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diciembre

Volverse algo que reconoce sus propios campos de fuerza y los desactiva. Tenderle todo tipo de trampas a la gordura de la continuidad y entereza del yo. Sólo podré encontrarme realmente con los otros afuera de la ciudad destruida.

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“En los tiempos en que, durante meses, viajaba en bicicleta a través de Francia, mi mayor placer era detenerme en los cementerios rurales, tenderme entre dos tumbas y fumar así durante horas. Considero aquella época la más activa de mi vida” (Emil Cioran , Un siècle d’écrivains, 1999)

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Con linternas y lanzando las cosas por la ventana. Parecemos ladrones pero no hay luz y el tío de Feli está ahí estacionado esperando la última vaciada de pieza. Quedan pequeñas cosas, signos, muñones de lápices, boletas, cables inútiles que dejo ahí porque la casa se lo buscó. A veces son los lugares mismos los que no permiten ser queridos. Por eso, si no me da luz, cómo voy a limpiarla. Antes de salir le echo la última mirada y no siento nada. Una pieza sin recuerdos reales, es decir, con puros recuerdos individuales.

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Diciembre y su instructivo mediático sobre cómo celebrar y descansar y querer.

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A las diez de la noche tomando leche y galletas quacker con Chester y Feli. Despertamos a las 7am y vamos a la maratón de la teletón. Temprano, para alcanzar a agarrar poleras. Hacemos hora en la pega de Feli viendo estiramientos por youtube. Los tres en una pequeña oficina de empleado público sin ventanas haciendo elongaciones. Hay stands con plátanos y naranjas y aguas. 5k es muy poco y nos cambiamos a 10k. Feli primero. Yo segundo. Chester tercero. Después de los, en mi caso 50 minutos, nos recibe un cielo multicolor de gatorades.

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Correr una maratón y vomitar de curao, todo en el mismo día.

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Soñé la media película zombie: escenario pos apocalíptico, leones guardianes, los z disminuyen, una fortaleza, sedentarios vs nómades, etc.

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Acá en Curicó los viejos le dicen guachiturro a cualquier cosa que no sean ellos mismos.

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No entiendo porqué no toda la gente escribe, aunque sea un poquito cada día.

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Festín para inválidos de Walter Garib y el segundo tomo de las Confesiones de Rousseau en una caja de 2×1500$. Ahora quién sea Walter Garib ni idea pero está bonito el título y las primeras páginas son pura rabieta de funcionario público malhumorado y una extraña relación con la casera: “La sinfonía de Mozart, con sus primeros compases gloriosos y patéticos, me infunde coraje. Persigo a Ersilda un breve trecho y la derribo. Su barriga y sus senos se empequeñecen bajo mi peso. ¡Gratitud!”

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Tarde con Sergio. Ps2. Fumar. Me da la corriente con el control y de ahí en adelante todo se enrarece. Pipa de agua toser escupir lavarse la cara. No se me puede olvidar que tenemos que sacar un punto ce ele cuando esté en stgo.
Días más tarde hablo con Bruno y le tinca la idea. Pienso que la página podría llamarse combate. ¿Había una revista francesa que se llamaba así?

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Veo de nuevo el documental de Cioran. En el tren. Si eso es ser pesimista yo soy jelou kity.

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Días culiaos densos llenos estúpidos lentos sofocantes. Hasta el jabón líquido en el lavamanos está tibio como semen morado.

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Ahora cualquier cosa, cualquier problema, cualquier cosa fuera de lo común, le afecta físicamente a mi mamá, todo implica alguna sensación en el cuello, algún tic en el ojo. Sintomatización inmediata.  Me carga, no ella, sino el hecho de que los cuerpos dejen de pertenecernos y sean unos viles mediadores de problemas. Por eso nunca es tarde pa erigirse como dictador del cuerpo. Dictador que se escinde al domar lo físico desde ninguna parte. Un dictador que, a partir de lo que tiene, obliga a mantener cierto ritmo, cierta inmunidad, cierto control. Así no solo se experimenta el cuerpo como algo a través de lo cual nos llegan mensajes encriptados (problemas, más encima) de la realidad, sino que también lo usamos para decir algo, para contratacar, aunque no haya nada específico que decir, aunque lo único que se diga es que el cuerpo no sólo padece sino que produce y contagia cosas cuando se le trata bien. Eso es correr, para mí al menos.

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Lo constituyente, su intensidad, la construcción de un monstruo colectivo, el ruido que no aspira al logos sino a la felicidad, ¿qué otra posibilidad sino ese calor?

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“Esas noches en las que estamos persuadidos de que todo el mundo ha evacuado el universo, incluidos los muertos, y que somos el ultimo ser vivo en él, el último fantasma.” (Cioran, Ese maldito yo)

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Aunque la pregunta por el acto de escribir sea, a estas alturas, una siutiquería, no puede dejarse de lado, al menos cada tantos meses. Es una cosa de salud. No se puede trotar sin elongar. No se puede escribir sin enfrentarse a la inutilidad y partir de cero.

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Fin de un mundo, no fin del mundo. Fin, no de las calles y las casas y los trabajos, sino del sentido que se ha juntado alrededor como costras y moho.

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Ida a Santiago. 7 textos de Simone Weil fotocopiados. Estoy seguro que terminaré la tesis pero nisiquiera leeré la mitad.

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Requisito para los postulantes al paseo de Baños Morales: Ebriedad ágil, carácter animal, tendencia hacia la musicalidad de todo, humores raros, disposición a ser iluminado a ras de suelo, etc.

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La hibridización que requiere la época: documental-ficción-manifiesto.

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Necesitamos una serie sobre la destrucción del capitalismo. Pero en serio, sin heroísmos, sin protagonistas ni romances agueonaos.

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Dos mormones afuera. Salgo a convertirlos al marxismo.

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Bloques de señoras gordas lentas con bolsas reptando por el centro. Siento que avanzo como Mario Bros rápido y esquivando sus poderes de lentitud. Hay algo político en la gordura que me causa rechazo. No todos padecen su físico. En muchos casos es fiel reflejo de decisiones.

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El bosón de higgs está tan cerca de dios como lo que ahora me estoy sacando de la nariz.

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“Uno no termina con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos dónde ir” (Chejov)

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Títulos de los últimos trabajos del año: “pichuleitor” “yachao” “picaoagriego”, “fin”, “ultimachucha”. Sólo quiero que se acaben las tareas de C para empezar de verdad la tesis.

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Liga campesina, la final, juega el hermano de Bruno, pasan en el auto y fumamos, el último humo se expulsa entrando al estadio, pero el partido es en dos horas más, mal panorama, devolverse y quedar enajenado en un fútbol alemán, de pronto se activaron todos los canales de fútbol. Volvemos a la cosa y en resumen el hermano de Bruno erra un penal pero a un minuto de que termine el partido mete un golazo que empata todo se van a penales y salen campeones.

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Esto no es calor es dios metiéndose al mundo en el orto

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Lloro un poco a la hora del almuerzo viendo la noticia del curao que atropello a una familia. Pasan de a uno en uno, cojos, sin piernas, todos pa la caga, relatando los hechos en el juicio. Mientras recuerda lo sucedido, el más chico llora. Pena.

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Vamos con mi mamá en el colectivo abre la cartera y saca salame de una bolsa. La miro, meneo la cabeza, y acto seguido le digo que me dé.

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http://bit.ly/vzuadS. Zapatillas nuevas. También fui al traumatólogo. Pero no pienso esperar el resultado de la eco. Llevo dos semanas sin trotar y mientras me estoy calzando las zapatillas y polera y haciendo elongaciones el cuerpo se siente como un perro que mueve la cola y sabe que lo sacaran a pasear. No le encuentro sentido, nisiquiera tengo sed, pero me tomo medio litro de gatorade una hora antes de salir, tal y como dijo el traumatólogo. En cuanto a hidratarse durante la carrera, salvo que sea más de una hora, me parece una ridiculez. Hago quince minutos de elongaciones sobre el pasto del patio que ya no es pasto sino una capa café de cierta cascara o flor inútil que bota cierto árbol que a todo esto mañana podaré. Me gusta cuando en el suelo en esa elongación de tocarse los pies inclinado hacia adelante la pantorrilla tirita. La dejo siempre un poco más de la cuenta. Y salgo, sin audífonos, cagaron, pero me da igual. Ya a las dos cuadras sé que el desgarro está cicatrizado y, además, que estas nike transforman cualquier superficie en un colchón. Hay una diferencia abismante entre esta sensación y la de antes, con mis zapatillas viejas, planas, delgadas. Llego al final de la alameda y vuelvo en 35 minutos. Una ya familiar alegría corporal me acompaña durante todo el trayecto.

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El punto muerto de todo rompecabeza, imposible desarmarlo, imposible encontrar la próxima pieza.

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Soñé que me regalaban opio y una pieza de opio llena de chinos tumbados.

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Pasan los mormones y me tiro al suelo como si viniera una balacera. “Rodriigoouu, Rodrigoouu, ¿estaaaás?”. Porqué chucha les dije mi nombre?

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-mira rodri todos esos chinos riéndose juntos, asi hay que ser
-mamá, son coreanos, y están llorando la muerte de un dictador
–ahhh

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La banalidad de coincidir con la propia biografía.

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“Nosotros descubrimos la guerra una vez, pero la vida la descubrimos muchas veces.” (Jean-Luc Godard, Film Socialisme)

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La misma mosca insiste una y otra vez en posarse en la esquina superior izquierda del notebook. Tres veces acerco la mano en posición de chirlito. Calibro lentamente la posición exacta y paf. Fallo. Fallo. Y fallo. Y la mosca vuelve. Y vuelve. Y vuelve. Ninguno aprende. Ninguno quiere aprender. Me acerco y algo está chupando con su hocico de mosca.

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Bruno en lsd bailando un jazz rápido en calzoncillos en su living.

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Acabo de ver Caché de Haneke. Me gustaría haberla entendido sin tener que meterme a Googlear. En ningún momento se me ocurrió que las cintas de video podían ser enviadas por el director mismo de la película.

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No recuerdo otros veranos como éste, tan densos, pesados, tan sin aire. Sin mi siesta de la tarde no sé qué haría. Riego la entrada de la casa a ver si pasa algo. Mi hermano ve I Carly y me quedo pegado mirando, riego desde la puerta mirando la tele. Mato hormigas en mis piernas.

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Reviso esto y releo lo que escribí sobre G a comienzos de diciembre. Una ridiculez. Pura afección. Algo que ahora no me hace ningún sentido. ¿Dónde era que salía esa frase “Me gusta cualquiera que me preste un poco de atención?”

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Voy por la carretera trotando (paso de largo la alameda hasta más allá de las piscinas aquelarre, hasta el final de puente enrejado colgante que no sé porqué me gusta tanto cruzar) y, antes de llegar al puente, pasa un auto rojo y un gueón saca la cabeza y me grita ¡SACO DE GUEAS! y me da la guea y apuro la velocidad el auto va lento corro hacia ellos haciéndole con la mano el gesto de acércate-pos-ctm-a-ver-si-soy-tan-choro. El cuerpo está caliente y la mente también. En otras condiciones no sé si haría lo mismo. El caso es que el auto sigue su curso, quedo pa la cagá con el pique que me puse pero al menos me convenzo de que les “gané” porque me tuvieron miedo o bien les dio lata bajarse del auto a pegarme.

noviembre

Último mes en Santiago. Me lo repito una y otra vez. Existe la leve posibilidad de que, o bien se acabe el mundo o casi, o suceda que me radique acá en Curicó. Pero sé que nada de eso va a pasar

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Tour con F, I y B. Trámites en un ciber de B que olvidó el carné y saca una acreditación de mayoría de edad para poder entrar al castellano. Para mí son todos los bares iguales, tienen casi la misma música y se esfuerzan por adaptarse a los distintos folclores. ¿Dónde están los Burlitzer con hip hop francés, jazz chileno y bossa nova ah? Tampoco importa mucho. Reímos y cervezas y reímos y cervezas y al rato ya nos vamos de allí. Minielecciones que se anulan unas a otras y algo en ese errar hace que de todos modos se avance. Papas fritas caminando que desaparecen en 10 segundos. Un pack de cervezas sentados arriba de unos juegos en el parque Almagro. A tribu called quest en el cel de I. Sensación de haber bajado a la playa. Luego seguir caminando lata en mano. Caminar bebiendo debería ser un deporte olímpico.

Llegamos al puente con lucecitas del forestal al que en todo momento quise ir. Ganas de tener y culminar la noche con algo para fumar. B trabaja al otro día así que nos paramos todos. Parece que comí una flor.

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Sensación de que algo bueno va a pasar. Haga lo que haga. Ocurre una vez al año. Una bondad siniestra, acechante. Aunque no es algo “bueno” sino más bien un colador o una trituradora por la cual –algo me avisa- todo va a escurrir y compactarse ¿Qué cresta quiero decir? Sensación de que todo siempre ha estado en una cajonera y sólo hay que irse ocupando de a poco en todo y constatar con alegría que al final se trata de vaciar el mueble y en última instancia desarmar el mueble mismo y. No. Nada que ver. Puras expresiones geométricas, espaciales. Lo dejo en “un Bien Ominoso”

Ahora, ¿por qué este saber casi corporal de la gratuidad de todo nos visita con tanta intermitencia y azar?

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Salgo a correr resfriado. El mal aire de Santiago más la garganta que se me va cerrando me dan la sensación de estar tragando polvo. Un polvo infinitamente particulado. Un gas-polvo. Pienso que debería parar, pero sigo. Un perro que iba con otro corredor me sigue. En la buena onda si, juguetón, le chasqueo los dedos y me sigue. Dura una cuadra y luego se queda con otros perros. Me canso. Antes no me cansaba a los 30 minutos. Perdí el hilo. Me tiro al pasto, me boto como una bolsa, miro hacia arriba la mezcla de árbol-meciéndose-cielo-atardeciendo y pienso en que si el cine y los videos musicales no hubieran abusado de esta toma, yo podría estarla disfrutando con originalidad. Así y todo, la disfruto. Recuperando la respiración, cualquier cosa que se tenga al frente, se disfruta.

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Quiero Tsuyu.

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“Corro en silencio y sudando a mares. Noto cómo la gorra se me va empapando. Veo el sudor que va esparciendo mi cuerpo: salpico gotas de sudor que se convierten en sombras proyectadas con nitidez sobre el suelo. Caen sobre él y se evaporan al instante. El semblante de la gente que corre largas distancias es parecido en cualquier parte del mundo. Todos dan la impresión de pensar en algo. Tal vez no piensen en nada, pero parecen tener la mente fija en algo. Me impresiona ver cómo corren a pesar del calor que hace, no puedo evitarlo, pero, cuando me paro a pensarlo, caigo en la cuenta de que yo hago exactamente lo mismo.” (Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr)

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Duermo de 1 a 3 am. Maniobro, moldeo y boto las almohadas y pruebo distintas posiciones del cuerpo hasta las 5:40. Y me rindo. Abro con fuerza los ojos como diciéndole al cuerpo “ya pos, ¿no te sentís tan despierto?” Me alisto a despertar entonces, prendo el computador, y entonces me quedo dormido. A las 8:30 despierto de nuevo. Un plátano, una barra de cereal, y salgo a correr. Parece que el aire de las mañanas es más puro y ya estoy menos resfriado. Resultado: corro casi una hora. Sin darme cuenta, porque cambié la ruta. Me gusta mirar las caras de las corredoras instituidamente bonitas cuando ya están compungidas, esforzadas, jadeantes, absolutamente lejanas a su perfil de facebook. Algunas lo disimulan más que otras. Por mi parte, me sueno con la manga del polerón delante de quien vaya pasando por delante. Cuando termino, y antes de hacer los últimos estiramientos, me tumbo bajo el mismo árbol y lo miro hacia arriba. Algo le ocurre a la temporalidad en ese momento.

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Últimas compras: Un cortaviento en la ropa usada. Uno razonable, no de mil colores ochenteros como los otros dos que tengo. También me compré una polera para correr, usada, adidas. Y un libro de Loriga. Héroes. Y eso. Para eso es lo que me alcanza.

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Nos vinimos caminando del arcis con Feli. Estaba derechamente durmiendo en el seminario infinito de Hegel. Sentado al último, menos mal. No recuerdo desde cuando soy el único gueón solo que va solo que entra solo y se sienta solo en esa clase. Una niña que era compañera en sociología hace mil años me mira, la miro, y eso es todo. De vuelta Feli en su bici y yo a pie. Malas zapatillas para caminar y el notebook y muchos libros en la mochila. Pero la conversación es buena. Una pepsi light y una empanan por el camino. Planear el 2012. Murió una tía de Feli hoy y me dice que no aguanta la risa en los funerales. Llego acá y no hay internet. Bien. Miro esta pieza que se acaba en unas semanas más. La ordeno para que mañana cuando despierte esté todo listo para salir a correr. ¿Cómo no voy a poder conquistar las mañanas? 23:58. Se cierra esta guea.

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Bajo la experiencia deportivo-metafísica de recibir los días como en una partida de ping pong

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“Si Cristo hubiese nacido en Texas en el siglo xx y no en Jerusalén hace 2000 años, los cristianos llevarían sillas eléctricas colgadas del cuello” (Lenny Bruce)

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Me compré Héroes de Ray Loriga. El gueón se va por un tubo. Cada párrafo es como una cosa que hay que tragarse entera. Nisiquiera entiendo de qué va la novela pero es lo de menos, porque me hizo volver a mi novela, empezar a leerla de nuevo, sacarle partes, agregarle cosas, y lo más importante, terminar el boceto. Estaba en el punto muerto en que B llega a vivir de inquilina con el protagonista (que aún no tiene nombre) y, había pensado que podía tratarse de un esperable amorío, con el pequeño detalle de que B comenzaba a transformarse progresivamente en un perro, y bueno, todo esto en un tono así como el de La Metamorfosis pero también como La Nariz de Gogol, pero me pareció que no me daba el ancho para eso y tuve otra idea mejor: un viejo escritor fracasado –que aparecería no sé de dónde- le pide al protagonista que se haga pasar por él, que al menos hasta que muera escriba por él, está viejo y morirá pronto y es una buena paga. Ya muerto, le concedería los créditos de la obra. Todos ganarían. Entonces a eso podría sumársele que, por alguna razón, se volviera imprescindible que el escritor fracasado publicara un libro epistolar hasta entonces inédito, de cuando él tenía, qué casualidad, la misma edad de el protagonista. Cartas de amor. Alguna historia terrible, intensa, extraña. Cuento corto: G y B asumen el proyecto de falsa novela epistolar. No sé si se enamoran o nó. En una de esas asumen la ficcionalidad de todo amor y quedan reducidos a texto. Estrujados. No lo sé, pero al menos ahí estaría la base. Me viene a la mente esa película de Kaufman, Sinecdoche New York, pero con mucha menos complejidad obviamente.

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Siempre vuelvo a retomar la escritura gracias a escritores que tienen el don del empujoncito. Es esta una carrera de relevo infinita y silenciosa.

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“Todo este tiempo durante el cual no había nada que tapase la tristeza. Quiero decir que la tristeza es algo constante. Las canciones tapan la tristeza igual que el ruido tapa el silencio. Cuando las canciones se acaban vuelve la tristeza. Ir sentado en el autobús por la noche. El sonido de los televisores en verano que baja hasta la calle desde las ventanas abiertas, y la luz azul de los televisores en las mismas ventanas, la estupidez de los domingos, organizar tu propia fiesta de cumpleaños, los regalos que no te gustan echos con verdadera ilusión, dejar de sentirse maravilloso para sentirse normal, no beber, no tomar nada, estar como al principio, Cáceres, cuando desaparece la sensación de ser otra persona que se te queda al salir del cine, las conversaciones del taxista, el metro, las máquinas del chicles del metro, la desgracia o la suerte de los parientes, cualquier noticia de los parientes en realidad, tratar de dormir solo sin estar borracho, los trenes de cercanías, que nada se parezca a algo que has leído. Lo peor es la tristeza. Arriba y abajo es mucho mejor que la tristeza, no importa lo violenta que sea la caída.”

(Héroes, Ray Loriga)

 

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Vi tres chinos o japoneses corriendo recién. Pasaron en sentido contrario. Llevaban las medias pintas los gueones. Envidiables, se veían risueños, agiles. A veces, en ciertas condiciones, por ejemplo si está lloviendo, los corredores nos saludamos con un leve movimiento de cabeza. Bueno, ahora no estaba lloviendo para nada pero no pude evitar hacerles el gesto con la cabeza, hacia abajo, leve, como he visto en las películas japonesas. Repitieron el gesto como un espejo. Espero volver a saludarlos mañana.

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Tres días despertando a las 8:30 am ¿Podré mantenerlo? Correr de mañana es distinto. A las 10 ya estoy bañado y dispongo de todo el día. Noviembre debe ser eso. Diciembre en Curicó, lo mismo. Enero y Febrero, también. Saber que uno va a correr todos los días y que no hay limitación alguna (salvo las posibles fallas del cuerpo) es una especie de fe.

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“Aquí no hace falta, no  necesitamos prohibiciones, porque el sistema imperante ha jodido hasta la  capacidad de soñar. Miren las películas que vemos todo el tiempo: es fácil  imaginar el fin del mundo, o un asteroide destruyendo la vida, pero no  podemos imaginar el fin del capitalismo.” (Zizek, en Occupy wall street)

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Trote con Feli, de plaza Italia a Tobalaba y luego de vuelta. Agradable viento. Espaciosas ciclovías y a ratos sendas de pasto y maicillo y muchos corredores. Un tránsito modesto en el que nunca nadie chocara contra otro.

Cada uno a bañarse a su casa. Luego aparece nico y saca un paragua. Años que nó. Así que acepto. Aceptamos todos menos Feli. Justo ocurrió lo de los 5 del bautizo y gueviamos a Feli que no sea Vidal pa sus cosas. Seguramente Vidal fue el más duro de convencer. Vemos The taste of tea en el living de Feli. Nico, como siempre, insiste en dormirse en la incomodidad de un sillón.

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Después que se hace algo tres veces seguidas, es como si hubiera comenzado una rutina ¿podré seguir corriendo todos los días el próximo año cuando tenga trabajo?, ¿No habrá, precisamente, un trabajo que consista en correr?

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Cada vez que alguien me pasa trotando y pienso en apurarme me repito para adentro: “El ego, el ego, el ego”

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Rodilla. Cagué. Sentía que podía, que me quedaban piernas, y quise finiquitar la hora de trote con un pique descabellado, sin ningún sentido, sólo porque apareció pasto delante. Cuando uno va acelerando quiere probar al cuerpo, un poco más, un poco más, y paf: el límite. Una incomodidad en la rodilla que no se va y que hoy en la mañana me hizo devolverme tras esforzados 20 minutos de decirse “ya va a pasar, ya va a pasar”.

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Cuando como que va a empezar a llover, pero era un auto a lo lejos. Cuando como que es alguien agachado en una extraña posición, pero de cerca es una bolsa de basura. Cuando como que estai empezando a salir con alguien, y ya sabis que no va a durar más de un mes.

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No es deseable que todos terminemos hablando como en las películas de Godard, de cita a cita, de poema a aforismo, irse a negro y que una voz susurre alguna frase trascendente que lo ordene todo. No es deseable, pero al menos es una muestra de que no todo ocurre como en las comedias modernas de amor, por no decir nuestras cotidianas maneras de hablar.

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Bruno. Un pito delgado y movilizante. Ping pong hasta sudar. Luego un trote por el estadio. 7 vueltas no más. La conversación que se da en el trote: el cuerpo como policía, las elongaciones  son la positivización de la ley: las hacemos antes de poner al límite el cuerpo, como una vacuna, como antes se regulaba la conducta torturando y ahorcando al criminal en la plaza pública. Le damos una muestra anticipada de dolor al cuerpo, o bien éste nos la pide, para que reconozca exactamente hasta dónde puede llegar. Luego, ya bañados, comemos porotos y ensalada de lechuga.

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Japonizar el cuerpo. Después, la mente.

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Uno no tiene nada que ver con su nombre. Pero tampoco uno tiene nada que ver con arrancar del propio nombre. Todas las representaciones, o al menos las que no son intentos de rasparle algo de miseria al mundo, están hechas para que aprendamos a desaparecer. A fuerza de presentarse una y otra vez tiene que gastarse eso que nos envía a la superficie con la creencia de que entre la potencia que envía y el resultado arrojado al mundo hay una coincidencia total. Somos de una pureza absolutamente no platónica. Pura superficialidad, pura historia, pura menudencia, enrollada y enredada o arrugada como papel por una mano misteriosa que dice “yo”. Si es que somos una idealidad, si es que hay algo así como “la conciencia” entendida como la entienden las señoras mentalistas que van a los matinales, es algo que llegó a ser, y en ese caso, todo el gusto popular hacia esas mentalistas son huellas de la religión. La religión: esa necesidad de que lo que es –no las cucharas y los autos, sino la conciencia- no haya llegado a ser sino que sea lo que es desde siempre. En suma: la alegría de volver a presentarse una y otra vez, sabiendo que no se trata de falso o verdadero, sino de volverse entero esa mano que dona y retira lo que uno está queriendo o creyendo ser en determinado momento. Esa mano cuyo brazo compartimos todos. Porque no podemos desaparecer solos. ¿Estoy diciendo algo concreto? El desarrollo de esto está en alguna parte o en muchas pero ahora no me interesa (esa es la gracia de un diario: la holgura permite un rigor no asfixiante)

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Sobrevaloro las mañanas, lo sé. Toda mi existencia consiste en sobrevalorar cuestiones que espero que otros no estén sobrevalorando en el mismo momento.

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Ridículas valoraciones de facebook. No he puesto nada en el muro hace tres días y me digo a mí mismo que no pondré nada hasta que alguien publique lo que sea en mi muro.

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Fomes, fomísimas, tristísimas, tediosas tragedias griegas. Como cualquier teleserie venezolana pero parapetadas en el trono de lo griego. Lo griego como pura chapa. “Suaves, por lo que escucho, son tus palabras, pero temo que en tu interior medites algún daño y por eso menor debe ser mi confianza. Porque más fácil es de hombre o mujer coléricos guardarse que de aquel que calla y es taimado” (Medea)

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Sueño. Tanto sueño. Domingo y letargo. Apuesto en experto al Chelsea y a varios más y el primero que pierde es el Chelsea en casa contra el Liverpool. Me duermo en el sillón una media hora. De nuevo estoy despertando antes de las 10. Leo a ratos esa tragedia de mierda de Medea, pero me resulta totalmente insoportable. Alterno con Héroes de Loriga, como cuando niños después del jarabe un trago de coca cola o jugo. Empieza a llegar poca luz pero no me digno a pararme. Cuando me paré será para calzarme las zapatillas chor polerón y a trotar.

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“Mi día es desordenado y absurdo:
al mendigo pido pan.
al rico le ofrezco una limosna.

En la aguja enhebro un rayo de  luz,
al ladrón le doy la llave,
con polvos blancos encubro mi palidez.

El mendigo no me da pan,
el rico no acepta mi dinero,
el rayo no pasa por la aguja.

El ladrón entra sin llave,
y la tonta llora a lágrima viva
ese día sin gloria, día inútil.”

(Marina Tsvietáieva/ Mi día)

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Air zoom elite. Esas necesito.

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“Quieres describir un árbol, ¡pues conviértete en árbol! (Marina Tsvietáieva a su hija Ariadna)

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¿Y un anuncio publicitario filosófico para OMO que use el título del libro de Nietzsche, Ecce homo?

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“Las “virtudes domésticas” de la esposa de un trabajador alemán constituyen el mayor mal, el obstáculo más fuerte para un levantamiento revolucionario. La esposa de un trabajador alemán siempre tendrá algo caliente para su marido, nunca lo dejará ir completamente hambriento. Y ahí está la raíz de su función negativa que ralentiza el ritmo del desarrollo social.” (M. Eisenstein, «Notes for a Film of Capital», cit., p. 129.)

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Caminando al arcis y también de vuelta caminando. De ida con música, de vuelta con F y L.  En el patio un tipo muy raro –o ahora que lo pienso el tipo más normal del mundo en una acción inusual- me vio leyendo y como quien pregunta la hora se acercó se sentó en mi mesa y me preguntó por la relación amor-política en Simone Weil. Estaba leyendo las Últimas cartas de Londres así que tan arbitraria no fue su intervención. Hablamos un rato. Él, más que yo. En realidad quería ser escuchado, se notó altiro. Le deje divagar. Luego la última sesión del seminario de antipsiquiatria. “Traten de organizar una marcha del orgullo loco”, nos dice Pérez. L llega atrasada pero lo compensa con galletas. F aparece afuera en bici. Caminamos y llegamos a plaza Italia. El cuerpo está prendido así que decidimos salir a trotar.

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¿Somos una lápida que aún no decide su lema?

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Sensación de que este año fue la realidad misma la que se hizo más abundante. Densidad cualitativa de la contingencia ¿Cómo no desear que todo siga así, hasta reventar o encontrar alguna especie de peito que deshinche y solucione el malestar global?

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Veo el muro de alguien semiconocido que hoy ha muerto. Los comentarios póstumos de los seres queridos me dan escalofríos. Alguien le postea angel para un final de los bunkers y pone “siempre te recordaré”. Extrañeza. Me parece inconcebible. No soportaría morir y convertirme en esa masa informe de características nobles y respetables.

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“«Me sorprende que un hombre tan extraordinario haya podido morir», escribí a la viuda de un filósofo. Sólo me di cuenta de la estupidez de mi carta tras haberla enviado. Mandarle otra hubiera sido arriesgarme a una segunda sandez. Tratándose de pésames, todo lo que no es cliché raya en la inconveniencia o la aberración.” (Emile Cioran, Ese maldito yo)

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Con los cabros en la parcela de Bruno. De viernes a domingo. Piscina cervezas carne incluso carreras de 50 metros por el pasto. Incluso unas dosis de aguacolla que, pa variar, no nos hicieron nada. Nadar escuchando Caetano es otra cosa. Tomo los tres días y ninguna caña, quizá ya aprendí. La piscina restaura el cuerpo.

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Después de días de piscina y cervezas, uno comprende hacia dónde debe dirigirse la realidad

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Casi nada me gusta en broma (Desde un pomelo hasta algunos cuentos de bolaño)

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Ese glorioso momento en la mañana antes de construir un gran desayuno. La visualización de los colores. La posibilidad de comer con la mente aún casi en blanco, despertando (Tres huevos a la copa. Leche con cuadraos quacker. Té con canela. Un pomelo)

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Todo lo que se piensa durante la primera meada de la mañana no puede no tener un aire místico.

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Acabo de cachar que el tono de cuando los poetas leen en sus lecturas es una variación del de los diareros vociferando en la calle. La pregunta es quién la copió a quién.

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¿Por qué las abuelas, al almuerzo, a la once, y cuando sea, toman tan poco jugo?

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Última noche en la pieza, en la casa, en esta pensión de mierda. La dueña ha cambiado las reglas y pega en algunas murallas un informativo todo en mayúscula sin comas ni punto ni ortografía. Hartas exigencias con el uso de la luz, el gas, etc, pero la casa misma sigue valiendo una callampa cada vez más grande. Cero inversiones en el lugar. No hay luz en la escalera. Luces que jamás funcionaron. Cocina miserable. Nula ventilación. Hace algunos días había que bañarse con agua helada ¿Tuvo algún sentido pasar por aquí? Al menos ahora tengo la certeza absoluta de NO MÁS PENSIONES.

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“Después de cada paja pienso que soy o me gustaría ser un santo.” (C Bertoni, Cuadernos 1972-1973)

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Mi buen vecino en la puerta pipa en mano y un frasquito lleno de hoja. Buena manera de despedir esta pieza.

III

Todos los días, todos los días, aunque sea una línea para decir
que hoy no tengo ganas de escribir, que no tengo tiempo,
o dar cualquier excusa. Pero todos los días
Mario Levrero

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De lo único que había estado seguro siempre era que no debía, por ningún motivo, dejar de escribir. Incluso a razón de dos modestas líneas al día se consigue una leve distancia de sí mismo. El problema es qué hacer con esa distancia, si arrancar y acomodarse lejos o volver con una nueva panorámica. Además, siempre existe el peligro de caer en el grupo de los que no encuentran consuelo en la experiencia bruta y prefieren las representaciones, gente enferma que siente que las cosas no han sucedido del todo hasta ser escritas, o pintadas, o puestas en cualquier tipo de obra. Pero enfermos de representación hay de muchas clases. Yo, por esos días, apenas tenía un resfrío, uno que me acomodaba bastante. Bukowsky pone en sus diarios de vejez: “El mundo puede vivir mucho mejor sin escritura que sin fontanería. Y en algunos lugares del mundo hay muy poco de ambas cosas. Claro que yo preferiría vivir sin fontanería, pero yo estoy enfermo”.
Un leve resfrío, insisto, que consistía en mantenerse dentro de la trampa vital de desear poco y, mientras tanto, escribir. Como único espejo posible de ese deseo, escribir. Ahora, si hubiera que ponerlo en esos términos, ya empezaba a haber más escritura que fontanería. De hecho el primer comentario que hizo Beatriz el día que llegó fue en ese tono. Oscilando la vista entre mi mesa de trabajo atestada de papeles y la cocina echa un asco dijo: “se nota que has estado concentrado en lo tuyo”. Ruth y Gabriela venían con ella y supongo que por eso se sintió en confianza como para decirme eso en vez de acomodarse tímidamente en sus aposentos. Pero tampoco puede decirse que Ruth y Gabriela fuesen mis amigas y, como iba a saberlo luego, toda la confianza que había, y que al parecer ellas podían repartir con Beatriz por ejemplo, tenía directa relación con Gabriel.
Acomodaron sus cosas. Las tres. Formaban una unidad compacta. Hay gente que funciona como una sola persona y no creo que lo sepa. Las vi acomodar los bolsos de Beatriz, me preguntaron si podían disponer el closet del pasillo para ella, las vi fisgonear en el refrigerador, y mientras hacían todas estas cosas yo no sabía cuál era cuál. Y no era que fuesen idénticas o anduviesen vestidas de manera similar, sencillamente tenían el mismo tipo de movimientos.
Sentí confianza. Confianza e indistinción. Les dije que parecían una sola persona, o un sólo organismo para ser más preciso. Entonces se presentaron. Presentaron su biografía en conjunto, cómo se habían conocido, en qué estaban, qué era lo que aportaba cada una a la relación. Una conversación mucho más ágil que la de la otra noche. Pero esto no se los dije. Estaba demás. Me resultó natural concluir que las biografías de grupos son mucho más interesantes que las individuales. Y no es que las personas comunes y corrientes no sean complejas, es sólo que sus representaciones de sí mismas son pobres. Pero esto lo dice un enfermo, un resfriado de representación.
Repitieron mucha información que ya tenía gracias al mail de Gabriel, supe que por lo menos Gabriela ya le había contado a su madre y que tan mal no le había ido. No necesité invitarlas a sentarse, ni siquiera necesité decir “iré a poner agua para un té”: ellas lo hicieron por sí mismas. Alguna de ellas. No sé cuál. Intuyo que no fue Beatriz que me pareció la más abstraída dentro del ir y venir. Sentado en el sofá y revisando los vinilos, las dejé hacer. Siempre me ha gustado la gente que no necesita que le digan que está en su casa.
Confieso que me esforcé por no detenerme obsesivamente en Beatriz, en su cara, en sus gestos. Me parapete en los cojines como si mirara una obra de teatro. Lo hice a propósito, quizá con un poco de exageración, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza apoyada en las manos, esperando algún comentario al respecto, pero no me dijeron nada. Seguramente pensaron que esa era mi actitud usual. Y lo era, de cierta manera. Imaginé a Ruth de la mano con Gabriel pero me fue imposible conseguir una imagen que me convenciera. Imaginé a Gabriel de la mano con Gabriela, como hermanos, pero tampoco me resultó nada verosímil, probablemente porque los hermanos, a esa edad, no andan de la mano. Dejé la imaginería y me concentré en lo real.
—Si no tienes para pagar ahora puedes hacerlo a fin de mes o cuando quieras —le dije a Beatriz, mirándola por encima del vinilo que sostenía sin ningún fin entre mis manos. Su cara, que no había podido o no había querido enfocar bien hasta el momento, me pareció agradable, inexpresiva pero sonriente, como la cara de los perros cuando duermen. Me detuve en ella más de lo necesario y supongo que por eso seguí diciendo— así lo hacía Gabriel por lo menos. A veces incluso pagaba en cebollas y papas.
—Está bien, ya lo arreglaremos —fue lo único que dijo, como si estuviera a priori segura de que las condiciones del anterior inquilino se aplicaban sin ninguna modificación a ella.
Acto seguido se puso a manosear los vinilos y cedés. Movía la cabeza imperceptiblemente, como aprobando y desaprobando. La desaprobación más notoria, que la hizo incluso reclinarse unos cinco centímetros hacia atrás como si hubiera encontrado una araña, fue ante Pat Metheny, específicamente ante el On the road. Un sacrilegio. Me dieron ganas de tener su música delante y desaprobarla. Me dieron ganas de que le gustara Luis Fonzi o Maná y poder reírme en su cara.

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Beatriz es bien rara. No usa platos: come directo de la olla. La vi en la madrugada sacando tallarines con la mano, no dije nada y pasé de largo al baño. Es algo que yo también he hecho, sí, pero algo en su disposición me hizo sentir que aquello no era la excepción sino la norma. Su ropa es aún más inverosímil que la mía. Una chomba gigante y blanca que la deja como fantasma. Extraños piyamas que no sabría describir. Buzo vestido y bototos. Así andaba vestida hoy. Creo que al despertar sólo se puso el vestido encima del piyama, pero no podría asegurar nada porque desperté cerca de la una de la tarde. Además, no la he visto salir, así que hay una posibilidad de que esa sea su ropa de casa. Puede que haya ido a comprar el pan, pero eso no cuenta: dada su cercanía el negocio de Anita debe ser considerado una extensión de la casa.
Unos cuantos días luego de su llegada coincidimos en el hambre y almorzamos juntos. Nos pusimos al tanto de algunas cosas. Un intercambio básico de gustos. Nada muy profundo. Está cesante y haciendo como que busca algo, igual que yo. Algo lee, algo escribe: no ha querido ser precisa al respecto, sin embargo, he notado al instante que es de esa gente que lee y escribe pero no habla mucho de ello. También me ha comentado que le gusta nadar y ver películas. No al mismo tiempo, por supuesto.
Esta vez si la miré, habría sido ridículo evitarlo. Su cara. Imposible describirla. Por algo se escribe tanto acerca del rostro, supongo. La única manera en que conseguí explicármela fue: alguien que nunca se ha visto a un espejo. Su gesticulación es puro descontrol. Puro derroche. De gestos y de pausas. Sin ninguna conciencia. No era, como yo, una enferma de representaciones. Era como si hubiera una Beatriz adentro de esta Beatriz que estuviera constantemente diciendo: “no tengo por qué hacerme cargo de ésta”. Pero ella no era ni la una ni la otra sino esa relación.
En cuanto a la evolución de la casa en general, a la habitación para inquilinos ya no le queda nada de Gabriel. Beatriz ha sacado el catre y se ha dejado sólo el colchón. Por lo menos ha tenido la sutileza de poner unos cartones debajo. Puede verse el borde de los cartones sobresalir por debajo de la cama. Puede verse la “si” de sindelen inscrita en el borde del cartón. Pero a ella le trae sin cuidado. Ha sacado también todos los posters con imágenes de paisajes, caballos y lugares tan paradisiacos que llegan a dar pena. Debería haberlo hecho yo mismo el primer día que llegué aquí. Reconocía la fealdad y el mal gusto que implicaban dejarlos allí; cualquiera podría creer que yo me había esmerado en conseguirlos y situarlos cuidadosamente con escoch en las murallas. Sabía que cada vez que alguien los mirara iba a tener que apresurarme a decirles que estaban allí desde que llegué, razón suficiente para no hacer nada y dejarles allí en su fealdad para así, a la larga, poder contrariarme a mí mismo en ese ámbito menor de pretensiones y vanidades.
Fuera de estas peculiaridades que comento sin el menor espanto, Beatriz era una buena mujer. Y antes que eso, en lo que hasta entonces me competía, una buena inquilina. Desprolija pero cuidadosa. Cada vez que rompía un vaso (3 en la primera semana) lo reponía. Cada vez que me robaba un yogur lo reponía. Y lo más importante: empezaba a darme esa imperceptible vitalidad que tenía con Gabriel. Pero eso ya no tenía nada que ver con su condición objetiva de inquilina.

10
No le he escrito a Gabriel, no tengo la menor idea de cómo la va con Ruth y con su rollo familiar. No le he devuelto su carta y me siento mal por ello. Una culpa que dura uno o dos segundos y se pasa a lo siguiente. Y lo siguiente puede ser lavar la loza o quedar atrapado jugando con el perro o salir a encontrarse con algún editor que al final de la entrevista te dice que te llamará con la credibilidad de alguien que da un pésame con una camisa hawaiana.
Beatriz se ha ido a Valparaíso por unos días. He recogido su ropa tirada por todas partes, he lavado su loza. Debajo de su cama: tazas, platos, cuescos de manzanas. Incluso una bacinica. Vacía, claro. No sé por qué he entrado a su pieza. Supongo que por el mismo motivo que cuando a uno le dejan sólo en un living de una casa a la que nunca ha ido siente el extraño deber de escudriñarlo todo. He mirado sus libros sin tomarlos, sin sacarlos, sin tocarlos siquiera, girando completamente la cabeza para aquellos que están en posición invertida. Me pregunto si habrá leído Tokyo ya no nos quiere de Loriga. El lomo se ve bastante nuevo. Me pregunto si, al igual que yo, es el último libro que ha leído que le ha gustado más que, digamos, los otros 3 que ha leído antes.
A todo esto, el perro ha entrado en la pieza siguiéndome. Le miro y le hago el gesto con los hombros. El gesto de y-qué-cresta-haces-tú-aquí. Me mira y vomita. Huele el pequeño charco y se va como si nada. Me río.
Dos horas más tarde estamos en una sala de espera. Pero los únicos que ejercemos la disposición correcta de la espera somos los dueños. El resto es una maraña de ladridos, graznidos, maullidos, saliva, gruñidos y colas agitándose. Todas las sogas están cortas. Todas las manos están sobando los distintos pelambres a la vez que sujetando sutilmente al animal correspondiente. Es una necesidad absoluta de conocerse, de olerse. De chocar y ver qué pasa. Y nosotros, los respetables y civilizados amos, contenemos aquello y, enviándonos leves miradas de complicidad, evitamos ese pequeño caos.
Me pregunto qué sentirá un perro que jamás ha salido a la calle y de pronto ve a otro perro ¿Pensara que es él mismo, pero en otra parte? O también, y estas dudas son muy razonables, me pregunto qué pensara un perro que, sabiendo o nó que no es el único perro del mundo, se ve enfrentado a un conejo, o a un pato, por vez primera. No hay nada qué hacer en la sala de espera así que me ocupo pensando en estas cosas. Seguramente alrededor más de alguno está en lo mismo.
—Disculpe, ¿puedo hacerle una pregunta?
Pero mi vecino de asiento ni se inmuta. No sé si le he hablado muy bajo o qué.
—Disculpe, ¿puedo hacerle una pregunta? —Y esta vez mi voz se eleva de manera estrepitosa, un mal cálculo, un desfase total entre el énfasis y el sentido originario de la pregunta. Algo inusitado para una sala de espera en la que pareciera ser que los únicos que tienen derecho a la comunicación fuesen los animales. En fin, que el hombre me mira como si le estuviese ofreciendo drogas o prostitutas japonesas de quince años y me dice “diga” y yo le pregunto específicamente qué cree que estará pensando su pato de todo esto.
El pobre hombre sigue mirándome con cara de interrogación y cada vez más recogido en sí mismo.
Esposa le huele la cabeza a su pato y siento que está a punto de sacársela de una mascada.
—No creo que esté pensando nada— me dice, iluminado repentinamente acerca de mi pregunta mientras acaricia el cuello de su pato. Lo lleva en brazos con la cabeza colgando hacia el lado como una corbata gruesa y gris y un poco muerta. Al ver que esposa sigue lamiéndole el cráneo a su querido pato lo aparta amablemente con la mano y me pregunta¬— ¿Cómo se llama?
—Gabriel —contesto, asumiendo que no pregunta por mí, sino por el perro.
No sé porqué he mentido ni menos aún porque he nombrado al perro con el nombre de mi desaparecido amigo. No lo sé pero al decirlo he notado que es una decisión perfecta y que, mientras Gabriel no esté, será una honor para todos esta transacción de nombres.
—Patricio ¬—susurra una seductora voz que sale de una cabeza que sale de una puerta a tal velocidad que no alcanzo a verla. Entonces Patricio y su pato se levantan y me pregunto seriamente si no será el pato quien se llama Patricio y lo que se acostumbra en el veterinario es llamar a los animales por su nombre. También está la probabilidad de que ambos se llamen Patricio. En cualquier caso, noto en mi comensal, en la rapidez de su levantarse y desaparecer tras la puerta del veterinario, el alivio de quien ha dejado tras de sí una conversación aburrida o complicada. Y no lo culpo. Cada vez me cuesta más adecuar las cosas que deben decirse con los lugares o contextos en que deben decirse. Lo curioso es que, en la misma medida en que me voy dando cuenta de esto, me resulta más y más sensato hacer que el otro cargue con esa extrañeza.
Le palmoteo el lomo a Gabriel y le comento su cambio de nombre. Parece cómodo. La enfermedad le da cierto aire de superioridad. Seguramente haya estado comiendo las sobras de debajo de la cama de Beatriz. Eso es lo que concluimos con el veterinario, minutos más tarde. Me regala tres dispensadores de gotas y me recomienda vigilar que el perro no coma basura. Al irme miro hacia atrás y pareciera que los únicos enfermos son los que mantienen la rienda corta.

11
Empiezo a aburrirme de la casa sola. A echar de menos el ruido de Gabriel. Paseo por la casa abriendo puertas, como si de pronto, a base de pura insistencia, fuera a aparecer alguien en una pieza. Alguien nuevo con nuevas historias que haga de uno alguien nuevo.
Llueve. Eso es algo viejo que siempre me parecerá nuevo. Busco tiestos para las goteras. Pero aún no hay goteras. Los dispongo por el pasillo, de todos modos. Ya agoté los juegos con el perro e intuyo que ya lo agoté a él también. De lejos me mira, un leve, muy leve, movimiento de cola, y de vuelta a su posición de cabeza aplastada sobre la alfombra. Debería acompañarlo en su postura. Alguna vez lo hice. Pero ahora no tengo ganas.
Probé con escribirle a Gabriel y también con trabajar en mis cosas, y al hacerlo noté que no estaba con el ánimo adecuado. Quería verle y hablarle, pero no escribirle ¿Y Beatriz, qué estaría haciendo, volvería luego?
Las casas, después de unos cuantos días sin ruidos humanos, sin palabras que reboten en los muros, empiezan a secarse, a perder su humanidad. Como en años anteriores, antes de la llegada de Gabriel, estaba comenzando a secarme junto con la casa. Me tumbé en el colchón de Beatriz y empecé a revisar mis últimos mensajes de textos, borrándolos uno por uno. En recibidos: “Trae pan. Y algo extraño y ojalá rojo”, “Llego en 15”, “comidapalperro sal yogurt”, “eso fue todo, nunca más llames”, etc. En enviados: “pon el natgeo rai nau, hay un bicho que se parece a ti”, “gol de medel ctm!”, “porqué no te quedaste, por la chucha?”, “el sol es feo”. Borrar todo. Luego, yendo contacto por contacto, fui recordando las últimas mujeres con las que había estado. Si sé que ya no las veré más, ¿por qué no las borro? Vanidad, probabilidad, inseguridad; quizá una especie de melancólico respeto.
No paró de llover en toda la noche. Lo supe a intervalos mientras mi cuerpo, aunque fueran las 9 de la noche y no fuera mi pieza, iba decidiendo quedarse a dormir ahí.
Soñé con Gabriel (mi amigo, no el perro) y Beatriz. Tenían un poder para mover los muros a su antojo, siempre sin exceder los límites de la casa. Cuando convenía se amontonaban todas las murallas hacia un costado y usábamos el espacio para correr o lo que fuera. Improvisaban distintas reparticiones de espacio. Yo no tenía ningún poder salvo el de tratar que me hicieran caso. Entonces una muralla se me venía encima. Sin aplastarme, me empujaba. Desperté y era Beatriz moviéndome y hablándome.
—¿Sabes pelear?
—Ni siquiera sé si estoy despierto.
—Lo estás, mira. —Y me pellizca el brazo—. Afuera necesitan un héroe.
—En estas condiciones, solo tengo un 10% de héroe —le digo mientras veo la mancha de saliva en su almohada. Me desperezo, estiro los brazos y cubro la mancha con un cojín.
—Con eso basta. Es un viejo. Un pobre viejo. Está ahí en el paradero —me dice yendo hasta la ventana para indicarme. La sigo sin entender nada. En el pasillo están sus cosas tiradas. Alcanzo a ver en el reloj que son cerca de las 5am. Siento un pequeño dejavú que no sé con qué tenga que ver. Algo relacionado con murallas quizá.
—Está ebrio, venía en la micro conmigo, se bajó y se quedó ahí —Tiene la cortina corrida unos centímetros y por allí se desliza su dedo que, como si fuera una pizarra de fútbol, va dándome la formación del rival, la del propio equipo, y las posibles estrategias para abordarlo (Y la analogía es literal porque la ventana está empañada y los dedos de Beatriz van trazando líneas y círculos alrededor del viejo)
—¿Ves esos tipos a su lado? —continuó—. Pues no son sus amigos. Te lo aseguro. Están acechándolo. Lo sé. He visto esos documentales de animales carroñeros. Es exactamente lo mismo ¿Me estás escuchando?
Yo estaba escuchando. Pero también estaba despertando y tenía frío. Y no entendía la urgencia de ir en ayuda de ese hombre en específico ¿No ve uno escenas como esas siempre? Y se les mira justamente como se mira el canal de los animales. Sin embargo, algo me decía y me hacía sentir que ya estábamos dentro del documental. Beatriz era el dedo que apunta de modo tal que entra a la pantalla. Y se lleva consigo a quien tenga al lado.
Pasó por mi mente, como un rayo que también podría ser la voz en off o al menos la música del documental, la escena final de mi última relación: De camino al cine. Un gato muerto a la orilla de la vereda. Ella quiere enterrarlo. Yo prefiero llegar a tiempo para conseguir buenos puestos. Luego. Que no tienes sentimientos. Que los tengo pero eso es una cosa sin alma. Eres un egoísta. Y así.
—Te sigo —le contesto con resolución— Cuando se duerma le caerán encima y hay que hacer algo antes que eso pase.
Después de todo, un viejo ebrio a punto de recibir una consecuencia directa de sus actos, es distinto de un gato muerto a la orilla del camino. Además, y como me lo haría saber Beatriz, este hombre en particular iba bien vestido, se veía limpio, y perdido.
Supongo que tuve la conveniente certeza de que un hombre bien vestido, limpio y perdido, sabría qué hacer con una nueva oportunidad; más que, por ejemplo, un hombre mal vestido, sucio y conforme de ser eso que es.
Beatriz se quedó en su ventana de DT y yo entré a la cancha. No es que hubiéramos hecho alguna estrategia ni nada. Llevé el perro. Eso hice. Lo desperté, le puse su correa, y salimos. Un perro no necesita mayores explicaciones. Podría haberlo sacado hacia el fin del mundo, al último nivel de Mario Bross, o a un ataque de zombies, y su lengua y sus ojos y su cola habrían hecho los mismos movimientos ridículos. Llamé al viejo por su nombre. Quiero decir, por el nombre que en ese momento le inventé para, ante los dos carroñeros, transformarlo en mi tío, mi padre, o lo que fuera. El viejo levantó la vista. Estaba ebrio pero comprendía su desventajosa situación y, mejor que eso, comprendía lo que estábamos haciendo para sacarlo de ella. Como pudo se paró y caminó mí. Avanzó y los carroñeros avanzaron con él. Una fina llovizna lo cubría todo, más que con su materialidad, con un ruido total, parecido al de una televisión sintonizada en la nada. Pensé en películas de acción, sobre todo en japoneses peleando bajo la lluvia. Los pequeños y rápidos y flotantes pies pisando los charcos. Las gotas cayendo en cámara lenta mientras los cuerpos luchan y danzan. Entonces le solté unos metros a la correa de Gabriel. Ese era mi sable. Solo mientras lo hacía pensé que el perro no tenía la menor idea de a quién estábamos rescatando y a quién estábamos ahuyentando y, en vez de una estética invernal japonesa con sables y cámara lenta, terminaría siendo una típica comedia gringa en la que todo sale mal pero nadie muere. Sin embargo, y lejos de estas expectativas cinematográficas, el pobre viejo debió suponer que se trataba de un perro amaestrado que distinguiría automáticamente a los malos de los buenos, porque avanzó con total familiaridad, como si fuera su casa, como si fuera su perro, como si yo fuese su hijo. Los carroñeros, viendo esto, perdieron un tanto de confianza y se agazaparon, murmurando entre sí. Acudí al encuentro, abracé al hombre como a un padre que no se ha visto en años, le di unas cuantas palabras de aliento que no creo que haya escuchado, y a los minutos yacía durmiendo en el sillón.
Beatriz aplaudía con seriedad. No sé qué hubo en ese aplauso pero, fuera lo que fuera, estaba muy lejos del aplauso que lo ordinario reverencia ante lo extraordinario, o del aplauso orgulloso de la madre ante el piquero de su hijo. Se parecía más a la elegancia con la que celebraba los goles Thierry Henry, o a como los líderes carismáticos se aplauden a sí mismos mientras el pueblo también lo hace. Pero qué iba a saber ella quién era Henry. Todo había ocurrido de una manera muy extraña y no terminaba de entender qué hacía absolutamente despierto a las 6 am mirando un ser desconocido dormir en mi living. En cualquier caso, fue en ese momento exacto cuando sentí que algo habia comenzado.

capítulo II
capítulo I

octubre

[a oir]

SEGUNDO MEIL DE TESIS
Porqué “finitud” y “mal”. Primero porque ambos términos conforman un ámbito de discusiones que, aunque quizá propio de la teología, podría ser el fundamento de todo pensamiento político (por ejemplo los contractualistas y las distintas naturalezas humanas) En general, la idea es que desde la relación (o imposibilidad de relación) de Dios con el hombre se puedan dar luces sobre la condición humana como tal.

Me interesa no sólo la tensión entre ambos conceptos (mal/finitud; qué tan consecuencias son la una de la otra?, cuál es “primero”?, son determinaciones o aperturas del sentido humano?, etc) sino sobre todo las relaciones que de allí puedan surgir hacia problemáticas reiteradas de la filosofía (La distancia entre Weil y la filosofía de la subjetividad; las concepciones occidentales y orientales del tiempo; la finitud en Weil, Hegel y Kant por ejemplo: finitud que en Hegel no coincide con la necesidad como en Weil, finitud que en Kant no nos permite el acceso a lo en sí pero en cambio nos posibilita los juicios sintéticos a priori; o las perspectivas históricas que en Weil son puras proyecciones egóticas, que en Hegel son el Espíritu conociéndose a sí y que en Kant son el horizonte Ilustrado, etc) La idea sería obviamente, antes que desarrollar a cabalidad esos tópicos, hacerse cargo de las definiciones weilianas tratando de llevar un hilo conductor que establezca los diálogos que ella suele omitir en sus libros. Digo esto porque ésta es una autora que, salvo a algunos griegos, textos orientales y la biblia, cita muy poco. De hecho casi siempre que cita, parafrasea, y son los editores los que vienen a corroborar. No hay en sus textos mayores defensas ante opiniones adversas o críticas que la inserten en la tradición filosófica moderna como tal. Ahora, el énfasis no estaría puesto sólo en ese rellenar “baches”; la intensión de ese rellenar viene dada justamente por la voluntad de organizar los textos de Weil en torno a estos dos conceptos (mal/finitud) que me parecen ejemplares y abarcantes: la relación con la tradición filosófica será sólo para sacarle más consecuencias al pensamiento weiliano de las que la autora misma saca. Por eso, y como segunda parte de la justificación o sentido de la elección del tema de tesis, es que decíamos “abarcante”, en sentido general pero también particular. General en tanto ambos conceptos sirven para pensar el paso de una teología a una, por así decirlo, ontología política (porque obviamente no sacaremos una teoría política dura desde Weil como sí de Arendt u otros teóricos), y particular porque, dentro del propio pensamiento weiliano, ambos conceptos son transversales. Sobre esto último, aunque Weil casi ni menciona la palabra “finitud” varios de sus conceptos podrían ser precisados y matizados allí dentro (necesidad, espera, ilusión, descreación, etc); asimismo ocurre en cuanto al mal -término que Weil sí usa bastante- y que podría servir para agrupar una serie de conceptos que evidentemente, sin ser el Mal (pues para Weil existe solo el Bien, que no es terrestre: lo terrestre es un bien y un mal que ni tocan al Bien) quedan muy cerca (me refiero a conceptos como “yo”, “imaginación”, “historia”, “deseo”, “colectividad”, etc)

En última instancia a lo que me interesaría llegar, digamos las ultimas paginas de conclusión, es a una definición o diagnostico de la condición humana en sus aspectos trascendentes e inmanentes, una mayor claridad en el paso del uno al otro expuesta en las consecuencias ontológico-políticas de qué es lo que ocurre (desde y también más allá o más acá de) Weil en los distintos trayectos que puedan hacerse con hombre-dios-finitud-mal.

Cuestiones técnicas: llevo tan solo 4 libros de Weil íntegramente leídos, la idea de leerlos todos me parece no solo necesaria para esta tesis sino que atractiva por sí misma, pero como se ve, me demoro bastante, y creo que seguirá siendo así el resto del año hasta que siga trabajando paralelo en otras tesis y ensayos que hago. Me compré los Cuadernos y El conocimiento sobrenatural así que estoy en ello. Así que supongo que lo que viene ahora es leer y leer y leer. Me gustaría, eso sí, ir desde ya, sacando cosas en limpio. ¿Alguna recomendación? Por de pronto lo que hago es tener todas las citas de lo que voy leyendo en word así si requiero la búsqueda especifica de algún termino uso el buscador. Tengo ya ciertas anotaciones y creo que las iré agrupando en torno al índice que más o menos ya configuré aquí.

Nos vemos tito, saludos.

PROFE:
1. Me parece muy bien que hagas un índice: sirve como timón.
2. ¿A qué te refieres al señalar que finitud y mal podrían ser el fundamento de TODO pensamiento político?
3. Creo que lo que quieres investigar es doble: por un lado, pensar el paso de la teología a la ontología política; por otro, el carácter transversal de los conceptos a tematizar.
4. ¿Harás una definición o un diagnóstico? Te digo esto porque no son lo mismo, y requieren estrategias metodológicas distintas.
5. Creo que debieras diseñar, de manera rigurosa, lo que vas a hacer sin darte tantas vueltas. No eres claro.

Un abrazo
Tito

YO:
2. a que la “naturaleza humana” (que podría ser leída desde esta tensión entre finitud y mal) es una de las primeras cuestiones a resolver para situarse en lo político. de qué tipo es la libertad del hombre, si trae un destino o finalidad inserto en sí mismo o nó, es acaso lo colectivo un escape de la finitud, etc… a ese tipo de interrogantes “fundamentales” me refiero.. fundamentales como “originarias” en sentido heideggeriano, como eso que la ciencia no alcanzó a pensar.

3. ¿es abarcar mucho y sería mejor escoger una de las dos cosas o te parece bien así? yo por lo menos en este índice mental que llevo me parecen cuestiones simultáneamente abordables: la transversalidad o el amarre conceptual de la autora sería la parte de dar cuenta de un pensamiento especifico y el paso de la teología a la ontología política sería la apuesta. (al decir ontología política me refiero a esas interrogantes fundamentales del punto 1)

4 y 5. me pillas con la diferencia entre definición y diagnóstico, supongo que la primera se remite meramente al autor y la segunda permite lecturas. en mi ingenuidad metodológica imaginaba que bastaba con la, según yo, claridad de mi tema. he supuesto en todo momento que una tesis consiste en hacerse cargo de x autor (o de cierto concepto de x autor), para luego decir algo al respecto. Definición y diagnóstico quedan juntos ahí… entonces me faltan herramientas para diseñar con rigor… podrías indicarme en qué no estoy siendo claro o redundante…

saludos

PROFE:
Con respecto a la 2: Bastaría con precisar y bibliografiar.

Con respecto a la 3: Tendrías que establecer la vinculación de modo preciso.

Con respecto a la 4: Estás en lo cierto cuando dices que se trata de “sacar punta” a lo planteado por un autor x. Para el caso de definición o diagnóstico, me refiero a que pueden ir juntas pero la definición es estipular, de cierto modo, lo que “es”; el diagnóstico es enunciar un determinado estado de un fenómeno.

Un abrazo
Tito

*
¿Cómo hablar de algo que aún ni se empieza a escribir? Es como saber qué haré exactamente el próximo año. No entiendo mucho las instrucciones de la tesis. Sobre todo no entiendo porqué siempre los profes de tesis tienen que responderte algo que es la décima parte de lo que escribiste ¿Necesidad de establecer que el que sabe de verdad puede decir lo mismo que el que no sabe tanto en menos palabras? ¿Mera falta de tiempo? ¿Elegancia? ¿Inseguridad de estudiante que redunda? Quizá un poco de cada cosa. Quizá hay que hacerle caso a Chester no más: escribir y escribir y escribir y después se ve cómo la metodología se acomoda a eso. Metodologías de mierda. Pretensión científica de mierda. Un texto bien hecho pesa por sí mismo y punto pos.

*

Esto no es un diario sobre todo porque no escribo a diario ni me hago cargo de los días como unidades. Ni siquiera de las semanas. No vivo los días como unidades. Ni las semanas. Quizá los meses. Hace algunos años no podía dejar de escribir los días enteros. “Día no escrito = día no vivido”, pensaba. Ahora en cambio hay tan poco que contar, que separo este word por meses. Cuando haya más que contar las unidades irán reduciéndose. Es muy distinto llevar la costumbre de escribir una plana de corrido al día, a esto, este escupidero de ideas, lugares, citas, situaciones. Recuerdo perfectamente que lo que pasaba en la época de los párrafos largos era que ya a la mitad había dejado de escribir sobre lo que creía estaba escribiendo y se habría un terreno inexplorado. Terminaba recordando escenas que nisiquiera sabía que recordaba o que valían la pena, o derivando en distintos problemas práctico-morales. Escribía por escribir, o sea, por forzar o ejercitar esa otredad, no importaba que el diálogo interno rosara lo patético, lo inconexo o lo grandilocuente, porque nadie iba a ver eso. Cuadernos que aún están en un baúl que parece que está en la casa de nico. Poemas malos que tardan años en construir espejos para verse ¿Qué queda ahora de esa disposición ingenua? Chispazos. Cada cierto tiempo consigo abrir esa llave y corre algo de agua. Pero la sensación de apertura no se pierde. Escribir –cualquier cosa- sigue siendo el mejor paso en falso. Tampoco sé en qué momento me convencí de que todo texto está destinado a circular y de que en última instancia hasta el susurro más indecible de nuestras profundidades es por decreto también texto, no lo sé ni me importa: nos pasó a todos, cualquiera que escriba ha llegado al mismo punto. Unos más que otros sentirán alguna especie de melancolía por esa ingenuidad originaria. Yo, por ahora, no veo otra vía que abultar la odiosa imagen de sí. Desaparecer, sí, pero por abundancia. Como esa escena final de Malkovich Malkovich Malkovich, sólo que sin desesperación. En vez del oriental desapego, saturar al yo hasta que reviente. Enrostrarle todas sus máscaras. Reírse de todos sus triunfos. Incorporar cada afirmación como mero texto entre textos. Y de vez en cuando tratar sinceramente de dejarse llevar por alguna de esas canaletas de cuando uno recién escribía; se esté o no escribiendo ¿Qué más se va a hacer? ¿Seguir escarbando cristiana y kantianamente hacia un centro impecable de sí mismo? Destruir al yo haciéndolo pasar hambre de proyecciones es bien ridículo y solitario; mejor reventarlo, excederlo, machacarlo en vida, con alegría, con la intuición de que la austeridad y el silencio oriental tienen razón, pero Marx y Debord y Marcusse también. Decimos “yo” y, obvio, decimos “individuo”, “capitalismo”, y todo lo que nace de esa relación. Decimos “destrucción” y, obvio, decimos comidas, bailes, conversaciones, abrazos, cuerpos, lenguajes nuevos. Decimos escribir y decimos: toda construcción de la intimidad corresponde a un estado del mundo que puede ser destruido por dentro y por fuera.

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“Mientras corro, simplemente corro. Como norma, corro en medio del vacío. Dicho a la inversa, tal vez cabría afirmar que corro para lograr el vacío.” (Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr)

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Lo que la mayoría de los conspiracionistas no comprende: “La distorsión de la realidad en el informe es el informe verídico sobre la realidad.” (Karl Kraus)

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“Si pienso que estoy vivo hasta el último segundo, nunca moriré.” (El ejercito de las sombras, Jean Pierre Melville)

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Hoy: Kokuhaku (http://bit.ly/bNZyhP) y el último maruchan que como porque da cáncer dicen.

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Lo peor de ser perseguido por perros en la calle no es la posibilidad de ser mordido sino lo ridículo que uno se ve caminando-arrancando, girándose hacia el perro que nunca ataca, tomando una piedra que al final siempre hay que botar al suelo.

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“¿Qué es un símbolo? Decir una cosa y significar otra. ¿Por qué no decirlo directamente? Por la simple razón de que ciertos fenómenos tienden a disolverse si nos acercamos a ellos sin ceremonia.” (E. Wind)

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La mg de Bruno en su patio. Tres caladas y yastá.
Terminamos comiendo naranjas del árbol y viendo quién le achunta primero con las cascaras a unas mariposas que insisten en posarse.

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“Cuando recibo una crítica infundada (o que, al menos, a mí me parece infundada) de alguien, o cuando alguien de quien esperaba que aceptara una mía no lo hace, corro un poco más de distancia que de costumbre. De este modo, me agoto un poco más, proporcionalmente a ese poco más de distancia que corro. Entonces vuelvo a cobrar conciencia de que soy una persona débil y con limitaciones. Me doy cuenta de ello de un modo físico y desde lo más hondo de mi ser. Y, desde el punto de vista del resultado, ese poco de distancia que he corrido de más, lo gano también en fortaleza física, aunque la ganancia sea sólo meramente simbólica. Cuando me enfado, oriento el enfado hacia mí.” (Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr)

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Gran parte de mis fracasos amorosos podrían tener que ver con que, aún gustándonos las mismas cosas, nos gustaban por distintos motivos. La sospecha de que podría enamorarme perdidamente de una feriante o una budista, por exactamente los mismos motivos.

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Incluso un videoclip de Cristian Castro debería producirnos una epifanía estética si lo apreciamos como se debe.

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Un cálido a-quién-le-importa que sea la sombra de cada cosa dicha.

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Oficinismo: cinismo de oficinista / Una persona nueva es un cúmulo de primeras veces. (http://masleseras.blogspot.com)

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Una cola con Bruno y luego 45 minutos en su bici. Pa nunca más. El hueso del culo no se merece esa sensación.

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Sin ganas pero la hago igual. Me llevo a la fuerza. La misma ruta de estos días. Cemento odioso que se hace sentir inmediatamente. Más sensación de piedra en las rodillas que antes y, en consecuencia, más lentitud. Velocidad crucero. Por mucho que uno parezca pajero por ir lento, es la única manera de no morir antes de la media hora.
Se nubló y espero que llueva. Que se ponga a llover mientras uno va trotando es un heroísmo inútil que me gusta. Pero no llueve.

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Perros aburridos que te ven pasar y, sin nada más que hacer, corren contigo y te ladran. Aunque me dan rabia e incluso a veces les grito mirándolos desde lejos y sacándoles pica, trato de imaginar que no están enojados y es solo nuestro error de traducción lo que nos separa; quizá sólo están diciéndonos algo así como “pa dónde vai wn, puta que estoy aburrió aquí, oye ya pos no te vayai espera, esperaaa”.

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Las noticias son una abuelita: ahora creen que el pogo es un bullyng masivo.

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Tanta gente sola en los supermercados comprando de a poquito. Cómo no voy a quererlos.

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En mi vida hice todo con una lentitud abismante. Todo. A todo llegué más tarde que el promedio. Aprender a ver la hora en relojes con manecillas. Sacarle las rueditas a la bici. Pololear. El alcohol. La buena literatura. El cine. El sexo.

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Corriendo en las pistas de la Granja con Bruno, se pone a llover, primero con fineza, y luego a cagar. La ropa se pega al cuerpo y pesa. Nos ponemos unos gritos de esos que salen naturalmente cuando se pone a llover de golpe. Alguien, al parecer desde la calle, nos sigue con un uyyuuuiii. Los jóvenes atletas que estaban practicando se guarecen en las bancas de suplentes del curi. Nosotros seguimos. Dijimos 13 vueltas y 13 van a ser.

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“Y puesto que no puedo ser el enamorado que seducirá estos tiempos bien hablados, estoy determinado a ser el malo y el aguafiestas de estos días frívolos.” (Guy Debord, La Sociedad del Espectáculo)

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“No abuela, soy el nieto Rodrigo, no el nieto Joaquín. Si abuela, filosofía. No abuela, me he demorado, aun hago la tesis. No abuela, no quiero ser profe, pero seguramente lo sea, en algún momento. No abuela, no tiro piedras, pero voy a las marchas y me gustan las barricadas. No abuela, no estoy pololeando.”

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Luditas

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“Porque cuando le robas a la gente lo poco que tiene, para proteger los intereses de aquellos que tienen más de lo que cualquiera se merece, debes esperar que haya resistencia, ya sea mediante protestas organizadas o saqueo espontáneo. Y eso no es político. Es física.
(Naomi Klein)

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Vou querer me mudar para uma life on mars (Seu Jorge)

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Mi papá llega enojado porque los pacos le revisaron. “Pero si así es la cosa” le digo, y luego pienso que debería ser al revés: no que uno revisara a los pacos sino que yo fuera quien se queje. Falta media hora para que empiece el partido y, por lo menos en mi sector, somos los mismos de siempre. Los mismos ante los cuales se hace un leve saludo con la cabeza signo de que nos conocemos, no tanto como para ponernos a hablar de nosotros mismos, pero lo suficiente como para hablar del curi. Curiosamente el partido está bueno. Más que bueno. De ida y vuelta. Antofagasta demuestra porqué es puntero y Curicó responde al cartel de la hinchada que dice “jugadores, con el sueldo que ganan compre huevos”. Ganamos uno a cero. Y me doy cuenta de algo que siempre había estado implícito en mi proceder anímico de estadio: estamos jugando bien pero me propongo no celebrar el primer gol, que no significa mucho, sino el segundo, que es una ventaja decente, y nunca me funciona: aún en los partidos más malos en los que me digo que un gol no significa nada y no debe ser celebrado hasta que el equipo no juegue bien, salto como enajenado grito aleteo y semigolpeo y abrazo al acompañante de turno.

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“Antes, mucho antes de que el vino fuera un problema administrativo, fue el vino un Dios.” (Nieztsche, El nacimiento de la tragedia)

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13 vueltas por la pista de atletismo. Los quinceañeros pasaban rajaos por mi lado. Pero fui el último en irse.

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El pequeño placer de cortarle a las compañías telefónicas, una y otra vez.

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Única regla heroica: estar solos, solos, solos.” (Pavese)

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Música japonesa, incienso y cielo bien blanco.

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A un diario no se le miente. Así que aquí va un autocharchazo: Hice todo a medias. En vez de encontrar un trabajo de medio tiempo preferí muchos minitrabajos que, a mi ritmo mediocre e indisciplinado, colmaron todo el tiempo. Apenas leí la mitad de la bibliografía necesaria para la tesis. No pude conquistar las mañanas ni instaurar una rutina de bibliotecas ¿Traté? Son las 3 am y estoy escribiendo algo que justo ahora considero imprescindible. Conseguí, eso sí, y en promedio, no pasar más allá de las 3am. Por las mañanas algo me aplasta. Un vapor o una mano de vapor que soy yo mismo me seda, me hunde, me hace incluso obviar el pichi y me pide continuar el sueño: justo ahora puede ser la mejor parte ¿qué diría el psicoanalista? 9 horas de sueño. Días bastante solos. Y ningún interés en que sean de otro modo. Ninguna rompió o halló el túnel para pasar por debajo de este campo de fuerza. Era un alambrado bien penca en cualquier caso. Y la casa quedaba bien lejos de todo el ruido de la ciudad, de la noche, de los cuerpos, que es donde pasan las cosas, dicen. El único rigor que conseguí fue el ejercicio. Varios meses trotando unas tres veces a la semana, y ahora hace casi un mes (e incentivado por la lectura de De qué hablo cuando hablo de correr de Murakami) todos los días ¿Me alejé de gente importante? Pura tautología. De quienes uno se aleja, no son importantes. Por supuesto que a veces hay excepciones, pero son las menos. Me habría gustado ver más a SD por ejemplo. Amigo en potencia. Por azares e inoperancias no fue así. Aparte, ¿se pueden tener más de cinco amigos de verdad? Esas son las quejas entonces. Tengo fe en que el gobierno de mí mismo está dispuesto a una pronta revolución.

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3:22 am. Ganas de mear. Muchas. Pero hay que aguantárselas: el pichi es el despertador.

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Mi sueño transcurría en una bonita casa japonesa y se transformó en una disco gay ¿por qué? porque despierto y los vecinos pusieron Corona.

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“¡Anhelar!, ¡Anhelar!, ¡Anhelar, al morir, no morir de anhelo!” (Tristán e Isolda, acto III, escena I)

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Siempre me he preguntado qué pasa si justo cuando la brigada pdi derriba la puerta hay una guagua del otro lado

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Hay algo infinito en conversar. Y no es gueveo ni poesía. Uno debería conversar hasta morirse de conversamiento.

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Sólo se habla de política y amor. Y así debe ser.

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“Es una verdad axiomática, de perogrullo, que la revolución no se puede hacer sino cuando hay fuerzas suficientes para hacerla. Pero es una verdad histórica que las fuerzas que determinan la evolución y las revoluciones sociales no se calculan en las grillas de los censos”
(E. Malatesta)

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Si para la lectura del wáter olvidas tu destacador llevar, siempre jabón azul puedes usar.

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Una cebolla de once. Y té. Así está la cosa.

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Corredores amateur que no saben mantener su derecha. “Esto es como en la carretera”, le tuve que decir a uno.

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Gadafizar la realidad. Apalear la indiferencia. Linchar a los periodistas que han escogido empobrecerlo todo. Cortarle el cuello a la publicidad. Disparar una que otra metralleta al aire y gritar todos juntos. Exhibir el cadáver de la ontología capitalista en la parte trasera de una camioneta colectiva, hasta que deje de resucitar.

1
“No queremos que los pobres terminen subsidiando la educación de los ricos”, dice el gobierno ante la gratuidad. Da risa. Como gobierno, debe ser la primera vez que usan la palabra “ricos”. Frases hechas para ganarse a la dueña de casa asustada y al televidente irreflexivo; frases que funcionan sin contexto, sin mencionar la renacionalización del cobre ni una reforma tributaria que equilibre la balanza. A los que se les arruga la cara al hablar de lucha de clases hoy, es porque pueden perder algo. O porque ya fracasaron y quieren que los conceptos fracasen con ellos. Pero los conceptos les pertenecen a los que los realizan acorde a una voluntad popular. Y esa voluntad popular tiene un derecho de actualización infinito. Es simple. Los análisis pueden ser complejos, sí, pero un viejo horizonte nos hace palpitar al unísono. Cuando alguien gana 100 veces más que otro y su gasto en fuerza y nervios es igual o menor que el de ese último eslabón de la cadena, estamos ante toda una estructura de legitimaciones que se interponen entre nosotros y la realidad que queremos. Toda esa realidad debe ser atacada. Claro que hay días, semanas, e incluso meses, en que se nota más que en otros, que eso que queremos, lo queremos realmente. Todo cuerpo se inmuniza para no comprender lenguajes peligrosos, y uno que es de los que no tiene casi nada que perder, junto con los que, incluso pudiendo perder privilegios, apoyan la lucha, más los otros que no tienen absolutamente nada que perder, no podemos sino continuar siendo un lenguaje peligroso.

2
Esa gente que dice que las actuales marchas les traen recuerdos del pasado, del oscuro pasado. Puedo verlos agarrados a los pies de la Ley como un Padre protector que tiene el monopolio de la violencia ¿Qué más cómodo que eso? El tono de satisfacción que ocultan tras su neutral preocupación porque no haya divisiones. La satisfacción y las recomendaciones de cordura de quienes nunca han sentido que la Historia de un pueblo les pasa, aunque sea durante unos segundos, por las venas.

3
El diputado Enrique Estay de la UDI que trató de quitar la bandera por la educación desplegada en el congreso es un signo grosero de desesperación del cual no hay que colgarse. La desesperación general del gobierno es mucho más sutil que eso. No les interesa quitar una o dos banderas sino acabar con el germen.

4
El deber cívico de hacer recagar la publicidad. Ningún anuncio merece mantenerse en pie. Desfigurar, intervenir, romper o quemar. De preferencia intervenir. El ciudadano que cuida su publicidad, lo comprendemos, pero que se aparte. La publicidad es el vigilante quieto del capitalismo. La musa captora del deseo. La codificación de lo peor de cada época presentado como naturaleza del mundo.

5
Estar o no de acuerdo con los encapuchados y la violencia es como estar o no de acuerdo con que llueva. Sobre todo si éste sistema produce la evaporación y la condensación. “Condenar la violencia”, otro término ético abstracto que sirve sólo para encuestas televisivas. Esa parte “natural” de la violencia social que resiste y enseña los dientes, en cualquier caso, no es la violencia de masas real a la que deberíamos apostar. Las barricadas son la punta, el filo de la lanza que en un comienzo nos vuelve visibles, iluminan la ciudad y huelen bien, pero no hay que pontificarlas. La real violencia es comprender que la guerra ya está andando y comportarse a la altura de las circunstancias, en las calles repletas, pero también en las sobremesas familiares y en la cola del supermercado. Cada uno un caballo de troya.

septiembre

“¿Cuándo tendré tiempo para no leer tantas cosas?” (Karl Kraus)

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Las casas japonesas. Los infinitos pocillos sobre la mesa. La amplitud. Las puertas correderas. Los ventanales. Sacarse los zapatos al entrar. Las teteras humeantes. Algo así quiero, en general.

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Son las maneras de desear el bien al otro las que están gastadas. Una mirada igual de asustada pero que no huye, un brazo en el hombro que tirita: gestos que no son garantía de nada y que nos tocan más que la promesa hollywoodense de que nena, todo va a estar bien porque YO lo digo. ¿Qué podemos querer realmente para otros que ya no queramos para nosotros?, ¿Confabulaciones del destino que lo dispongan todo a favor? Termina siendo un problema cuantitativo. Entonces qué es lo que salva: pequeños impulsos, pasadizos secretos, micromilagros, que pongan en movimiento una fuerza ya existente. Lo único que puedo y quiero desearle al otro son lecturas maravillosas de lo ordinario y lo absurdo.

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“No soy tan tonto como para igualar lo que pasa bajo los efectos de la influencia de la mezcalina o cualquier otra droga, preparada o preparable en el futuro, con la realización del fin y el propósito último de la vida humana: la iluminación, la Visión Beatífica. Todo lo que estoy sugiriendo es que la experiencia con mezcalina es lo que los teólogos católicos llaman “una gracia gratuita”, no necesariamente la salvación, pero una ayuda potencial que hay que aceptar agradecidamente, si está disponible. Ser sacudido fuera de las raíces de la percepción ordinaria, que se le enseñen a uno durante unas pocas horas sin tiempo el mundo interior y el mundo exterior -no como aparecen a un animal obsesionado con la supervivencia o a un humano obsesionado con las palabras y los conceptos, sino como son aprehendidos, directa e incondicionalmente, por la Gran Mente- es una experiencia de inestimable valor para todos” (Aldous Huxley, Las puertas de la percepción)

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“JAJAJAJ puta nico, la verdad me ha ocupado la mente eso, y mejor hablamos en vivo qué sentido tiene tomar esta guea en estos momentos del país y de uno mismo, sólo diré que nos llevo la media fe en cuanto a “grupo humano”, sin feli quedamos medios cojos pero bueh, le llevamos dentro…. y vendrán otras veces más, bruno tiene caleta… la otra noche me leí de un tirón las puertas de la percepción de huxley y siento que conocer los efectos y el rango de experiencias posibles le da aun mas sentido al asunto. Me interesa saber a qué nos enfrentamos y leí hartas gueas ya. En el fondo es retroceder en la historia de las percepciones hasta llegar a cierto estado primitivo de contemplación (la mezcalina le quita el azúcar al cerebro o algo así, y la visión es lo que más se ve afectado, perdiendo su “aprendizaje”, esa infinidad de mediaciones que hacen que veamos la realidad de determinada manera (una manera que es un sistema económico, una cultura, etc))… Ahora lo brígido es que este retroceso perceptivo no es teórico sino práctico, y he ahí el peligro de mala volada: sentir en sí mismo la arbitrariedad de ser esto que se es, en sentido biográfico y genérico, enajenarse de esta maquinaria perceptiva específica y luego volver. Sensación de neo la primera vez que entra a la Matrix y ya no sabe cuál es la realidad. Ahora, tenemos el plus histórico-político de saber que la realidad es social que la naturaleza es creada que el ser es una actividad y no un ente quieto y bla bla bla… demás que eso nos ayudara a no irnos en mala volá de neo-matrix… pero aun así, y este es el punto que creo que lo conecta todo, creo que hay un saber desplazado acerca de cierta sabiduría ancestral. Todo lo místico ha sido socializado con colores muy pencas, con lugares muy pencas, y con gente muy penca… muy de reiki dominical o teorías vagas acerca de estar bien con “la energía”…. pero qué chuchas es esa energía… bueh, que a eso vamos, a ese encontrón…”

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Los efectos de un mal viaje pueden ser suavizados con 20 mg de diacepam (Valium®) o suspenderse con 50 mg de clorpromazina (Largactil®) o haloperidol (Haldol®).

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Balanzas de la posmodernidad: machismo en los productos culturales masivos y preocupación por la mujer en las políticas públicas.

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BAÑOS MORALES
Un grupo heterogéneo, sin tradición. Chispazos de comunión. Echo en falta a los Felis y Brunos. Siempre la montaña fue con ellos.
Nunca había visto nevar. Conocía la nieve pero no su formación.
El San Pedro no nos hizo nada. Un poco de languidez y achinamiento pero nada.
Jugamos Scrabble. Después la Eileen nos hace un dictado en inglés.
Ritmos y canciones ridículas a partir del tedio contemplativo. Perro de nieve perro de nieve perro de nieeeeveee. Con FK cualquier absurdo es susceptible de ritmo.
Nico duerme siesta. Encontré un vino dulce añejado. Aun queda luz y termino la carta al padre de Kafka. Aquí no hay nada que hacer. Me agrada. Que sean super pocas las elecciones posibles. Quizá hacer una sopa. Traer las velas a la mesa. Recién sonaron los pasos y pensé que alguien venia y salí al encuentro pero era un perro. En realidad estoy terribleaburrio. Pero me gusta enfrentarme a pocas elecciones.
Todos se van y nos venimos a dedo con nico. Un camionero se apiada. A los minutos ya agarró vuelo y está contando sus historias de camionero. El momento cúlmine de silencio y mirarnos las caras con nico es cuando el tipo nos cuenta como si nada que un día x pillaron a un gueón con una lavadora robada arriba de los techos y como la puerta giratoria y todo eso decidieron molerlo a golpes y tirarlo a un rio con unos amigos.

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“Cabe cerrarse al mundo toda la semana. Pero hay una penetrante sensación de domingo a la que no podemos hurtarnos ni en un tragaluz, ni en la cumbre de una montaña, ni siquiera en un ascensor.” (Karl Kraus)

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Sinfonía 1964 con feli en el teatro de la chile. Una guea tremenda. Agitación quieta. Caos pero ritmo.

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13 vueltas al Estadio la granja con Bruno. Por los altoparlantes suena esa canción “correle correle correlaa” ¿Illapu? Cuando pasamos por el lado de los altoparlantes nos pegamos “un Illapu” (idea de Bruno), es decir, un aumento de velocidad que nos deja pa la cagá. Durante las primeras seis vueltas hablamos de las tesis. Quedaría bien un programa corto de entrevistas con el autor trotando. Se dicen cosas muy distintas cuando no queda otra que escoger bien unas pocas palabras. Vuelta 11: “no puedo más Illapus Bruno”.

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“Mientras mis compañeros sacaban malas notas en conducta por dejar libros tirados debajo del pupitre, yo era un alumno modelo, porque atendía cada palabra del profesor para observar sus ridiculeces.” (Karl Kraus)

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Cuando alguien nos interrumpe y nos molestamos lo que nos molesta es descubrir una y otra vez que creemos que uno tiene ante sí más derechos a interrumpirse que los otros.

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Invento: 70% agua, 30% leche, café y milo.

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¿Cuántas posibilidades habían de que trotando un grifo se enganchara con el bolsillo del chor y este se rajara por la mitad y tuviera que devolverme? cada vez que me pasa algo asi siento ese extraño orgullo de “a nadie más le ha pasado esto”.

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Lo más temprano que consigo despertar es a las 11 am. Todo transcurre lento y torpe hasta la 1. Si tan solo pudiera amanecer vestido bien despierto ya desayunado y sentado en cualquier lugar lejos de esta pieza leyendo para la tesis. Mis ridículas temporadas de voluntad que nunca duran lo suficiente. Es extraño pero todos los días que despierto temprano y medito las cosas andan bien. Medito, o sea, empiezo a restar y a sentir la resta. Un barrer suave. Un sacudir.

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“El escándalo comienza cuando la policía le pone fin.” (Karl Kraus)

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El 70% de las ganas de trabajar y tener algún tipo de rutina más exigente son las ganas de escribir sobre eso.

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Todas las tardes a la cineteca. A puro Raúl Ruiz. Anoto un par de cosas viendo La vocación suspendida: La gracia como impulso colectivo al misterio. Virilidad y círculo vicioso: industrialización  proletariado  revolución  opresión. Iglesia y matriarcado. La máxima expresión de la virilidad son las cámaras de tortura. Bienaventuranzas y seducción.
Una cruz simétrica. Arriba Cristo abajo San Pedro.

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Trotando soy jinete de mí mismo. Un caballo duro de roer. Avanzo por el delgado cemento de la carretera. En los tramos que se vuelve muy delgado corro por miedo a los camiones, mis rodillas lo notan. Las imagino cediendo hacia arriba, quebrándose. Trato de mentalizarlas como bolas de piedra y así se vuelven bolas de piedra. Voy por la carretera hacia Sarmiento. Vacas. Peladeros. Grandes pájaros chillones. Esos 15 minutos en que el cielo tiene un tono distinto cada minuto. No había usado esta ruta antes, o sea, no había llegado hasta tan lejos. Lo desconocido del camino lo vuelve menos apremiante. Mañana extiendo unos minutos la ruta y así, hasta poder ser como Murakami.

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Parece que pensar y hablar sobre dios es super poco sexy.

agosto

1 de Agosto. Día simbólico de Tesis. Ir a currículos achuntarle justo al escritorio correcto pedir el papelito asimismo diciéndole a la mujer “el papelito ese para inscribir la tesis” llevárselo a JF que justo viene subiendo la escalera “y qué hago yo con esto” dice lo mira con detención abre los ojos “ah ya yo me quedo con esto”, ¿esto es todo?, esto es todo dice, bajo y está Tito profesor guía de tesis llegamos a la conclusión de que el tema es Simone Weil La finitud y el Mal pero aún falta una hipótesis y sobre todo según él falta que me lea TODO Simone Weil y además que revise TODO lo que se haya escrito sobre ella. Le pregunto altiro cómo funciona el sistema de presiones y me dice que es unidireccional que sólo yo puedo presionarlo a él, perfecto.

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“Dios pensó lo que no era y, por el hecho de pensarlo, lo hizo ser. A cada instante, existimos solamente por el hecho de que Dios consiente en pensar nuestra existencia, aunque en realidad no existimos.” (SW)

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“Pero Margarita, lo legitimo también puede ser asqueroso y criminal pues” (Nibaldo Moschiatti, Radio Bio-Bio)

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Hoy día tuve que meterme a un cajero automático a sacarme un moco porfiado.

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En vez de “¿seré yo señor?”, podría haber sido: “¿seré yo un yo señor?”.

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Vi la última película de Harry Potter y el gueón tiene más peloenpecho que yo.

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Ya, hay tema, tengo el título al menos: Simone Weil, la finitud y el mal. Sensación de nombrar a un hijo que aún no es. Padre y madre a la vez. Nada de gueas posmodernas y enrevesadas (buena finta, porque no sé nada de eso). Vuelta al origen no más, al Rodrigo creyente asustado luego ateo luego nada, al que padecía la idea de Dios el Infierno etc, la parte griega de sí mismo, de vuelta al pensamiento que no necesita tanto de las muletas de la teoría autorizante.

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“Lo absurdo del dogma de la presencia real constituye su virtud” (Simone Weil) / Lo absurdo y arbitrario de gustar de tal o cual cuerpo, tal o cual gesto, tal o cual escritura: la virtud del amor-aquí.

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“Lo que salva es la mirada.” (SW) / Cada vez que me topo con esta frase mientras releo los resúmenes no puedo no pensar en la mirada desinteresada de una vaca.

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“Hay quienes tratan de elevar su alma como quien se dedica a saltar continuamente, con la esperanza de que, a fuerza de saltar cada vez más alto, llegue el día en que alcance el cielo para no volver a caer (…) La metáfora de la búsqueda de Dios sugiere un esfuerzo muscular de la voluntad” (Simone Weil, A la espera de Dios)

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“Hasta llorando se ve rica la gueona” (Engelbert mirando a la Camila Vallejo comiendo limón en la marcha prohibida del Jueves)

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Ojalá que este día no se olvide nunca, ya sabemos cómo funciona la guea cuando se les va de las manos, cuando el aparato represivo recibe una orden inverosímil, impracticable si se le tiene un mínimo de respeto a la gente: hoy día vimos que nadie sabía a dónde arrancar, a dónde esconderse, ¿de quién? de los pacos mil veces reculiaos.

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Cuando a Zalaquett le dan las rabietas da la impresión que se está desquitando de todas las veces que en el colegio le hicieron bullying. Cada vez más se parece a la imitación que hace Kramer.

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“Los saqueadores no los pago con mis impuestos, los delincuentes de uniforme si” (http://twitter.com/rafaelgumucioa)

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“Todos los males del hombre provienen de una sola cosa: la incapacidad de estar solos en una pieza” (Pascal) / Ya, pero no más de dos o tres día a la semana: Querer estar solo como fin en sí mismo y no por rechazo a mezclarse; querer estar con otros como fin en sí mismo y no por rechazo a la soledad.

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Como que estoy feliz no sé porqué y no quiero saberlo ni empezar a mencionar en voz baja o en imágenes mentales rapiditas los eventos situaciones proyectos deseos convencimientos y hasta olores que podrían determinar y sepultar ese vapor esa ánima que me anima y que no se deja capturar nisiquiera en estas cuatro líneas que hicieron todo lo que tenían a su alcance.

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Hacer un ensayo de cinco planas times new roman interlineado espacio y medio sobre La Ilíada y La Odisea vista desde la idea de Fuerza en Simone Weil se convierte en un billete que se convierte en Raíces del Existir de la misma autora. Así debería funcionar todo. Intercambios no equivalentes. Pero no funciona así y necesito hacer algo que se convierta en bicicletas, poleras, arriendo, etc.

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Cuando uno se encuentra sin querer caminando al mismo paso del otro. Como que se viene venir pero no hay nada que hacerle. Quedamos como compañeros de caminar. Quizá si no ocurriera lo de siempre, aminorar o apurar el paso, uno se vería conversando con el otro como compañero de ruta.

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Señoras que van caminando adelante mío y que se comportan como si fueran a asaltarlas en cualquier momento. Sé que es por como camino: con rapidez, siempre adelantando, con eficiencia. No como ellas, víctimas a priori.

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“Odiamos aquello de lo que dependemos, nos asquea lo que depende de nosotros.” (SW)

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“No hay que apegarse ni siquiera al desapego.” (SW) / O ese ego de segundo orden que es el ego de dejar de tener ego. Como pedirle a un árbol que detenga las Estaciones.

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Una cola en los pasillos de arte con D. Universidad desierta por multiples motivos. Inmediata lentitud de las ideas, del entorno. Torpeza también, sensación de tener muchos bolsillos muchas cosas en la mochila llaves cuadernos etc. Mucho que manipular. Salgo del Arcis pensando en lo imperativo que sería poder ver en cada persona la expresión de una planta. Pero no me acuerdo qué me llevó a pensar eso.

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“Cuando el apego de un ser humano a otro está constituido sólo por la necesidad, es algo atroz. Pocas cosas en el mundo pueden alcanzar ese grado de fealdad y de horror. Hay siempre algo horrible en todas las circunstancias en que un ser humano busca el bien y encuentra solamente necesidad (…) El alma humana posee, ciertamente, todo un arsenal de mentiras para protegerse contra esta fealdad y fabricarse en la imaginación falsos bienes donde sólo hay necesidad. Por eso la fealdad es un mal, porque fuerza a la mentira.” (SW) / Pololear como un acuerdo bilateral de políticas de la necesidad. La socialización de la pareja. La fealdad de sus representaciones. Todos los amores están orgullosos de sí pero muy pocos son dignos de ser contemplados más de un minuto: La pobreza de las teleseries. Y la intensidad de oír a un amigo o amiga que ha encontrado a un otro que es como un nuevo territorio donde crear y destruir mundos.

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Extensión de la ruta de trote: Desde mi casa hasta el museo de bellas artes luego hasta irarrazaval por el parque y de vuelta a la casa. 45 minutos aprox. Jinete del cuerpo-caballo.

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“El Espíritu camina y apedrea a la Historia” (F. B.)

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Los perros de la calle deben estar convencidos de que por fin todos salimos a jugar con ellos. Y en parte tienen razón.

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“¡Borracho que tienes cara de perro y corazón de ciervo!” (Homero)

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La verdad… el jueves cuando fueron los primeros cacerolazos… sentí cositas en la guata.

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“La fe verdadera implica una gran discreción incluso para con uno mismo. Es un secreto entre Dios y nosotros en el que casi no participamos.” (Simone Weil, A la espera de Dios)

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Leer currículos de otros le pega combos a mi voluntad. El de la M por ejemplo. Mientras lo leía me iba encogiendo.

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Llegar de trotar y mirarse al espejo para ver si algo ha cambiado. Idiota.

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“Despierto como arquero: leo los diarios y me dispongo a atajar goles. Durante el día armo una estrategia, soy defensa y luego entro a mediocampo para intentar meter un gol. Trato de acostarme como centrodelantero.” (Joaquín Lavín!)

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“La amistad tiene algo de universal. Consiste en amar a un ser humano como se querría amar en particular a cada uno de los componentes de la especie humana. Así como un geómetra mira una figura particular para deducir las propiedades universales del triangulo, así también quien sabe amar dirige sobre un ser humano particular un amor universal” (SW) /Sí, pero ahora en vez de la geometría sería la física cuántica.

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Sábado en Curicó vi teresa el cuerpo de Cristo y me quedó clarito que por algo la Iglesia legitima a los Santos muchos años después cuando ya todos se olvidaron que justamente lo que los hacía santos era no sólo poder prescindir de la Iglesia sino mostrar cierto camino alternativo de espiritualidad luego y como siempre que me gusta algo leí la biografía de la teresa en wikipedia y me bajé todos sus escritos y los puse ordenaditos en la carpeta de Tesis que está a propósito ahí en el escritorio como autocoacción constante. Luego salí al patio con Raíces de SW y leí un cuarto de hora apoyado en una muralla pasándome rollos de que podrían haber técnicas de abnegación más complejas y productivas como por ejemplo leer éste libro parado y no moverse hasta haberlo terminado.

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Incalificables días. Irritable como funcionario público y luego feliz como perro de universidad. Atrapado por siestas a media tarde y luego trotando bajo una llovizna. Ensimismado en lo que sea y luego disperso.

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La violencia todavía no es necesaria. Nadie todavía ha hecho un diagnostico decente acerca de cierta moral revolucionaria de encapuchado. Comenzar por la distinción entre violencia ritual y útil.

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Cada vez me cae más mal ese Mourinho culiao.

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No soy prejuicioso, pero nunca podría pololear con una niña que toque en una batucada.

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“El 90% de las políticas públicas del estado se administran a través de instituciones que sí lucran. 75% de los sostenedores son profesores. Resultados buenos. Fiscalización. No importa que sea privado o estatal, con o sin lucro.” (Presidente nacional de los colegios particulares subvencionados de chile en radio adn)

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Murió Raúl Ruiz. La radio me dice. Ni 100 maikel jakson muriendo dan el ancho de lo que se siente. Porque no tiene nada que ver con un individuo x. Es un mundo el que muere. Sus películas son los habitantes infinitos de ese mundo exiliados en este mundo.

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Trotao bañao acostao comío y sin ningún otro panorama que ver palomita blanca en TVN.

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“Dios, haz que no me encuentre un auto negro en la esquina y haz que no pise ningún escupo” (Palomita Blanca)

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Me cago en la demencia del loto y la solución exprés a las miserias de la vida.

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“Si la producción es social, la apropiación debe ser social” (Karl Marx)

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Y los que sientan que nada está pasando, nada les está pasando

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Las vidas de los santos parecen pencas e incoloras desde lejos, pero basta acercarse un poquito y son unos monstruos.

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Melancolía del tiempo en que me quedaba dormido así como sin querer. Hoy: pura resistencia.

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Una marcha que me suba por el espinazo y deje la cagá. Huesos públicos destrozados barricadas de tripas no importa: mezcalina, maybe.

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Chato de no llegar nunca a estar absolutamente chato y luego desde la cima rodar cuesta abajo.

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“Soy como tú: lesión horrible. / Tú, como yo, loca lejanía. / Tú, como yo, con la mitad al otro lado.” (E. Anguita)

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Dos platos de porotos con feli y al suelo. La abuela pasa por el living, nos mira, se sonríe, vuelve a la cocina.

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Salgo a trotar y mi cortaviento de colores quiere saludar al cortaviento de colores de esa niña

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“Siempre que estoy cerca de un altavoz diciendo “¿Qué coño es esta mierda?”, la respuesta es siempre “Red Hot Chili Peppers”” (Nick Cave)

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Junto al ventanal en la biblioteca del gam. Vista a la alameda. Termo lleno. Llovió la mitad del día y ahora el sol. Casi se me lee sólo el libro.

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Oye Platón, el Gran Animal está jugando bajo la lluvia.

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Bar de Rene ayer. Mucha reticencia. La última vez terminé viendo una película. Y odiando a la renga. Y a las chaquetas de cuero. Al final fui como a las 11. Mi vecino me retuvo contándome un mal viaje de San Pedro: no calcularon el contexto y luego de tomarlo fueron a parar a un terreno de ejercicios militares en actividad. Palacagá. Mientras me contaba se tiraba al suelo y hacia mímicas y me cagué de la risa. Luego derivaron en un poblado azotado por el terremoto. Pura tristeza. Perros muriendo. Casas muriendo. Un infierno tras otro. Tomo nota mental para hacerla bien en unas semanas cuando vayamos a baños morales. ¿Vai a ir o nó? Y bueh, salí. Bar de Rene. La amiga de x: Un amor de persona. ¿Me gusta cualquier mujer con la que pueda hablar más de diez minutos sin sentir que estaría mejor viendo seinfield o leyendo algo o simplemente dando vueltas por ahí? Me gusta cuando siento que puedo decir cualquier pelotudez y alternarla con comentarios normales y nadie se espanta. El caso es que conozco una mujer como esa al año. No hubo micro y dormimos aquí no más. Atravesados. Tuve que dormir siesta por el mal dormir. Nada pasó, obvio. Ella tenía novio o ex novio o alguien de quien hablaba harto. Da igual. Lo pasé bien. Y nada hoy parece. Ya me clavé aquí. Pasa a la hora de tolerancia cero si querís. Mi celular estaba abajo de la cama lo encontré recién por eso no contesté. ¿Que hiciste anoche al final? Puta que es bonita esta cosa de cofralandes mientras se ordena el desastre dominical de la pieza…. La voz de Raúl Ruíz. La voz de Raúl Ruíz. La voz de Raúl Ruíz.

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Jaime Gajardo es pura ceja y bigote. Como esas mascaras de Chaplin que venden.

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Igual matarse es bien individualista.

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De un lado la vida como valor abstracto, tomada con guantes y envuelta en todos los cuidados posibles por el poder de turno que encuentra ahí su cómodo arrebato de eticidad. Del otro lado, la misma creencia, pero vuelta hacia sí misma, y usada estratégicamente para obligar al poder a distribuir mejor sus arrebatos de eticidad. La necesidad de distinguir entre la legitimidad de esa balanza y su inclinación efectiva es ya estar de un lado de la balanza. No hay posición ética que no manche.

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Tenía ganas de no sé cómo ni no sé donde hacer tener estar en una comida en una mesa grande con mucha gente que me cae bien y que se cae bien uno de estos días bajo el pretexto de la revolución o lo que sea…..

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Un club del suicidio pero no nihilista depresivo japonés sino político. Cada día un nuevo integrante daría su vida si desde el otro lado no ceden. Un nuevo totalitarismo en el que ahora la muerte sería lo más sagrado

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Soy un colador que achica sus hoyos en la misma medida en que se extiende

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Martes 24. Necesidad urgente de pendrive. En la biblioteca del arcis no se están callados. Aunque tampoco sé si mi desconcentración interna es menor que la externa. Veo a D pasa por afuera pero si salgo ya no leeré más. Las horas pasan más rápido que las páginas. Luego del seminario de antipsiquiatria somos llevados por una marcha. Como hojas por el río. Hojas concientes si. Esquinas sitiadas. Fuego. Alegre fuego. “Mi corazón, ¿qué haría de no amar este odio?” (Paul Valéry)

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“La realidad no es capitalista. Para nosotros, no hay amistad que no sea política. Hemos nacido en la catástrofe y hemos establecido con ella una extraña y apacible relación de costumbre. Una intimidad, casi. Hasta donde nos alcanza el recuerdo, no ha habido otra actualidad que la de la guerra civil mundial.” (Tiqqun)

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El comunicado oficial que dieron los pacos a la hora de almuerzo es volver a matarlo. Con toda esa retórica y cuidados para proteger a la institución… miserables culiaos.

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Viajar tan lento que el destino pierda el sentido (Vi una historia sencilla de Lynch y aunque esa no es la moraleja es lo único que podría decir porque debe ser la película menos lyncheana de Lynch)

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“La gran capacidad de inventar de estos pueblos con invierno largo” RR

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Martes 30. Como ningún otro día ando sintiendo que pierdo cosas, estoy seguro de que se perdieron, entro en la desesperación de buscar, y al rato aparecen. Primero las llaves en la mañana. Mucha rabia porque siempre es lo mismo. Sin llaves no puedo abrir la reja y salir de la casa. Estaban en mi bolso. No recordaba haberlas echado. Luego el celular. Tampoco está en ninguna parte. Pero aparece. Y ahora el mp4 que me regaló mi hermano. Termino sacando todo de la mochila seguro de que se me cayó en el colectivo. Luego, ya habiéndolo dado por perdido, noto que está en el asiento del lado, debajo del libro que saque hace unos minutos. Si mi inconciente o lo que sea está tratando de decirme algo en clave quiero decirle que son unas maneras muy conchesumadres.

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“Con éxito -signifique esto lo que significare- o sin él, todos exageramos el papel de nuestro personaje favorito en la novela. Y el hecho, el hecho casi infinitamente improbable de ser realmente un Cézanne no supone diferencia alguna.” (Aldous Huxley)

Y al final todo se reduce a que, habiéndolo hecho mal o semimal durante cierto tiempo, uno se pregunta con qué derecho ser otro, desde dónde emerge mágicamente la nueva actitud, desde dónde sale ese otro, qué de mí es esa mano que divide mi parte mala de mi parte buena, escoge una y la introduce en el mundo. Poco importa si el mal en uno es la pereza o el asesinato en serie; la dificultad para zafarse es la misma. La desconfianza es fenomenológica y uno se pregunta ¿cambiamos?, ¿o cambia una totalidad que queda casualmente reflejada en tal o cual individuo? En cualquier caso, lo que se nos chanta en la cara siempre es el ritmo progresivo, infinitamente pequeño e imperceptible, de los días. Un sedimento que pega y permite usualmente dos opciones: la mísera sucesividad bajo la cual todo se glorifica con la ternura o la técnica de la mismidad, o bien un tipo especifico de cambio de vida, más animal que autoconciente, dentro del cual el afortunado siente que ha tomado las riendas de su vida, a la manera de quien, ganándose el loto, ordena retrospectivamente todos sus sufrimientos como cosas que fueron necesarias, justas y merecidas. Se nos ofrece mismidad u otredad, pero ambas como naturalezas muertas
(…)
Tengo el folletín de la CUT para los días del paro aqui en frente. Un instructivo muy didáctico acerca de cómo y porqué paralizar Chile. Lo miro, hago la analogía, y siento que estamos en momentos parecidos, sólo que no necesitamos folletines de ningún tipo. En silencio callados a ojos cerrados y también a ojos abiertos ya hemos pensado cómo queremos vivir. Queda en evidencia que no vivimos. No del todo. No como quisiéramos justo cuando tenemos los ojos cerrados o abiertos y estamos callados pensando en ello. Ya tenemos listo el gobierno de sí. Incluso estamos preparados para la eventualidad de vivir en la precariedad de la postguerra durante largos periodos. Sólo nos falta una mayoría, un pueblo interior que se alce. Una legitimidad. ¿Por qué no ahora? Con transición no más. Total, qué importa hacer la revolución en la propia vida, pico con la vanguardia de sí mismo. Una transición que ojalá sea a través de puras mini revoluciones eso sí. Asi ha venido siendo desde siempre. Es una primavera secreta esta. Paralela a la de Chile. En menos de dos años, inevitablemente, estaremos en otra parte, con otra vida. Eso debería servirnos. Saber que ya estamos ahí. Ya pasó. No tenemos que hacer que nada pase. Ya pasó. Así que, por eso, hagamos que pase.

1. Aunque te insten a levantarte de donde estas sentado y ni siquiera te toquen, es violencia. Aunque te insten a circular en la dirección opuesta a la que te dirigías, es violencia. La tecnología de maniobrar masas en vistas de peligros ficticios, es pura violencia. Era obvio que hoy día iba a quedar la zorra si no permitían la marcha. Hasta la señora reaccionaria que la tele siempre busca para entrevistar está de acuerdo en que hoy día el gobierno la cagó. Ahora, los que reclaman que el vandalismo, que los descolgados, que los desmanes, que vayan a la ley común y corriente, ¿por qué los que convocan o los ciudadanos que marchan deberían hacerse cargo? Mejor que sean más eficaces a la hora de agarrar al flaiterio, al oportunista, al que anda jugando al desorden. En vez de andar disfrazando pacos de estudiantes para incitar y justificar la violencia, en vez de andar lanzando lacrimógenas que no discriminan entre hombres niños, embarazadas, asmáticos o alguien (como yo) que en la mañana se dirigía al café literario del parque Bustamante, podrían ser más tácticos y, por ejemplo, tener pacos ninja apostados sobre los edificios que bajen por cuerda cuando están saqueando un local.

2. Avanza el bloque de tortugas ninjas. Pienso en 300, la película. Estoy mirando apoyado en la reja (abierta, por si acaso) del depto de Feli, en Vicuña con Eulogia Sánchez. Mientras avanzan algunos pacos se envalentonan y van pegándole lumazos a los postes a los árboles y a sus propias rodilleras. En ese instante no puedo sino soltar una tremenda carcajada. Me esfuerzo para que la oigan. Pasan por mi lado y sorbeteo mi leche con frutilla. ¿Les enseñaran esas cosas en “Tácticas de Intimidación 1”?

3. Se debe superar ese naturalismo, ese reaccionar instintivamente con barricadas y piedras a la represión, por muy jodida que sea, y pasar hacia una estrategia de violencias inesperadas no sólo para los aparatos represivos sino también para los medios de comunicación. Violencias que no sean inmediatamente traducibles, capturables. Un buen indicio es que nadie entienda inmediatamente qué está pasando. Sospechar de todo lo que se deja entender rápidamente. Por ejemplo, tomarse todas las esquinas de Santiago con grupos de no más de cinco personas, con carteles, con representaciones de fogatas echas de cartón, etc. No habría alteración del orden público, no habría violencia, quizá por lo disperso del asunto se perdería la efectividad del acontecimiento, entonces lo que habría que hacer sería hacer que esos pequeños grupos marcharan de esquina a esquina y que en algún momento uno de esos grupos de las cuatro esquinas marchara en dirección a otro sector de cuatro esquinas en un relevo perfectamente sincronizado que en su totalidad diera la sensación de una marcha en red. De este modo los pacos no podrían hacer nada, no habría alteración a su bienpreciado orden público; cualquier tentativa de represión a una estrategia de movilización como esta sólo serviría para que la policía fuese perdiendo (aún más) su legitimidad ante la ciudadanía.

4. En cuanto a hoy, cuando ya ni siquiera está permitido reunirse; cuando una marcha es dispersada antes de empezar; cuando vi que un guanaco le chantó el chorro encima a un par de estudiantes que estaban sentadas; cuando veis y escuchai las conversaciones de los pacos que CREEN en lo que están haciendo… hasta el más sensato siente ganas de destruir algo, de arrojarse con el cuerpo por último encima de un paco, de cruzar el límite arbitrariamente impuesto, aunque no haya necesidad, aunque no sirva de nada. Es un gallito de fuerzas que no lleva a nada, sí, pero puta que dan ganas de jugarlo en un día como hoy.

5. Prohibiciones como estas no deben verse por sí mismas, como una eventualidad, como contingencia, sino como el único tipo de dialogo que los gobiernos tienen cuando creen estar seguros de algo que contradice al pueblo. Tener presente que así funciona el amor desesperado del Estado.

6. Paco quitando y luego arrastrando un lienzo. ¿No es eso robo a la propiedad privada? ¿No hay inversión de tiempo y materiales en la construcción de ciertos lienzos? La miserable cara de triunfo del paco gordo y la conchasumadre que te pario ni tu mamá te quiere paco culiao.

7. Ahora estoy en el balcón donde F, hago como que los grabo con mi celular que no tiene cámara. Hay buen audio del asunto hay unos cuantos grupos de pacos desviando a la gente y justo un paco detiene a un cabro y le indica la mochila el joven se la pasa “ábrela bos pos gueón” el joven accede el paco va sacando cosas y tirándolas al suelo. No halla nada. El joven recoge sus cosas. Grabo todo con mi cámara falsa. Luego, otro cabro que es desviado por el paco hacia el parque forestal le dice a éste que no quiere dirigirse hacia allá porque está lleno de lacrimógenas y el señor carabinero le dice “no gueis pos cabro culiao” y yo ahora desde la ventana lateral por Elogia Sánchez le grito “como que cabro culiao, paco reculiao… te tengo grabao” y el paco reculiao grita hacia arriba “qué andai sapeando” y después nadie dice nada y me quedo mirando largo rato haciendo grabaciones falsas con mi celular.

8. ¿Qué es el orden público, en cualquier caso? Hay infinitas maneras de caminar y trasladar y usar los cuerpos. Hay infinitas maneras de comunicarse y usar los espacios públicos. En realidad, cuando dicen alteración del orden público, lo que quieren decir es alteración del orden comercial y de la fluida circulación de la población que vuelve del trabajo a su casa a ver yingo y las noticias en las que legitimamos ese orden publico para luego, a través de ese orden público, poder llegar a la hora al trabajo.

9. Acotación de Feli: en cuanto a la televisación de los disturbios, debería aplicarse la misma lógica de la FIFA: no mostrar a esos pocos pelotudos que destruyen la indumentaria pública del mismo modo que en el fútbol no se muestra al tipo que se mete empelota a correr por la cancha en medio del partido.

10. Ya en la tarde. Me junto con L en el GAM. Cierran a las 6 así que nos venimos pa la casa. Varios amigos me dicen que vayamos a la marcha pero me niego y les digo que ya se sabe el desenlace. No tengo ganas de andar corriendo como Tom y Jerry. Y bueh, en un semáforo en rojo de plaza Italia un guanaco no espera que den la verde y nos moja a todos. Super buena estrategia. Los autos paran en seco y corremos. O sea corren. Yo tengo rabia. Rabia de esa que te da una seguridad desmedida. Camino con las palmas de las manos hacia arriba y escupiendo agua. Me saco los lentes al lado de un paco y los sacudo ¿Qué estará pensando ese chuchesumadre? Increpo a cada paco de mierda que me topo. Quiero saber cómo hacen la distinción entre gente que se está agrupando y gente que sencillamente va pasando por ahí y queda casualmente agrupada. Es una crítica interna, les digo, asumiendo la prohibición misma, cómo hacen esa distinción. Como buen paco no mira a los ojos y balbucea cualquier guea, cualquier frase como “circule”. Reviso la mochila y menos mal no traspasó hacia el notebuk ni hacia los libros. ¿Debía irme por otro lugar para no ser mojado? ¿Me lo indicaron previamente? ¿Dijeron que estaba prohibido transitar, desplazarse por Baquedano, y esperar para cruzar junto a una luz roja? ¿Se preocuparon de tener vías alternativas de escape para la gente que no quisiera “darles cara” como vi que uno envalentonados jovenzuelos decían? ¿Hubo un plan acaso o la guea más que dispersar fue entrampar a la gente no más? Daba pena ver las pobres señoras, o ancianos, los más cagaos de todos, ahogados, apoyados contra cualquier vericueto. Hoy la gente le tenía miedo a los pacos y no a otra cosa. Y eso es algo que no veía con tanta crudeza hace nunca quizá.

julio

“El islam es el occidente del oriente” (Jean-Luc Godard)

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“Me agobia la duda y la posibilidad de que la M haya leído en mi cuaderno que un día me masturbé mirando a las mocosas del ballet Alpha en la televisión. Me agobia sobre todo porque no es cierto. Lo anoté para darle color no más a un día perfectamente normal” (Claudio Bertoni, Rápido antes de llorar)

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El caos es la suma de todos los órdenes. Lo irracional está determinado materialmente. Toda censura debe ser experimentada como invitación a detenerse unos segundos antes de seguir avanzando, esto es, antes de seguir metiendo lo irracional en lo racional.

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“Estaré contigo cada vez que te acerques a lo que eres, seas lo que seas.” (Ray Loriga)

APUNTES SUELTOS SOBRE LA COPA AMERICA
1
Primera transmisión. No saben enfocar bien la bandera gigante. Crítica interna: dentro de la propia lógica televisiva deberían haber tenido una toma amplia que comparara el porte de la bandera con el del estadio y sólo en ese momento el relator debería haber soltado su comentario romanticón que por supuesto ya pensó la noche anterior.

2
“Ojalá Bielsa esté viendo este partido así como se lee una carta de o para una expolola”

3
¿Por qué el mati TUVO que hacer ese amague de rabona antes de los dos minutos del primer partido? O la hace de nervioso o de algún modo siente que es su DEBER.

4
Ser hincha como ateo que reza escondido. Finalizado el primer partido nos venimos de donde S y ya hay autos tocando la bocina y jóvenes saltando con banderas y esas miradas desde adentro de los autos que te invitan a levantar los brazos o a saltar como imbécil durante los tres segundos en que pasa el auto ¿Qué hay que hacer para llegar a saltar con ellos con sinceridad, con compromiso? Se me ocurren una serie de condicionantes etnológico-culturales en las que agruparlos pero sería impopular. En serio lo he intentado. Estiro las piernas, bamboleo imperceptiblemente el cuerpo, y cuando estoy a punto de hacerlo, veo la luz, la voz interior del hincha racional que me dice que es bueno saltar como idiota, pero que aún no es el momento. Lo curioso es que hace unos instantes hemos participado del mismo ritual.

5
Puros partidos pichuleros los de Chile en todo caso. Buenos, entretenidos, prometedores, sí, pero pichuleros igual. Muy de beibifútbol. Sobre todo sin Valdivia, mucho toque corto, pocos cambios de juego de lateral a lateral, pocos pases en profundidad de esos que botan al defensa cuando queda a contrapié y no logra parar el pase. Con Bielsa, cuando se jugaba bien, VEIAMOS UNA IDEA JUGANDO, DESPLEGÁNDOSE. Con Borghi son como puras ideas chiquititas tratando de juntarse en una gran idea.
Las eliminatorias para Brasil 2014 son la posibilidad de hacer cooperar entre sí a esas idead chicas.

6
Qué tanto gueviamos con ganar en esto y en lo otro… triunfar en una época como esta merece todas las sospechas posibles. Todo triunfo típico trae un mal menor del cual desviamos la vista. Ganar en poesía. Ganar en futbol. Ganar en los negocios. En última instancia siempre hay una lógica capitalista que permea hacia las formas de legitimarse en el mundo, entonces no se trata solo de la actitud ético-matemática de calcular una cuota de filantropía mensual que no interrumpa nuestro estilo de vida sino de mantener siempre la atención puesta sobre esa trampa. Entrar en el juego sólo para introyectar otro modo de vida. Así de vanguardista romántico y qué pos.

7
Reportaje sobre lo que se opina de NOSOTROS, del fútbol de Chile, en el extranjero. La tele como madre orgullosa que cuenta los logros de su hijo delante de las otras vecinas.

8
El partido de hoy lo vi solo con la abuela de feli.

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Ayer fui a buscar el pase pero olvidé el carnet, hoy me levanto temprano y voy. Echo el carnet a un bolsillo y lo miro varias veces como si fuese a saltar de allí. Compro una empanada de pino en el camino. Llego allá y no tengo carnet. Creo que lo ojié, mi miedo lo hizo saltar. Pregunto si de todos modos puedo retirar el pase pero nó. Se me cayó en el camino, supongo. Vuelvo mirando el suelo. Lo busco en la pieza por si se me cayó en último momento. Nada. Parto de nuevo hago la misma ruta demorándome el doble mirando el suelo. Ahora les pregunto si con la constancia que dan en carabineros por pérdida de documentos puedo retirar el pase y me dicen que no y les digo que tengo muchas tarjetas que acreditan que yo soy yo y me dicen que sólo con el certificado del registro civil que acredite que ya estoy sacando un carnet nuevo y me voy mascullando cosas que ellos deben oír todos los días. Los carabineros quedan cerca. Saco numero. Me doy cuenta que no estoy en la parte indicada. Me meto el tiquet numerado por debajo de la manga temeroso de que algún carabinero me haya visto. Entro a otra oficina indicada y me explican que es totalmente innecesario sacar una constancia y que mejor lo bloquee por internet y mañana mismo vaya a sacar uno nuevo. Bien, vuelvo entonces, caminando. Han pasado tres horas ya. Cuando abro la puerta de la pieza me da por mirar hacia los pies de la cama y ahí está, en el suelo, escondido debajo de un calcetín.

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“Si no apareces en todo el día, todos piensan que estás perezoso o muerto” (fqwcgr)

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Cuando muere un chileno en el extranjero siento que el periodista de turno siente una extraña especie de orgullo malsano.

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DE MEIL A DFCEGCG
(…) Qué vendrá después. Nos preguntamos eso en voz alta de modos tan sutiles que pareciera que dijéramos que sabemos todo el tiempo qué es lo que viene y que estamos todos juntos en una yluegoquéidad sui generis. Siempre me ha cargado esa palabra sui generis, no sé si por el grupo de música que jamás he escuchado pero que por las caratulas de los discos o por cómo suena o porque en filosofía se usa como comodín o por la gente que veo le gusta sé que no me gustará (…)

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3:05 am. Suena una aspiradora. También la lluvia. Desprolija. Inconstante. Es tan fea esta casa por la cresta. Me las arreglo para terminar viviendo en lugares que por uno u otro motivo termino odiando. Decoraciones inverosímiles. Mal gusto. Posters de esos con paisajes ríos caballos cabañas que dan una pena tan grande cuando uno los ve en la calle en el suelo y mira al tipo y sabe que nadie nunca le comprará nada. Olores feos. Goteras. Comunidades sin corazón. Ollas con comida muerta. Quizá por eso cada vez me estoy quedando más en Curicó. Igual en la misma medida de este desprecio genero una burbuja de protección: mi pieza. Mi ciudad inútil. Quiero una comida bonita entre amigos. Tengo más melancolía de futuro que de pasado. Ahí empieza la lluvia de nuevo. Y se acaba la aspiradora.

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“Huidobro me aburre un poco. Demasiado tralalí alalí, demasiado paracaidista que desciende cantando como un tirolés. Son mejores los paracaidistas que descienden envueltos en llamas o, ya de plano, aquellos a los que no se les abre el paracaídas.”

“Mis cinco libros en realidad son cinco mil. Menciono éstos sólo a manera de punta de lanza o embajada aviesa: El Quijote, de Cervantes. Moby Dick, de Melville. La Obra Completa, de Borges. Rayuela, de Cortázar. La conjura de los necios, de Kennedy Toole. Pero también debería citar: Nadja, de Breton. Las cartas de Jacques Vaché. Todo Ubú, de Jarry. La vida, instrucciones de uso, de Perec. El castillo y El proceso, de Kafka. Los aforismos de Lichtenberg. El Tractatus, de Wittgenstein. La invención de Morel, de Bioy Casares. El Satiricón, de Petronio. La Historia de Roma, de Tito Livio. Los Pensamientos, de Pascal.”
(Roberto Bolaño)

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Me agobian el peso de todos los escritores y directores de cine y músicos que me recomiendan ciertos escritores directores de cine y músicos. Les creo todo y la lista crece y crece.

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Pensé en el colectivo y mantuve la idea repitiéndola mentalmente hasta llegar a la casa: Si lo que he escrito tiene algún valor tiene más que ver con todas las veces que me abstuve de escribir. Luego de anotada cualquier idea es olvidable.

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“La amistad es el milagro por el cual un ser humano acepta mirar a distancia y sin aproximarse al ser que le es necesario como alimento.” (Simone Weil, A la espera de Dios)

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“No os caséis, chicas no os caséis
Poneos a hacer cine,
Seguid puras en casa de papá
Servid cañas en una tasca
Criad monos, criad gatos
Enseñad las bragas en la Opera
Vended cajas de trufa con nata
Poneos los hábitos o no os lo pongáis
Bailad en cueros para los viejos verdes
Haceos rameras en la avenida del Bosque
Pero no os caséis, chicas
No os caséis.”
(Boris Vian)

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Da vergüenza escribir decir o incluso pensar que no se ha empezado a vivir aun. Cada nuevo día como un impulso, como un empujoncito. Pero uno se miente muy bien y ni siquiera es eso sino una preparación del terreno. Un prólogo que se alarga porque en el fondo no hay nada que contar. Aunque de hecho lo haya. Algunos días, la sensación de estar en el borrador de la vida. O como dice Ray Loriga: “No es el miedo a terminar el que me hace andar tan despacio sino el miedo a no haber empezado.”

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“Tengo el color de las hojas muertas, como ciertos insectos.” (Simone Weil, A la espera de Dios)

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Alguien ordinario, en el sentido ordinario y no despectivo de la palabra, es alguien lleno de sí mismo, sin forados, sin conciencia de que la identidad plena es la muerte. La gente ordinaria es la que no se concibe (ni ante sí ni ante los otros) como un estarse haciendo.

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Ni con 2 de ram y 80 gigas disponibles en el disco duro mi notebook consigue ser más rápido que yo. Abro el winamp traslado un mp3 a otra carpeta y limpio las descargas del torrent en el mismo tiempo que la máquina consigue abrir el word.

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PRIMER MAIL DE TESIS
Hola tito, soy Rodrigo Fernández, egresé de filosofía el año pasado y en las próximas semanas inscribiré la tesis… entonces quería sondearte desde ya y saber cómo andas de tiempo, disponibilidad, etc, porque se me ocurrió que podrías ser mi profe guía, o sea no se me ocurrió así como así sino que tengo un muy buen recuerdo de las lecturas de las confesiones de san Agustín y los escritos de juventud de Hegel que tuvimos contigo en la ayudantía de filosofía de la cultura con Trujillo en primer año y, bueno, mi tesis será sobre Simone Weil, tengo cero noción acerca de cómo partir una tesis y estoy medio aproblemado con el “tema”, quiero decir, hay un cúmulo de conceptos weilianos que me interesaría enlazar (desdicha, finitud, necesidad, sensibilidad, dios y la historia, lo sobrenatural, nihilismo, desapego, etc) desde la autora pero sin la certeza de llegar a sus mismas conclusiones, sé más o menos el tono en que quiero desarrollar la tesis pero lo de acotar y definir el sentido de un texto antes de comenzarlo siempre me ha parecido problemático, pero supongo que ahí entras tú a orientar…. si es que estás disponible claro… espero me contestes por sí o por nó.

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“Siento que me es necesario, que me está prescrito, encontrarme sola, extranjera y exiliada respecto a cualquier medio humano sin excepción (…) Desaparecer en un medio no es formar parte de él y la capacidad de fundirme con todos implica no formar parte de ninguno”
(Simone Weil, A la espera de Dios)

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Ni siquiera se había puesto calcetines; ni siquiera se había lavado la cara; ni siquiera se había despegado los ojos, ni siquiera entendía que estaba despierto y vivo en el mundo, en Curicó, en una casa, y ya estaba jugando al Counter Strike.

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Una carreta un caballo un hombre de chupalla erguido como suricato pasa lento por los dos metros de ventana aquí en frente y salgo a mirar y por dentro pienso que todos deberían haber salido a mirar y seguir corriendo la carreta como cuando los niños en áfrica persiguen riendo y saltando el auto occidental que llega a la tribu.

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¿Sera muy tarde como para anotar en alguna parte los cumpleaños de toda la gente que me importa y empezar a acordarme?

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Con Bruno. Trotamos hasta el rio Guaiquillo. A ritmo regenerativo. 45 ida y vuelta. El aire de acá es otra cosa, el cuerpo avanza y va como masticando aire y luz. Llegamos hasta donde termina la ciudad. Carretera, camiones, amplitud. Lo grotescamente simbólico del límite: ríos, basura… naturaleza. Como si dijeran “hasta aquí llegamos nosotros, más allá nos importa una mierda”.

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“No quiero encontrarme como en mi casa en ningún medio humano.” (Simone Weil, A la espera de Dios)

Cuando estoy con usted, siento deseos de decirlo todo, todo, todo. Pierdo toda noción de las formas. Confieso que no poseo ni formas ni méritos. Se lo comunico. No me preocupan los méritos. Todo se ha detenido en mí. Y usted conoce la causa. No hay en mi mente una sola idea humana. Hace tiempo que ignoro lo que ocurre en el mundo, en Rusia o aquí. Pasé por Dresde y no recuerdo cómo es Dresde: usted sabe muy bien que absorbe mi mente. Puesto que no guardo la más mínima esperanza y a sus ojos soy una nulidad, le diré con franqueza: solamente a usted la veo: Y lo demás me tiene sin cuidado. Yo mismo no sé por qué la amo así. ¿Sabe que, acaso, no tenga nada de hermoso? Créame, yo no sé si usted es bella, ni siquiera de rostro. Tal vez su corazón no sea bondadoso, ni su alma noble. Tal vez (…) No tome a mal mi parloteo: debe comprender que, conmigo, no puede enfadarse: estoy sencillamente loco. Aunque por lo demás, puede enfadarse. No me importa. Cuando estoy en mi cuartucho me basta recordar el frufrú de su vestido, y estoy dispuesto a morderme los puños. Y, ¿por qué se enoja conmigo? ¿Por qué me declaro su esclavo? ¡Aprovéchese de mi esclavitud! ¿Sabe usted que un día la mataré? No porque haya dejado de quererla, ni por celos. Sencillamente la mataré porque, a veces, siento deseos de comérmela. Ríase.

junio

“Debo hacer más gimnasia. Pero con todo es igual. ¿Por qué pienso que tendré otra vida para vivir ésta en limpio? De cada libro me digo: la verdadera lectura será otra vez, una próxima, profunda y exhaustiva vez, ¿Pero dónde? ¿Y cuándo?” (Claudio Bertoni)

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“El problema del amor le preocupaba, sobre todo porque no lo consideraba un problema.” (Truman capote)

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Ganas de ver qué pasa si uno se prohíbe hablar de sí mismo hasta no haber dado un paso en alguna dirección.

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Anotación al costado del prólogo de A la espera de Dios de Simone Weil: “Profesora de universidad a los 22 años, y uno… y uno.”

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Lo concreto de nuestra infinitud: cómo nos mimetizamos con las mediaciones. Una profundidad tierna y superficial. No un yo que se extiende y encuentra su signo en las cosas a medida que avanza sino un descascararse que comprende.

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“No me quieras porque gane, necesito que me quieras para ganar” (M Bielsa)

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En el tren una señora me pregunta si no me molesta que mire el documental que estoy viendo le digo que igual no es tan entretenido es la sociedad del espectáculo de Debord se queda mirando un rato y cuando salen desnudos y violencia se cambia de asiento.

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En general ¿Será posible comprender si se quiere poco por falta de atrevimiento y miedo o porque en verdad se quiere completamente ese poco?

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Cada vez que se me olvida cómo escribir Auschwitz me siento –estúpidamente- un poco inhumano.

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Propuesta para un mundo más feliz o más tonto: saludar a la gente como a los perros y a los perros como a la gente.

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“No leo más que aquello de lo que tengo hambre y en el momento en que la tengo, y entonces no leo, devoro.” (Simone Weil)

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Para comer somos comidos / desde los huesos hacia fuera / sobre la faz de la tierra seca pero obstinada / y no queda claro qué o por dónde se traga: /Toda perspectiva es paisaje que consuela. / Todo consuelo es paisaje menor. / O río que se devuelve / sin fe en el mar (de Canto de la epoquita)

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La mayoría de las veces la tendencia al insomnio es la tendencia a un solitario heroísmo inútil.

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“Existir no es la meta” (Swetlana Geier)

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¡ÉPOCA CULIÁ DE LA IRONIA LO FORMAL Y LO APOLÍTICO!

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Me siento sobre el bolso a mirar el tren. Estar viajando continuamente es como “cambiarla toda” en fútbol, de costado a costado. Descompresión. Pero de qué.

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“Cuanto más oscuridad puedes acumular, más luz puedes ver” (x)

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La importancia de tener siempre un lugar para llegar donde nadie te espere.

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“No es el miedo a terminar el que me hace andar tan despacio sino el miedo a no haber empezado.” (Ray Loriga, Tokio ya no nos quiere)

Usar la lluvia de alguna manera. Abrir cortinas y ventanas. Y respirar como robando. Agradecer hacia lo impreciso. Masticar las tardes quietas hasta que suelten su jugo. Un chicle gastado desde siempre. La promesa de sabor. Una viejita en los departamentos de en frente espía el mundo con la puerta entreabierta y la cabeza de tortuga asomada como si la lluvia fuera una pelea entre ebrios y hubiese que mantenerse al margen. Yo miro la lluvia como las peleas: con la ventana o puerta totalmente abierta y esperando que pase algo extraordinario. Que ya está pasando. Porque algo pasa. No es que sirva para decir que uno está bien o mal cuando te preguntan si estás bien o mal, ¿pero a quién le importa eso? Lo extraordinario es lo infraordinario. El agua rebota en los cables de la luz. A veces se queda ahí. Un punto blanco que no quiere caer. En realidad no sé qué hacer en absoluto y espero algún dictado algún rostro alguna voz que me tire como de un hilo hacia sí. “Soy material disponible para el milagro”. Me tumbo y soy consumido por Tokyo ya no nos quiere de Loriga. Allí también llueve. Soy llevado por esos párrafos. “Los días son a veces tan tristes que sencillamente no merecen la pena. No merece la pena correr, ni esperar, ni vigilar. Días tan tristes que no se merecen ni un esfuerzo, ni el más pequeño movimiento. Los días así hay que dejarlos correr como los trenes nocturnos.” Tristezas de tantos tipos que dan ganas de matar a los que arrancan del desastre como de la peste. Porque cuando amamos las vidas de los otros amamos el modo en que éstas aman su desastre, su infierno, y siguen adelante. Tristezas de tantos tipos que resulta imposible lamentarse. Aunque sólo encontremos cuerpos e infiernos que apenas queman. Tristezas que mastican, aprenden y no tienen nada que ver con estar triste.

mayo

APUNTES SOBRE LA CONSTRUCCIÓN DE UN CIELO
1. El cielo lo hicieron los pensamientos de los que vivieron pensando si había cielo o nó.
2. La energía vital de los que no creen en nada es la encargada de impulsar y trasladar ese material hacia arriba.
3. Toda la historia de las religiones y el sentido común platónico empujan y hunden al cielo hacia abajo como un toldo que resiste el agua. Pero no vemos el agua. Vemos sólo la tensión. Y la vemos sólo cuando está a punto de explotar
4. La tensión de esa curvatura hacia abajo y la distancia que nos separa de ella es lo que no se quiere o no se puede ver. Los santos son los que rompen a cabezazos el telón y nadan hacia arriba y vuelven con algo o nó.
5. Al llegar al cielo se nos dará una taza infinita de té y convertirán nuestros pies en pantuflas.
6…

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“Hobbes no fue asesinado, nunca he logrado comprender por qué ni en virtud de qué principio. Esta es una omisión capital de los profesionales del siglo diecisiete, pues a todas luces se trata de un espléndido sujeto para el asesinato, salvo que era flaco y huesudo; por lo demás, puedo probar que tenía dinero y (lo cual es muy cómico) carecía de todo derecho a oponer la menor resistencia ya que, conforme a su propia tesis, el poder irresistible crea la más elevada especie de derecho, de modo que constituye rebelión, y de las más negras, el resistirse a ser asesinado cuando ante nosotros aparece una fuerza competente.”
(Thomas De Quincey, Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes)

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Se demora como una hora en juntarse toda la gente para salir a la marcha contra Hydroaisen. Estoy apoyado en un poste listo para salir a trotar o para salir corriendo arrancando de algo. En el fondo quisiera que esto último pasara, pero por lo menos en Plaza Italia todo transcurre tranquilamente. Imagino que un periodista se acerca y le digo: “Tanta gente junta no puede estar equivocada”. Después imagino que es una frase estúpida. La marcha se va como un rio enojado pero lento. Troto sin parar hasta irarrazaval y de vuelta paso a las máquinas. Llego muerto. Hay unas bellas mujeres cerca, en las máquinas aledañas. Escupo y jadeo. No me importa nada.

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‎”Si uno empieza por permitirse un asesinato pronto no le da la importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente”
(Thomas De Quincey, Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes)

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A partir de paseos con Bruno, dos posibles Fondart para el próximo año: 1) Una colección azarosa o delimitada de autores curicanos ya fallecidos. Investigación o también producción de pasado. Posibilidad de inventarse algún extraño poeta que vivió entre perros en el rio Guaiquillo. Para conseguir los fondos, darles el romanticismo provinciano premoderno, el rescate localista y excéntrico que requiere la cultura oficial para su legitimación (la única o la más popular legitimación que se le conoce por de pronto, a saber, la descentralización cultural); luego, ir más allá de este mecanismo, ojalá dentro del mismo proyecto, intencionar y seleccionar escritores…… 2) Antología de “diarios de vida”. Obviamente nos incluiríamos a nosotros mismos y a otros amigos o conocidos que escriban. Un muestrario de una semana por cabeza. La viabilidad iría por el lado de presentar la antología estratificadamente. Capitulo 1: Trabajadores. 2: Estudiantes. 3: Vagabundos. También podría categorizarse por edades. Estas y otras categorías funcionan como legitimaciones por sí mismas. Plus: si no es encuentra mucha gente con la costumbre de llevar un diario se le incentiva a ello (y esto también serviría como necesidad del proyecto: que la gente escriba) (pedirle a vagabundos ejemplares que escriban sus días por una semana. El anticristo por ejemplo)

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“Casi ya nadie osa hoy decir “te amo.” Tiene que ser: “como un poeta lo habría dicho, te amo”, o cualquier otro tipo de distancia. Pero, ¿cuál es el problema aquí? El problema es que… por qué este miedo? Porque, afirmo, cuándo los antiguos decían directamente “te amo”, ellos querían dar a entender exactamente lo mismo. Toda esta distancia estaba incluida. Así es que nosotros hoy tenemos miedo de que, si dijéramos directamente “te amo”, eso pudiera significar demasiado. Nosotros creemos en eso.” (Zizek)

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“El gran dolor del hombre, que comienza ya en la infancia y que prosigue hasta su muerte, lo constituye el hecho de que mirar y comer son dos operaciones diferentes. La beatitud eterna es un estado en el que mirar es comer.” (Simone Weil)

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Good times are coming
I hert it everywhere i go
Good times are coming
But they´re sure coming slow.
(Neil Young)

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Todos los libros y películas que no he visto y que quiero ver son el soporte del futuro. Y lo que se hablará a partir de ello y la gente con la que estaré en esos momentos y lo que comeré y beberé en esos momentos y los post-it y destacadores que gastaré subrayando y las ocurrencias y experiencias que tengan lugar a partir de esas lecturas también forman parte de esa malla que lo vuelve todo más soportable debajo de la cuerda tensada hacia el futuro. Hasta dan ganas de hacer equilibrio.

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En el fondo no quiero nada, sólo quiero simpleza, sensaciones contundentes, actuar llevado por algo que no sea yo pero que para la conformidad de los otros parezca que soy yo.

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“Vaciar el deseo, la finalidad, de todo contenido, desear en vacío, desear sin anhelo” (SW)

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Día decente. Toda la tarde leyendo donde C. No sé porqué siente más derecho a interrumpir mi lectura. Le interrumpo la suya de pesado no más. En un mes más me cambio con ella y su hermana. Intuyo una buena convivencia. Por la noche con F especulamos salidas pero no pasa nada y terminamos dando vueltas por el horrible bellavista, mendigando jazz desde las ventanas. Al final compramos un pack de cervezas y vemos la que, hasta el momento, es la mejor película de Godard que he visto: Éloge de l´Amour.

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“De pronto, me fue indiferente no ser moderno” (Roland Barthes)

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Protestas, marchas, ¿Qué nos falta para ir más allá del extático ofrecimiento del cuerpo como campo de batalla o significante provisoriamente subversivo? ¿Cómo contemplar el péndulo acción-reacción y destruirlo sin conservar este miserable estado del mundo?… Pensar nuevas violencias, no caer en la vanguardia ni en la mera voluptuosidad del encapuchado. La voluptuosidad del encapuchado y su aura romántico-guerrera, guácatela.

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Etapas del trotar. 45 minutos hasta Lyon ida y vuelta por ciclovías. F en bici. Como cuando los perros corren junto a su amo. A los 10 minutos un poco de gases. Muchos tallarines con atún al almuerzo. Suben de a poco. Entonces sistematizar más aún la respiración. A los 20 el mareo. Un calor que sube hasta la cara. Anuncio de un desvanecimiento. Alentar el trote. Superado el mareo viene un continuo en que uno se siente Forrest Gump y piensa que podría correr para siempre. Paramos en las máquinas de Pocuro. Abdominales y pectorales, para qué más. De vuelta como a los 35 la puntada de la muerte en dos sectores. No hay que detenerse. Exagerar la respiración y se va sola. A los 40 el cemento pasa la cuenta y duelen las piernas. En los últimos cinco minutos ya ni se piensa.

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“Por paradójico que parezca, hay un camino a recorrer y hay que recorrerlo, pero no hay viajero. Hay actos, pero no hay actor.” (Sattipathana-Sutta, XLII, 16)

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Recién en la sobremesa mi mamá nos acaba de contar a mí y a mi hermano que más o menos en los 70 cuando el golpe ella iba saliendo del colegio y se topó con una marcha y como eran hijas de militar les dio miedo porque el supuesto plan z y todo eso entonces hicieron como que marchaban con ellos cuando de pronto aparecen los milicos pero no se concentran en los verdaderos marchantes sino en mi mamá que no entiende qué pasa y tate, se da cuenta que de su paraguas, del cacho del paragua, le cuelga un fusil, un fusil de milico que pasó a llevar sin querer y se le quedo ahí colgado.

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“No podrías haber nacido en otra época mejor que ésta, en la que todo se ha perdido.” (Simone Weil)

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Cuatro días tratando de hacer la reposición del pase. Se le rompió una esquinita y claro, uno creía que sólo importaba el código de barra, pero nó, es un organismo completo. Camino a todas partes. Ida y vuelta al arcis. Ida y vuelta a dónde sea. Por las calles que se puede leo caminando. Tokyo ya no nos quiere de Ray Loriga. Basta con echar una mirada a la vereda cada veinte metros para evitar hoyos o cacas. Mañana es el cuarto (y espero último) día y considero que la culpa no es mía. El primer día fui a la dirección que decía la página de la junaeb y nó, había que ir a una de las tres direcciones que ellos allí dan en un papelito. Eso perfectamente podría ir en la página. El segundo día llegué y sólo estaban entregando pases. También podrían poner esa información en alguna parte para no pegarse el pique. Tercer día, llego a las 15:30 y ya han entregado todos los números. Pero cierran a las 16:00. Cuando ya me voy yendo pienso que debería haber insistido en ese punto: deberían entregarle números a todos los que llegan antes de las 16:00. En conclusión: sensación de que algo raro podría pasar mañana, algo que me impide hacer el trámite de mierda.

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Me compré los cuadernos de Simone Weil. Lo palpo, lo huelo, lo abro al azar, lo hojeo como espiando al futuro, lo echo con cuidado a la mochila. Siento que tengo comida de verdad para un año.

Hay una celebración, están todos y además desconocidos amigos de esos todos. En mi mesa, F, SD, y dos mujeres que no conozco. Una lleva abrigo largo y mascara de perro. La otra está siempre de perfil y el pelo le tapa la cara. Nos traen leche con cereales. Una mesera que grita, que todo lo grita y nos hace reír. Se puede escoger entre leche o yogur con cereales. Escojo leche. Semidescremada. Después estamos ebrios. No de alcohol sino de situación. Una banda toca al final. El local, bar, o lo que sea, es largo. Está lleno y siento con gusto la presencia de todos. Ahora hay menos gente. Aparezco volando sobre el colegio en Curicó. A duras penas. Se siente bien. Pienso “debería venir siempre borracho a sobrevolar el colegio”. Cierto profesor me ve merodeando encima del colegio y ya no puedo volar. Caigo. Miro un partido de futbol. Mi papa está en un techo al final del patio. Tengo que pasarle una pelota y no puedo. Tiene que ser con el pie. No puede ser de otro modo. No consigo levantarla. Me siento mal pero mi papá me dice que está bien. Me abraza. Voy por los techos saltando flotando como en las películas chinas. En las casas, por las ventanas, veo, en vez de familias, ciudades. Ciudades en miniatura. Ahora la celebración cambió el tono y es familiar. Todas las tías y primos y los hijos de los primos. Todos. La tía Carmen está haciendo unos pasteles de choclo en el suelo, en un hoyo, tapados con hojas o tierra, muy de Tierra Adentro. La vi mientras sobrevolaba el colegio. Ahora en la mesa estoy con mis primos. En vez del Diego está Tom Hanks, en vez de la Consuelo está Drew Barrymore, en vez del Cesar está Nick de CSI Las Vegas. Siempre he creído que se parecen, quizá por eso. En el escenario ya no hay una banda de música sino la gente disponiéndose para una foto familiar. Mi mamá llega al último, se pone sentada en el suelo con las piernas cruzadas, como si tuviera 15 años, se ve feliz. Al despertar, siento que me he perdido el pastel de choclo.

abril

Película de Jesús: “Venid, acercaos, sentaos…”
Madre: “…los culiaos”

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La fotografía me hace más sentido que la pintura últimamente. Pero me refiero a lo que veo cada tantos meses, que es la frecuencia con la que visito museos, o con la que uno se topa sin querer con exposiciones, así que no tengo mayores argumentos (suelo escribir en este diario meras impresiones creyendo que por el sólo hecho de ponerlas aquí les saldrán argumentos como ramitas por los lados pero nó) En fin, hace unos días fuimos al Bellas Artes con P y noté una cierta evolución en mi manera de contemplar el arte: cada vez paso caminando mas rápido ante los cuadros, diría que casi trotando. En categorías de arte, y estando las cosas como están, es preferible ser un bruto a empezar a establecer relaciones entre las obras y sus técnicas y estilos como si se hablara del clima. Habría que sospechar siempre de quienes tienen ese lenguaje muy arraigado. El caso es que vimos a uno que terminamos diciéndole Bonini por el ex preparador físico de la roja. Bonati, creo que era. Unos monos muy parecidos a otros monos de otros monos artistas. Unos garabateos a mano hechos mientras hablaba por teléfono y la voz del Bonini suena por un parlantito chico debajo de una mesa. Sólo eso.

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RECETA POR MSN:
En una olla un poco alta, no bajita, echai dos tarro de salsa de tomate, un poco de sal y agua hasta la mitad de la olla, de ahí, echai una taza y media de arroz o lo que quería lo tapai Y TENIS ARROZ CON SALSA que sería algo así como un risotto.

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“En resumen, deseo poco, pero cuando deseo algo lo consigo. Sin esfuerzo. La clave está en la palabra “esfuerzo”. Desarrollé una especie de desprecio, o menosprecio, por las cosas que se consiguen con esfuerzo.” (Mario Levrero, La Novela Luminosa)

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Saltando y cantando con los Kuervos del sur. Gritando hacia arriba las letras de las dos canciones que me sé con chascones cabeceando como testigos de Jehová alrededor.

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Necesito hacerle o que alguien le haga un poema a Matías Fernández.

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Algo nuevo y entretenido. Un sonido sistemático adentro de la cabeza. Toc toc toc. Leve, audible sólo en una habitación sin nada ni nadie. Como una gotera o como si golpearan una puerta de carne o de cartílago. Pero sin prisa. Por entretención, o para hacerse notar, más que para querer derribar la puerta. Dura como un minuto y el enanito que golpea se cansa.

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“Los fascistas son los industriales piñuflas que no creen en el señor diosisimo porque ellos solamente creen lo que dicen los científicos que no son de las letras como yo soy el único sino de las moléculas y los nucleares positivistas o monrreros chuchadesumadres. Nosotros creemos que los facistas chuchadesumadres deben morir cuanto antes porque diariamente destruyen niños y mujeres a fierrazos en todo el mundo lo cual el monton de cadáveres supera al edificio de las naciones unidas y nada más.”
(Divino Anticristo, ¿Quiénes son nuestros futuros líderes?)

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Ahí estoy dos horas antes que empiece el partido. Con la camiseta del curi, una parca que me llega hasta las rodillas, cámara digital colgando al cuello, y un libro de Simone Weil. Sólo me falta el cojín para parecer un señor, un señor de estadio. El estadio está vacío, llego cuando está vacío y me voy cuando está vacío. Cuatro cero le ganamos a Everton. “Le”.

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“Este mundo es la puerta cerrada. Es una barrera y, al mismo tiempo, es también el paso” (Simone Weil, Cuadernos)

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A veces estoy tan aburrido que me dan ganas de ver fantasmas o algo raro que me saque del sopor.

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Cortesía e infinito. Si al conversar nos hiciéramos cargo de todo lo que el otro dice y éste hiciera lo mismo el diálogo no tendría fin. Sería, en cualquier caso, un mal infinito, un infinito cuantitativo. Pensar al infierno como mal infinito: no el peregrinaje eterno, la conciencia suelta y muda ente el mundo, sino quedar encerrado en el instante, en el infinito de la cortesia. Por otra parte, una infinitud real, efectiva: la de negarnos, deshacernos, dejarnos de lado, pero no solos (S. Weil), sino en diálogo.

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Cada vez que escucho que alguien dice “empoderamiento” en la tele o en una conversación me dan ganas de darle una patada en el culo. Sobre todo a ese Eichholz.

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Me gusta cómo me asusta el sonido de este temporal en Curicó.

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Viernes en la noche donde P. Battery + radiobetofen + Weil.

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“Negarse a aceptar un acontecimiento del mundo es lo mismo que desear que el mundo no exista” (Simone Weil)
Bien cerca del vitalismo nietzscheano, pero viniendo desde el otro lado, y, más que viniendo, contemplando y retrocediendo.

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Termino El Lugar de Mario Levrero. Libros que son como pan.

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Recé como hasta los 15 años. En la última etapa (de los 13 a los 15) ya no repetía oraciones sino que “conversaba” con Dios. Era la recomendación materna: buscar la conexión directa, no seguir formulas. Recuerdo que rezar dejó de tener sentido no sólo porque uno se volviera medio punk y Dios y la iglesia dejaran de tener sentido sino porque progresivamente iba adquiriendo conciencia de que era inútil formular peticiones concretas: si Dios existía él mismo se daría el trabajo de escudriñar y ver cuáles de nuestros deseos eran verdaderos. ¿Qué podía pedir que no estuviese ya pedido en mí? Las limitaciones del lenguaje fueron la primera forma del ateísmo. Lentamente orar se volvió un estado de atención, de transparencia, como a la espera de volverse un texto claro, por unos segundos, suspenderse para que Dios pudiera lanzarse en picada, recoger algo y llevárselo.

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Tren a Curicó. Una hora a ojos cerrando durmiendo y despertando a la fuerza solo dudando si encargarle o nó a la niña del asiento del lado que le muestre ella mi pasaje al encargado para yo poder dormirme altiro sin el miedo a ser despertado y dar un salto o no entender dónde estoy ni nada durante tres segundos con un hilo de saliva colgando.

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La Reina Isabel. La boda real. Degustaciones de queso. Cómo entretenerse en semana santa. Un cisne enamorado de un tractor azul. La depresión del pulpo paul. El mercado de los huevitos de pascua. Y así te lo meten de a poquito cada día.

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- Madre: A nadie la falta Dios
- Hijo: Salvo a Dios
- Madre: Pero nos tiene a nosotros
- Hijo: Mmmmm, sí.

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Once. Me gustaría dejar de querer jamón y queso sólo porque hay jamón y queso. Contra eso, después del aliado en marraqueta tostada, uno con margarina y mermelada.

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Tocan la puerta. Pescado. Cebollas. Pollo. Queso. Jamón. Distintas personas que saben. Pienso en alguna escena de la biblia. Comida traída en canastas. Gracias.

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Vi ayer el sacrificio de Tarkovsky. Un verdadero poema. En sentido estricto, no valorativo. Pocos tejen imágenes así. No deja de parecer una obra de teatro.

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En el sillón largo una mamá corta tapada en frazadas medianas viendo la larga vida de Jesús toda la tarde hasta la noche. Atrás, en la mesa del comedor con el mantel semipuesto, leo a Simone Weil. Les muestro el tráiler de El Rito, a mi mamá y a mi hermano, y se cagan de miedo. Ya no quieren verla conmigo.

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“Toda forma de recompensa supone una degradación de energía (…) sólo los beneficios imaginarios proporcionan energía para esfuerzos ilimitados” (Simone Weil) / Entonces puedo llegar a la iluminación jugando winning eleven.

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Después de la lluvia, un queltehue parado en la reja del antejardín, victorioso, húmedo.

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“Hasta las casas se mueren” (tía Ana, mientras sacamos unos muebles de Tutuquén)

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Piqué y Shakira. Mientras juegan la cámara la enfoca en el público celebrando un gol y los comentaristas de fútbol hablan con propiedad de la relación orgullosos como si ahora ellos mismos y por extensión el televidente estuviera –a través de piqué- más cerca de Shakira que nunca.

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¿Por que siempre tengo que saludar o tocar en el lomo o en la cabecita con la mano o con lo que ande trayendo en la mano a cualquier perro que venga por mi vereda en sentido contrario?

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“Una niña que despierta de una manera tan distinta a la de una persona mayor. Un pecho que no es ni de hombre ni de mujer: sólo un pecho delgado de pajarito.
Alrededor de la boca una sonrisa que abarca todo el rostro, muy suave.
Un temblor de felicidad en las pestañas cuando siente que estoy recostada junto a ella, que tengo tiempo.” (Liv Ullman)

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Para la ausencia de un Dios existente, dos posibilidades extremas: el humanismo absoluto de Hegel o la impersonal e iluminada desdicha weiliana; en el primer caso la retirada de Dios es sólo la retirada de lo platónico para dar paso a la coincidencia de Dios con la Historia humana, por el contrario, en el segundo caso se trata de la no coincidencia de Dios y la Historia y, en consecuencia, del camino individual y sobrenatural por el que se debe ascender a Éste. Con Hegel la finitud se abre a la infinitud mediante la libertad, el mal y el perdón; con Weil, en cambio, la finitud es la cruz (que debe ser amada a través de la desdicha), y la libertad, el mal y el perdón no cumplen mayor función en la salvación: son el medio negativo, el elemento que Dios nos da para deshacernos del yo.

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Comparación de cementerios en Curicó. En el cementerio viejo la mayoría por encima de la tierra, en el nuevo todos bajo tierra. Bajo tierra: productividad, laicismo, bauhaus, higiene, diseño, olvido, homogeneidad. Una extensión de pasto y de una ojeada se ven todas las tumbas. Sobre tierra: improductividad, fetiche, barroco, memoria, heterogeneidad, fe..
Posibilidad aun no explorada de la tumba como instrumento político o artístico. Que el muerto use su prestigio de muerto para algo que le trascienda.

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“Lo que es directamente contrario a un mal no pertenece nunca a la esfera del bien superior. ¡Generalmente, apenas está por encima del mal! Ejemplos: robo y respeto burgués a la propiedad; adulterio y «mujer honrada»; caja de ahorros y despilfarro; mentira y «sinceridad».” (Simone Weil)

marzo

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Golazo de tiro libro de Matías Fernández a Portugal. Impensable. Pencazo. Comba. Colocación. Todo. Mezcla de ternura y algarabía. Ni él se la cree.
Con F pensamos que si el Mati la volvió a hacer después de 6 años nosotros también podemos.

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Mientras se gira a buscar unos papeles la miro, uso cada momento en que no me mira para mirarla como realmente quiero mirarla, en el metro se gira hacia la ventana, me puse innecesariamente pegado a ella, cuando se gira le tomo el pelo tratando de que no lo note pero en el fondo esperando que lo note y que le guste y que no diga nada o que diga o haga algo o dejé de hacer algo de una manera en que yo no pueda sino hacer lo que debería o quisiera hacer.

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Apenas habla, abro bien los ojos y la boca como si así descifrara mejor su balbuceo pero nó. Es el vecino, un viejito que avanza como caracol. Toca mi reja con las llaves de su casa. Salgo. Abre su mano que le tiembla como a sapito livingstone y me muestra una pelota de pinpon naranja o lo que queda de ella. “El perro”, me dice, y recuerdo que el otro día jugando con Bruno se nos cayó y claro, luego el perro se la comió. Acto seguido saca de su bolsillo una bolsa con tres pelotas blancas que al tomarlas y apretarlas en mi mano noto no son de pinpon sino de goma o de plástico de juguete, el punto es que no dan bote, no sirven absolutamente para nada, pero no le digo y las tomo con una pena rara que me hace querer abrazar al viejo pero sólo le miro y le digo para qué se molestó no era necesario muchas gracias.

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Guata mala durante días. Ruge hasta con la manzanilla. Un malestar sin dolor. Me gustaría estar así levemente enfermo durante un mes. La comida pasa a segundo plano y se siente una agradable levedad.

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Dos días invernales de corrido en Stgo. No pasa mucho, quizá por eso hoy me levanté temprano mientras F se alistaba para ir al trabajo. Levantarse temprano debería hacer que pasara algo. No me responden de los arriendos, ni siquiera tengo saldo en el cel. Ayer fui a un piso compartido en Arturo Prat. Deprimente, puros talleres mecánicos, fachadas descascarándose, perros sin ningún brillo, me imaginé viviendo ahí y sentí miedo. Toqué el timbre sólo dos veces con la esperanza de que nadie me abriera. Y así fue. La cita era a las 7, nadie llegó y me fui a las 7:15.

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Es la misma gente la que va todos los días al café del Bustamante. Me gusta quedar mirando por el ventanal justo en el centro hasta el comienzo del parque. Sé que con el tipo del lado estamos mirando lo mismo y me da risa pero no me rio: un perro gigante se deja lamer la oreja por otro más chico durante unos largos minutos. Parece disfrutarlo. Veo páginas y páginas de arriendos compartidos. La mayoría de los avisos están mal escritos y no explican lo que quieren explicar. Hay arriendos específicamente para gays, para católicos, para reventados, para artistas. Pero en su mayoría son para mujeres. Son más limpias y todos las prefieren. Desecho y desecho y es como si avanzara en algo. Le escribo a algunos que me interesan durante unos días y luego me doy cuenta que sólo usuarios superiores (que han pagado; yo no he pagado) pueden ver esos mensajes. No puedo ni ver ni enviar mensajes a otros usuarios básicos así que he perdido el tiempo estos últimos días.

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“El rol del artista en el capitalismo puede ser comparado con el del guía turístico –intérprete de la experiencia para el consumo en el nivel más elite, agente de la recuperación para los más exquisitos anhelos o los más profundos resentimientos de la sociedad;-e incluso un guía puede ser sincero.” (Hakim Bey)

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Esperando que llegue la dueña de un piso compartido que al final nunca llega se oye un pencazo un silencio y luego otro golpe más seco pasan unos tipos corriendo caminamos hacia el lugar con P el primer tipo que llega al auto volcado de lado se sube a otro auto que está al lado y abre la puerta del copiloto y sale un señor intacto que mira todo como un recién nacido.

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Operativo para pillar al tipo que mató dos detectives. Las cámaras apuntan a las armas de los pdi que corren por el centro de Santiago como en una mala película de acción. La noticia ya no es la muerte de un poli sino la reafirmación de cierto orden del mundo. Un orden en el que hay muertes más graves que otras. «A cada instante de su existencia, la policía recuerda al Estado la violencia, la trivialidad y la oscuridad de su origen.”

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Feli me presta Senderos de Liv Ullman. O se lo saco y cuando voy en la mitad le aviso que me lo prestó. Liv es terrible y adorable. “Una vez hice circular por el colegio un papel en el que estaba escrito: “El padre de Liv era un borracho”. Quería que los otros me tuvieran pena y se preguntaran quién podía ser tan malo como para escribir algo así”

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Colo-Colo vs Santos. Un metalero solo en una esquina está oyéndolo por la radio y canta los goles cinco segundos antes que sean. Se ve que siente cierto placer al hacerlo, como si él produjera de algún modo el gol. A Chester le parece grave, encuentra inconcebible perder el factor sorpresa y al segundo gol del colo se para, camina hacia él y le plantea su posición. Pero no hace caso. Solución: nos giramos y le tapo la visión del metalero a Chester con mi cuerpo.

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Y cuando finalmente sucede uno habla. Una desclasificación total de la voz en off de la represión. Como desde fuera, como si antes hubiésemos sido otros, como si reírse de sí mismo anulara las torpezas e inseguridades y uno se elevará sobre ello dentro y en contra de sí.

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Todo ocurre de afuera hacia adentro o de afuera hacia afuera. Si es que hubiera que ponerlo en términos espaciales. El individuo podrá obrar y sentirse único, pero nada ocurre desde él hacia el mundo. Ninguna transformación es heroica. Hay mucho que hacer y nada que ponderar. La verdadera acción es la onda expansiva, el rebote y la deformación dentro de las otras obras, la negatividad, el momento impersonal de la fuerza.

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“Me rio con una risa exagerada destinada a mi misma cuando la gente me mira como si comprendiera por qué estoy en la lista de las mujeres peor vestidas del mundo. Si consideran espantoso lo de fuera, deberían ver como soy por dentro.”
(Liv Ullman)

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Días compartidos. Olvido el futbol del fin de semana, salvo el partido de Chile, claro. Ni leo ni escribo. Salimos. Volvemos. Aún nos da vergüenza volver, hablar de las cosas de la casa como si ya viviéramos juntos. Nos quedamos. La miro trabajar. Dejamos a la mitad malas películas. Escarbamos el uno en el otro. Preguntamos y escuchamos. Bebemos. Casi ni pienso en qué decir. Dados vueltas como chalecos nos miramos.

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¿Por qué encuentro encantador que tenga seis bálsamos a medias y ningún champú?

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“Cada ser grita en silencio pidiendo ser leído de otra manera” (SW)

febrero

Extracto de un mail de x a y:
“(…) Uno no acepta que nada sea vencido en uno, ni siquiera sus miserias… estamos dispuestos a oír hasta a la parte mas ínfima hasta a la voluntad mas renacuajamente miserable que silba desde dentro pero puede que ni siquiera esté silbando sino gruñendo o balbuceando algo que nos llega representado como un silbido inofensivo, desconfiamos mas del bien que del mal siempre, el mal merece oportunidades el bien nó, … ¿cuál es la parte que escribe en todo caso? la que reprime o la que purga?… la escritura es la lucha misma… o no?, nidea…”

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“Los Librepensadores Dominicos nunca han tenido en cuenta el impacto sociocultural en el que podría desembocar su falta de visión geopolítica. Algún día vendrán los zombis y se comerán sus apestosas cabezas llenas de ideas retrógradas. Nunca me cogerán con vida, cabrones.”
(Montesquieu, Cartas Persas, 1721)

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El problema es la personalidad inverosímil de los protagonistas de las películas de zombies. Si llegara a ocurrir ¿uno se amoldaría a esos prototipos? Una película verosímil tendría que funcionar con rotación de protagonistas. Que la trama fuera la relación de esas relaciones. Como en la película Slacker.

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Me gusta la sed que da luego de hacer mucha diarrea.

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“Lo difícil no es rechazar la creencia para poder así sorprender a otro creyente, sino ser no-creyente sin la necesidad de otro sujeto que se supone que cree en mi” (Zizek)

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Raro. Dos vianesas fritas al fondo de la lavadora que no ha sido usada en los últimos dos días.

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P me recomienda que vea Bored to Death. Me gusta. Terminé recién la primera temporada. Algo me picó y abrí el word y continué mi intermitente novela que ahora ya no se llama Beatriz sino No despierten a los perros. Tampoco me gusta este título pero mientras tanto está bien. Escribir eso y leer para la tesis y hacer ejercicios son mis únicos estandartes.

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¿Cuántas veces más se puede escuchar Blue in green de Miles Davis antes que se gaste?

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Llegué a la última página de los diarios de Bertoni. Lo dejo ahí estancado. No quiero despedirme todavía.

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“Recuerdo que antes pensaba que algún día, digamos que a los 30 años, todo iba a cuajar y a caer en su realidad. Como si hubiera una meseta esperándome y yo la escalaria y al llegar a la cima, todo crecimiento y todo cambio se detuviera.”
(mujeres conversando en una escena de Waking Life)

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Recién hoy me acabo de dar cuenta que Luke Wilson no es Jason Schwarztman.

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Mudando a Bruno. No sabemos nada de nada. Ni yo ni Bruno ni su papa sabemos hacer de esos nudos que sirven para construir un cerro de muebles así que nos vamos a media carga con la camioneta. Pero ninguno se avergüenza e incluso es el papá de Bruno el primero que dice que valemos callampa.

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Rocíen Cristiano Ronaldo se pasó a un defensa con un autopase de espalda iba encarando hacia el arco a punto de pegarle casi salto del sillón a celebrar no sé qué pero estaba off side.

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No tengo recuerdos de haberme leído ningún libro entero en una sola tarde. Todos ameritaban pausas. Estaban hechos para pausas. Sus capítulos indicaban pausas. La ciudad de Mario Levrero no: tuvo que ser leído de corrido o si no algo malo podía pasarle al protagonista mientras yo no estuviese leyéndolo.

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35 de trote con Bruno ida y vuelta hasta el final de la alameda mucho bla bla me cansa me enreda la respiración la sincronía perfecta de un escupo cada cuatro o cinco respiraciones y me da la puntada de la muerte primero arriba en el pecho luego abajo en las costillas llegamos acá y jugamos pin pong hasta no dar más.

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Dos noches seguidas sueño que hay un bus o un auto o algo que parte y debo apurarme en ir a buscar mi bolso antes que se vayan sin mí. Podría resumir casi todos los sueños de los cuales me acuerdo en unos tres tipos de sensaciones generales.

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“Siempre había querido escucharte decir esto”, le digo a mi papa mientras me cuenta que está chato de no tener tiempo para sí mismo de no poder leerse un libro o ir a la playa (no tiene vacaciones hace 20 años) y va a tirar líneas a ver si vendiendo todo y volviéndose empleado en vez de jefe consigue una vida más holgada.

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Dejo a mi mamá en el terminal. Le duele la guata. Se va a la playa con sus compañeras de trabajo. La miro desde abajo, no me ve, la miro y es una cabra chica de 18 años que se va a la playa con sus amigas. Paso a la farmacia a hablar un rato con mi papá. Apoyado en su puerta lo veo llenar papeles. Escucho las tragedias normales de la vida laboral. Cada vez me convenzo más en que no hay que edificar nada. Despejar el perímetro. Quizá luego crezca algo.

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Ni el vitalismo nietzscheano ni el desapego weiliano. Un desapego vital, una trascendencia despojada, una mezcla que me convenga.

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“Un día me dijiste que aceptarías ver sufrir a mi padre a mis hermanas y hasta a mi sobrino de 2 años con tal que te crecieran las tetas. Y no sólo lo aceptarías sino que tú misma se lo pedirías a Dios o al Demonio” (CB)

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Fin de semana solo por delante. Me siento en el patio. Abro una lata de cerveza. Billie holiday. Nubes plomas pero sol y viento. Dejo cargando un capitulo de Freaks and Geeks. Picoteo libros. No entiendo cómo es que a veces me aburro.

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Largo temblor en vaivén. Tomo la mesa me agarro. Afirmo los pies al suelo. Traigo a mi hermano pero no me cree. Grado 6 dicen en la radio.

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Días buenos. Enfocados. Retomé el ejercicio. El clima acompaña. Un temblor corona la semana. Me alimento de Simone Weil, me lleno de esa hambre. El perro vecino tose y se trapica y me lo imagino cada vez que lo hace. Oigo el slurp slurp que hace cuando toma agua, cuando come. A veces siento ganas de trepar la pandereta y saludarlo, mirarlo, decirle que todos los días le oigo. Amistosos signos de soledad.

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Pongo en el reproductor una compilado de 101 JAZZ Classics el sexto tema es Ella Fitzgerald cantando Basin Street Blues todo va normal hasta que se pone a imitar a Louis Armstrong y me cago de la risa aunque le sale perfecto.

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“Todo es cuesta. Los medios son ya paraíso” (Michaux)

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Llegó mi mamá de la playa. De recuerdo trae un pedazo de tronco en forma de pico. Lo ponemos en el patio.

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“La creación: el bien hecho trozos y esparcido a través del mal.” (Simone Weil)

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Statera Jacta corporis. Balanza echa con el cuerpo.

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Algunas penitencias del pardilomo: 1) Juanito cayó del cielo (el afectado tenía que tirarse al suelo y aceptar que el más gordo del curso saltara encima de él, de preferencia desde arriba de una silla) 2) Monjitas cagando en misa (todos se ponen en cuclillas como monjas que cagan en misa y el que la lleva pasa empujándolos y botándolos uno por uno) 3) Ballenita llena (todos trazan un círculo en el suelo para luego llenarlo con agua que han traído en la boca desde el baño. El problema es la risa y escupir el agua antes de camino).
Sé que había más pero no me acuerdo.

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Inmune al 85% de la poesía. Trato pero ni me roza. Un constante de-qué-cresta-estarán-hablando. Con Michaux por ejemplo: “Una rosa baja del cielo y se ofrece al peregrino; a veces, raramente, cuán raramente. Las arañas de cristal no tienen espuma, ni la frente música.” No consigo interpretarlo más allá de la mezcla de palabras en buscas de alguna imagen que debería producir algo en mí. ¿Debería?

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Pantejas: mezclar y echar a la juguera las panitas y las lentejas. Con un poco de leche.

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En cinco minutos el oculista lo tiene resuelto todo. Mi ojo izquierdo está para la miseria. 2,75 de aumento. Me traigo dos marcos de muestra de la óptica.

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Lipimávida. No escribo nada. Tampoco leo tanto cómo esperaba. Él tiempo se va en nadar y jugar pin pon con desconocidos y sentarse a mirarlo todo. Demasiada atención. Dan hasta ganar de lavar los platos o algo. Da pena comerse los desayunos tan coloridos. La primera noche duermo mal, tiembla y no puedo seguir durmiendo, salgo a trotar a las 830 am y me tiro a la piscina.

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Sevilla vs Porto. Entra Medel en el segundo tiempo y me sorprende tanto como puede sorprender que un defensa tenga protagonismo. Almuerzo canutones con crema y mariscos. Llega Bruno con helados: dos conitos y dos piña colada. En la tele Manchester United vs Marseille y en el laptop Inter vs Bayer Múnich. Miramos ambos. Bruno se va. Me siento pajero mirando nada en la tele y hago flexiones, tres sesiones de 20, intercaladas con una nueva modalidad de ejercicio: correr sin avanzar encima de un cojín al son de un jazz rápido.

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Sólo en la casa. No he salido desde que llegué de Lipimávida. La acumulación de no escribir hace difícil volver a hacerlo. De lejos parece algo ridículo e innecesario. Y lo es. Mientras no estoy escribiendo escribir no tiene ningún sentido. Pero uno se acerca un poco y cae. Veo el festival y comentamos en una ventana grupal de msn con P e I. Anteayer y ayer y no sé si hoy. Tengo ganas de un vino. C también. Espero el teléfono.

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“Rien de rien… Il ne se passe jamais rien pour moi. Je me demande pourquoi!” / Nada de nada… nunca me pasa nada, me pregunto porqué (Edith Piaf)

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“Todo me hiere. La liviandad, por no decir la inexistencia casi de sufrimiento, en los locutores de radio. La exitosa vulgaridad con la que vuelven cotidiana la vida. El otro día vi un banderín del Everton en una carnicería y casi me desmayo casi me pongo a llorar ahí mismo casi me dejo caer sobre la vereda como una chaqueta casi agarro un bistec y reto a duelo al carnicero con éste guante de carne” (CB)

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Casi pasó un año antes que besara a alguien y cuando pasó hace poco en vez de disfrutarlo sólo pensé todo el rato en que casi pasó un año.

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“Vivo poco, así el día me cabe en el diario” (CB)

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Soñé que mi tía Ana tenia contacto con fantasmas estábamos en la casa de Chacabuco y aparecía con una cara de muerta y se hacia un largo silencio estábamos todos expectantes y nos decía”todos morirán” con una certeza que consideré absoluta. Despierto cagado de miedo. La sensación de miedo más grande de los últimos años. Pienso en contarle a mi mamá pero creo que si le digo alguien morirá. Días después le cuento y me confiesa que esa misma noche ella soñó con una guagua que en realidad era su papa que le decía esta misma frase (“rodos morirán”).

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Y me avisan que van a desocupar el depto y que puedo dejar mis cosas ahí mientras encuentro algo. Bien. De golpe pero bien. Como que sabía que algo extraño tenía que pasar para empezar el año. Ni siquiera tengo tantas cosas. Puedo cambiarme hasta en taxi. Pienso en Chester y Feli, ojalá puedan. F me dice que con tal de virarse está dispuesto a vivir en condiciones de guerra pero yo igual quiero internet y cocina y refri. Cuadros nó. Mesa de centro para qué. Sillones loleins para qué. Adornos para qué. Algún parque cerca quizá. Me interesa un lugar en el que alguien pueda hacer una tesis y comer y dormir. Un dormidero un estudiadero un cagadero y un comedero.

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Soñé que me gustaba más de lo que creo que me gusta o puede llegar a gustarme en la realidad y confundí ambas cosas y ya no estoy seguro pero para qué decirle. Es una manera muy agueoná de decir las cosas, decirle que me gustó en un sueño, y por msn más encima, sería casi como un perro que ladra cómodamente desde su lado de la reja y espera una respuesta a una pregunta dicha entredientes.

enero

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“Le moi est haissable / el yo es odioso.” (Pascal)…porque yo lo digo

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EXTRACTO DE UN MAIL DE WORDPRESS A UNAPIEZA:
“Un barco de contenedores puede llevar a unos 4.500 contenedores. Este blog fue visto cerca de 18,000 veces en 2010. Si cada visita fuera un contenedor, tu blog llenaría 4 barcos (…)” Vieran cómo celebro.

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10:15 am. Llego del trote. Me pongo a cortar el pasto del patio. Todo lo que sume sudor al sudor es bueno.

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Simone Weil se pregunta: “¿Hay algo más horroroso que morir en una pesadilla?”. Sí: hace tiempo soñé que estaba en un ascensor con un negro enorme y un enano. El negro le pegaba pichulazos al enano indefenso que pedía mi ayuda y yo no me atrevía a nada.

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Primer insomnio del año. De las dos a las cinco y media de la mañana tratando de dormir, pensando o más bien fantaseando específicamente con la construcción de un negocio múltiple con sala de microcine, librería, playstation, cafetería, sala de lectura, etc. Viviría ahí y nunca cerraría.

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35 de trote hoy. Más cansancio mental que físico. Aburrición. Conciencia de verse dando vueltas en un parque sin objetivo inmediato alguno. La misma señora regando siempre. Qué pensara. Siento que le molesta que le pisemos el pasto cada mañana. O que la veamos regando. No riega con orgullo como el otro señor. Vuelvo y hay un cielo de playa en el patio. Todas estas mañanas como hasta la una de la tarde, un nublado perfecto, amable.

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EXTRACTO DE MAIL DE F:
“Me está robando tiempo esta CRP para mi tesis, sin embargo, prefiero hacer la tesis más lentamente ya que este proyecto, de verdad, me enamoró, es nuestra única polola que tenemos (ya que al parecer somos solteros de una manera cada vez mas catastrófica).”

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Me dan risa los perros. Hagan lo que hagan, me dan risa, o cosa, o algo. Todos. Cuando se quedan parados en las esquinas pensando, tomando decisiones. Cuando se topan unos con otros y se saludan. Cuando están durmiendo en la calle y uno pasa y levantan un poco la cabeza como si estuvieran en su casa durmiendo una siesta y uno fuera alguien conocido que va a buscar algo a la cocina y luego siguen durmiendo. Ayer venia del centro y la dueña le estaba manguereando la casa a un fox terrier que la miraba como impaciente y sólo faltaba que metiera las patas al bolsillo o sacara un cigarro o empezara a chasquear los dedos como diciéndole ya pos vieja hasta cuándo tengo que esperarte.

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Hoy trote y luego poda. Pero preferiría podarme yo y mandar a trotar a las plantas.

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Anoche vimos 2012 con mi hermano y aunque yo le decía todo el rato que era ficción y aunque yo le pregunté varias veces si no le daba miedo seguir viéndola fui yo el que terminó medio cagado de miedo.

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“- ¿Qué es lo que finalmente quiere que nos quede como gesto en el rostro a nosotros, sus lectores, cuando terminamos un libro suyo?
- Primero, cada lector es dueño de su propio rostro y yo no tengo nada que ver con el estado en que quede ese rostro. Y, segundo, que si por casualidad cada lector ha podido ver en mis libros a alguien cercano a él, pues yo me daría por satisfecho. Sobre todo a alguien cercano que no cerrara puertas, a alguien cercano que abra puertas y ventanas y que luego desaparezca, porque hay muchas cosas por leer y la vida no es tan breve como se piensa.”
(R. Bolaño)

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No miro los calendarios, no veo la fecha en el celular, quiero un verano de 4 meses y un año que dure años.

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“¿Es vanidoso el que se mira en las vitrinas, en los vidrios de los autos, en los espejos de las farmacias? Puede ser. Pero más vanidoso es el que no se mira en ninguna parte porque piensa que Dios lo mira todo el tiempo y lo quiere aprisionar.”
(CB)

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Woody Allen, Roberto Bolaño y Stephen Hawking. En algo se parecen.

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Al final no pagamos y miramos desde los costados de la galería costanera. Escalandrum está bien pero no es genial. Y Eliane Elias muy brasileña será pero no tiene chispa y me da la impresión de estar viendo un viva el lunes brasileiro.

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Prefiero pagar siempre en el Transantiago: no quisiera nunca verme involucrado en un musical ciudadano que me inste a no meterle la mano en el bolsillo al prójimo.

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Para poder leer toda una tarde: de lo complejo a lo simple: Hegel, Kant, Weil, Bertoni, Allen.

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Crecer, o sea, reducirse. Disminución e intensificación de intereses.

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Dublinesca de Vila-Matas, la peor adquisición del año, mejor habría sido comprar 100 jugos livean de pomelo, no los he leído todos pero seguro que éste es el peor, un tipo que quiere darle un funeral simbólico a la era de la imprenta, un editor en busca de la genialidad del escritor de antaño, todo relatado con una importancia metaliteraria injustificada, un viaje al Bloomsday en Dublín, unas paranoias ridículas, no sé, ni aunque me hubiera leído el Ulises de Joyce me habría gustado esta novela. (Me acordé que Symns en un contundente prólogo a un libro de poemas de Bukowski decía algo así como “y qué me interesa a mí que Joyce me lo cuente con 10.000 detalles!”)

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Por la mañana 25 de trote para recomenzar, escuchando la sección fuerza y entendimiento. Luego, mancuernas mirando futbol italiano. Hay días de esos y otros de pura pereza y despertar a la una de la tarde sin mover un solo músculo.

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“El jazz es el asesinato de la música, de la sincopa… somos anarquistas de la música” (Nick de La Rocca, 1928) / Y los anarquistas en la confección de ventiladores, los anarquistas de la cocina, y los anarquistas en el ámbito de los volantines, no se les vayan a olvidar pues.

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Horacio De la Peña es igual a John Zorn.

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Nada. Puro calor. Futbol. Ventilador encima. Imposible escribir o leer así.

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“Hay que preferir el infierno real al paraíso imaginario.” (S.W.)

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Siempre que veo una de estos programas de cámara escondida en el fondo estoy esperando que todo se descontrole y el afectado termine matando a los bromistas de preferencia de un cuchillazo. Fundamentos para tal deseo: la patudez de la tele, las alianzas del sentido común con el Espectáculo.

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“Es un alivio pensar
que más temprano que tarde
dará lo mismo haber sido Jesús
Bill Gates o un tarro de Nescafé.”
(CB)

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Que algo sea dicho a través de uno pero que Dios no tenga nada que ver. Aburrirse de la propia voz. De la propia transcripción. La obligatoriedad de tener que usar el yo como colador del mundo. La dolorosa exterioridad de ese mundo -Imagino que especulando así era como se volvían locos los escritores de antes. Antes, cuando no había 100.000 gueones filosofando y escribiendo papers y conferencias sobre la imposibilidad del ser y todo eso-.

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No olvidar: Tres dvds prestados a C. Dos de los numerados con avis y un Bergman en dvd final.

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“La interpretación de los sueños no sirve de nada…. A menos que seas un faraón” (Woody Allen)

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Orgullos ridículos 1: Nunca, pero nunca, he dicho “oye pero qué surrealista esto la cagó”.

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Triunfos para el bajador compulsivo: Acabo de comparar mi lista de películas de Woody Allen con la filmografía que aparece en Wikipedia (incluidas las primeras incursiones como mero guionista) y las tengo todas.

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“Desear escapar de la soledad es una cobardía. La amistad no se busca, ni se sueña, ni se desea; se ejerce (es una virtud).” (SW) Sí y sí.

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El problema de Colo-Colo es el peso de haber sido Colo-Colo.

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Los días medios miserables ni los escribo. Como si la vida misma fuese un limbo y yo aquí escribiendo fuera un San Pedro que les dice a esos días devuélvanse por donde vinieron no más (al infierno caótico e informe de lo nunca representado).

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Posible escena para una comedia-western: un escritor-cowboy en un mesón con su vaso de vino y cigarro colgando de la boca sucia le dice a otro: “A veces uno siente ganas de leer algo que no existe…. entonces chico, debe escribirlo” (imagínese en inglés y en blanco y negro de preferencia)

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27 de enero. Ayer dead set completa. Ahí no más. Hoy Walking Dead con mi hermano que se quedó sin pc. Los seis capítulos de corrido interrumpidos sólo por el partido de la sub20 que pasó a segunda ronda contra Venezuela. Nadie daba ni un peso por ellos. Lo vi mientras regaba. Mojé a un perro al tratar de regar sin ver. No tenía dueño.

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Sueño: estamos en una cabaña en el cajón del Maipo con Nico Bruno y Feli y me dan unas ganas irresistibles de decir que podría caer una avalancha pero no me atrevo por qué sé que cuando lo diga va a suceder así que les aviso y les digo mientras salgo de la cabaña salimos todos y se empieza a caer el cerro corremos y nos guarecemos. Pasan corriendo unos perros gigantes como casas y nos subimos. Después estoy en un auto maneja una niña como de quince años va una mujer de copiloto vamos rajaos miramos hacia atrás como la punta de las montañas empieza a ceder por el celular mi papá nos da indicaciones sobre dónde dirigirnos.

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Sábado 29. Mediodía. Leche con chocolate. Traspasar a word el cuaderno de Hgl. Dos pm. Zapallito italiano. Uno y medio. Barça vs Hércules. Siesta. Más word Hgl. Dos páginas de SW. Pan pita gigante con huevo. Regar. Resident Evil Afterlife con mi hermano. Un bodrio. 2am. Nada.

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Intuición de tesis: Simone Weil (La gravedad y la gracia) moviéndose entre Kant (digamos las primeras 100 páginas de la CRP) y Hegel (sección fuerza y entendimiento de la Flgia). Tienen que ser tres autores para que no sea un versus, para que no se agarren a combos. Weil como peligrosa mediadora: lo que saque del uno para llevarlo hacia el otro puede desvanecerse en el camino (“La inteligencia nada tiene que buscar: tiene que limpiar el terreno. Tan sólo es útil para las tareas serviles” dice en la gravedad y la gracia). El asunto: finitud/infinitud/dios/devenir/etc. O sea que aún no hay asunto y está el puro movimiento.

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Cuando el mundo empiece a deshacerse a voluntad de lo que sobra, de lo que Marcuse llamó surplus (represión excedente), lo primero qué desaparecerá es la publicidad.

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Ahora último para quedarme dormido pienso en escenarios apocalípticos, la ciudad arrasada, zombis, un pequeño grupo de sobrevivientes sin noticias del exterior, qué haría, por dónde partiría, ¿me matarían de una o duraría un rato? Pero la película mental se me pone fome cuando cacho que en Chile habría altiro estado de sitio. Infectados como comunistas. Biopolítica. Etc. Primero me forraría en ropa o me haría alguna especie de armadura liviana para no ser mordido. Un casco como de romano. Me entretiene pensar qué echaría en la mochila. Nomadismo y violencia vs este sedentarismo aparentemente pacifico. La infección partiría en Santiago supongo. La tv transmitiría, la señal se cortaría, y luego el pánico. La especulación sobre zonas seguras. Etc. Me gustaría llevar una miniballesta.

“No es cierto que uno muera toda la vida y que la vida no es sino la muerte que uno vive ni menos que la vida sea un fosforo que se consume y que si no prende no hay vida pero la muerte haciendo de las suyas o sacando su gorda cabeza fuera del agua.
Todo eso es falso ya que la vida no es nada más que pura, limpiecita, incontaminada vida, mientras dura.
La muerte sólo sobreviene al final y ocupa un espacio muy reducido y contiguo a la vida, como un cuadradito de cuaderno de matemáticas en un cuaderno de matemáticas entero. La muerte no tiene absolutamente nada que hacer con la vida y es una rayita así, un tic, con lápiz negro, el que nos mata.”

(Claudio Bertoni, Rápido antes de llorar)

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