos fracalusers, por eso quizá), volvía a donde fuera que fuese el lugar original de esta disputa con muchas carpetas entre los brazos que iban cayéndoseme mientras íbamos rápido apurados no sé por qué. Se me caían al barro. A unas pozas. No sé qué diablos había en esas carpetas.

Y bueno, adentro lo obvio, las instalaciones, los cuadros, los videos, pasearse, quedarse, pasearse, de pronto verse sólo y mirar alrededor fijándose que nadie te haya visto en ese microsegundo en que te diste cuenta que estabai sólo, nos paseamos y hablamos con propiedad sobre la absoluta ignorancia de uno respecto a las distintas obras, diciendo me parece buena, bonita, grande, tonta, con una copa de vino en la mano, la verdad de todas me quedo con lo de la Betania, porque hubo aporte colectivo, harto trabajo, y las otras no entendí ni gueas de qué trataban. En algún momento pasó adelante y le regalaron una caja grande con oleos. La mamá de la Betania es tan pará en la hilacha. En el buen sentido. No me la imagino con vergüenza de nada. Y el papá es bonito. Es un gordito bonito chistoso. Y te digo esto como si no los conocierai o como si se te hubieran olvidado.

Los días buenos ni se notan sabís, o quedan para sí mismos, arrugados al fondo de un bolsillo inaccesible. Quiero decir que es como siempre, que las cosas van bien, que hay comida, algunas gentes, ocupaciones, que sacaré, de algún modo, esta carrera y que, dentro de eso, de toda la habitabilidad, no trasciendo hacia nada. Y permanezco. Y permanezco. En la mera habitabilidad

(…)

He dicho que las cosas, como siempre, van bien, pero es mentira: sólo recientemente las cosas van bien. No me acuerdo si te conté que me cambié de casa en Curicó o que estoy yendo a hacer la prepráctica a un colegio. Bueno, a ese tipo de cosas me refiero. Cosas de salud. Cosas de naturaleza. Cosas de casas. Cosas de estudio. Cosas que un día Martes a las cinco de la tarde dan lo mismo, porque se rebota en las mismas cosas, porque en concreto quiero esa cuestión que por ahí llamaste dulzura y que yo no sé cómo llamaría pero es eso.

(…)

Apenas llegué hoy limpié toda la pieza. Recogí un montón de libros que se habían caído hace un mes y los reacomodé. Tengo un líquido multiuso desde que llegué aquí: el envase aun está a la mitad. Puse Toe fuerte, no hay nadie aquí, eso es bueno en estos momentos, que no haya nadie salvo un gato negro en un sillón negro. Sin ganas de comer, almorcé Herbalife de un trago. Y todavía ni te digo qué me ha pasado, quizá ni haga falta, o es que subrayé varias cosas de tú carta y quiero referirme primero a eso, pero no todavía, éste ímpetu de contarse, de situarse, de que sea como un living mental sentados los dos, y eso que odio a la gente que te toma del brazo para que presten atención, ¿he hecho eso alguna vez?, tú nunca, avísame si llego a comportarme asi, ya sea por escrito o por las otras vías. No puedo obviar partir desde la pena culiá y su pequeño horizonte. Todo cobra una homogeneidad lejana. Se acentúa lo transitivo. Una alegría insana de saber que si me muero el mundo sigue. O quizá sea sano pensar asi, porque demás está decirte que ya no fui alguien apto para el suicidio. Es una impersistencia vital la de hoy. Me bajé del metro y me vine sacando en limpio el catalogo emocional de este año y me dije que tener pena determinadamente era mejor que la otra pena indeterminada de domingo por la tarde o de fin de semana nulo acostado. Lo único bueno es que los días nulos ya pasaron. Y todavía no diré nada. Si esto fuera un ensayo quizá estaría correcto en el sentido de plantear el problema sin aun desarrollarlo. También pienso en eso, mucho, hoy sobre todo: pienso en cómo hacer lo correcto, en cómo finalmente siempre me equivoco, al final, cuando creo que todo está pulento.

“En el fondo de toda lejania se alza tu casa”
(Hermann Broch)

Dan ganas de referirse a la contingencia inmediata al pobre perimetro a la comentaricidad simple de toda economia espiritual es como si sólo pudiera hablarse del amor su incompletud sus bromas sus modos las precarias actualizaciones que duran lo que duran como si fuera una copia pirata que arruinará lo Real al carajo con los originales incluso con la infancia Teilleriana y su mito rural uno se llena en falso pero igual pesa la textualidad de la ficción o en términos freudianos la positividad de la mentira o sea la invención de un hecho traumatico inexistente  que se vuelve trauma efectivo pero no hay aqui trauma por ninguna parte lo que se desarma es un casi se desarma el monumental a medias pedazo a pedazo me preguntó que cómo nos imaginaba que de ser cómo creia yo que seriamos pero ni hubo que decir algo cuando el propio nombre es dicho demasiado bajo para qué uno se llena asi para callado y luego comenta un 10% de las inutiles proyecciones con la amohada o los amigos comentamos para que sea quiza hablamos o escribimos para que sea andamos buscando lo mismo pero más lejos en las lejanías internas a los otros sus  modos sus bromas de amor quién tenia un libro que se llama sólo puedo hablar de amor o algo asi andabamos buscando ninguna guea al final patibulos patibulos bien decorados son sólo limbos salas de espera colas de supermercado vientecitos unos de otros fue asi desde el principio era obvio sólo queda el sabor la equis en el velador un pinche o dos.

Todo el invierno cabe en un día,
el tragaluz arrítmico lo sigo con los dedos,
vuelto frazada nada es aun.
Espero a que sea.
Retrocedo en el sueño.
Era una rubia y le pegaba una patada en el hocico.
No recuerdo bien.
Contra la almohada los dedos
van llevando un ritmo:
en todo arbitrarios dedos
que deducen y siguen ritmos
desde la materia informe.
Al principio era el ver volver al verbo
con el hombre entre las piernas.
Espero inmóvil el carácter del día,
el material que me niegue bien,
lo suficiente como
para poder subrayar unas cuántas horas,
guardarlas lo que se pueda
no es pedir mucho,
toda fe es un otro
en la coincidencia de nuestras pequeñas muertes diarias
cuando la forma del cielo cae garganta abajo
sólo está el otro y su demora.
Perdí el ritmo del agua,
tuvieron conciencia los dedos,
el ruido de la cocina le remplaza en su lejanía amable,
la suma de olores invita,
hay veces en que los días entran de espalda por la puerta,
o llegan como un bloque de horas amarradas por pasos,
a ver si hoy no se sueltan los nudos
y cubrimos todas las bases.
Aunque se nos diga eres llovizna o garuga
o tierra seca
se ofrece uno como ventanal de tren
sin promesa de paisaje ni clima ni vacas pastando
la pura ranura,
una ranura que mira por otra ranura
un forado con manillas,
estar a la mano,
llevar el esqueleto invernal
hacia cualquiera que adivine
este clima desprovisto de mundo
este clima desprovisto de objetos
no podía levantarme era sólo un clima nulo
un cielo de frazadas lentas no podía,
pero finalmente he salido a caminar con el imposible prójimo
que mojado queda más cerca.
No tanto, pero algo, algo del desamparo se intersecta.
El invierno cabe todo en este día,
el pichi es borrado de las esquinas,
y llevado con el jugo de ciudad por las alcantarillas.
Me gustan las barbas mojadas que les cuelgan a los perros,
un trote certero no importa hacia qué,
o las señoras que corren y cubren inútilmente sus peinados
con pequeñas carteras aun más inútiles.
Si escurriera no seria la sal,
ni el azúcar,
sólo una nota más dentro
del leve azote de todo en todo.

“En todos los países del mundo sin ninguna excepción,
se concede tanto espacio a la criminalidad
como si se tratara de una novedad cada nuevo día”
(Michel Foucault)

¿De que nos sirve enterarnos de los pormenores de cierto accidente de transito, o de que un león se escapo de un zoológico, o saber el nombre de un tipo al cual lo han estafado 100 veces? Las noticias podrían perfectamente ser un compendio de datos duros bien distribuidos al servicio de la población y no una selectiva y cuidada producción espectacular de imágenes y formatos novedosos para incrementar el rating. La imposibilidad de que la ciudadanía se vea efectivamente reflejada a sí misma y genere reflexiones inéditas estriba precisamente en esta lógica televisiva de la información que se da en todo tipo de ámbitos y que consiste en quedarse de sobremanera en lo local, en el intimismo del detalle que se vuelve universal mostrando todos los ángulos posibles en una especie de imaginario estético-ilustrado en el cual conocer algo es hacerse de todos sus escorzos, como si las cosas fueran en sí mismas lo que son y bastara, para aprehenderlas, con establecer un promedio de todas las perspectivas. Eso es complicar y no complejizar. Y toda esta cuestión se hace pasar por servicio a la comunidad siendo que nunca nadie ha establecido ese contrato social: si a alguien de mi familia le pasa algo no me interesa que la TV este ahí para contármelo, en serio, prefiero que usen ese tiempo en hablar sobre la muerte, que pasen un corto, o que se queden callados mirándose los pies. Y es que el control de la información pasa por la apariencia de diversidad que generan los medios, y no notamos que, si no fuera por la necesidad (creada) de simpatizar con el televidente (o sea la necesidad estructural de considerarlo un consumidor de imágenes), quedaría bastante espacio para poner en juego esos datos duros y discutir, de modo que las relaciones mismas entre los datos pudieran irse volviendo, a su vez y progresivamente, datos, aportando así a la lucidez que se necesita para comprender las redes del poder, es decir, posibilitando que el ciudadano común y corriente incremente su capacidad de relacionar todos los ámbitos que se han naturalizado como separados para volverse un sujeto crítico que ya no padezca a la historia. Seria razonable que dejaran de mostrarnos las imágenes de los distintos accidentes de transito, de los distintos accidentes aéreos, de las infinitas formas de asaltar a alguien, de las distintas formas de vacacionar, de las distintas formas de amar, y que en vez de eso se nos diera una estadística al día con los lugares y los muertos, o mejor aun, que eso estuviera en una base de datos accesible a todos. Pero no, los medios se vuelven fin en sí mismo, en las artes el diagnostico general dice que los recursos representacionales son el nuevo insumo, y lo mismo sucede con la literatura (Vila.Matas, por ejemplo con sus novelas metaliterarias). Es el momento estético de la época, de manera que esta petición ética que le hacemos a los medios debería inscribirse en una pregunta mayor ¿Son responsables los medios de su estética y sólo les queda sumarse al estado representacional del mundo o estamos en posición de demandar legítimamente que corten su gueveo espectacular ? Oimos el llanto desconsolado de una madre ante el cuerpo de su hijo se vuelve una noticia, la cámara hace un zoom, comienza una penosa música, el periodista le pregunta cómo se siente –sacodegueas- ¿Era necesario? ¿Qué se creen estos ingeniosillos? ¿Qué argumentos los respaldan? Esta bien condimentar la vida, sí, pero para eso uno escoge su propia literatura, su propio pedazo de cultura y arte, estoy en mi pieza y si me da la gana el soundtrack es Toe o Coltrane, de manera que lo mínimo que se le pide a las instituciones (a la tele, en este caso) es que la corten con lo de la objetividad, pues es todo lo contrario: les pedimos su apuesta, que si van a hacerlo, por lo menos nos digan porqué, o sea, ¿Por qué deberíamos saber qué tendencias vienen en la moda?, ¿Tengo que saber que tal o cual futbolista tiene un hermano que vende drogas? ¿Tenemos que informarnos necesariamente de que tres adolescentes mataron a golpes a otro tipo?, ¿Tiene que durar tanto cada noticia? El tiempo que se pierde en la intimización del hecho podría usarse en la universalización que se conseguiría poniendo en circulación esa información y ligándola rápidamente con otros hechos, pero no, no funciona así porque al ciudadano se le toma por alguien que debe ser continuamente sensibilizado y, en consecuencia, moralizado y socializado en pos de conseguir ciudadanos confiables y productivos, ciudadanos infantiles al cuidado de la biopolítica que ellos mismo producen y conservan. Esto explicaría de algún modo el “cómo se puede obedecer al poder y encontrar en el hecho de la obediencia placer, que no es masoquista necesariamente” . O si no veamos como goza el niño que recién esta incorporándose en la ley, recordemos cómo le recuerda a los adultos faltas menores como decir un garabato, o equivocarse en una palabra, sintiéndose allí en una comunión con algo mayor: La Ley. Esto mismo se repite en el escueto modo en que la gente en su casa se queja de lo malo que esta el mundo que se ve en la TV a través de las noticias. Y para qué decir lo interesante que seria ligar esta reflexión a algo bastante obvio que nos comenta Foucault sobre la delincuencia y su utilidad: “la delincuencia tiene una cierta utilidad económico-política en las sociedades que conocemos (…) cuanto más miedo en la población, más aceptable y deseable se vuelve el sistema de control policial”. O en otras palabras: la policía no tiene una finalidad, no pretende acabar con la delincuencia, sino que pretende estar siempre acabando con la delincuencia, del mismo modo que la política no plantea su fin sino que se mantiene como la administración de la sociedad y sus leyes. Sin embargo, incluso suspendiendo esta aporía constituyente, la inutilidad de las imágenes y el esfuerzo cuantitativo de los noticieros sigue en evidencia si optamos por una perspectiva crítica en vez de la implícita infantilización de los ciudadanos.

(colaboración para la revista artecurico, gracias bruno.)

“Por las noches, en un cuarto oscuro, con una pequeña y dura cama arrimada a la pared, sin lámpara para leer, iluminado por algún resplandor lunar que se filtraba a través de la exangüe claraboya, me metía el índice en la nariz, fabricaba pildoritas y las pegaba en la pared empapelada de celeste. Durante ese mes, poco a poco, con mis mocos, fui dibujando un elefante. No se dieron cuenta porque nunca entraron a asear o a hacerme la cama. Al cabo de un mes, el paquidermo estaba casi listo.”

“Frente a mi se sentaba una anciana con la espalda en forma de gancho, que había perdido todos los dientes menos uno colmillo de la mandíbula inferior. Cada vez que le servían la sopa, escarbaba en su bolso sarnoso, con disimulo extraía un huevo y, con gesto tembloroso, lo quebraba contra su diente huérfano para vaciarlo desde lo alto en el liquido insípido, salpicando el mantel y mi libro. Yo imaginaba a la vieja acuclillada en su cuarto, como una enorme gallina desplumada, poniendo cada día un huevo en lugar de defecar. Asi como había aprendido a vencer el dolor tuve que aprender a dominar el asco. Al final del almuerzo y la cena, se despedía de mí besándome las mejillas. Yo obligaba a mi boca a sonreír.”

“A los diez año ya pude comprender que para mi la familia era una trampa de la que debía librarme o morir.”

“Un digno notario, desde las seis de la tarde, emborrachándose en los bares, se hacia llamar El terrible tetas negras. Mucho se celebraba la manera que tuvo de abordar a una parroquiana: “Señora, yo también he sido mujer: hablemos de vaca a vaca”.”

“No sé por qué divina inspiración a Lihn se le ocurrió ponerse a ladrar con más ferocidad que los canes, mientras galopaba a cuatro patas. El terror le otorgo un volumen de voz descomunal. No tarde en imitarlo. En un instante, de perseguidos, pasamos a formar parte del grupo perseguidor. Los canes, desconcertados, no intentaron mordernos.”

“En una reunión de la academia literaria, Lihn y yo comenzamos, dando gritos de horror, a sacarnos de todos los bolsillos carne picada para bombardear a los asistentes. (…) Frente a una terraza de un café, vestidos de mendigos, sacamos un violín y una guitarra como si fuéramos a tocar. Rompimos los instrumentos musicales dándoles contra la acera. Le dimos una moneda a cada parroquiano y nos fuimos (…) En la conferencia de un profesor de literatura, en el salón central de la universidad de Chile, con trajes de explorador, nos acercamos gateando a la mesa del orador y, con melodramáticos quejidos de sed, nos peleamos por beber el agua de la clásica botella (…) Disfrazados de ciegos y llorando hicimos cola para entrar a un cine.”

“El acto poético debe ser bello, impregnado de una cualidad onírica, prescindir de toda justificación, crear otra realidad en el seno mismo de la realidad ordinaria (…) el acto poético debe buscar la construcción y no la destrucción.”

“Si el arte no sana no es verdadero.”

“triunfar en Paris es muy fácil, sólo los primeros cincuenta años son difíciles” (Roberto Matta)

“El sueño lucido nos enseña que en ningún momento estamos sólos, que la acción individual es ilusoria.”

“Llegué a la conclusión de que debía inducir a la gente a actuar en medio de aquello que concebían como su realidad.”

“No se puede eliminar una angustia, un miedo irracional, tratando de razonar con el consultante para demostrarle que aquello que teme nunca le puede suceder. Lo que hay que hacer es empujarlo hacia la angustia para que realice, metafóricamente, lo que tanto teme.”

“El problema del perfeccionamiento se cura aceptando mostrarse, ante quienes lo exigen, más imperfecto de lo que se es.”

“El inconciente toma los símbolos por realidades.”

“Desprenderse del condicionamiento fetal, luego el familiar, luego el social.”

“Para que nazca un pollo, la gallina debe picar la cáscara del huevo desde fuera, mientras que el pequeño la pica desde dentro.”

“La certeza imitada debe ser total.”

amores caca

“Pienso en los tipos de amor. Mientras voy en el metro y miro, pienso en todos los tipos de amor que tengo frente a mí. Ella tiene un niño tomado de la mano y de la otra mano del niño sale una mano que será de él. Ella lo mira con cara de mira imbécil como me tenís, me hiciste un hijo, estoy fea, gorda y vieja y por tu culpa y por culpa del crío. No tengo vida, ni amantes, ni diversión. Te tengo a ti mi huacho que me hacís rabiar pero tengo que quererte porque no me queda otra. El la mira con cara de puta que estai fea y desgastá y puta que me molesta estar contigo pero (al igual que a ti) tampoco me queda otra. Y se bajan en la estación que sigue y pueden fingir de uno u otro modo, que son medianamente, felices. En otro rincón tengo a los típicos jipis culiaos que se aman con su amor jipi de paz y amor y dibujan corazones en el cielo, donde claramente, no hay corazones. Están otros que se aman y de eso no cabe duda alguna, pero se aman feo, se aman poco estético, se aman melosamente, se aman besuqueadoramente, y tampoco, es un amor que me interese mucho. Menos mirarlo. Viendo las lenguas. Los abrazos a toda hora. El gordito y mi chanchita. Otros, a lo lejos se miran nada más. Ella le abraza tiernamente, sin improvisar demasiado. Sonrío. Casi lloro. El se deja abrazar”

(M. N.)

Echo de menos la tele. El ruido de la tele. A todos los odiados los hecho de menos. Despierto a las once y quiero matinales que acompañen el desayuno. Los odio pero necesito ese ruido familiar. Mirar a la Tonka Tomicic hablar gueas. Algún reportaje idiota filantrópico de sacar de las drogas a algún infeliz y el conductor lo moraliza amablemente en pantalla, sintiéndose el mejor gueón del mundo. O los irritantes móviles en la calle. Esa personalidad de periodista-aborda-gente. O los concursos y las dueñas de casa que llaman. Tomo desayuno sólo en esta casa. Lo primero siempre es abrir las ventanas. Me siento unos segundos en la mesa pero me paro. Pongo una película que arrendamos ayer, una de Steve Carrell, una comedia romántica a las 11 de la mañana, con dos cafés al hilo, pone buenas caras este tipo, pero la película no es tan chistosa ni tan nada.

Llegamos dos horas antes para tener buenas posiciones. Leo unos relatos cortos de Lamborghini y mi hermano lee unos cuentos tontos para niños. Él me lo ha hecho saber así. Y que bueno que las moralejas dejen de tener sentido, incluso para un niño. La cancha se ve perfecta desde arriba, como una mesa de pool. Es bueno cuando todavía no ponen las cumbias y regetones y se oye el puro murmullo de la gente. Ni a mi ni a los viejos de tribuna nos gusta el regetón tan alto. “Ya pusieron sus cagas” grita un viejo de yoqui al lado mío. Apruebo con un movimiento de cabeza. Ya pusieron sus cagás. Ni siquiera hace tanto sol y este viejo lleva yoqui. Hay gente que usa yoqui, o cualquier cosa, porque ya lo hizo durante mucho tiempo no más. Y todavía ponen esas canción de los paralamas “una partida de fuchibol” o como se llame, como si Bersuit Vergarabat no existiera, como si no hubiera otra música futbolera. Como antes, cuando estábamos en segunda, y al salir el equipo a la cancha ponian esa canción futbolera de Los Miserables “sueños de niñez, pichangas de barrio, caras sucias, sudor y barro, sudor y barro”. Era bonito eso. Como que pegaba.

Cuando falta poco más de una hora un hombre de –según él mismo- 79 años se nos acerca a todos hablando en voz alta. Entre las manos lleva una tabla con un sujetador del que cuelgan un montón de papeles. Nos dice que tenemos que alentar al equipo, que el hace cincuenta años casi hizo caerse el estadio, que le decían el Canilla. Entonces se pone a cantar, nos alienta a que empecemos a cantar y el partido aun ni empieza. Nadie lo sigue. De su tablita que pareciera ser de un entrenador profesional saca una hojita. La mano le tiembla más que la chucha. Me pasa la hojita en la que está el canto escrito. Es una hoja de cuaderno en la que está tres veces el mismo párrafo escrito con lápiz escripto, con la típica letra de abuelito. La doblo en tres, le paso saliva, corto tres pedazos, paso dos y me quedo con uno. La cuestión dice:

Vamos mis 11 leones en la cancha tenemos que ganar.
En la banca con L. Marcoleta,
En la casa los tres puntos tienen que quedar.

Así que ahí está parado frente a nosotros cantando esta cuestión cuando, en algún momento, se pasa de la contemplación al gueveo general dentro del cual está permitido, quizá para salir del paso, que se le pida al octogenario que se bese con la señora que vende los números de la rifa quien, por cierto, es quien empieza el “¡el beso!, ¡el beso!, ¡el beso!”. Cuando llega mi papá le pregunto por el Canilla y efectivamente existió, lo conoció, y es un veterano que siempre acompañó al equipo.

Ñublense trae barra. Unos nueve buses. Hacemos el primer gol a los tres minutos y toda las graderías de enfrente son cubiertas por una sola bandera así de 80×15 metros. Acto seguido sacan una bandera robada a los cabros de Ñublense hace ya varios años y la ponen al revés. “Ñuuuuble, conchetumaaaadreee, la bandera, la tiene tu papaaaa” y así. El partido termina tres a cero. Entremedio una lluvia de piedras, conatos varios, los pacos aplacando y al final, desde los de Ñublense, una bengala en horizontal, un misilazo hacia los Marginales, con un sonido perfecto trazando la cancha por arriba de los jugadores. Al rato pedían una ambulancia, supongo que por eso. Al final todo se pone raro, le llega un pelotazo a una carabinera, el partido se para, están los 22 jugadores apelotonados al centro de la cancha, echan a uno de Ñublense, los pacos echan lentamente a los chillanejos a sus buses, los perros corren bordeando la reja y ladrando, como si comprendieran que hay que meter ruido no más, piden calma por altoparlante, es gracioso que alguien con voz serena pida calma por altoparlantes mientras en tribuna estamos todos gritando porque sí y porque no y hasta por si acaso, total ya ganamos. Pitazo final y bajamos, quedamos en el pasillo que se forma para palmotear y felicitar a los jugadores saliendo de la cancha, mi hermano les da la mano a todos y se ve feliz. Esperamos que abran las puertas y salimos, mi papá camina hacia la farmacia y nosotros hacia nuestra casa, ahora al lado del estadio.

(Domingo 18 de Octubre)

Atrasado y deficiente en lo poco y nada que hay de universidad. Son misteriosos los caminos de la pereza y la evasión. Es como si nunca fuera necesario hacer lo que hay que hacer, se abren los Word pero se pasa a otra cosa, se termina haciendo otra cosa, leyendo otra cosa, escribiendo otra cosa (esto, por ejemplo), y uno queda esperando el impulso que no se sabe de dónde debería venir.

A las 11 llega el camión. Ven mi camiseta de Curicó y me preguntan cómo nos va mañana. Traemos muebles y cajas y ellos hacen el tetris. Son dos viejos de pura fibra vestidos como leñadores. Y se nota quien manda a quien. Al mediodía ya está todo descargado acá en el Boldo. Hay pasajes y niños y árboles y todas esas cosas. La misma calle de hace años cuando vivíamos al frente en una casa más grande. Los mismos amigos que antes tenía mi hermano ahora lo pasan a buscar pero este gueón pone excusas y no sale: sólo conoce a un par, o han pasado muchos años, no sé. Al tercer intento, cuando su amigo pasa sólo, salen con unas raquetas. Mientras tanto ordenamos, armamos las camas, barremos, todo eso. El Pedro, el pololo de mi mamá, arregla todos los enchufes malos, que son todos, compra el terminal del gas y se raja con unas pizzas para almorzar. Si no lo viniera recién conociendo lo abrazaría –y creo que, después de almuerzo, cuando llegó con ampolletas, cables, cortinas de baño, y un montón de gueas que faltaban, dije esto mismo en voz alta, sin asomo de vergüenza-. Entonces lentamente las piezas van tomando forma. Mi pieza da a la calle y entra el sol. Finalmente una pieza con harta luz. El play queda en la pieza de mi hermano. El computador en la mía, junto a la ventana. Por el momento no tendremos ni tv cable ni Internet. Tampoco tenemos microondas ni lavadora ni hervidor ni etc. Pero dado el espíritu, no importa. Cuelgo mi camiseta de Curicó en la ventana y pongo a la Mala Rodríguez mientras vacío cajas. Después barro el antejardín. De vuela a la tierra el polvo. Colgamos la bandera de Curicó Unido en la ventana y mi mamá dice que se ve rasca. Acordamos en que sólo los domingos la pondremos. En el almacén de al lado compramos una bolsita de lavalozas a 200 pesos. La misma señora que ya había borrado de mi mente es actualizada en tres segundos y me comporto como si antes hubiésemos tenido algún tipo de relación importante. “Nos cambiamos al frente ahora”, le digo alegremente -el cinismo moderado no daña a nadie-. Vuelvo y me doy cuenta de que no lavaba loza en Curicó hace años. Tampoco tenemos el cuestión de secar la loza. En el patio hay envoltorios de frugele, de papas fritas, tapas de cerveza, pedazos de tablas, hasta me imagino la cara y el modo de vida de los antiguos habitantes, los veo sentados en el patio en calzoncillos comiendo y tomando y botando la basura al pasto que, según ellos, a medida que crece, tapa. Hay que querer bien poco un lugar para echar basura en el patio, me digo mientras voy echando en una bolsa las basuritas. Estoy hediondo y cansado. Tomo una ducha helada no más porque aun no ensamblan no sé qué cosa del gas. Y esto ya parece una casa. Ningún mueble tiene que ver con otro, pero es simbólicamente concreto y viceversa.

En la noche vemos la era del hielo 3 con mi hermano. La misma manada disfuncional de las otras dos películas sólo que ahora se le suma la elefanta ésta que está embarazada y las dos zarigüeyas, todos unidos en la búsqueda de Sid. Los chistes eran mejores en la 1, o sea Sid era realmente tonto. P se queda dormido a la mitad pero igual termino de verla. Es raro estar sin tele ni internet ni ningún ruido o representación del mundo en una pieza que aun no me calza. A las once ya están durmiendo aquí, la pieza de mi mamá es alumbrada por una vela que hace que todo esté en movimiento, escucharía la radio, si estuviera en Santiago eso sí, porque las radios de acá si que dan pena.

(Sábado 17 de Octubre)

Cotita_xih@hotmail.com
si eres feo
agregame

Me tomé una pastilla pa dormir. Miro a la Ellen Page en Mouth to mouth, ni siquiera con que sea bonita se arregla la pelicula, puros jipis libertarios, una secta, unos furgones llenos de rebeldes pelolais americanos, el reverso penca de la tierra de las oportunidades, y la niña bonita engatuzada por ser adolescente incomprendida, arrastra incluso a la mamá y obvio que termina arrancándose. Fome. Esta pantalla ya no sirve para ver peliculas. Pensé que no debia escribir sino hasta que sucedieran un par de cosas, porque ya todo nuevamente se está pareciendo, cuando no escribo en general tiende a ser eso: seria ya sacarle mucho jugo a la mismidad en vez de hacer algo concreto. Le dije a la Betania que yo ponia no más los escritos penosos que uno tiene, pero después le dije que era mentira, que en realidad lo impresentable quedaba en los muros del guor no más, o en los meils con la Eileen. Tengo las anotaciones del congreso de filosofia para traspasarlas, pero me da paja, o sea a quién le importa. Y lo mismo con un montón de citas de entrevistas a Lihn. O unos pedazos de poemas de Maiakowsky. O poemas a medias. Cuando me hice el blog lo pensé como un soporte de inclusividad de todo lo que escribo. Para tener citas a mano. Los trabajos de la u. Los poemas. Todo. Como si fuese a llegar un momento de reseteo en el que necesitara saber quién soy o acordarme de alguna época en particular. O decir, bueno, esto soy, más o menos. O morir y dejar como herencia un blog. En términos futboleros, si el campeonato acabara aqui, seria lo único que podria dejar, y de algún modo seria un orgulloso equipo de segunda que ni baja ni sube. Quiza tenga que ver con que nunca he tenido camara fotográfica -asimismo como nunca tuve consolas de videojuegos y en cambio me dediqué a la creatividad infantil de la cual ya no hay rastros-. La pastilla comienza a ablandar por dentro y soltar unos pelillos en los ojos. Escribo directo aqui en la cuestiòn de crear entrada asi que no cuenta como dilatación o evasión de lo real. Escribir ya no es detenerse y sacar conclusiones favorables. Tendré que escribir menos no más, hasta que me lleve por delante, como Bukowski decia que debia ser.

Soñé con una mujer con cabeza de perro. Me invitaba a acercarme, hacia esos movimientos tiernos que hacen los perros con la cabeza, el resto de ella estaba bastante bien, entonces me acercaba y al besarla mi cabeza también se volvía de perro y nos escruceábamos.

poesia militar

Soñé que me ganaba el concurso de poesía del Mercurio pero me rechazaban por no haber hecho el servicio militar.

Mientras almorzamos derrumban las dos casas de enfrente. Estacionamientos para el Unimarc, y por añadidura un poco más de cielo. Comemos y miramos por la ventana, quizá porque ahora, con el robo legal de VTR, hay una sola tele con cable. Los tractores se pasean recogiendo los últimos restos, amontonándolos. En la tarde pasamos con Bruno cruzando en diagonal por el rectángulo de tierra. Queda todavía papel mural. Me cuenta como ha terminado su ultima relación y yo le cuento cómo termino incluso antes de empezar. “En la tarde pesco la bici y me voy a la plaza. Me quedo ahí una hora, con los jubilados” me cuenta. Pienso en Teillier. Bruno se está convirtiendo, poco a poco, en un Teillier cualquiera. ¿Qué es lo que crece acá y qué es lo que crece allá en Santiago? Escoger la familia o la cultura, seria el problema inmediato. Pero todavía no hay nada que escoger. Toda decisión ya está tomada y al momento de tomarla sólo ponemos palabras encima de lo que ya está andando. Lo que sé, mientras tanto, es que no se trata de la ciudad y sus soportes. Andar en metro o en liebre, el silencio o el ruido, ver pankis añejos en la plaza de provincia o jóvenes disfrazados de directores de cine paseando en Lastarria, es casi lo mismo, y si no es lo mismo pueden matizarse.

(03.10.09)

buscaca

No deberían tocarme cuando duermo. Menos en un bus. Menos el pico empantalonado de un viejo de mierda que no consigue pasar de frente por el pasillo. El sueño es sagrado. Se debe despertar desde dentro hacia fuera. Pero acá los roces. Y gratis. De los cuerpos que a cuestas llevan. A esa señora le cuelga el culo como un bolso. Este otro trae a la vista la billetera. No sé cómo todavía no está de moda robar en el buses. Seria un arte menor. Prefiero que me roben a que me toquen cuando duermo. No mentira. Igual no es lo mismo el ruido que el roce. El ruido me da lo mismo. Ocurre desde afuera hacia adentro y es homogéneo, como la lluvia, de la cual nadie debería quejarse. Aunque insisto que las películas que pasan deberían ir con el audio por los audífonos. Así que despierto de golpe. El asiento de nuevo a su perpendicular. De golpe también. Para que quien me roza se corra como un caballo espantado.

De Noticias de Babilonia

No se ha perdido nada de la muerte
Ni del primer contacto peligroso,
con todo lo que fuimos a vivirnos,
a pesar del rosario y por su culpa.

De Mester de juglaria

Ocio increíble del que somos capaces, perdónennos
los trabajadores de este mundo y del otro
pero es tan necesario vegetar.
Dormir, especialmente, absorber como por una pajilla delirante
en que todos los sabores de la infelicidad se mixturan.
Trabajadores del mundo, uníos en otra parte
yo os alcanzo, me lo he prometido una y mil veces,
sólo que no es este el lugar digno de la historia.
(…)
El estilo que por cierto no es el hombre
sino la suma de sus incertidumbres.
(…)
Que otros, por favor, vivan de la retorica
nosotros estamos, simplemente, ligados a la historia
pero no somos el trueno ni manejamos el relámpago.

De Revolución

No toco la trompeta ni subo a la tribuna.
De la revolución prefiero la necesidad de conversar entre amigos
aunque sea por las razones más débiles
hasta dilatando: y soy, como se ve,
un pequeño burgués no vergonzante.

De Alma Bella

Invocación tú que eres como el amor un lugar
común tan difícil para mi de intercalar
en mi vida que ahora mismo no sé qué hacer contigo
quizas destruir este poema estoy sinceramente vacío
no gano nada con emocionarme.
(…)
Por las palabras empieza mi termor por ellas
de las que me he servido demasiado tiempo
para orillar este silencio al que me siento
ligado como un loco a los tormentos del mar,
en los malecones.

De A Franci

Te quiero, qué comienzo,
peor es tragar saliva
y peor aun este nudo en la garganta que
toma los contornos del mundo o
la forma de un grano de ripio
pegado a la planta de los pies.

De Gotera

¿A qué viene esto de hablar asi como se suda?

De Desenlace

Pensar –cuando hago el amor- en platos
sucios, en un baile al que no
pude ir, quién sabe cuándo.

De Silbido casi tango

Una falta profunda de suicidio.

De Esto no quiere ser lo que se es

Vida en la exacta acepción de la palabra como algo puesto
al fuego lento del sol.

De Rimbaud

Cuánta palabra en cada cosa
qué exceso de retórica hasta en la ultima hormiga

De El escupitajo en la escudilla

No es raro que haya elegido esta profesión, escribiente. Bajo el peso del mundo me desgrano, asi parezco soportarlo mejor. Me escribo con minúscula, a renglón seguido, cada palabra es un obstáculo, etc. Casi todo lo que soy está por hacer. La vejez pudo sorprenderme en la cuna. Y no nací, como Lao Tse, a los ochenta años.

De Porque escribí

Porque escribí no estuve en casa del verdugo
no me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hise desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lave ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.

Pero escribí y me muero por mi cuenta
porque escribí porque escribí estoy vivo.

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